Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo I: Segundas oportunidades y primeros pasos
Noviembre de 2025…
Kendra Barreto observaba el paisaje por la ventana del auto, y el reflejo del sol bañaba su cabello rubio, se sentía agotada, pero estaba satisfecha porque finalmente pudo saldar las deudas de sus malos actos del pasado, el juicio había terminado y la justicia, aunque avanzó con paso lento finalmente había prevalecido y los culpables estaban en la cárcel.
Aunque lo mejor era lo que la aguardaba en un apartado lugar, al otro lado del país, lejos de los tribunales y de los ecos del aquel vergonzoso pasado, aquello que la había motivado a cambiar y que se había convertido en el motor de su redención.
—Hace apenas tres años —murmuró, con voz apenas audible—Me habría reído en la cara de quien predijera este giro en mi vida.
Mientras el vehículo se adentraba por un camino sinuoso, hacia su destino, la mente de Kendra se llenó de los recuerdos de cuando ella que era una “pretenciosa coqueta”, y la arrogante heredera de la familia Barreto, en ese momento estaba tan segura de su posición que no sabía lo fácil que era perderlo todo.
Ella entonces pensó en cómo cuanto todo estaba tan mal encontró razones para redimirse, y con un gesto de afecto acarició su vientre, donde su segundo hijo crecía ajeno al juicio que acababa de terminar.
—Regresamos a casa mi tesoro —dijo con ternura.
Su rostro antes severo se iluminó con una sonrisa cálida, pensando en que incluso para alguien como ella, marcada por la oscuridad, la vida podía ofrecer una segunda oportunidad y permitirle ser una mejor persona.
Julio de 2022…
Axel García con la mirada oculta tras unas gafas oscuras y usando un traje ejecutivo de color oscuro que resaltaba sus años de disciplina, entró a aquel café solitario ubicado en las afueras de la ciudad para reunirse con un posible cliente.
—¿Axel García? —preguntó el hombre que lo esperaba.
—Si soy yo—Respondió Axel.
—Soy Andrés Barreto—dijo el hombre mostrando la silla que tenía en frente—Toma asiento, que tengo una propuesta de trabajo que puede interesarte.
Axel era desconfiado por naturaleza y estaba cansado de la adrenalina de su trabajo así que deseaba retirarse, trabajaba como guardaespaldas desde hacía varios años y buscaba algo distinto que le permitiera hacerse con los fondos necesarios.
No creía en grandes oportunidades, sin embargo, la recomendación venía de un alto funcionario de la agencia, además de que la oferta de Andrés era el boleto dorado hacia su libertad financiera, lo que Axel no sabía era que Andrés no buscaba un simple conductor; buscaba un escudo contra las intrigas de su propia esposa Ifigenia.
—Tus referencias son de las mejores de la agencia, Axel—dijo Andrés con solemnidad—Pero te advierto: esto es peligroso, vas a entrar a mi casa como un chofer, pero tu verdadera misión es protegerme de mi esposa.
Andrés Barreto era el patriarca de su familia, y hasta hace poco no había pensado en contratar a un guardaespaldas, pero recientemente descubrió que su esposa Ifigenia estaba involucrada en negocios muy turbios y por eso iba a solicitarle el divorcio.
—Me halagan sus palabras —dijo Axel con frialdad—Aunque solo trato de hacer un buen trabajo.
—Eso es lo que espero—dijo Andrés —Aunque te advierto que es un poco peligroso, pero también voy a compensarte muy bien por tus servicios.
Axel y Andrés comenzaron a hablar sobre el trabajo que realizaría y aunque tenía un nivel alto de riesgo, el pago valía la pena, Axel ya quería retirarse e intentar tener hijos con su esposa Marisol.
—Te espero el día de mañana y recuerda que para todos solo eres mi chofer —dijo Andrés extendiéndole la mano para sellar el acuerdo.
—Tenemos un trato señor Barreto—respondió Axel, aceptando el apretón de manos que sellaría su destino.
A la mañana siguiente Axel García de 35 años preparó el desayuno, sintiendo una chispa de ilusión que hacía tiempo no sentía, y esperaba a que su esposa con la cual llevaba 10 años de casado se despertara para contarle las buenas nuevas, Marisol era enfermera y la noche anterior llegó muy tarde.
—Café—murmuró Marisol, apareciendo en la cocina con el rostro cansado y la mirada esquiva.
Marisol era una hermosa mulata de la misma edad de Axel, y por lo general tenían una buena relación, por desgracia eso cambió el último año, y ahora siempre tenían discusiones porque ella deseaba que dejara su trabajo como “chofer” mientras que él sentía que pasaba el tiempo y siempre postergaban el tema de los niños.
—Llegaste muy tarde anoche—dijo él entregándole una taza de café.
Axel quería contarle a Marisol, que finalmente su sacrificio había terminado y que pronto podrían dejar de discutir por dinero y, finalmente tener los hijos que tanto habían postergado.
—Estaba de guardia—dijo Marisol con recelo—No sé ni porque te doy explicaciones.
Axel sintió su desprecio, y le dolió porque durante años, él había sido el proveedor, postergando sus propios estudios, para que ella pudiera estudiar enfermería, pero mientras ella más crecía ella profesionalmente, más parecía avergonzarse de su marido, al cual de forma despectiva lo consideraba como a un simple “chofer”.
—Marisol no necesitas ser tan sarcástica conmigo, tengo algo muy importante que decirte —dijo Axel con emoción contenida.
Axel quería contarle que finalmente había encontrado un empleo cuya ganancia les permitiría vivir sin problemas financieros e iniciar un negocio propio.
—Déjame adivinar —dijo Marisol con hastío—tienes un nuevo cliente, y esta vez todo va a cambiar.
—De hecho es así — añadió Axel intentando explicarse.
—El problema Axel, es que ya no puedo seguir así, porque realmente estoy cansada.
Axel se quedó helado debido a su respuesta tan fría, se estaba arreglando los puños de su camisa y se observaba en el espejo, tenía 35 años, estaba en una excelente condición física, trabajaba como guardaespaldas, aunque su esposa suponía que solo se trataba de un chofer.
—Cariño, te prometo que esta vez todo va a cambiar…
Por motivos de seguridad, no podía contarle los pormenores de su trabajo, sin embargo, esta vez era una oportunidad excepcional y por eso debía mantenerla informada sobre el riesgo que corría su vida.
—Axel … lo siento, pero no podemos seguir así.
Axel sintió como un balde de agua fría en cuanto notó el desinterés de su esposa.
—¿A qué te refieres? —preguntó Axel con asombro.
Marisol no respondió de inmediato, sino que tomó una maleta y comenzó a empacar sus cosas como si hubiera tomado esa decisión desde hace mucho tiempo y solo buscaba una excusa para marcharse.
—A que necesito espacio, así que me voy de la casa, Axel—dijo Marisol, sin mirar atrás.
Axel la vio marcharse y la alegría que sentía se le fue de golpe, pero, continuó preparándose para ir a su primer día del trabajo el cual consideraba el más importante de su vida hasta el momento por desgracia se había quedado solo y no tenía con quien compartirlo.
Fue así como ese día Axel con el corazón hecho trizas, no llegó a su primer día de trabajo para la familia Barreto, no como un hombre que buscaba un futuro, sino como uno que ya no tenía nada que perder.
Antes de su llegada a la empresa de la familia Barreto ya había hecho una investigación de sus perfiles, esta familia pertenecía a la clase media alta, y eran dueños de una cadena de supermercados sumamente exitosa.
Estaba compuesta por Andrés, su esposa Ifigenia, sus dos hijas Kendra y Keila y Anabella la hermana adoptiva de Andrés, sobre ellos no había grandes escándalos porque eran muy discretos.
Sin embargo, Axel sabía que si fue contratado por Andrés es porque había algo muy turbio oculto y era parte de su trabajo no solo proteger, sino descubrir de qué se trataba.
Axel caminaba con paso decidido por los pasillos de la empresa en dirección a la oficina de Andrés el cual se encontraba reunido con su hija Kendra la cual era su mano derecha.
Respiró hondo antes de tocar la puerta de la gerencia general, por alguna razón inexplicable estaba nervioso y asumió que se debía a su discusión con Marisol, aunque algo en su interior le indicaba que había otra razón solo que pasaría mucho tiempo para que lo descubriera y tenía un nombre: Kendra Barreto.
Desde niña Kendra fue el orgullo de sus padres Andrés e Ifigenia, era la mejor estudiante y deportista, rubia, ojos azules, con una elegancia y porte muy natural, dotada con una gran inteligencia lo cual la hizo convertirse en la mejor alumna de su facultad todo con un aspecto de inocencia y rostro angelical.
A pesar de que Kendra era una mujer caprichosa y que siempre seguía las órdenes de su madre sin importar que tan irracionales estas fueran, poseía un profesionalismo implacable que contrastaba con su frivolidad.
—Kendra, estoy sorprendido con estos informes —comentó, Andrés, sin ocultar su asombro.
Andrés observaba con admiración a su hija, una mujer que vestía a la moda, casi como una modelo de revista, pero que a la vez era capaz de generar la fortuna necesaria para complacer cualquiera de sus antojos.
—Si mantenemos esta tendencia, para el próximo trimestre las ganancias se habrán triplicado — respondió ella con una voz gélida, desprovista de la calidez que se esperaría de una hija luego del elogio de su padre.
Andrés asintió con satisfacción porque estaba orgulloso de ella, y para nadie era un secreto de que ella heredaría el emporio familiar, no era por favoritismo, sino porque realmente tenía las capacidades además de que su hermana menor Keila prefería desarrollar sus capacidades en el mundo de las letras.