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367 Días Con Invierno

367 Días Con Invierno

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Batalla por el trono / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía / Romance / Romance paranormal
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabrielcandelario

En el antiguo continente de Aethelgard, las estaciones no son ciclos naturales, sino deidades malditas que caminan sobre la tierra. Caelum, el Señor del Invierno, ha sumido al Reino del Sol en una era de hielo perpetuo debido a una antigua traición. La única forma de apaciguar su furia y evitar que la humanidad muera de frío es el "Pacto del Bisiesto": entregarle a una mortal nacida bajo la luz del solsticio para que viva con él en su Fortaleza de Escarcha durante exactamente 367 días. Si ella sobrevive sin perder la cordura o el corazón, la primavera regresará.

NovelToon tiene autorización de Gabrielcandelario para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap 1

El viento no soplaba en el Valle de Aethelgard; cortaba. Era una hoja de afeitar invisible que buscaba cualquier centímetro de piel expuesta para reclamarlo como suyo. Aura se ajustó la bufanda de lana rústica, sintiendo cómo el frío le entumecía los dedos a pesar de los guantes remendados.

Frente a ella, la plaza del pueblo era un hervidero de murmullos bajos y rostros pálidos. En el centro, el Altar de la Escarcha, un bloque de obsidiana que parecía absorber la poca luz grisácea que quedaba en el cielo, esperaba a su víctima.

—No tienes que hacerlo, Aura. Aún podemos esconderla en las minas —susurró Silas, el herrero, acercándose a ella con el rostro tiznado de hollín y miedo.

Aura lo miró a los ojos. Silas era fuerte, pero sus manos temblaban.

—¿En las minas, Silas? —respondió Aura, su voz firme pero cargada de una fatiga antigua—. Sabes tan bien como yo que Él la encontraría. Él lo encuentra todo. Si no se la entregamos hoy, el invierno no solo será eterno, sino que vendrá por cada niño del valle.

—¡Es una niña! —exclamó Silas, bajando la voz al notar que un Guardia de la Nieve los observaba—. Elianne apenas ha visto quince inviernos. No sobrevivirá a la primera noche en la Fortaleza.

—Por eso iré yo —sentenció Aura.

—¡El Pacto es claro! —intervino el Padre Julian, acercándose con sus pesadas vestiduras ceremoniales—. "La doncella nacida bajo la luz del solsticio". Esa es Elianne, Aura. No puedes engañar a un Dios con un tecnicismo de nacimiento.

Aura se enderezó, desafiando la autoridad del anciano.

—Padre Julian, revise sus libros de nuevo. Yo nací en el crepúsculo del solsticio, justo cuando la última chispa de sol tocaba el horizonte antes de que la Luna de Hielo reclamara el cielo. Mi sangre es tan válida para el Pacto como la de mi hermana. Y tengo algo que ella no tiene.

—¿Y qué es eso, hija mía? —preguntó el sacerdote con escepticismo.

—La voluntad de no morir en el intento —respondió Aura, girándose hacia la multitud.

De repente, un grito desgarrador rompió el murmullo de la plaza. Era Elianne. Dos guardias la arrastraban hacia el altar. La niña luchaba, sus pies descalzos dejando marcas en la nieve endurecida.

—¡Aura! ¡Aura, por favor! —gritaba Elianne, con las mejillas surcadas de lágrimas que se congelaban al instante.

Aura corrió hacia los guardias, interponiéndose en su camino.

—¡Sueltenla! —ordenó.

—Apártate, mujer —gruñó uno de los guardias, cuya armadura de cuero estaba cubierta de una fina capa de escarcha—. Tenemos órdenes del Consejo. El sacrificio debe realizarse antes de que la primera estrella brille.

—Yo soy el sacrificio —dijo Aura, clavando su mirada en el guardia—. Soy la primogénita. Mi sangre es más pura para el Pacto. Si se llevan a la niña y el Invierno la rechaza, Aethelgard arderá en hielo antes del amanecer. ¿Quieren correr ese riesgo?

Los guardias se detuvieron, intercambiando miradas de duda. El murmullo de la gente creció como una marea. "Ella tiene razón", se oía decir. "Aura es más fuerte". "Si el Dios se ofende, estamos perdidos".

—¡Silencio todos! —la voz del Gran Canciller resonó desde el balcón del ayuntamiento—. Elianne es la elegida por la profecía.

—¡La profecía habla de linaje, no de nombres! —gritó Aura hacia el balcón—. Canciller, sabe que si envío a mi hermana, ella morirá en el camino. Si voy yo, el Pacto se cumplirá durante los 367 días. Yo sé los ritos. Yo conozco la lengua antigua. Puedo apaciguarlo.

El Canciller bajó las escaleras de piedra, su capa de piel de oso arrastrándose por la nieve. Se acercó a Aura y la estudió como si fuera una pieza de ganado en una feria.

—Eres valiente, Aura. O muy estúpida —dijo el Canciller en un susurro—. ¿Sabes lo que sucede en la Fortaleza de Escarcha? Ninguna mujer ha regresado jamás para contarlo.

—Lo sé —respondió ella sin pestañear—. Pero si me quedo aquí, moriré de hambre o de frío de todos modos. Prefiero morir intentando que el sol regrese para los demás.

El Canciller miró a Elianne, que sollozaba en el suelo, y luego a Aura. Finalmente, hizo una señal a los guardias.

—Suelten a la pequeña. Preparen a la mayor.

—¡No! ¡Aura, no lo hagas! —Elianne se aferró a las piernas de su hermana—. ¡No me dejes sola!

Aura se arrodilló y tomó el rostro de su hermana pequeña entre sus manos.

—Escúchame bien, Elianne. Tienes que ser fuerte. Ve con Silas, él te cuidará. Mantén la chimenea encendida, aunque sea con los muebles de la casa. Volveré cuando la nieve se convierta en agua. Te lo prometo.

—¿Lo juras? —preguntó la niña entre hipos.

—Por la chispa del último sol —juró Aura, dándole un beso en la frente que sabía a despedida.

Los guardias tomaron a Aura por los brazos y la llevaron hacia el bloque de obsidiana. El sol empezaba a ocultarse tras los picos de los Dientes de Dragón. El cielo se tiñó de un color violeta hematoma.

—Pongan sus manos sobre la piedra —ordenó el Padre Julian, sacando una daga de plata.

Aura obedeció. El contacto con la obsidiana fue como tocar un metal al rojo vivo, pero por el frío. El dolor le recorrió los brazos, llegando hasta su médula.

—Repite conmigo —dijo el sacerdote—. Ego sum donum. Ego sum ignis ad frigidus.

Aura cerró los ojos y su voz se unió a la del anciano en un canto gutural que parecía vibrar en los huesos de todos los presentes.

—Ego sum donum. Ego sum ignis ad frigidus...

En ese instante, el viento se detuvo por completo. Un silencio antinatural cayó sobre Aethelgard. Los pájaros de nieve dejaron de piar. El fuego de las antorchas se volvió de un azul eléctrico y luego se extinguió.

En el horizonte, una columna de nieve y escarcha comenzó a girar, elevándose como un tornado que no emitía sonido. Se acercaba a una velocidad imposible.

—¡Ya viene! —gritó alguien, y la multitud se dispersó en un pánico ciego, buscando refugio en las casas, cerrando puertas y ventanas con cerrojos de hierro.

Solo quedaron en la plaza los guardias (que temblaban bajo sus yelmos), el Canciller (que había retrocedido hasta las sombras del pórtico) y Aura, encadenada por el rito a la piedra negra.

La tormenta llegó al centro de la plaza y, de repente, implosionó.

Donde antes solo había nieve agitada, ahora se erguía una figura que hacía que la noche pareciera brillante en comparación. Era más alto que cualquier hombre, envuelto en capas de seda gris que flotaban como si estuvieran bajo el agua. Su máscara era de un cristal traslúcido que reflejaba el terror de Aura.

Caelum, el Señor del Invierno, dio un paso adelante. La nieve a sus pies no se hundía; se convertía en hielo sólido para sostener su peso.

Se detuvo frente a Aura. Ella pudo olerlo: olía a ozono, a tierra congelada y a algo más... a soledad milenaria.

—No eres la que fue prometida —la voz de la deidad no era humana. Era el crujido de un glaciar partiéndose, una frecuencia que hizo que a Aura le sangraran levemente los oídos.

Aura levantó la barbilla, aunque sus dientes castañeaban.

—Soy Aura de Aethelgard. Y soy la que el Pacto reclama.

Caelum inclinó la cabeza, un movimiento felino y peligroso.

—La pequeña era el tributo. Su alma es débil, fácil de consumir. La tuya... —la deidad extendió una mano enguantada en seda y rozó la mejilla de Aura. El frío fue tan intenso que ella sintió que su piel se quemaba—. Tu alma tiene espinas.

—Entonces tendrás que aprender a no pincharte, mi Señor —respondió ella, con una audacia que no sabía de dónde venía.

Por un segundo, Aura creyó ver un destello azul detrás de la máscara de cristal. Una chispa de algo parecido a la curiosidad.

—367 días —dijo Caelum—. Si sobrevives al primer amanecer en mi reino, quizá valgas el cambio. Pero si mueres, Aethelgard será borrada del mapa antes de que la primavera pueda siquiera soñarse.

—Acepto —susurró Aura.

Caelum la rodeó con su brazo. No fue un abrazo, fue una captura. El mundo alrededor de Aura estalló en un torbellino de escarcha y oscuridad. Lo último que vio fue la cara de su hermana llorando tras un cristal de ventana, antes de que el oxígeno abandonara sus pulmones y el peso de un mundo congelado cayera sobre ella.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Aura

Caelum (El Señor del Invierno - Revelado)

Elian (El Príncipe de la Primavera - Antagonista/Rival)

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Yerlis Ramos
Muy Muy buenas las imágenes 🤭🤭🤭 la del custodio ni hablar.🤣🤣🤣🤣
Yerlis Ramos
muy buenas las imágenes .
Yerlis Ramos
buenísima la imagen .. 10/10
Yerlis Ramos
hermoso Capitulo. 🥰👏👏
Yerlis Ramos
Excelenteeee..
Yerlis Ramos
🥰🥰 Excelente comienzo 🥰🥰
Katy
Muchas felicidades fascinante historia ,gran imaginación 😘😘😘
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