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El CEO Y La Niñera: La Receta De Lo Inesperado

El CEO Y La Niñera: La Receta De Lo Inesperado

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Niñero / Embarazo no planeado / Padre soltero
Popularitas:508
Nilai: 5
nombre de autor: Gisa Mendes

Maria Eduarda, a sus 21 años, cambió la sencillez del interior por la inmensidad gris de São Paulo. Recién titulada como técnica en Nutrición, soñaba con aplicar sus conocimientos, pero la realidad le impuso un camino distinto.

Viviendo en el apartamento de su inseparable amiga, Ana Laura —una administradora de 25 años, astuta y descarada, bien establecida en la ciudad—, Duda necesita trabajo. Y rápido.

Es Ana Laura quien la mete donde menos se espera: como niñera de Sarah, la hija de seis años de su jefe, el poderoso e inaccesible Sebastián Santoro.

Sebastián, el CEO de 35 años del imperio familiar de alimentos enlatados, es un hombre tan frío e impenetrable como el metal, tras un divorcio turbulento con su exmodelo, Sabrina Castro. Su mundo gira en torno a hojas de cálculo, decisiones frías y el cuidado de una hija que echa de menos el cariño.

¿Bastará la llegada de Duda, con su dulzura provinciana y sus ojos curiosos, para romper su corazón de hielo?

NovelToon tiene autorización de Gisa Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

María Eduarda apretó la mochila contra el pecho, el olor a tierra mojada y rocío de la mañana pegado en sus narices. El sol apenas había despuntado sobre las colinas de Minas Gerais, pero la hacienda humilde ya estaba en plena actividad. Desde el granero, oía el sonido familiar de los gemelos.

El corazón de Duda estaba dividido. La mitad era gratitud por la formación técnica en Nutrición que consiguió, y la otra mitad era una nostalgia anticipada, como un nudo amargo en la garganta.

En el porche de la casa, simple y acogedora, su madre, Doña Lúcia, con ojos llorosos, sostenía una bolsa de papel.

—Mi princesa... tienes bollitos de harina de maíz frescos, pan de queso y un bote grande de la jalea de fresa que tanto te gusta. Para que no te olvides de nuestro sabor —dijo la madre, con la voz entrecortada.

—Gracias, madre. No hace falta llorar, vuelvo pronto. Es solo hasta que me estabilice, consiga un buen empleo en mi área...

Su padre, Don João, un hombre callado de manos curtidas por la tierra, colocó el sombrero en la cabeza de Duda, un gesto que siempre la hacía sentirse pequeña y protegida.

—Ten cuidado, mi flor. São Paulo es grande, pero tú eres fuerte. ¿Recuerdas lo que siempre digo? La honestidad es tu mejor semilla.

—Lo recordaré, padre. Y tendré cuidado. Prometo enviar un mensaje en cuanto llegue al apartamento de Ana Laura.

El ruido de un motor llamó la atención. Era el viejo Fiat de la familia, conducido por sus hermanos.

Matheus, el más hablador e impaciente, paró el coche con un sobresalto.

—¡Anda, Duda! Si no, perdemos el horario del autobús en la estación. ¡No quiero que Ana Laura me apuñale por el retraso!

Lucas, el más sereno, estaba en el asiento del copiloto, mirando a su hermana con cariño. Él era el que más la echaría de menos, y el que más sentía algo más que amistad por Ana Laura.

—Cuídate, hermanita. Y si ese caos de ciudad es demasiado, llamas que nosotros vamos a buscarte. No te olvides de llamar a Ana Laura y avisarle que el coche está llegando.

Duda abrazó a Lucas y, enseguida, a Matheus, que susurró en su oído:

—Si Ana Laura pregunta, dile que le mando un beso y que me estoy muriendo de nostalgia de sus brigadeiros. ¡Discretamente!

Duda sonrió, sintiendo un calor en el pecho. El amor platónico del hermano por la amiga era un secreto a voces en la familia.

—Lo diré, tonto. Y tú, deja de forzar la barra en las entregas, ¿eh?

Se despidió una vez más de sus padres, guardó la bolsa de provisiones y se acomodó en el asiento trasero, mirando la hacienda disminuir en el retrovisor. Los bancales de lechuga, las tomateras maduras, el verde vibrante de las plantaciones que garantizaban el sustento de su familia. Era el paisaje que ella conocía y amaba, el único lugar donde ella se sentía totalmente en casa.

A cada kilómetro que se alejaba, el olor a maleza cedía lugar al asfalto. María Eduarda respiró hondo, intentando calmar la ansiedad. São Paulo. La ciudad que solo conocía de las entregas del padre y de los hermanos en el Hortifruti.

La ciudad de Ana Laura, donde la vida era más rápida y las oportunidades eran mayores, o al menos eso era lo que ella esperaba.

Cogió el móvil y tecleó un mensaje rápido para su amiga.

📱Duda: Llegando a la estación. ¡En breve el caos me engulle! 😜

Casi instantáneamente, llegó la respuesta, en el estilo inconfundible de Ana Laura:

📱Ana Laura: ¡Coge un taxi para acá directo! ¡Y para de drama! Esta ciudad te engullirá, sí, pero te escupirá una mujer jodedora. ¡Te espero! Me muero de hambre, trae los panes de queso.

Duda sonrió. La dureza astuta de Ana Laura era exactamente lo que ella necesitaba para encarar la vida nueva. Cerró los ojos, apretando el amuleto que la madre le había dado. La jornada estaba apenas comenzando, y ella necesitaba coraje. Mucho coraje.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

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