Abril sabe lo que es amar hasta perderse a sí misma.
Cuando acepta un trabajo inesperado, jamás imagina que la llevará a conocer a Darío, un hombre atrapado en una relación donde los celos, el control y la manipulación se confunden con amor.
Él cree que su pareja lo cuida. Ella sabe que lo está destruyendo.
Mientras Abril intenta ayudarlo a abrir los ojos, se ve envuelta en un triángulo peligroso donde los sentimientos reales chocan con secretos, mentiras y decisiones que pueden romperlo todo.
¿Es posible amar sin dolor cuando el pasado aún sangra?
¿O algunas personas están destinadas a perderse antes de encontrarse?
Corazones en Juego es una historia intensa sobre relaciones tóxicas, segundas oportunidades y el valor de elegir un amor que no duela.
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Capítulo 1: El precio de volver a confiar
Abril observaba la ciudad desde la ventana del autobús mientras apretaba su bolso contra el pecho. Los edificios altos, las luces encendidas y el ruido constante le recordaban que estaba lejos de todo lo que conocía. Aquella ciudad no sabía quién era ella, ni todo lo que había tenido que soportar para llegar hasta allí. Y eso, por primera vez en mucho tiempo, le daba un poco de paz.
Había prometido no volver a confiar. No volver a amar de esa manera en la que una se pierde a sí misma. Durante años creyó que amar significaba aguantar, ceder, disculparse incluso cuando no había hecho nada malo. Su exnovio se lo había repetido tantas veces que su voz aún vivía en su cabeza.
—Nunca serás suficiente —recordó con un nudo en la garganta.
Cerró los ojos con fuerza, intentando expulsar ese recuerdo. Cambiar de ciudad había sido su último intento por empezar de nuevo. Un nuevo trabajo, un pequeño departamento y la esperanza de reconstruirse poco a poco. Nadie allí conocía su pasado. Nadie la miraba como si estuviera rota.
Pero la calma duró poco.
Dos semanas después de instalarse, su teléfono sonó en medio de la tarde. Abril dudó antes de contestar. No reconocía el número.
—¿Abril Sánchez? —preguntó una voz femenina, firme y elegante.
—Sí, soy yo —respondió con cautela.
—Mi nombre es Victoria Montoya. Necesito hablar contigo sobre una propuesta laboral… muy especial.
Abril frunció el ceño.
—No recuerdo haber enviado mi currículum a usted.
—Lo sé —respondió la mujer—. Yo la busqué.
Eso la inquietó.
—¿De qué se trata? —preguntó finalmente.
Hubo una breve pausa al otro lado de la línea, como si la mujer eligiera cuidadosamente sus palabras.
—Se trata de ayudar a alguien atrapado en una relación que lo está destruyendo —dijo—. Alguien que aún no sabe que necesita ser salvado.
Abril sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—No creo ser la persona indicada —respondió con sinceridad—. No soy terapeuta.
Victoria no se alteró.
—No la necesito como profesional —dijo—. La necesito porque usted sobrevivió a algo parecido.
El silencio se hizo pesado. Abril sintió que el corazón le latía con fuerza. Nadie hablaba de su pasado de forma tan directa.
—¿Por qué yo? —preguntó en voz baja.
—Porque usted sabe reconocer el maltrato cuando lo ve —contestó Victoria—. Porque sabe lo que es confundir control con amor.
Abril apretó el teléfono con fuerza. Todo aquello era demasiado cercano, demasiado real.
—Piénselo —continuó la mujer—. No tiene que responder ahora.
La llamada terminó, pero la inquietud no. Abril se dejó caer en el sofá, mirando el techo. Aquella propuesta no solo pondría a prueba su moral. También removería heridas que aún no cerraban.
Sin saberlo, estaba a punto de aceptar el comienzo de la historia más peligrosa de su vida.
Abril respiró hondo, intentando convencerse de que aún tenía el control de su vida. Sin embargo, en el fondo de su pecho, una intuición insistente le decía que nada volvería a ser igual. Algunas decisiones, una vez tomadas, cambian el rumbo para siempre.
pero más gracias por una historia muy diferente...
definitivamente cuando la obsesión y los celos te nublan el juicio te vuelves peligroso porque no entiendes de razones...
no va a dejarlo tan fácil
si vuelve siempre fue para ti, si no nunca lo fue...
Camila en verdad tiene serios problemas