Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 21 marcas
Mi habitación se había convertido en refugio…
y prisión, El silencio era espeso, incómodo.
Demasiado lleno de pensamientos que no lograba callar.
Me observé en el espejo, Mis ojos guardaban la tormenta
Una mezcla peligrosa de rabia, vergüenza…
y algo mucho peor. Adrián.
El recuerdo de sus labios en mi cuello me recorrió la piel como fuego lento.
No había sido un beso inocente
Ni casual.
Ni fácil de olvidar.
Había sido una advertencia un límite temblando por romperse
Y desde entonces…algo entre nosotros se había vuelto insoportablemente consciente.
El golpe suave en la puerta hizo que mi corazón se descontrolara.
Demasiado suave para ser Antonio.
—¿Renata?
Adriá
—Pasa.
Entró despacio, cerrando la puerta con una calma que no coincidía con la tensión en su mirada.
Sus ojos marrones me recorrieron, No con descaro. Con preocupación.
—No bajaste a almorzar
—No tenía hambre.
Ni él ni yo creímos la mentira.
Adrián inclinó apenas la cabeza.
—Claro.
dio un paso hacia mí.
—Últimamente “estar bien” significa cualquier cosa menos eso.
—Estoy bien.
respuesta equivocada, porque su expresión se endureció.
—No.
dio otro paso.
Ahora demasiado cerca.
—No estás bien.
—No es asunto tuyo.
—Lo es.
La firmeza de su voz me atravesó.
—Desde que ese imbécil decidió que podía tocarte con violencia.
El pulso se me disparó.
—Adrián…
—No lo defiendas.
—No lo estoy defendiendo.
—Entonces deja de minimizarlo.
El silencio cayó entre nosotros.
Su mirada descendió lentamente…hasta detenerse en mi hombro.
Y el aire cambió.
—¿Te hizo eso hoy?
Su voz ya no fue neutra, fue baja. Peligrosamente contenida.
—No es nada.
Eso fue una Mentira inútil, porque Adrián ya estaba frente a mí, sus dedos rozaron mi brazo.
Me giró con cuidado hacia la luz, Y lo vio... otro moretón, Oscuro, Violentamente Humillante.
La reacción fue brutal, Silenciosa, Su mandíbula se tensó. Los músculos de su cuello se marcaron.
—Maldito hijo de.... Se interrumpió
Respirando con dificultad.
Pero la furia vibraba en todo su cuerpo.
—¿Te duele?
La pregunta salió grave, más íntima que cualquier caricia sus dedos rozaron la marca
Con una delicadeza devastadora.
Y aun así…me estremecí.
—Un poco.
Sus ojos chocaron con los míos.
Encendidos.Oscuros.Furiosos.
—Esto no puede seguir pasando.
—No es la primera vez que Antonio pierde el control.
El error fue inmediato, porque algo en Adrián se quebró.
—¿no es la primera vez?
Su voz fue peligrosa.
—¿Cuántas veces más tengo que enterarme de que te trata como si fueras algo que puede romper?
Tragué saliva.
—Adrián…
—No.
Su frente descansó contra la mía, la respiración agitada, tensión insoportable.
—No intentes justificarlo.
Su mano seguía en mi hombro, caliente, y protectora.
—No deberías soportar esto.
El susurro fue grave, cargado, Pero dolorosamente sincero.
Sentí el nudo en la garganta.
—No tengo opción.
Sus ojos se abrieron, ardiendo.
—Siempre hay una opción.
—No en mi mundo.
El silencio se volvió denso, Su mirada descendió lentamente hacia mi cuello.
Y el recuerdo regresó entre nosotros como un incendio silencioso.
Porque ambos sabíamos.
Ambos recordábamos.
—Renata…
Su voz fue distinta, Más baja, Más tensa, más íntima...
—Esto…
Se interrumpió, Respirando con dificultad.
—Esto se está volviendo demasiado difícil.
Mi corazón golpeó brutalmente.
—¿Qué es “esto”?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Estar cerca de ti…
como si no quisiera hacer cosas que no debería querer.
El aire desapareció.
—Adrián…
Su mano descendió lentamente desde mi hombro hacia mi cintura con Dudosa, Temblorosa.
Como si cada centímetro fuera una batalla.
—Dime que no sientes nada.
El susurro me atravesó.
—Dime que puedo seguir fingiendo que esto no existe.
Mi respiración se quebró.
—No puedo decir eso.
Error, fatal, Porque algo en Adrián se rompió definitivamente, sus labios encontraron mi cuello otra vez.
Lentos, calientes, devastadores.
No fue un beso impulsivo, fue contenido, cargado.
y hambriento.
Y el gemido escapó antes de que pudiera detenerlo.
Pequeño, Involuntario, peligrosamente sincero. Adrián se congeló.
Su cuerpo entero se tensó, apoyó su frente contra la mía.
La respiración descontrolada.
—No…
El susurro sonó roto.
—No puedo seguir.
—¿Por qué?
Sus labios apenas rozaban los míos al responder.
—Porque si sigo…no voy a detenerme.
El latido brutal en mi pecho me ensordecía.
—Y eso sería un desastre.
Se apartó bruscamente.
Respirando con dificultad, luchando contra sí mismo.
—Aléjate de mí, Renata.
No fue una orden,fue una súplica cargada de tensión. Una súplica que me desgarraba por dentro tanto o igual que el.
—Antes de que olvide todas las razones por las que no debo tocarte.
Y supe…maldita sea…que no era solo advertencia.
Era una amenaza contra su propio control.