en un mundo alternó, entre guerras de imperios la pas solo se logrará con alianzas matrimoniales y Zaidymar decide sacrificarse por su padre y hermano.
el emperador del reino frio casi los mata en la batalla y ahora ese emperador lo que más desea es matar a su padre.
no pudo humillarlo en el campo de batalla, pero tratará de hacerlo con su hija, verlos arrodillados a sus pies es lo que más desea.
¿lo logrará o Zaidymar será su dolor de cabeza?
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CAPÍTULO 01
En un mundo alterno donde existen diferentes monarquías, tenían años con un tratado de paz, pero nada es para siempre.
En la monarquía del reino frío, una guerra se había levantado por el trono. El hijo menor del rey se rebeló, mató a sus hermanos, a su padre y a las concubinas; no dejó a nadie con vida.
La guerra del reino frío fue la peor masacre que jamás se había visto o escuchado en todas las guerras que se dieron en el pasado; los rumores que se expandieron en todas las monarquías eran aterradores.
Se decía que algunos de los cadáveres quedaron sin rostro, que el príncipe demonio se los había quitado por gusto, que las entrañas de las víctimas se regaron por todo el territorio, que la nieve en todo el reino se pintó de rojo por la sangre derramada.
También había partes de los cuerpos regados por todos lados. Al final dejaron los cuerpos del monarca y su gente en la entrada del reino, para que los insectos, roedores y todo animal carroñero se comieran sus restos; no les dieron una sepultura adecuada para que sus almas nunca descansaran.
Ese príncipe demonio, que ya era el nuevo monarca del reino frío, según decía, que él había dicho que las almas de su padre y sus hermanos las obligaría a quedarse a su lado, para que miraran cómo reinaba y se convertía en el ser más poderoso.
Al principio, todos pensaban que eso solo eran rumores, que nadie podía ser tan despiadado para hacerle eso a su padre, pero a como pasaban los meses, ese príncipe demonio atacó al reino que todos consideraban más poderoso, donde estaba el general que todos decían que era el dios de la guerra reencarnado. Nunca se le había conocido una sola derrota hasta que se enfrentó al príncipe demonio.
Derrocó al reino del sol y eso sí empezó a causar pánico en todos los monarcas de los diferentes reinos; los rumores sobre su crueldad se expandían y aumentaban, las personas de los diferentes reinos empezaban a creer que realmente era un demonio que salió del mismo infierno.
Ningún reino quería estar en su mira, pero al final ese príncipe demonio parecía solo tener deseos de derramar sangre, porque empezó a atacar los reinos solo por diversión; el miedo estaba en todas las personas, porque él no perdonaba a nadie, mataba a mujeres, a niños, ancianos, no dejaba a nadie vivo.
Los tres reinos que había destruido en menos de un año lo habían dejado sin un ser viviente; quedaron solo con los cuerpos tirados en todo su territorio para que los animales carroñeros, los insectos, se los comieran.
Los monarcas de los diferentes reinos, al ver el terror que ese monarca demonio; porque ya no era un príncipe, ya era todo un monarca, que tenía poder, fuerza y una riqueza incalculable.
Todos se juntaron para atacarlo, mandaron a sus mejores hombres y ese monarca demonio, que siempre iba al frente de su enorme ejército, al ver que todos lo atacaban, solo respondió de la misma manera.
Este monarca demonio era realmente cruel; no mató a nadie, solo ordenó a sus caballeros que los desarmaran, pero tenían que dejarlos vivos.
Fue una batalla larga, pero al final derrotó a esos caballeros; a una cuarta parte los mató, a otra parte los dejó como sus esclavos para que trabajaran en las minas, aunque no los dejó juntos.
A todos los separó y al resto los hizo regresar a su reino con la cabeza agachada.
Al final, todos los monarcas tuvieron que bajar la cabeza y, para su suerte, este monarca demonio mandó un emisario para hablar con ellos; esta reunión con el emisario se iba a dar en el reino verde, uno de los más grandes y hermosos de todo el mundo.
El emisario les dijo que el monarca del reino frío estaba dispuesto a negociar con ellos la paz, pero bajo sus condiciones. Les pedía oro como impuesto, que sería entregado por año; pedía telas finas cada mes, diferentes granos de comida por mes, frutas que se dan en sus tierras, pero no fue todo lo que pidió.
Su peor petición la hizo al final; pedía una mujer de cada reino para ser su concubina y no pedía a cualquiera; la lista estaba hecha; la mujer que estaban pidiendo era la más querida o la más importante de cada reino.
El emisor, después de hablar, no se quedó a hablar con ninguno, simplemente se retiró diciéndoles que tenían dos meses para dar su respuesta y la forma de responder era mandando a la joven a ser una concubina del monarca del reino frío.
Los monarcas regresaron a sus reinos, nadie dijo nada y mucho menos quisieron hablar de la decisión que pensaban tomar; al final cada uno iba a ver por su propio reino.
En el reino verde, el gran general estaba en su casa recuperándose de la derrota; había terminado herido y su hijo, que era su segundo al mando, tuvo que desmayarlo en el campo de batalla porque ese monarca demonio le ordenó bajar la espada o, si no, lo mataba.
Su hijo Arthur tuvo que darle un fuerte golpe en el cuello, porque sabía que su padre, con lo orgulloso que era, jamás hubiera bajado su espada y ese demonio lo hubiera matado.
Algo que Láncelo no tomó nada bien y, al despertar, ignorando el dolor de sus heridas, se levantó de la cama, tomó su látigo y le dio a su hijo por haberlo dejado inconsciente en el campo de batalla, hacerlo regresar con esa derrota, con su orgullo herido.
Él, como caballero del reino, tenía que haber regresado con la batalla ganada o haber muerto en el campo de batalla, pero ahora su hijo hizo que perdiera su orgullo; lo trajo de regreso al imperio sin ningún honor.
Arthur no se defendió, solo se quedó quieto recibiendo los latigazos de su padre; sabía que estaba furioso por lo que hizo, que tal vez nunca lo iba a perdonar, pero prefería mil veces su odio que verlo visto como ese demonio mataba a su padre.
Estaba en el 5 golpe cuando su hermana menor Zaidymar se metió en medio; casi la golpea con el látigo, pero logró verla, se detuvo en el aire; en ese momento le grita.
—¡Quítate, hazte a un lado! -
Zaidymar le sonríe a su padre, sujeta la mano de su padre para quitarle el látigo; al mismo tiempo le dice.
—Padre, no estés enojado con mi hermano; lo hizo por el bien de nuestra familia y nadie pensará mal de ti.
La batalla fue un infierno; es mejor dar gracias a nuestro Dios porque te regresó con vida.
Recuerda, hay que vivir para luchar otro día y hoy tienes vida; tienes que recuperarte para pensar en cómo derrotar a ese demonio. -
Láncelo bajo el látigo y dejó que su hija lo abrazara; aunque le dolía, pensó en las palabras que su pequeña Zaidymar le dijo; tenía vida y eso le daba una oportunidad más para enfrentarse a ese emperador demonio.
Zaidymar era la luz de la casa del general; solo eran ellos tres, su madre había muerto cuando ella tenía 5 años, apenas la recordaba, pero a pesar de su tristeza por haber perdido a su madre, era una joven feliz, porque su padre y su hermano la consentían, la amaban como el mayor tesoro de su casa.
Hizo que su padre regresara a la cama, lo hizo tomar la medicina; después llevó a su hermano a su habitación y le habló a un médico para que curaran sus heridas por los latigazos que su padre le dio.
Zaidymar era una joven lista; a los pocos días hizo que su padre y su hermano se reconciliaran. A las dos semanas, los dos ya estaban recuperados; estaban desayunando los tres juntos, Láncelo y Arthur pensaban ir al castillo después de desayunar para hablar con el emperador.
Ellos tenían un mes de descanso; fue lo que su emperador les dio para que descansaran y se recuperaran, pero ellos no podían esperar más; con esas dos semanas tenían.
Los tres estaban felices de poder estar juntos. Estaban terminando su desayuno cuando el consejero del emperador llegó para decirles que eran requeridos en el palacio y tenían que llevar a su hija Zaidymar.
Láncelo no entendía por qué el emperador pedía que fuera su hija; eso no le gustó nada, pero tampoco podía ir en contra de una orden imperial. El consejero se quedó a esperarlos para regresar juntos al palacio.
Zaidymar fue rápido a su habitación para cambiarse adecuadamente; se puso uno de los vestidos más elegantes que tenía. Era la primera vez que iba al palacio y quería verse bien.
Su vestido era de color rosa con blanco, largo, con mangas que llegaban debajo de las rodillas, abierto hasta el hombro, unos guantes que llegaban arriba de los codos; era uno de los mejores estilos que se estaban usando en ese tiempo y gracias a su hermano, logró comprarlo.
Una vez que estuvo lista, se reunió con su padre, subieron al carruaje y fueron directamente al palacio; al entrar, caminaron por ese largo pasillo que daba al trono donde el emperador estaba sentado.
Zaidymar estaba sorprendida; había bastante gente, miraba a caballeros con sus armaduras, a ministros con sus trajes rojos, algunas damas nobles que trabajaban con la emperatriz; también estaban las concubinas del emperador y algunos duques más importantes de la ciudad.
Para ella lo que miraba era algo que le gustaba, pero a su padre esto no le gustaba nada; que tantos nobles y gente importante del imperio estuvieran en el palacio no podía ser por algo bueno.
Quedaron a unos metros del trono; estaban por arrodillarse para saludar al emperador cuando lo escucharon decir.
—No hace falta hacer reverencia, mi querido general.
General, esta vez los he llamado por algo que tal vez no va a ser bueno para tu familia, pero no tenemos otra salida; solo espero que su corazón no guarde resentimiento.
El emperador del reino frío, para aceptar la paz, pidió algunas; la mayoría son insignificantes para nuestro reino, podemos darlas sin problemas, pero hay una cosa que pidió y es la más importante para la paz.
Esta petición va a ser difícil de cumplir porque ha pedido como concubina a tu hija y sé que ella es tu tesoro, que va a ser difícil que aceptes esta orden, pero yo, como el emperador de este reino, tengo que ver por todo el reino, por las personas, y nuestro ejército no se puede con el enemigo; sería injusto arriesgar la vida de todos.
No quiero hacer esto como un decreto, porque sé que es algo que te pondría entre la espada y la pared, por eso quiero que tú lo decidas, que pienses en todo el reino, en que tu emperador te lo pide como tu mayor muestra de lealtad. –
En el momento en que el emperador dejó de hablar, todos en el gran salón se arrodillaron y al mismo tiempo gritaron. —¡Gran general, se lo suplicamos! ¡Envíe a su hija para ser concubina del emperador del reino frío!
Láncelo se quedó congelado al escuchar lo que su emperador le estaba pidiendo; realmente no sabía qué hacer. Su hija era su tesoro, lo que más amaba en ese mundo, pero también sabía que ese emperador era poderoso; aunque regresara al campo de batalla con todos sus hombres, no iba a poder derrotarlo.
Ese hombre era poderoso, sabía que era imposible lograr la victoria.
La impotencia de no poder proteger a su tesoro lo invadió; miraba a todos lados sin saber qué responder, negando con la cabeza, porque tal vez era egoísta, pero mandar a su hermosa hija Zaidymar con ese monstruo era como mandarla a su muerte.