Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#12
...La obsesión empezaba a notarse...
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Valeria podía escuchar perfectamente los latidos de su propio corazón.
Fuertes.
Rápidos.
Desordenados.
Adrián seguía frente a ella.
Demasiado cerca.
Su mano descansaba sobre la cintura de Valeria mientras la observaba con esa intensidad que comenzaba a destruir lentamente cualquier pensamiento racional dentro de ella.
“Haces que pierda el control.”
La frase seguía suspendida entre ambos.
Pesada.
Peligrosa.
Porque ella sabía perfectamente que Adrián De Luca no era un hombre acostumbrado a perder el control por nadie.
Y aun así, ahí estaba.
Mirándola como si fuera lo único importante dentro del mundo entero.
Valeria tragó saliva lentamente.
Necesitaba apartarse.
Necesitaba recuperar la cordura.
Pero el problema era que cada vez que Adrián la tocaba… su cuerpo parecía olvidarse completamente de cómo reaccionar con normalidad.
Él deslizó lentamente los dedos por su cintura apenas unos centímetros.
El gesto fue mínimo.
Pero suficiente para hacer que la respiración de Valeria se alterara otra vez.
Los ojos oscuros de Adrián descendieron inmediatamente hacia sus labios.
Y algo cambió en su expresión.
Algo más intenso.
Más hambriento.
Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Porque comenzaba a entender que ese hombre estaba conteniéndose constantemente cerca de ella.
Y no sabía cuánto tiempo más podría seguir haciéndolo.
—Esto está mal —murmuró finalmente.
La voz le salió mucho más débil de lo que esperaba.
Adrián sostuvo su mirada unos segundos.
—¿Quieres que me detenga?
Otra vez esa pregunta.
Siempre dándole la oportunidad de alejarse.
Pero mirándola como si esperara exactamente lo contrario.
Valeria abrió ligeramente los labios.
Intentando responder.
Intentando decir que sí.
Pero la verdad era otra.
Y ambos la conocían perfectamente.
El silencio terminó respondiendo por ella.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Adrián.
No arrogante.
Peor.
Satisfecha.
Como si verla perder el control poco a poco le provocara algo peligrosamente cercano a placer.
—Eso pensé.
La voz grave salió apenas como un susurro.
Después Adrián inclinó lentamente el rostro hacia ella.
Y esta vez Valeria sí reaccionó.
Pero no apartándose.
Sus manos terminaron aferrándose suavemente al saco oscuro de él antes de que pudiera pensar con claridad.
El aire pareció volverse todavía más pesado.
Los ojos de Adrián bajaron inmediatamente hacia sus manos.
Y algo oscuro cruzó por su mirada.
Algo posesivo.
Intenso.
Como si aquel pequeño gesto hubiera significado demasiado para él.
—Valeria…
Escuchar su nombre en esa voz grave hizo que el corazón de ella se descontrolara todavía más.
Adrián levantó lentamente una mano hasta acariciar apenas su mejilla.
Con una suavidad peligrosa.
Contradictoria.
Porque todo en él parecía oscuro y dominante… excepto cuando la tocaba.
Ahí era peor.
Porque parecía contener algo mucho más profundo.
Algo que comenzaba a asustarla de verdad.
La puerta de la oficina sonó de repente.
Ambos se separaron inmediatamente.
La tensión en el ambiente era tan fuerte que casi podía sentirse físicamente.
Adrián cerró los ojos apenas un instante antes de alejarse de ella.
Como si estuviera intentando recuperar el control.
Otra vez.
—¿Señor De Luca?
La voz femenina llegó desde afuera.
Adrián pasó lentamente una mano por su mandíbula antes de responder.
—¿Qué ocurre?
—La reunión con inversionistas comenzará en diez minutos.
Silencio.
Valeria intentó ordenar su respiración mientras acomodaba rápidamente su ropa.
Sentía las mejillas ardiendo.
El corazón todavía completamente fuera de control.
Adrián abrió lentamente los ojos y volvió a mirarla.
Y aquello fue peor.
Porque seguía observándola exactamente igual.
Como si el hecho de haber sido interrumpidos solo hubiera empeorado todo.
—Cancela la reunión quince minutos.
La secretaria guardó silencio unos segundos.
Claramente sorprendida.
—Sí, señor.
Los pasos se alejaron.
Y el silencio volvió.
Adrián soltó una pequeña risa baja.
Sin humor.
—Mira lo que haces conmigo.
El pecho de Valeria se tensó inmediatamente.
Porque nunca imaginó escuchar algo así de un hombre como él.
Tan poderoso.
Tan controlado.
Tan peligroso.
Y aun así parecía completamente afectado por ella.
Valeria respiró hondo.
—No debería estar aquí.
—Pero estás.
Él caminó lentamente hacia ella otra vez.
No demasiado rápido.
Como si supiera perfectamente que cada paso suyo alteraba el pulso de ella.
—¿Sabes qué es lo peor?
Valeria negó suavemente con la cabeza.
Adrián se detuvo frente a ella.
—Que llevo años rodeado de personas… y nunca había sentido necesidad de nadie.
Sus ojos se clavaron profundamente en los de ella.
—Hasta ti.
El corazón de Valeria dolió esta vez.
Porque aquello ya no sonaba solamente físico.
Y eso era muchísimo más peligroso.
Ella apartó la mirada intentando recuperar algo de claridad mental.
—No me conoce realmente.
—Te conozco más de lo que crees.
La frase la hizo tensarse.
Valeria levantó lentamente la mirada hacia él.
—¿Qué significa eso?
Adrián guardó silencio unos segundos.
Demasiados segundos.
Después habló tranquilamente.
—Sé cuál es tu café favorito. Sé que llamas a tu mamá todas las noches. Sé que te muerdes el labio cuando estás nerviosa y que finges seguridad cuando en realidad estás asustada.
El aire desapareció de los pulmones de Valeria.
Porque era verdad.
Todo.
Adrián observó lentamente su reacción.
—También sé que llevas tres noches sin dormir bien por mi culpa.
El corazón de Valeria volvió a acelerarse violentamente.
Eso ya no era atención normal.
Eso era obsesión.
Y lo peor…
era la forma en que él lo decía con absoluta naturalidad.
Como si observarla tanto fuera completamente lógico.
Adrián dio un paso más cerca.
Ahora prácticamente rozándola otra vez.
—No tienes idea de cuánto pienso en ti.
La voz grave salió más baja que nunca.
Más íntima.
Más peligrosa.
Valeria sintió un nudo formarse dentro de su pecho.
Porque empezaba a darse cuenta de algo aterrador.
No era solamente atracción.
Adrián De Luca se estaba obsesionando con ella de verdad.
la peor parte era…
qué una parte de ella…
También comenzaba a obsesionarse con él.