Bostezo, anoche no pude dormir muy bien, hasta entrada la madrugada, Amalia cayó dormida, solo entonces pude volver a mi habitación para dormir, luego de dejarla en la suya con total silencio y sin que nadie se diera cuenta. Nuestra reunión debe mantenerse secreta de algunas personas.
—Majestad —Witten aparece sin cerrar del todo la puerta—. El joven amo Monstar ha regresado —anuncia, suspiro cansado.
—Déjalo pasar —digo sin muchos ánimos, quisiera solo correrlo y mandarlo a matar por su ineptitud, pero aún tengo cosas que quiero que me aclaré. Firmo unos papeles sobre el inicio de un tratado de paz, las puertas se abren y a penas y lo veo de reojo, entra con elegancia y con la barbilla levantada. Es bastante molesto verlo.
—Saludos a su Majestad, el Emperador... —lo interrumpo antes de que continúe.
—Cállate —me mira confundido, tomo lo primero que encuentro, una estuatilla de metal con la forma de un ángel con una venda en los ojos y una espada en una mano, se la lanzo a la cara, fallo por poco, el idiota hasta eso tiene la consideración de no moverse mientras lo golpea la estuatilla contra su frente, cae al suelo y una herida se abre, su frente empieza a sangrar, la sangre mancha todo su lado izquierdo de su rostro, gotea hasta el suelo—. Eres un inútil. Abel hijo de perra —hablo molesto con los dientes apretados.
Abel se tambalea, saca un pañuelo de su saco y lo lleva a su frente.
—Majestad, no entiendo ¿cuál es el problema? —por su mirada sincera de plena confusión me doy cuenta que no ha escuchado nada de lo que ha pasado durante su ausencia.
—¡Te largaste luego de darle el veneno! Todo para evitar levantar sospechas, dijiste que moriría —su mirada pasa de confusión a entendimiento y termina en sorpresa.
—Pero ella...
—¡Está viva! —grito desesperado, porque quiero que entienda el enorme error que cometió, su ceño se frunce y desvía la mirada pensativo—. Dijiste que ella moriría. Hacerme cargo de su muerte iba a ser sencillo, solo podría decir que se envenenó, es mi palabra. Solo estaba yo para testificar y en cambio, ¡ella despertó! —gruño eufórico. Me levanto de la silla y me acerco a él rodeando el escritorio, llego hasta él y lo tomo del cuello de su saco—. ¿Qué falló? Dijiste que ese veneno la mataría en días, parecería que sobrevivirá engañando a la gente y luego moriría sin alternativa —le explico lo mismo que él me dijo antes de que planeáramos el asesinato de la Emperatriz.
—Ella debió morir, ese veneno... ni siquiera tiene antídoto, ¿cómo es posible que haya sobrevivido? —no parece preocupado porque me haya mentido, se ve extrañado por esa información, lo empujo al momento de soltarlo.
—Lo único que cambio es que no tiene recuerdos. Espere su muerte confiando en tus palabras, no hice nada para cubrir la evidencia porque nadie dudaría de que estaba loca e inestable emocionalmente —me encojo de hombros—. Y por esos errores, ella ahora esta buscando al asesino —su ceño se frunce y recuerdo algo de lo que hable ayer con ella—. Por cierto, ¿habías escuchado que esta viva antes de venir? —no creo que me diga toda la verdad si es que sabía que estaba viva, porque entonces demostraría que es un descarado sinvergüenza hijo de perra, lo mataría sin dudar por su insolencia.
—No tenía ni idea —su mirada genuina me responde lo que quería saber, es difícil que alguien pueda mentir enfrente de mí, soy un experto en las mentiras, reconozco a quienes intentan jugar lo mismo que yo.
—Entonces, no somos los únicos que intentan asesinar a la Emperatriz, hay alguien más detrás de su cabeza —camino alejándome de él, llego hasta la estantería más cercana. Tomo el primer libro que me encuentro.
Amalia Alala D'Autriche, la detesto. Jamás había odiado a nadie tanto como a ella. Odie a mi padre y lo asesine, odie a mi madre y la encerré en un monasterio. Vive sus días deseando la muerte.
Amalia Alala, no había motivo para odiarla antes de conocerla, no me importaba su existencia. Hasta que se enamoró de mí.
Me declaró su amor en su debut social, la ignore. Le di muchas señales de que no me interesaba, pero su amor por mí, se volvió una obsesión. Hasta volverse una molestia.
El lugar de Emperatriz... había peleado tanto para liberar el camino para elegir a la mujer que yo quisiera como mi Emperatriz, y ella intervino.
Poniendo sus deseos por encima de lo que yo quería, de una u otra forma, logró su cometido. No importaba cuántas veces la rechazaba, intentaba sacarla del camino, ella persistió.
Su obsesión me enloqueció. Y al final, tomó un lugar que no le pertenecía. Al principio no me interesaba, un lugar más un lugar menos dentro del palacio, pero mi situación se complico. Su locura fue extrema y la mía solo crecía.
Y para acabar, ella seguía insistiendo para entrar en mi vida, en mi corazón, pero yo ya no tenía corazón para dar, ya no me quedaba nada, verla tan feliz por haber aplastado mis sueños, me cegaron.
Intente molestarla, humillarla, acabarla de mil maneras diferentes, si no podía matarla, haría que sufriera, rompería su alma en miles de fragmentos hasta que no quedará nada más que un triste caparazón vacío. Un cuerpo sin alma.
Mi paciencia solo se acababa con el tiempo, todo lo que hacía no era suficiente y entonces alguien entró al harén de la Emperatriz.
Abel Monstar. El hijo de una casa caída desde hace generaciones, la Emperatriz se encaprichó con él por su físico, aunque no compartimos ni una gota de sangre, Abel se parece a mí. Hay unos rasgos, el color de cabello, los ojos... mismos colores pero diferentes facciones.
Abel detestaba a la Emperatriz por usarlo como un simple juguete. De algún modo, me acerque a Abel sin que Amalia lo supiera, nuestro odio compartido hacia la misma persona nos unió.
Abel se volvió el favorito de la Emperatriz en poco tiempo y ambos planeamos su muerte.
Yo la llevaría hasta la orilla de un acantilado y Abel la empujaría. Darle el veneno sin que nadie se enterará, no había registros, deje pasar el veneno, lo oculte de todos los ojos, los únicos que sabíamos era Abel, Calixto y yo.
Calixto consiguió el veneno, me lo entregó a mí , yo metí el veneno al palacio y se lo di a Abel, Abel se lo dio a la Emperatriz manipulándola psicológicamente.
La había lastimado tanto de tantas maneras, que era una completa estúpida, haría cualquier cosa para obtener mi atención, fue fácil engañarla y todavía más fácil hacerla que se bebiera el veneno.
Había visto el frasco desde que entre a la habitación, fingí que no me daría cuenta, cuando lo destapó, tuve el tiempo suficiente para detenerla, pero no lo hice.
Luego de beberlo y vomitar sangre, me quede esperando unos minutos, viendo cómo se retorcía en el suelo y el charco de sangre se expandía.
Jamás estuve tan emocionado. Había visto a miles de personas morir, yo clave una espada en el corazón de mi padre, ni siquiera en ese día tan bello había estado tan feliz como lo estuve cuando creí que Amalia moriría.
Los siguientes días, solo rezaba para pedir que la matarán. Si existía la justicia divina, los cielos estarían de mi lado, porque no he matado a ningún inocente, solo me deshago de la basura.
Mientras más pasaban los días y la condición de Amalia empeoraba, más feliz me encontraba y entonces, una mañana... una sirvienta que vigila a Amalia por mis órdenes, llegó para anunciarme que había despertado.
Era como si nunca hubiera bebido el veneno, no tenía daños físicos, su cuerpo seguía estando en forma, su caminar, su habla, todos sus sentidos estaban inmutados. Solo sus recuerdos.
Ella olvidó lo que sufrió... era como si hubiera obtenido una nueva alma.
Todos mis intentos de lastimarla nuevamente, no servían, aunque eran pequeños pero siempre funcionaban, no servían.
Es cierto que lamento haber intentado violarla, eso es algo que nunca me voy a perdonar. Ya lo había dicho antes, violarla no es una opción, si quiera destruirla solo debo matarla.
Pero ya no puedo hacerlo.
—El plan falló. A pesar de que dijiste que el veneno era confiable, mande a Calixto a que buscará por todo el país ese maldito veneno —abro el libro en cualquier página, hay un retrato, de los Emperadores pasados, mis padres.
Agarre el libro equivocado. Lo cierro y lo vuelvo a dejar en su lugar.
—La Emperatriz siempre fue muy inteligente —aunque era estúpida cuando se trataba de sus emociones, era buena en lo que sea que hacía—. Pero ahora no solo es inteligente, es muy perspicaz y audaz. Intentar matarla con el mismo método no funcionará.
—¿Ella lo recuerda? ¿Recuerda que yo le di el veneno? ¿Acaso me van a acusar de intento de asesinato a la Emperatriz? —pregunta con la voz temblorosa, no me molesto en ver lo patético que es en estos momentos—. Majestad...
—Ella no recuerda nada. Los veintidós años de vida, no recuerda nada. Y no confía en nadie —tomo otro libro, lo abro y solo hay palabras—. Si te intentas acercar a ella, no creo que funcione como la primera vez —confieso, es algo que ya había pensado—. Aunque esta vez confía en mí, no tanto pero lo hace. Ya no me ama —le platico brevemente de lo que ha pasado en estos días.
—Majestad, si ella no recuerda... podemos aprovecharnos de eso —se exalta, cierro el libro y lo vuelvo a dejar en su lugar, me giro para verlo, su rostro iluminado lleno de expectativa y esperanza.
—¿En serio?
—Puedo acercarme a ella, sé cosas que ella no, puedo mentirle algunas cosas... no lo sé, puedo aprovecharme de su falta de recuerdos para que ella solo confíe en mí. Ahora mismo, si se esta preguntando quién la quiere matar, debe estar asustada. Necesita a alguien de su lado, puedo hacerlo —levanta sus puños cercas de su rostro en un movimiento de emoción, sonrío de lado.
—Puedes intentarlo. Pero no me voy a rendir, la quiero muerta —no solo se trata de querer dejar libre el lugar de la Emperatriz, simplemente, la existencia de Amalia me molesta y pienso deshacerme de ella, incluso si nos divorciamos antes de poder matarla, la seguiré solo para asesinarla con mis propias manos—. Estoy fingiendo ser su compañero, estar del mismo lado. Me aprovecharé de lo que pueda y tú intenta acercarte a ella. Calixto esta fingiendo haber sido su mejor amigo, como nadie lo sabe realmente, será fácil mentirle al resto sobre su supuesta amistad.
—Sí, Majestad. Me acercaré a ella de nuevo, Majestad. No le fallaré está vez —habla con entusiasmo.
—De acuerdo, cuando tenga información beneficiosa para nosotros, te avisaré. En cuanto tengamos otra oportunidad para matarla, deberás actuar, ¿de acuerdo?
—Sí, Majestad.
—Sin fallas, Abel. Si vuelves a fallar, será tu cabeza la que rodé.
—No se preocupe, Majestad. Haré lo que me ordene y no le fallaré.
-
Witten me acerca una taza con café y un plato con un sándwich partido a la mitad.
—Pedí algo ligero y rápido para digerir, cómalo mientras trabaja, Majestad —Witten hace una reverencia y antes de marcharse tocan la puerta dos veces.
Es bastante tarde y solo hay una persona que comúnmente me busca a esta hora, cuando no hay nadie que la pueda ver.
—Adelante —la puerta se abre y me deja ver a la sirvienta de Amalia, la que trabaja para mí, ella es cómplice en el intentó de asesinato de la Emperatriz, pero Abel no sabe de ella, es demasiado idiota para decirle, podría ponerla en evidencia.
Lourdes Clarence.
—Majestad —hace una reverencia. Es común poner varios espías dentro del palacio de la Emperatriz para poder ganar información, el mayordomo Thread es solo un telón, para que no dude de mí, pero Lourdes es mi verdadera carta bajo la manga.
—¿Hay algo que quieras notificarme?
—La Emperatriz saldrá en tres días. Quiere ir a la Capital.
—¿Irás con ella? —pregunto, Witten agacha su mirada incómodo, me sigue divirtiendo su comportamiento.
—La seguridad de la Emperatriz se queda a manos de la sirvienta que la acompaña, si la Emperatriz muere, la incompetente sirvienta morirá igual —responde sin emoción alguna.
—Por un momento creí que te estabas encariñando con ella, Lourdes.
—Mi trabajo es acercarme a la Emperatriz y notificarle de todo al Emperador y obedecer las órdenes del Emperador —dice sin mirarme.
—Bien. Puedes retirarte —hace una reverencia y se marcha. Rápidamente escribo en un papel algo sencillo.
*Prepará a los asesinos en tres días, que la sigan.
^^^D.A.M.R*.^^^
Doblo el pequeño papel y se lo extiendo a Witten, que lo toma enseguida.
—Ve personalmente a donde se encuentra Calixto y también dile a Abel que este preparado.
—A sus órdenes, Majestad —hace una reverencia y se marcha.
La tienen que matar dentro de tres días, junto con la nota que le llegó, será sencillo desviar la atención y culpar al otro asesino.
Dentro de tres días. Solo tres días más y terminaré de fingir.
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Updated 139 Episodes
Comments
PAOLA RODRIGUEZ
Una vibora ponzoñosa este emperador, no quiere nadie que le haga sombra ni cuestione sus politicas.Muyy Malo es🥶🥶🥶🥶
2024-08-25
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Gaby Khaleissys
😳😳😳 eh quedado perpleja, jamás sospeché del emperador
2024-06-21
1
Elisa Patico
una vez más, un hombre nos demuestra que no se puede confiar en ellos
2023-12-05
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