—¡Ah! ¡AH! ¡MALDITA SEA QUIEN TE PARIÓ! —grito del dolor y el coraje, porque así soy yo de neurótica.
—Makestad, tiene que resistir —me pide Bell viéndose culpable, la fulmino con la mirada mientras me sostengo de lo que puedo.
—¡¿Resistir?! ¡Esto duele! —grito desesperada, mis ojos arden por las lágrimas que se acumulan, pero no salen.
—Uno... dos...
—¡No cuentes maldita sea! —eso hace que duela más, jalan y grito, me aferro a lo que puedo encajando mis uñas.
Hoy es día de depilación. En mi bella época actual, yo solo tenía que ir a una depilación láser, varios días y se acabo, ¡adiós exceso de vello! ¡Adiós axilas peludas! Era un placer propio el estar depilada. Me gustaba hacerlo por mí misma y a parte me veía sexy con traje de baño. Todo era por mi higiene y mi placer de consentirme a mí misma.
Aquí, aunque me agrada la idea de ser depilada, los métodos son crueles, y no solo lo hacen por higiene, sino que necesito estar depilada para el Emperador, aunque ese maldito nunca viene a verme y no me importa.
Algo similar a lo que hacen en la actualidad, es depilación con cera, cera de azúcar, ¿cómo demonios lo hacen? No lo sé, solo sé que tiene que estar súper caliente y que no arranca a la primera como las ceras normales de donde yo vengo, no, tienes que pasar varias veces.
Lo soportaría si solo fuera en las axilas, pero es depilación completa. Piernas, axilas, la zona del bikini, así no le llaman aquí, pero eso es lo de menos, también me depilan la carita. Otro problema es que la cera se corre, no es resistente en su lugar como la otra, se corre y viaja a otros lugares y se siente horrible.
Añadiendo algo más al sadismo, el cuerpo de Amalia es muy sensible.
—¿No podemos dejar eso como esta? —pregunto pidiendo piedad, Martha se detiene de poner la cera en mi pierna, hago un puchero con mi boca y Bell me observa fijamente, más severa que hace unos momentos—. Empieza la época de frío, necesito protección —alzo el puño, Bell se queda en silencio y tal vez tenga una oportunidad.
—No, su día con el Emperador se acerca —Martha de inmediato pasa la palita por mi pierna y arde.
—Jesús Bendito y misericordioso —murmuro, aunque quiera moverme, hacerlo solo empeorará el dolor—. No creo que venga, Bell. Tampoco le he permitido entrar a mi habitación al menos que sea una emergencia —recuerdo todas las veces que vino a mi habitación, a pesar de que jure decapitar a quien entrará sin mi autorización, sin embargo, debo admitir que todo fue en situaciones de emergencia.
—No vendrá a su habitación, eso es obvio después de su amenaza. Por eso el Emperador pidió que usted fuera a su habitación.
—Eso es injusto.
—Estamos acatando sus órdenes, Majestad —entrecierro mis ojos hacia ella, pero me ignora y señala una parte de mi cuerpo desnudo—. Falto ahí —Martha embarra más cera y yo me quiero retorcer.
Otra desgracias, el cuerpo de Amalia es bastante peludo. Incluso van a tener que depilar mi espalda. Lo bueno es que la depilación solo ocurre dos veces al año, debido a que luego de la depilación ponen una especie de ungüento que retrasa la salida de más pelos.
—¡AH! ¡CON UN DEMONIO! —grito y luego chillo—. Ya... —murmuro.
—Hemos terminado con los pies y las piernas, sigue su espalda, Majestad —Bell les hace señales a Martha, Lourdes y Esmeralda para que se acerquen a mí, Lourdes y Esmeralda me sostienen de los brazos, Bell revisa que mi cabello este bien sujetado en la corona de trenzas que me hizo. Martha toma más cera.
—Espera... no estoy lista... deja que lo piense —digo desesperada.
—Majestad, usted siempre mantuvo el control.
—De seguro era una masoquista —chillo—. Pero el Emperador ni siquiera me va a tocar —pido haciendo berrinche, Bell niega con la cabeza.
—Es obligación del Emperador y la Emperatriz procrear a un heredero —es lo que dice, siento la cera caliente en mi espalda baja que luego va a subiendo.
—Ah —grito desesperada, intento alejarme, pero me detienen fuertemente—. Mejor acaba con mi vida —murmuro justo cuando terminan de arrancarme la cera.
—Hemos terminado con su espalda, Majestad. Ahora comenzaremos con la parte de adelante.
—¿A qué te refieres? —pregunto medio moribunda.
—Aún nos faltan sus axilas, su estómago y... —hace círculos señalando algo en particular, sigo su señalamiento y esto debe ser una pésima broma.
En mi ombligo, hay rastros de pelitos que llevan un camino hacia la zona de bikini, voy a maldecirla, además tiene pelitos alrededor de los pezones.
—No tienes que hacer esto, Bell —le pido, suspira.
—Continúen —Martha se acerca a mí, quiero pedirle que se detenga pero muero de dolor y ardor en todo el cuerpo.
No fue difícil desnudarme enfrente de ellas, porque siempre me vigilan mientras me baño, así que ya me acostumbre, pero la depilación no la hace cualquiera.
Luego de largos minutos de tortura, me llevan casi a rastras hasta la habitación del baño, donde ya tienen la tina llena de agua.
Todo mi cuerpo arde y veo ronchitas, me abrieron hasta poros que no debieron abrir. Me dejan dentro de la tina, el agua caliente no alivia, al principio duele pero luego me relaja.
—Eres una experta en tortura —miro de reojo a Bell, que ignora mis palabras—. ¿En serio tengo que ir con el Emperador?
—Es solo una noche. Tan vez, el Emperador ni siquiera llegue. Ha estado muy ocupado por la futura llegada de embajadores extranjeros —me avisa, suspiro.
—Le pediré a los cielos porque no llegue.
—Sabe que tiene que suceder en algún momento, ¿verdad? —me mira preocupada.
—¿A qué te refieres, Bell?
—A que en cualquier momento usted deberá estar con el Emperador —le guiño un ojo.
—No si puedo evitarlo, ¿cuándo tengo que pasar la noche en su alcoba? —pregunto un poco nerviosa.
—Mañana —hago una mueca.
—Demasiado rápido —respiro hondo y me hundo en la enorme tina. Contengo la respiración.
-
—Que se distribuyen semillas por todo el Imperio —le digo al señor Thread observando los problema recientes con las cosechas.
—¿Qué clase de semillas quiere distribuir?
—Antes de eso, ¿sabes cuáles son las temperaturas promedio de cada zona agrícola? No podemos enviarles cualquier semillas, si no lo hacemos de manera correcta podemos causar un desperdicio de materiales y tierras. Hay semillas que se dan más en temperaturas altas, o en temperaturas bajas, incluso en zonas donde es más común la lluvia —le aclaro, gracias maestro de geografía de la preparatoria, por obligarme a estudiar esto.
—Entiendo, Majestad. Pediré que traigan un informe sobre las temperaturas promedio de cada zona, eso puede tardar dos días en lo que se recopila la información —asiento.
—Sí, no hay problema. Tenemos que tener cuidado con lo que hacemos —le guiño un ojo, me sonríe y vuelve a revisar los papeles.
—El siguiente proceso a realizar... —lo interrumpo, sentándome a lado de él, eso lo toma por sorpresa, tomo su mano entre las mías.
—Perdón —parpadea confundido.
—¿Ma-Majestad? —tartamudea, suspiro y palmeo su mano.
—De verdad lo siento. Usted me advirtió de salir, y yo ignorando todos los posibles peligros, salí y puse en peligro a su sobrina. Incluso cause que la torturaran —mi voz se quiebra un poquito. Aún no superó eso, es algo horrible que ocasione. El señor Thread suspira y aprieta su mano con la mía.
—Es un poco torpe, a veces dice cosas muy extrañas y su actitud no es como lo era cuando llegó aquí, muchas cosas han cambiado en usted y está bien Majestad. Lo que ocurrió, sin duda fue un evento desafortunado, pero usted se hizo responsable de eso —mi ceño se frunce, sus ojitos de corderito me miran con dulzura—. Esa niña, es algo atolondrada e ingenua, vive para usted de alguna manera. Desde que despertó la primera vez, usted ha tratado muy bien a mi sobrina. Luego de la tortura, esa obvio que la correrían del palacio incluso si no la mataban, solo le esperaba desesperanza a partir de ahí, con cicatrices como las que le dejaron en su cuerpo ella jamás conseguiría un esposo.
>> En este lugar, una mujer tiene valor cuando se casa o cuando sirve a alguien lealmente —ah, esas ideas barbáricas, no puedo cambiarlas—. Ella perdió todo su valor, Majestad. Sin embargo, usted la aceptó y le dio un motivo para vivir. Si ella se hubiera alejado de usted, sería muy infeliz. Le dio valor a esa muchacha cuando la aceptó como su doncella —eso me conmueve aunque se escucha muy machista.
—Lo siento —murmuro, el señor Thread aunque parece incómodo se acerca para abrazarme.
—Gracias por tomar a mi tonta sobrina —hago un puchero, aunque quiero llorar no lo hago, me contengo.
—Aún tenemos cosas que hacer —le digo después de un largo rato de abrazarnos, me separo del señor Thread—. Volvamos al trabajo —digo intentando contener las lágrimas.
-
Bell revisa nuevamente que todo este en orden, creo que ella esta más nerviosa que yo. Me observo en el espejo, me volví a bañar (aquí las duchas no son tan constantes), me pusieron loción con olor a naranja, cítricos, uhm, ñomi.
Dejan mi cabello suelto, solo agarrando dos mechones delanteros y atados por detrás de mi cabeza. Llevo un camisón sin ropa interior de bajo, extrañaré los calzones extra grandes. Una bata ligera y otra bata más gruesa de aquí a que llegó a la habitación del Emperador.
Iba a pelear por la manera en que me están enviando, pero tengo un plan de emergencia. Terminan los ligeros retoques de maquillaje, el maquillaje de esta época ed tosco, pero sirve bastante y además hay que saber aplicarlo, intente ponérmelo yo sola y valió gorro.
Cuando terminan las cuatro mujeres de diferentes edades me observan emocionadas. Bell intenta guiarme el camino, pero antes de salir de la habitación reviso que todo este bien, y con todo, me refiero a mis artefactos de maldad.
—Martha, ¿llevas mi canasta de bordado? —le pregunto, Martha levanta la canasta y le guiño un ojo—. Ahora sí, vamos.
No estoy nerviosa, porque sé que nada va a pasar entre nosotros, de hecho desde ayer llevo practicando mi patada. Y tengo muchos planes para evitar cualquier contacto.
Al salir de la habitación, los caballeros nos están esperando para escoltarme. Me siento como Obama, soy alguien importante, me siguen mis cuatro doncellas, otras sirvientas más y ocho caballeros. Bell camina por delante para guiarme con una linterna de vela, el camino.
Los sirvientes que siguen deambulando a estás horas, se reverencian ante mí, ahhhh, que gran servicio, sinceramente.
Salimos de mi palacio, para llegar al palacio del Emperador, tomamos el camino más cargo con caminitos de piedra y así bien nice.
Al momento en que llegamos a la habitación del Emperador, alguien más esta esperando fuera de la puerta de su alcoba y no es nada más y nada menos que la favorita de todos, la número uno.
Parece estar discutiendo algo con el señor Witten, quien por cierto me agradeció por el ungüento, todo un sol, este señor.
—Lo siento mucho, consorte Ruess. El Emperador no podrá recibir su visita, está noche —dice haciendo una reverencia, la chica se cruza de brazos.
—Lo sé, Demián esta ocupado, pero puedo esperarlo en su habitación como siempre. Hazte a un lado —chilla como una niña consentida. Esa es una faceta que no hubiera querido ver por parte de ella.
—Su Majestad, la Emperatriz Amalia Alala de Ajax Mehmet Ruess, ha llegado —anuncia Bell, interrumpiendo a esos dos. El señor Witten reacciona, se gira dándole la espalda a la concubina para hacer una reverencia en mi dirección.
—Saludos a su Majestad...
—No tienes que decir todo el nombre, prefiero escuchar la biblia —lo interrumpo, veo a la concubina que me observa fijamente, antes no me importaría su educación, pero en estos momentos es indispensable que me salude, no porque quiera, si no porque todos los sirvientes que me siguen son de los duques, si alguno se le suelta la lengua tendré a los duques susurrándome al oído como quieren que vuelva a su casa para jamás salir. Me quedo en silencio observando a la concubina, ella debe conocer sus modales.
—Consorte, debe saludar a la Emperatriz, ¿cómo puede ser alguien tan grosera como usted? —la riñe Bell, la concubina parpadea y hace una reverencia.
—Su Majestad, la Emperatriz. Perdone mi insolencia —por unos segundos creo que me esta echando mal ojo, pero solo lo creo porque me sonríe tiernamente—. ¿La Emperatriz también esta buscando a Demián? —¿se esta burlando de mí? Todos saben que yo le llamo Emperador, porque no quiero llamarlo por su nombre, eso nos haría cercanos y no quiero ser cercana a él. Pero todos creen que Amalia le llamaba Emperador porque él nunca le dejo llamarlo por su nombre. Sin embargo, no creo que se este burlando de mí, no parece esa clase de persona.
—Emperatriz, puede pasar. El Emperador dijo que intentaría no tardar, puede esperar adentro —mierda, la sonrisa amigable de la número uno, desaparece.
—¿La Emperatriz? Ella nunca tuvo autorización del Emperador para entrar —grita tomándome de por sorpresa, doy un ligero respingón antes de que me abran la puerta, la veo sorprendida y luego a Bell.
—¿No tengo permiso para entrar? —pregunto en un susurro, Bell no parece contenta por los modales de la concubina.
—¡Consorte Izett mantenga los modales enfrente de la Emperatriz! —le grita, la chica se encoge de hombros, como si no hubiera hecho nada, estoy equivocada, ella no esta loca, soy yo la exagerada. Será una buena Emperatriz, ella debe ser Emperatriz.
Me repito en mi cabeza. Carraspeo incómoda.
—¿Tienes que encontrarte con el Emperador? —le pregunto, como si estuviera tratando con una niña de seis años.
—Sí —murmura.
—En ese caso, yo vendré otro día. Puedes ocupar mi lugar —hay que aprovechar la oportunidad que se me da. El mayordomo del Emperador y Bell miran de la peor manera a la jovencita y luego Bell me toma del brazo para no escaparme. La concubina parece feliz porque haya dimitido.
Ella no está loca. Solo soy yo que vi muchas novelas.
—Majestad, entre. Hoy es su noche con el Emperador, la concubina debe entender que los deberes del Emperador son antes que cualquier otra cosa —explica Bell sin mirarme, rasco mi cuello incómoda.
—Pero ¿qué tal si es una emergencia? —pregunto intentando zafarme de esto, Bell me mira y retrocedo asustada.
—Entre ahora, si es muy urgente lo que tiene que decirle la consorte, puede mandar un recado al Emperador y que él decida —Bell abre la puerta y me mete a la fuerza. No me da ni chance de despedirme de la número uno.
Bell me entrega mi canasta de costura y cierra la puerta antes de que intente salir. No creo que la haya dejado abierta, así que ni lo intento. Estoy encerrada.
Aprovechando que nadie intentará abrir la puerta porque creerán que voy a escapar, preparo mi plan de rescate.
La habitación es más grande que la mía, tiene una enorme cama en el centro pegada a la pared, hay varias puertas además de la del baño y la entrada, me imagino que cada una lo lleva a diferentes lugares en caso de emergencia.
Mientras que mi habitación se siente oscura y en un rincón, este lugar parece que deslumbra con color dorado. Hay detalles dorados, que me imagino son de oro. Tiene muchos muebles además de la recámara, tiene una mesita para comer aquí en caso de que no quiera salir de la habitación, una enorme alfombra color vino y mandalas en color dorado.
Hay recuadros de pinturas y paisajes. Sin duda es una linda habitación, digna de un rey. Me arrodillo en la alfombra y hago una reverencia exagerada.
—Oh, dioses o demonios que me han traído aquí, les agradezco a medias este nuevo concepto de la vida —siempre se aprende algo nuevo en este lugar.
Me levanto rápidamente, dejo mi canasta en la mesa y corro hasta donde creo que es el armario, abro las puertas y busco entre su ropa alguna camisa y playera, lo primero que encuentre. Tomo una ¿playera? No sé cómo le llaman en la antigüedad, pero parece una de esas prendas que usaban los personajes en películas prehistóricas, como el señor Darsy suculento. Me quito las dos batas y luego el camisón para ponerme encima la playera. Como esperaba me queda como puti vestido, a mitad de mis muslos.
Me arremango las mangas largas de esta prenda, hago un nudito con los dos listones sobresalientes del cuello de la prenda que tiene por delante. Pateo la ropa con la que me entregaron como puerco al matadero, y corro hasta el siguiente mueble donde creo que debe estar su ropa interior. Cuando abro un cajón y saco el enorme calzón quiero reírme.
—Maldito calzón mata pasiones.
Me lo pruebo por encima y me río, es demasiado grande. Ahora sí, siguiente paso. Corro hasta la silla cercas de la mesa donde deje mi canasta, quito todos los hilos y servilletas que estuve haciendo mientras estaba en reposo. Saco una navaja y con ella corto los calzones del Emperador mucho más de la mitad. Haré el primer bóxer de la humanidad.
Me mantengo concentrada mientras corto, coso y lo achico, el cuerpo de un hombre es muy diferente al de una mujer, eso siempre lo supe, pero ahora es demasiado.
Cuando vivía como Hilary, a veces me ponía la ropa de James, aunque me quedaba grande sus calzones siempre me quedaban un poco mejor que lo demás.
Sin embargo, en este lugar, las diferencias son más exageradas. Debido al cuidado que debe tener una mujer para con su cuerpo para su esposo, y la cintura de avispa que deben conservar incluso si tienen una docena de hijos.
Cuando termino, extiendo los nuevos y mejorados calzones, les lanzo un pequeño beso. Me levanto y meto mis piernas en el calzón mejorado para ponérmelo. mientras voy subiendo con toda la alegría de saber que me queda como anillo al dedo, una puerta que no es la de la entrada (la cual estaba vigilando específicamente), se abre. Me quedo estática mientras el Emperador entra.
Su ceño se frunce y se cruza de brazos.
—¿Esta es tu nueva manera de seducirme? —pregunta y reacciono, corro hasta estar detrás de la silla y termino de subirme los calzones. Mi victoria se empaña con la presencia de este sujeto.
—¡¿Qué diablos haces aquí?! —chillo sorprendida, quisiera verme en un espejo y ver lo sexy que me quedan los nuevos calzones, pero su presencia lo arruina.
—Es mi habitación —responde con simpleza, cierra la puerta detrás de él y se desabrocha su chaleco, estiro mi mano hacia él.
—¡Espera! ¡Espera! —grito desesperada, no esperaba que llegará tan rápido, no tengo preparado el sedante para vacas que le pedí a Esmeralda de contrabando—. Dijeron que llegarías tarde.
—La junta termino antes gracias a que uno de los nobles le dio un ataque de asma y se desmayó —responde, se quita el chaleco y lo tira a la cama. Ladea su cabeza—. Puedo saber, ¿qué estás haciendo? —pregunta sin mucha emoción, veo a todos lados hasta dar con una jarra de agua en el mueble a lado de la cama, corro hasta ella intentando cubrirme tanto como puedo, me sirvo un vaso de agua y me la tomo demasiado rápido, el Emperador que estaba desabrochándose las agujetas de sus botas, me mira y sus ojos se agrandan—. ¿Qué demonios...? —corre hasta mí para quitarme el vaso y la jarra, la tira al suelo lejos de nosotros, la jara y el vaso se rompen y yo me asusto, mi corazón se acelera y mis manos tiemblan, no de miedo... de adrenalina.
—¿Qué? ¿Tenía veneno? —pregunto asustada mirando a todos lados, el Emperador respira hondo y talla su rostro.
—No deberías estar tocando cosas que no te pertenecen —dice mirándome, cierto, llevo su ropa y unas calcetas que le encontré en el cajón, para no tener frío, en caso de que me toque dormir en el suelo—. Esa agua, tenía afrodisíacos —suspira, mis ojos se agrandan.
—¿Afrodisíacos? ¿Por qué? ¿Acaso...? ¿Querías violarme? —me abrazo a mí misma, rueda sus ojos y se aleja.
—No, los afrodisíacos los usó con alguien más. Eso no te importa.
—¿Por qué no lo quitaste?
—Porque no creí que fueras tú quien viniera a mi habitación.
—Tú me obligaste.
—No lo hice, solo sugerí una solución para que nadie sospeche de mí. Creí que tú dirías algo para zafarte —maldito en otro idioma, causando que me vea confundido.
—¿Qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer? —entro en pánico, me pongo de pie y corro hasta él para que me ayude—. ¿Qué hacemos? —lo sujeto del cuello de su playera y lo acerco a mí—. ¿Voy a morir? Mátame —murmuro, su ceño se frunce y quita mis manos de su ropa.
—Deja de exagerar. Pediré que te traigan algo de comer —intenta alejarse, yo vuelvo a la cama y me acuesto.
—Pide leche, mucha leche —grito entrando en pánico, cierro mis ojos e intento relajarme, lo escucho pedirle a un sirviente que traiga leche—. ¿Cuánto tiempo dura en hacer efecto el afrodisíaco? —pregunto sintiendo un cosquilleo.
—No lo sé.
—Maldito cachondo, eres como un perro en celo —grito sintiéndome molesta—. No te atrevas a tocarme —abro mis ojos y me levanto para ver que se esta cambiando por su pijama.
—No lo haré —suspira y yo vuelvo a acostarme en la cama.
—Creo que todo me da vueltas. Esta haciendo mucho calor, ¿o soy yo? Siempre supe que soy ardiente, ahora veo que demasiado —balbuceo, escucha una risa, me siento para verlo.
—Por cierto, ¿qué traes puesto? —pregunta curioso, me pongo de pie emocionada y levanto su playera para que vea los nuevos y mejorados calzones.
—Lo llamo bóxer —le guiño un ojo, me mira fijamente.
—No quieres que te toque pero te insinuas —murmura. Me cubro con la playera y me tiro en la cama, me enredo con la manta como un churro.
—¡No fue insinuación! —aunque sé que es verdad, en este lugar muy pocas personas pueden ver tus calzones o tus piernas, eso es íntimo.
Tocan la puerta y él va a abrir. Llega hasta de mí luego de unos minutos y me entrega un vaso con leche. Me deshago del churro y termino en su regazo, me río por toda la locura que me causó ese maldito afrodisíaco.
—Dame —sonrío juguetona, una de sus cejas se alza y me intenta levantar para darme de beber, pero me dejo caer con más fuerza.
—¿Cómo demonios quieres tomarle si no intentas levantarte? —mi corazón se acelera cuando veo su pecho descubierto, solo es una pequeña parte, sinceramente nunca me imagine cómo era debajo de toda la ropa.
Y siendo más sincera si hubiera sido un hombre peludo, no me habría gustado, no me prenden los hombres peludos del pecho, mi mano traviesa va a su pecho y se tensa.
—Busca la manera... —susurro intentando sonar erótica, mañana me voy a arrepentir mucho de esto. Se me queda viendo unos largos segundos y mi mano se cuela debajo de su playera, siento su abdomen perfectamente en forma, debe ser bueno peleando, esta muy en forma, ¿en dónde más estará en forma?
Le da un largo trago al vaso de leche, antes de que me queje de que era mi leche, me besa. Siento la leche tibia que viene de su boca hacia la mía. Estando en esa posición, me ahogo un poco. Cuando se aleja, me siento y toso.
—Casi me ahogo —chillo tosiendo y golpeando mi pecho, eso me pasa por cachonda.
Antes de que pueda recuperarme por completo, el Emperador me jala y me tira de nuevo a la cama, pero esta vez él está encima de mí.
—Dije que no te tocaría, así que pídeme que lo haga —mis ojos se agrandan y sonrío, abro mi boca para responder.
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Updated 139 Episodes
Comments
Ophelia Palafox
si que esta peluda jajaajaj
2024-08-25
0
Faty
enserio como me chocan las protagonistas estúpidas que no sé dan cuenta de la realidad, bueno sigamos leyendo...
2023-07-28
3
Martinez Minerva González
esta me da envidia
2022-12-10
0