Hilary Winston.
Despierto por un cosquilleo en mi pierna, trato de fingir seguir dormida, pero su ataque persiste en mi muslo y luego pasa a mi estómago. Me río sin poder evitarlo, lo escucho reír, tira de la sábana para que pueda verlo.
Mi guapo y galán novio, me sonríe, abro mis piernas para que se pueda acomodar, lo aprovecha para descansar su cabeza en mi abdomen.
—Buenos días —susurro, deja un beso en mi cadera.
—Buenos días, preciosa —cierro mis ojos solo para sentir en su plenitud este momento. Adoro despertar con él, adoro estos pequeños momentos en los que nuestro día a día no nos molesta—. Mientras te miraba dormir...
—Como todo un pervertido —bromeo, se ríe levemente, pero sigue hablando.
—Vi tu vientre y solo pude pensar en una cosa, ¿cómo se vería tu vientre con nuestro hijo dentro? —arqueo mis cejas, acaricio su cabello rizado.
—¿Es una insinuación para que tengamos hijos? —levanta su cabeza, deja su barbilla en mi estómago aunque no presiona con fuerza, toma mi mano y juega con mis dedos.
—Solo si tú quieres. Iré al ritmo que me pidas, sé que tienes tu empresa súper famosa de construcción y arquitectos reconocidos, sé todo eso, así que estoy esperando. Si me he adelantado de página, dime para regresar. No me molesta volver a leer, no mientras que sea de ti —me sonrojo, no importa cuántos años llevemos juntos, él siempre logra sacar mi lado tímido.
—Vas una página adelantada —se da cuenta de la verdadera interpretación de mis palabras, se ríe y se levanta, quedando a horcajadas de mí.
—También me di cuenta que tu mano estaba muy fría y solitaria, así que la adorné —levanta la mano con la que estaba jugueteando, donde antes no había nada, ahora hay un anillo de compromiso en el dedo anular.
—Es perfecto —se agacha para poder besarme, paso mis brazos alrededor de su cuerpo y sin verlo venir, terminamos haciendo el amor.
Es la mejor mañana de todas.
-
—Yo me haré cargo de la boda, junto con el planificador, podremos tener una boda en un mes, ¿qué piensas? —no me molesta acelerar las cosas, tomo una taza de la lasena y me acerco hasta la máquina de café.
—¿Quieres casarte en un mes?
—¿Es muy pronto?
—Si logras terminar todo a tiempo, no me molesta. James, quiero casarme contigo enseguida, para poder usar tu apellido y ser completamente y legalmente tu mujer —me acerco a él y tomo su mano por encima de la barra de desayuno.
—Sé que estás ocupada con la empresa, así que yo me encargaré de la boda, te daré la mejor boda del mundo —se levanta de la silla solo para inclinarse y besarme—. Te amo demasiado, Hilary...
Antes de llegar a profundizar el beso, el celular de James vibra en la barra y brilla. Bufa y se regresa a su asiento mientras contesta su celular. Yo vuelvo por mi taza de cabeza.
—¿Hola? ¿Qué? ¿Una nueva tumba? ¿Es una cámara? ¿Un sarcófago? —me giro para verlo divertida de sus expresiones, es como un niño emocionado—. ¿Dónde? ¿Egipto? ¿Cuánto tiempo? —su ceño se frunce y su sonrisa desaparece—. Espera, luego te marco —termina la llamada y bufa—. Encontraron algo extraño en una parte de Egipto, quieren que vaya —James es un arqueólogo reconocido, con más de quinientos reconocimientos nuevos.
—Está bien. Ambos sabemos que amas tu trabajo.
—Pero te amo más a ti —hace un puchero—. Duraría seis meses en el extranjero, ¿qué va a pasar con nuestra boda? —me acerco a él rodeando la barra, lo abrazo desde atrás, recargo mi cabeza en su hombro.
—Puede esperar, ambos somos adultos ocupados, es normal que de repente tengas que irte. No me voy a ir a ningún lado, puedo esperarte —beso su barbilla con rastros de barba.
—¿Quieres venir conmigo? —me río, me alejo un poco y aprovecha para girar el asiento y abrazarme de frente, sus piernas me atrapan, sin dejarme escapatoria, gracias a que esta sentado soy un poco más alta.
—¿Quieres que la empresa se vaya a la bancarrota? Hace un año me convenciste de seguirte y a pesar de que seguía al pendiente, cuando llegue todo era un desastre —apoyo mis manos en sus hombros.
—Pero es que, te voy a extrañar demasiado.
—Puedo ir de visita, pero no me quedaré más de una semana.
—Te amo —me besa con ternura. Suspira—. Nos conocimos en la universidad, llevamos más de diez años juntos, no puedo esperar a nuestra boda. Cuando llegue me haré cargo de todo, en menos de un mes después de mi llegada nos casáremos, y por fin, lo mío será tuyo y lo tuyo todo tuyo —me río, siempre soy feliz a su lado, incluso en los peores momentos—. Volveré pronto, Hilary.
-
—¡Hola! ¡Te ves tan hermosa! —grita James, estamos en una videollamada, logra cerrar una puerta y el ruido desaparece casi por completo—. Vaya, esta de locos el clima en este lugar —me río por su rostro bronceado en partes.
—Lindos lentes —me burlo, hace un puchero.
—¿De todo lo que podías decirme es lo único que se te ocurre? Ah, a penas van dos meses y ya siento que me muero sin ti —hace una pataleta, como si fuera un niño.
—¿Te ha ido bien? ¿Qué has encontrado?
Emocionado me cuenta sobre los avances de su investigación, también me explica algunos significados de jeroglíficos. No me molesta ni me siento perdida.
Cuando estaba en la universidad, yo fui la primera en flecharme por él, en cuanto supe que era un nerd que amaba los jeroglíficos, estudiar lenguas muertas y ser arqueólogo, estudie e investigue.
Quería ser atractiva para él conociendo los mismos temas, también me contagio un poco de su ciego y loco amor por su trabajo.
—Espera... —se interrumpe—. No estoy concentrado desde que note que no llevas sostén —mis ojos se agrandan y me sonrojo por su atrevimiento.
—James.
—Ah, ahora te extraño todavía más. Desde que nos separamos no puedo evitar tener sueños eróticos contigo, mojo la cama todos los días —miro a todos lados nerviosa, pero estoy sola en nuestro departamento.
—James —siseo, se ríe.
—Hablo en serio, me prendes. Ah, como quisiera tocarte...
—Cállate.
—¿Por qué actúas como una santa? A la semana de ser novios, tú te lanzaste contra mí, diciendo que habías esperado mucho por mi tesorito —me carcajeo avergonzada—. ¿Cómo te ha ido en el trabajo?
Le platico sobre los avances y algunas inversiones, mientras le sigo contando, él aplaude maravillado. Me vitorea.
—Wow, siempre me sorprendes. ¡Eres increíble! ¡Eres una diosa del negocio! —cubro mis ojos avergonzada, me gusta que siempre me apoye y me halague, incluso cuando cometo errores, él me apoya y me riñe—. Dios, ¿qué hizo este simple humano para merecer a una diosa como mi Hilary? —bufo—. Lo he pensado mucho y creo que en mi otra vida, fui demasiado bueno, como para que ahora tenga de prometida a tan hermosa y emprendedora mujer —se palmea su cabeza, como si se halagara.
Seguimos hablando un poco más, hasta que bostezo, esa es la señal para irse a dormir.
—Mañana tengamos sexo por teléfono —termina la videollamada y vuelvo a la cama para dormir.
-
—¿Qué diablos es esto? —pregunto molesta luego de una presentación mierda que los trabajadores me acaban de mostrar, el responsable de todo esta enfrente, de pie y con mirada de miedo.
—Jefa...
—¡Esto es una porquería! —grito sin poder contenerme, respiro hondo y veo a otro lado—. Quiero una nueva presentación para mañana a primera hora, y Leonhart —todos están guardando sus cosas, el mencionado me observa y parpadea—. Quédate, vamos a hablar.
El resto se marcha, el último cierra la puerta detrás de él. Leonhart se queda quieto, esperando a que diga algo.
—Estás despedido —su cara palidece.
—Pero... deme otra oportunidad, haré una presentación...
—No es por la presentación, ¿cuántas más oportunidades tengo que darte? Estoy cansada. Toma tus cosas y vete, hablaré con recursos humanos —me levanto y salgo de la sala de conferencias.
-
—¿Estás bien, querida? —pregunta James, haciéndome volver al presente.
—¿Qué?
—Te ves pálida, ¿está todo bien? —su mirada de preocupación me recuerda que no estoy sola, mis ojos se llenan de lágrimas—. Hilary, Hilary cariño, ¿qué paso? ¿Qué está mal? —sollozo y tiemblo, me abrazo asustada.
—Tengo miedo —digo entre sollozos, cubro mi rostro con mis manos.
—¿Qué ha pasado? —pregunta luego de que me calmo, respiro hondo varias veces. Con mi mano tembloroso tomo mi celular y lo desbloqueo.
—Me han... han estado llegando mensajes de un número privado —su ceño se frunce, voy a su chat y le reenvío las capturas de los mensajes, no tardan en llegarle, se toma su momento para leer los mensajes, sus ojos se agrandan.
—¿Qué mierda...? —son mensajes lascivos, sobre alguien que me ha estado observando y al parecer me ha estado acosando—. ¿Fuiste a la comisaría? —asiento con mi cabeza, me limpio las lágrimas con unas toallas.
—Dijeron que no era acoso, porque no me habían hecho daño o intentado algún ataque —esa mierda de seguridad hace que tenga miedo incluso encerrada en el departamento—. James... —lo llamo, esperando que entienda que quiero que vuelva.
—Tomaré unas vacaciones, iré enseguida —asiento, solo quiero que me abrace.
-
—¡James! —lo abrazo en cuanto lo tengo enfrente, me abraza con fuerza y suspiro aliviada, él esta aquí, estoy a salvo. Desde esa noche en que le mostré los mensajes, no he salido de la casa, tengo todo cerrado y las alarmas activadas, las cortinas cerradas. Me carga en sus brazos y cierra la puerta de una patada.
—Estoy aquí, todo va a estar bien.
-
—Quise insistir, pero el oficial encargado de mi caso, dijo que solo podían encontrar al dueño del número, he bloqueado tantos números, que ya perdí la cuenta —murmuro, me abraza más fuerte, sentir su calidez es bastante bueno, me siento recuperada.
—Conozco a un oficial, le pediré ayuda con tu caso.
—Es una gran idea —me mira con una preocupación desbordando su rostro—. Estoy bien, ahora que estás aquí —niega con la cabeza.
—No estás bien, ni estarás bien. Esto que te esta pasando te dejara una marca que jamás podrás borrar, solo superar, pero eso no significa que no vuelvas a tener miedo cada vez que te llegue un mensaje a tu celular, sospecharás de quienes caminando detrás de ti o en la otra banqueta. Lo que te pasó, es una experiencia asquerosa que le suele pasar a muchas mujeres, pero no estarás sola, Hilary. Me tienes a mí —mis ojos se llenan de lágrimas.
Él me entiende bastante, fingir ser fuerte en estos casos es un error, porque no soy fuerte para soportar acoso, no soy valiente para ir por la calle sabiendo que hay alguien que me toma fotografías, que se masturba con mis fotos.
—Tengo mucho miedo.
Besa mi frente y luego sus labios van a los míos. Estoy segura en sus brazos.
-
—Lo pensé bien —camino de regreso al departamento, salí a una farmacia para poder comprar algunas cosas que necesito—. Falta poco para que regreses al país, así que estaba pensando en que deberíamos casarnos cuando vuelvas —sonrío emocionada, me detengo en un semáforo peatonal.
—¿Hablas en serio?
—Quiero casarme contigo enseguida, aquí que me tome la molestia de preparar la boda —lo escucho reír emocionado.
—¿Qué paso con tu trabajo? ¿Cómo pudiste...?
—No quiero perder ni un día más sin ser tu esposa. Además... —llevo mi mano a mi vientre y sonrío emocionada.
—¿Además? —me insiste para hablar.
—Además, te amo demasiado —todavía no le voy a decir.
—Ahora solo cuento los días para volver y casarnos, dentro de poco serás la señora Hilary Wood —respiro hondo y suspiro embelesada.
—Suena increíble —cruzo la calle. Seguimos hablando y bromeando hasta que alguien me sujeta del brazo y me empuja hacia un callejón. Caigo al suelo y las bolsas se rompen, tirando todo lo que clmñre en la farmacia.
—¿Hilary? —mis ojos se agrandan cuando veo el rostro del sujeto.
—¿Tú? —veo detrás de él, pero ya no hay nadie en la calle, ¿por qué?
—Te envíe mensajes y te envíe mensajes pero no contestabas, así que tuve que venir para comprobar que todo este bien —no me levanto, ni siquiera lo intento.
—¿Por qué haces esto? ¿De qué mensajes hablas?
—¿Ahora eres estúpida? No lo creí, jefa —Leonhart se acerca hasta mí, tomo el celular que se había caído a un lado de mí, cuando intento llamar a emergencias, patea el móvil y pisa mi mano contra el asfalto, chillo del dolor.
—No sé de qué mensajes hablas —le digo, golpeo mi pierna tanto como puedo para aleje su zapato de mi mano—. Hablemos, Leonhart, podemos hablar como personas civilizadas —tengo un mal presentimiento, lo escucho reír de manera escabrosa, tengo miedo.
—¡¿Por qué no contestas los mensajes que te envió?!
—¡¿Cuáles mensajes?! —grito histérica, sin saber de lo que habla.
—Los mensajes que te envió todos los días, sobre lo bella que te vez, te halago y a ti te vale pura mierda... —mis ojos se agrandan.
—¿Esos mensajes? ¿Tú eres el enfermo que me ha estado acosando? —no puedo evitar criticarlo.
—¿Enfermo? ¿Desde cuando amar a alguien es enfermo? —se cierne sobre mí.
—Desde el momento en que cruzas la linea de lo decente, acosar a alguien no es amor, esos mensajes que enviaste no son por amor, eso es enfermo —su mirada es inexpresiva, no sé lo que piensa hacer, se pone de rodillas a horcajadas de mí, respiro con dificultad.
—¿Es mi culpa? Cada vez que me veías sonreías, usabas escote para que te viera, tus faldas eran tan cortas para invitarme a tocarte —esto es asqueroso.
—Por favor detente, estoy comprometida —resopla.
—¿Esa es otra de tus mentiras? Sé que me corriste de la empresa para que nuestro romance sea posible y no afecte nuestro trabajo, ¿sobre el compromiso? ¿Acaso quieres ponerme celoso?
—Yo no hice nada de eso, llevó más de diez años con mi prometido —me da una bofetada, mi mejilla arde.
—Hablemos con la verdad, jefa —sus manos van a mis caderas, se sienta sobre mis piernas para que no pueda moverlas, me acuesto en el asfalto y me remuevo.
—Detente —sollozo. James. James.
—¿Tanto me deseas que no dejas de llorar? —besa mi barbilla y luego va a mi cuello.
—¡Ayuda! ¡Por favor alguien! ¡Ayuda! —antes de que siga gritando, su mano va a mi boca y detiene mis sollozos.
No puedo hacer esto, pero tengo que soportarlo, así puedo salvar a mi bebé, solo cerraré los ojos e imaginaré que esto no me esta pasando. Eso creo hasta que se detiene, por un momento creo que alguien lo descubrió o que cobró los sentidos, pero estira su mano hasta tomar algo y se separa de mí, veo lo que tiene en la mano.
—¿Ultrasonido? —quiero hacerme chiquita, quiero desaparecer cuando su rostro expresa odio—. ¡Eres una perra! —me vuelve a abofetear—. ¡¿Cómo pudiste hacerme eso?! —sus manos van a mi cuello y me asfixia, me remuevo y golpeo sus brazos para que me suelte, pero es más fuerte que yo—. No —aleja sus manos y yo toso, respiro con desesperación—. Este es solo un error tuyo, pero podemos dar lo mejor de nosotros para que no vuelva a ocurrir —ya no tengo voz para gritar—. Te voy a ayudar para que pierdas a ese bebé, olvidaré este momento y seguiremos como siempre —estoy horrorizada por sus palabras.
—¡No! —le doy un puñetazo, pero a penas se mueve, lo golpeo tanto como puedo con mis manos, lo araño, lo muerdo, rompo su nariz, lo escucho gritarme, pero solo puedo pensar en una cosa: debo salvar al bebé.
—¡Eres una perra infiel! —me da un puñetazo tan fuerte que mi cabeza rebota contra el asfalto y todo me da vueltas, sus manos vuelven a mi cuello.
—Ayu... da... —susurro con lo último que me queda de fuerza, mi garganta se cierra, el aire ya no entra, todo me da vueltas, toma algo pesado y me golpea en la cabeza.
James. Perdón. No pude esperarte como prometí.
Todo se oscurece.
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Comments
Monikita
ojalá sea sincero y no sea el quien la mate
2023-11-17
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Barbarasl73 🇨🇱
que genial tener una relación así 😍😍😍, que logre a pesar del tiempo ponerte tímida 💖💖💖.
2023-11-04
2
Barbarasl73 🇨🇱
alacena ✔️
2023-11-04
0