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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 1

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 1

Status: En proceso
Genre:Romance / Vampiro
Popularitas:698
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Marcada desde la juventud por un pacto desesperado entre su progenitor y un ser de la noche, Bibiana es reclamada como la compañera eterna del hijo de un linaje maldito. Al cruzar el umbral del mundo sobrenatural, la resistencia se mezcla con la atracción. Entre secretos familiares oscuros y una pasión prohibida que desafía la inmortalidad, ella descubrirá que no es una humana común, y que el trato de su padre fue solo el inicio de una profecía de sangre

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Capítulo 1 - Un Pacto en la oscuridad

Bosques de Canadá – Diez años atrás

La oscuridad en los bosques de Canadá era absoluta, interrumpida solo por el sonido de ramas quebrándose bajo pies humanos y sobrenaturales. Ignacio tropezó, cayendo al suelo helado mientras el terror paralizaba sus músculos.

—Aquí le traemos su cena, señor —anunció un vampiro con voz gélida, arrastrando a Ignacio hacia el centro de un claro.

—¡No me maten, por favor! —suplicó Ignacio, con los ojos empañados por el llanto.

Frente a él apareció Marcelo, un hombre de porte aristocrático y mirada vacía. Su presencia emanaba un poder antiguo que cortaba la respiración.

—¿Dónde encontraron a este humano? —preguntó Marcelo, observando a su presa con desprecio.

—Caminaba solo por la calle, señor. Un blanco fácil.

Ignacio se arrastró por la tierra húmeda, uniendo sus manos en un ruego desesperado.

—Se los ruego, no me maten. Tengo tres hijos... su madre los abandonó y ahora solo me tienen a mí. Si yo muero, quedarán completamente solos.

Marcelo soltó una carcajada seca que erizó la piel del hombre.

—Qué conmovedor. Es una lástima, porque ahora también se quedarán sin padre.

—¡Tengan piedad! —gritó Ignacio, arrodillándose a los pies del monstruo—. ¡Por mis hijos!

Los subordinados de Marcelo lamieron sus colmillos con impaciencia.

—Señor, cuando se alimente de él, no olvide dejarnos un poco.

Marcelo guardó silencio, analizando la desesperación en el rostro de Ignacio. Una idea perversa cruzó su mente.

—Busquen a otro humano para la cena —ordenó Marcelo de repente—. Ya no nos alimentaremos de este.

—¿Pero por qué, señor? —preguntaron los vampiros confundidos.

—¡No hagan preguntas! —rugió Marcelo—. ¡Cumplan mis órdenes ahora mismo!

En un parpadeo, los captores desaparecieron entre las sombras. Ignacio colapsó de alivio, sollozando sobre la nieve.

—Gracias... muchas gracias...

—No me agradezcas todavía —sentenció Marcelo, inclinándose sobre él—. Dime, ¿cuántos hijos tienes?

—Tres... un niño y dos niñas. ¿Por qué quiere saberlo?

—Yo también tengo hijos —dijo el vampiro con una sonrisa siniestra—. Y se me acaba de ocurrir que una de tus hijas será la futura pareja inmortal de mi hijo. Me la entregarás a cambio de tu vida.

Ignacio sintió que el mundo se detenía.

—¡No! Pídame lo que sea, pero no a mis hijas.

—Es eso, o te mato ahora mismo —amenazó Marcelo, mostrando sus colmillos—. Si mueres aquí, tus hijos serán huérfanos de todos modos. Tú decides.

Con el alma rota, Ignacio asintió lentamente.

—Está bien... se la daré.

—¿A cuál de ellas?

—A la mayor... —susurró Ignacio—. Pero solo tiene siete años, no puede llevársela ahora.

Marcelo se incorporó, satisfecho.

—Yo sé esperar. Nosotros los vampiros somos eternos.

       Actualidad – Pueblo Finlandés

Años después, la familia de Ignacio llegó a un rincón remoto de Finlandia. El cielo estaba perpetuamente gris, un recordatorio constante del pacto que Ignacio intentaba olvidar.

Diego conducía el auto familiar en silencio, mientras sus hermanas observaban el paisaje por la ventana.

—¿Por qué tuvimos que mudarnos a un lugar donde apenas sale el sol? —se quejó Elena, la menor—. Además, hace un frío horrible.

—A papá le ofrecieron un buen trabajo aquí —respondió Bibiana con paciencia—. Teníamos que venir.

—Pues este pueblo se ve aburridísimo —insistió Elena con un suspiro.

—No te quejes tanto, hermanita —intervino Diego—. Mírale el lado bueno: podrás hacer nuevos amigos.

—Lo dudo bastante —murmuró ella, cruzándose de brazos.

Al llegar a la nueva casa, Ignacio los esperaba afuera, intentando ocultar la sombra de preocupación en sus ojos. Al verlos bajar del auto, forzó una sonrisa.

—¡Hola, hijos! —exclamó, abrazando primero a Bibiana apretándola con fuerza, como si temiera que alguien pudiera arrebatársela.—. Mi niña hermosa, ¿cómo fue el viaje?

—Bien, papá —respondió ella con ternura.

Luego saludó a Diego y, finalmente, se acercó a Elena, quien permanecía distante.

—¿No vas a darle un abrazo a tu padre, hija? Me sentiría muy mal si no lo hicieras.

Elena cedió y lo rodeó con sus brazos brevemente.

—Está bien, papá.

—Mi hermosa hija menor... —susurró Ignacio,

—¿Esta es la casa? —preguntó Bibiana admirando la fachada—. Es hermosa.

—La compré pensando en ustedes —dijo Ignacio abriendo la puerta—. Entremos para que la conozcan por dentro.

     Pueblo de Alaska – Esa misma noche

Mientras tanto, en las gélidas montañas de Alaska, un mundo diferente cobraba vida bajo la luz de la luna. Adam y Sara estaban de pie en la cima de una montaña cubierta de nieve eterna.

—Ya puedes abrir los ojos —susurró Adam.

Sara obedeció y soltó un suspiro de asombro al ver cómo los últimos rayos del sol se ocultaban tras las cumbres, pintando el cielo de colores púrpuras.

—Es hermoso —dijo ella maravillada.

—Vengo aquí todos los días a verlo —confesó Adam con una sonrisa suave.

—¿No te quema el sol? —preguntó ella, acariciando la mano de su novio.

—El sol de aquí es débil, no lo suficiente para lastimarme. Por eso mi familia eligió este lugar.

Sara lo miró a los ojos, confundida.

—¿Por qué me trajiste aquí hoy?

—Porque es un lugar especial para mí —Adam tomó sus manos—. Y es el sitio perfecto para decirte que estoy perdidamente enamorado de ti.

Sara sonrió, iluminando su rostro.

—Yo también estoy enamorada de ti, Adam.

Se fundieron en un beso profundo, sin notar que a pocos metros, oculta entre las rocas, Bárbara los observaba con ojos cargados de odio.

—Así que Adam ama a una humana... —susurró la vampiresa con malicia—. Me muero por ver la cara de su padre cuando se entere.

     Mansión Soler – Horas después

En el estudio de la mansión, el ambiente estaba cargado de tensión. Marcelo golpeó su escritorio, haciendo que los cristales vibraran.

—¿¡Mi hijo está enamorado de una humana!? —rugió, mirando a Bárbara—. ¡Si me estás mintiendo, te mato!

—Es la verdad, Marcelo —respondió Bárbara con una sonrisa triunfal—. Los vi besándose. Creo que esa chica sabe lo que somos.

—¡Mi hijo es un estúpido! —gritó Marcelo, su ira creciendo—. ¡Nos está poniendo a todos en riesgo!

Estela, la madre de Adam, intentó intervenir.

—Cálmate, Marcelo...

—¡No me pidas calma! —la interrumpió—. Hay que desaparecer a esa humana, pero antes le daré una lección que nunca olvidará.

Salió del estudio hecho una furia. Estela miró a Bárbara con desprecio.

—Ya estarás contenta con lo que has provocado.

—Mucho —respondió Bárbara sin remordimientos—. Adam debe entender que tiene que estar con alguien de su nivel, no con una insignificante humana que envejecerá y morirá pronto.

—Él nunca se fijará en ti —sentenció Estela antes de irse.

    Las calles de Alaska – Medianoche

Adam y Sara caminaban por las calles nevadas, ajenos al peligro que los acechaba.

—Dime, Adam... ¿todos los vampiros tienen un poder especial? ¿Cuál es el tuyo?

Adam la miró con intensidad.

—Mi poder es entrar en los sueños. Puedo ver lo que la gente sueña y, si quiero, crear pesadillas o sueños profundos. Pero no te preocupes, jamás perturbaría los tuyos.

—Es increíble... —respondió Sara, aunque su rostro se ensombreció—. Pero siendo sincera, no me gustaría ser un vampiro. Si algún día me pasa algo malo, júrame que no me convertirás.

—Te lo prometo —dijo él antes de besarla nuevamente—. Te amo.

De pronto, un grupo de vampiros emergió de las sombras, rodeándolos.

—Lamentamos interrumpir el romance, Adam —dijo uno de ellos—. Pero tu padre nos mandó a buscarte. Y tu "noviecita" también viene con nosotros.

—¡Ella no irá a ninguna parte! —rugió Adam, poniéndose frente a ella—. ¡Sara, corre!

Sara intentó escapar, pero los vampiros fueron más veloces. La atraparon en segundos, sujetándola con fuerza mientras ella gritaba.

—¡Déjenla ir! —exigió Adam, sintiendo que su control se desvanecía.

—No podemos hacerlo —dijo el líder de los captores, apretando el cuello de la chica—. O vienes con nosotros ahora mismo, o esta humana muere aquí mismo.

Adam se quedó en silencio, con el corazón destrozado, viendo cómo la vida de la mujer que amaba pendía de un hilo

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Yudis Martínez
🥰🥰🥰🥰 me gusta como se va desarrollando la novela pero q malo le quito su primer amor
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