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VINCULO DE SANGRE Y LUZ

VINCULO DE SANGRE Y LUZ

Status: En proceso
Genre:Vampiro / Amor eterno / Fantasía épica
Popularitas:777
Nilai: 5
nombre de autor: Samanta Otero

Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?

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FUERZAS NUEVAS.

Los días pasaban y Ginia pasaba gran parte de su tiempo practicando, tratando de entender y controlar todo lo que llevaba dentro. Para ella todo era nuevo, nada le resultaba fácil al principio: a veces intentaba concentrarse para que saliera la luz de sus manos y no pasaba nada, otras veces sin querer hacía que las cosas se movieran o que el aire a su alrededor cambiara de temperatura, y muchas veces se desesperaba porque sentía que esa fuerza era muy grande para ella, que no sabía cómo agarrarla ni cómo dirigirla bien.

Estaba sentada en el jardín, con Itzel a su lado que le explicaba paso a paso cómo tenía que hacerlo, pero por más que intentaba, no lograba que saliera como ella quería. Se sentía frustrada, sentía que no le salía nada bien, y de pronto sintió que las ganas que tenía de estar con Voran, las ganas que le llenaban todo el pecho, se mezclaban con esa energía que llevaba dentro, y de golpe, sin querer, salió una luz muy brillante de sus manos, que iluminó todo el lugar por un instante.

—¡Ay! —exclamó ella, sorprendida y un poco asustada, cerrando los puños para que se apagara—. No entiendo, Itzel… a veces sale, a veces no. No sé qué hago mal. Todo es tan confuso, tan difícil. Me siento como si tuviera una fuerza inmensa adentro, pero que no sé controlar, que no sé manejar. Y encima… —se quedó callada un momento, con las mejillas rojas de la vergüenza y de las ganas que le ardían por dentro—. Además de todo esto, tengo unas ganas tan grandes, tan fuertes… que me cuesta hasta respirar.

Itzel la miró con mucha calma y le sonrió, entendiendo perfectamente de qué hablaba, porque conocía bien lo que sentían los dos.

—Es normal, mi niña —le dijo con voz suave—. Tus poderes están ligados a lo que sentís, a lo que hay en tu corazón. Si estás tranquila, si estás en paz, todo fluye bien. Pero si sentís emociones muy fuertes, si sentís amor, deseo, ganas… eso hace que tu magia se haga más grande, más poderosa. Y en lo que sentís por él… bueno, eso es lo más fuerte que puede existir. Por eso todo te parece tan intenso, por eso todo te cuesta un poquito más al principio.

En ese momento, escucharon pasos y se acercó Voran. Al verla ahí, sentada, con esa expresión de desesperación y de deseo en su cara, se detuvo en el acto y se quedó mirándola, sintiendo también cómo su propio corazón se aceleraba. Él estaba pasando por lo mismo: cada vez que la veía, cada vez que estaba cerca de ella, la sed que tenía se volvía más fuerte, pero al mismo tiempo el deseo de tenerla, de estar con ella, de poder hacer todo lo que soñaban, le llenaba todo el ser.

Ginia lo vio y se levantó rápido, sintiendo que se le iban a salir las ganas de correr hacia él. Caminó hacia él despacio, con el cuerpo temblando un poquito, y se paró justo frente a él, tan cerca que podía sentir el calor que salía de su piel, podía oler su olor que para ella era lo más rico del mundo.

—Voran… —le dijo ella, con la voz temblorosa, llena de emoción y de deseo—. Ya no puedo más. Me siento tan desesperada, tan llena de ganas… quiero que se hagan realidad todos nuestros sueños. Quiero poder estar totalmente con vos, quiero poder tocarte, besarte, hacer todo lo que soñamos en la noche. Ya no aguanto más tener que esperar, ya no aguanto tener que contenerme. Cada vez que te veo, siento que me muero por tenerte cerca, por sentirte mío, por ser tuya.

Él la miró a los ojos, y en su mirada se reflejaba lo mismo: deseo, amor, sufrimiento por no poder tenerla ya, y una fuerza inmensa que luchaba por controlarse. Se acercó un poquito más, hasta que sus cuerpos estuvieran casi tocándose, y le tomó las manos, apretándolas con fuerza, sintiendo cómo sus manos le quemaban un poquito, como si la energía de ella pasara a las suyas y lo llenara de una sensación que nunca había sentido antes.

—Yo también lo siento, amor mío —le respondió él, con la voz ronca, llena de emoción—. Yo también estoy desesperado. Cada día que pasa, cada vez que te tengo cerca, las ganas son más grandes, más fuertes. Quiero tocarte todo lo que quiera, quiero besarte hasta que no podamos más, quiero hacerte sentir todo lo que yo siento por vos. Es tan difícil tener que estar acá, tan cerca, pero no poder hacer todo lo que nuestros corazones piden. A veces siento que me voy a romper de tanta ganas que tengo.

Se detuvo un momento, tragando saliva con fuerza, porque verla así, tan llena de sentimientos, lo hacía querer romper todas las barreras que se había puesto. Le acarició la cara despacio, pasándole la mano por la mejilla, por el cabello, y le habló con mucha suavidad, pero con una pasión que se le notaba en cada palabra.

—Pero sabés por qué tenemos que esperar? —le preguntó, acercando su cara hasta que sus labios estuvieran a solo unos centímetros de los suyos—. Porque lo que sentimos es tan grande, tan hermoso, que no queremos que sea nada más que algo rápido o algo simple. Queremos que sea algo que recordemos por siempre, algo que sea perfecto, algo que sea tan bonito como lo que tenemos. Y además… yo soy lo que soy. Yo te dije antes que me controlo con pociones, con sangre de animales o de hospitales, que hago todo lo posible por no hacer daño. Pero con vos… todo cambia. Tu sangre, tu esencia, tu magia… es lo más rico, lo más fuerte, lo más necesario que existe para mí. Es como si me dieran el mejor manjar del mundo a alguien que tiene mucha hambre, pero que sabe que si lo toma de golpe, puede ser peligroso. Tengo que estar seguro, tengo que estar listo, para poder darte todo lo que te merecés sin hacerte nada malo.

Ginia lo escuchaba, pero al mismo tiempo sentía que su amor era más fuerte que cualquier miedo, que cualquier razón. Se paró de puntitas y le rozó los labios con los suyos, apenas un roce, suave y rápido, pero que hizo que los dos temblaran enteros.

—Yo confío en vos —le dijo ella, mirándolo a los ojos con toda su alma—. Sé que me amás, sé que nunca me harías daño. Y yo quiero ser todo lo que necesitás. Yo quiero darte todo lo que sos, todo lo que soy. Ya no quiero esperar más, Voran. Ya no puedo más con estas ganas que me queman por dentro. Mis sueños son tan reales como lo que siento ahora, y quiero que se hagan verdad. Quiero que nos amemos, quiero que estemos juntos, quiero que todo sea como lo soñamos.

Él cerró los ojos un segundo, luchando con todas sus fuerzas contra ese deseo que lo quemaba por dentro, y la abrazó con mucha fuerza, apretándola contra su cuerpo, sintiendo cómo ella se pegaba a él, cómo sus brazos le rodeaban el cuello, cómo su cuerpo se ajustaba al suyo como si estuvieran hechos el uno para el otro.

—Yo también lo quiero, mi vida —le susurró él en su oído, con la voz llena de emoción—. Yo también lo quiero más que nada. Y cada día que pasa, estoy más cerca de poder hacerlo. Te lo prometo: pronto va a llegar el momento en que no tengamos que esperar más. En que podamos estar juntos totalmente, en que podamos amarnos sin miedos, sin barreras, sin nada que nos separe. Y cuando ese momento llegue, te juro que te voy a dar todo lo que te merecés, todo lo que soñás. Te voy a amar como te tengo que amar, con toda mi alma, con toda mi fuerza, con todo lo que soy.

Y ahí, en medio del jardín, con el sol que se escondía detrás de los árboles, los dos se quedaron abrazados, sintiendo cómo sus sentimientos se mezclaban, cómo sus energías se unían, sabiendo que por más que tuvieran que esperar un poquito más, lo que tenían era tan fuerte, tan verdadero, que nada ni nadie lo podía cambiar. Solo querían que llegara ese momento, ese momento en que por fin podrían ser totalmente suyos, sin nada que los separara, solo amor, deseo y felicidad.

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