Capítulo diez: Trampas.

—¡Mama! ¡Por favor, retire sus palabras! —exclama Esmeralda de manera exagerada, ruedo mis ojos y la ignoro para ver a Izett, que parpadea confundida.

—No tienes que responderme ahora, puedes decirme cuando estés decidida, te escuchare —traga saliva y niega con la cabeza.

—Majestad, yo no soy digna de ocupar su lugar, por favor, no diga eso una vez más, ni siquiera lo piense. Usted es la madre del Imperio, una persona incomparable con ninguna otra, fue elegida por los cielos y aceptada por el Emperador —habla cabizbaja, ahora que volvió a las formalidades, entiendo que arruine el ambiente. La suelto y suspiro.

—Piensa mi propuesta. No te la ofrezco para hacerte daño, si tú aceptas ser la Emperatriz yo me encargaré de que lo seas. Hablando entre tú y yo, quiero divorciarme del Emperador, sin embargo, para que acepte debo darle una solución que nos beneficie a ambos sin causar guerras civiles o problemas —pongo mis ojos en blanco, fastidiada por ese horrible tema. Respiro hondo y palmeo su hombro—. Me imagino que por todo el amor que le tienes, serás capaz de decidir por ti sola. Piensa seriamente lo que te dije, hablalo con la almohada y cuando decidas, ven a verme —le guiño un ojo—. Debo volver antes de que el mayordomo Thread se moleste conmigo por mi impuntualidad. Espero verte pronto, Izett —la dejo, es mentira que el mayordomo me espera, pero ya no puedo dar un paseo con ella cuando he arruinado el ambiente, no quiero presionarla.

Ahora que tengo una idea, no pienso soltarla, si no es ella, pondré a alguien más en mi lugar para poder divorciarme del Emperador. Esmeralda me sigue, cuando nos alejamos lo suficiente habla.

—Por favor, retire lo dicho, Majestad. Usted no puede divorciarse del Emperador...

—¿Me estás retando? —pregunto molesta, me encanta que piense en mí, que sea divertida y vivaz, que entienda mi flow, sin embargo, ella al igual que las otras dos muchachas, ven a las concubinas del Emperador como mis enemigas, cuando no lo son.

Algunas están aquí por obligación o para salvar a sus familias o a ellas mismas y pocas como Izett están enamoradas y eligieron al Emperador. Amalia eligió al Emperador sabiendo lo que podría pasar, por eso aceptó a algunas concubinas, de no saberlo, sería una completa estúpida.

—Majestad...

—Basta, Esmeralda —la callo rápidamente—. No cuestiones mis decisiones. Soy la Emperatriz, no importa qué tan bien te he tratado, no hay que olvidar nunca la línea que nos divide. Debes respetar mis decisiones aunque no te agraden, soy tu maestra, no dudes de mí ni me cuestiones —cuando tratas muy bien a un subordinado, de repente puede confundir su lugar y actuar como tu igual, suena cruel, pero siempre hay que recordar esa línea, para que nunca te quieran pisotear. No me gusta regañarla cuando entiendo que solo se preocupa por mí—. Por favor, apoyame. Estar en este lugar, solo me asfixia —le explico con más calma.

—Mama, no quiero que se vaya —sonrío de lado y acaricio su cabeza.

—Si me voy, te llevaré conmigo si quieres. Conoceremos el mundo, andaremos por todos los países posibles —le guiño un ojo, sus ojos se llenan de lágrimas y asiente. Dado por terminada la conversación, avanzo de nuevo—. Vamos, quiero hablar con el esclavo —el africano que llego hace unos días, luego de tratar sus heridas sufrió un shock por una infección, se quedo inconsciente durante días, conseguí a los mejores médicos que hay en esta época para que lo salvarán. Al fin a abierto sus ojos. Respiro hondo y me dirijo hasta la habitación de los sirvientes, Esmeralda me guía para no perdernos.

En menos de quince minutos llegamos a donde es la habitación del africano, toco antes de entrar, luego de escuchar que me permiten pasan, abro la puerta y entro. Bell esta junto con el esclavo y otros sirvientes.

—¿Dijo algo? —pregunto mirándolo, esta sentando, cuando me ve intenta levantarse y niego con la cabeza, me mira confundido y vuelve a quedarse quieto.

—Majestad, el esclavo proviene de tierras del Sur, su idioma no es común aquí. No hay nadie que se pueda comunicar con él —me explica Bell, suspiro pensativa.

El joven africano habla, su voy es gruesa y sus palabras se escuchan bruscas, mis ojos se agrandan y sonrío.

—Bell, consigue papel, tinta y dos plumas —su ceño se frunce pero me se moviliza para traer lo que le pedí, minutos después, me siento en la orilla de la cama, los sirvientes me pasan una bandeja de madera que parece una mesita, se usa para comer en la cama, me entregan lo que les pedí y escribo en la hoja de papel, luego de terminar se lo entrego. Sus ojos se agrandan y sonríe, asiente. Habla y no entiendo nada.

—¿Mama? —el chico toma la otra pluma y escribe en la hoja, suspiro aliviada.

—Conozco el idioma, pero no puedo hablarlo, aunque sé escribir. Al parecer, él también sabe escribir.

—Un esclavo no debería saber escribir, Mama. Esta persona es sospechoso, deberíamos deshacernos de él —pide un sirviente, lo ignoro, el joven me pasa la hoja y leo lo que escribió.

Yo le pregunté si sabia leer, él me respondió que sí, también escribir, eso fue más que obvio. Tomo la hoja y escribo otra pregunta.

¿Cuál es tu nombre?

Me llamaban Lehiat.

¿Siempre fuiste un esclavo?

No, madam.

¿Cómo te convertiste en esclavo?

Los demonios que susurran al oído de las personas, los vuelven codiciosos y ennegrecen sus corazones con malas intenciones. Caí en la trampa de uno de esos demonios.

Su mirada segura y molesta me confiesa lo que ya imaginaba, él es importante, debieron traicionarlo y venderlo como esclavo sin darle muchas opciones.

—Mama, ¿de qué están hablando? —pregunta Bell interesada, le sonrío al joven, se ve como un muchacho de veinte años, tal vez sea más joven, hay lugares donde los muchachos parecen de una edad y son o más grandes o más jóvenes, en África no creo que todos tengan la edad que aparentan.

—No de algo tan interesante —no quiero exhibirlo, si hay personas malas detrás de él, no quiero entregarlo como si nada, creo que estamos en la misma posición solo que él tiene más desventaja.

—Usted... ¿sabe el idioma de los esclavos, Majestad? —mi ceño se frunce, aunque si lo pienso un poco, en estos tiempos el racismo es más claro, esclavizar y maltratar a gente negra es común en este lugar y eso me molesta. Clasificar un idioma como la lengua de los esclavos es como señalar que todos los negros son esclavos, ah, me molesta demasiado.

—Su idioma se llama suajili —miro de mala manera al sirviente que abrió su bocota.

—Cuide su lengua, si no quiere perderla —mi amenaza lo toma por sorpresa, veo al joven muchacho y escribo algo más.

¿Sabes lo que venía en la tarjeta cuando te entregaron?

No, madam.

¿Sabes dónde estabas antes de llegar aquí?

Estaba en un pueblo lejos de aquí, en la costa. Formaba parte de la nueva mercancía de esclavos.

¿Viste quién te compró?

No, madam. Usualmente se hace una subasta, yo solo subí a un podio y los compradores en su mayoría son sirvientes.

¿Reconocerías al sirviente si lo ves?

Niega con la cabeza, no me esta dando ninguna pista, chasquea su lengua y señala su mejilla, desesperado toma la pluma y escribe.

Tenía una cicatriz en la mejilla, madam. En forma de una "x".

Aunque es algo, sigue sin darme una pista, asiento y acaricio su cabeza, eso parece sorprenderlo pero enseguida se relaja.

Lo has hecho bien, Lehiat.

Me sonríe emocionado. Lo ha hecho bien, sobrevivir todo este tiempo. Debió ser cruel.

¿Tienes familia Lehiat?

No estoy seguro que vivan, madam.

¿Quieres recuperar tu lugar?

Parpadea confundido, ladea su cabeza y tarda un poco en responder.

¿Cómo podría recuperarlo, madam? No tengo nada, solo soy un humilde esclavo.

Demasiado humilde, diría yo. Lo pienso unos segundos y lo mejor que se me ocurre es quitarme uno de los tantos accesorios que me ponen en el cabello, tomo el más grande, con el sello de la familia imperial. No debería hacer esto, porque si me divorcio, no puedo asegurar la cabeza de Lehiat, sin embargo, si le puedo ayudar lo haré hasta el final, después del divorcio como pedido especial o un simple favor a un compañero, le diré al Emperador que se haga cargó en mi lugar. Le entrego el accesorio de oro blanco, sus ojos se agrandan y los sirvientes jadean.

—¡Majestad! ¡El guardapelo de oro...! —ni Bell, ni Esmeralda se exaltan tanto como el resto de loa sirvientes.

—Callados —les ordeno. Tomo la pluma y escribo.

Usa este sello, durante tu recorrido por el Imperio de los Mehmet, tu viaje esta asegurado con este guardapelo. Usalo sabiamente.

Me arranco otra cosa con la que siempre cuelgo fuera de mi habitación, es como un talismán hecho de una piedra preciosa y grande e hilos de oro. Se lo entrego también.

Esto será suficiente creo yo, para que puedas volver a tu país y consigas aliados. Llega con la cabeza en alto, Lehiat, y presume de que hay gente blanca de tu lado que pelearía por ti.

Sus ojos se llenan de lágrimas. No estoy segura si es alguien tan importante como creo, pero mientras que pueda volver será suficiente.

Lehiat se levanta y se tira al suelo para arrodillarse. Habla desesperado diciendo algo que no entiendo y no creo hacerlo nunca, junta sus manos como en una plegaria y las mueve de arriba a bajo mientras se agacha y se levanta, su sonrisa me hace creer que me esta agradeciendo.

Incluso si me ha maldecido en su idioma, no lo sabría, así que mejor atraer buenas vibras.

—Denle algo de ropa y preparen las cosas necesarias que ocupará en su camino de regreso a su país —les ordeno a los sirvientes. Quisiera ir con él y llevarlo directo a su hogar, pero no puedo salir del palacio a un lugar tan lejano sin que mi seguridad se encuentre comprometida, así que pienso en una mejor idea.

George Camme asegurará la victoria de este jovencito para que vuelva a casa sano y salvo.

Lo ayudo a levantarse y salgo de la habitación, tomando la hoja donde estuvimos escribiendo. La doblo y se la entrego a Esmeralda.

—Por ningún motivo quiero que la pierdas. Deja la hoja en mi habitación, en un lugar donde sea difícil encontrarla.

—Sí, Majestad.

Camino pensando en una persona, cuando doy con él sonrío.

—Tengo una misión para ti caballero Gorge —sus ojos se agrandan y su rostro se ilumina, parece emocionado por al fin hacer algo más que escoltarme mientras trabajo o duermo.

—Estoy a sus órdenes, Majestad.

—Hay un chico que acaba de llegar, su nombre es Lehiat. Lo envíe de vuelta a su hogar y necesito que seas su escolta —ladea su cabeza y luego de unos segundos sacude su cabeza en una negativa, esa respuesta me sorprende.

—Yo sirvo a la Emperatriz, me deber es protegerla.

—Y obedecer mis órdenes, George. Aunque quisiera que lo vieras como un favor, te estoy ordenando que escoltes a ese muchacho.

—¿Por qué es tan importante ese muchacho? Los sirvientes dicen que es un esclavo.

—Los esclavos no deberían existir, George. Nadie pide nacer en el lugar y cuerpo en el que nacen, si fuera así, yo hubiera pedido nacer con el cuerpo y la voz de Beyoncé.

—¿Be-Beyo...? ¿Qué?

—Por favor, haz esto por mí. Quisiera que volviera con seguridad, le di mi guardapelo con el sello de la Emperatriz, pero eso no asegura su seguridad, por eso necesito que vayas con él, por favor, eso me haría sentir más segura —le ruego, tarda, pero al final suspira y asiente—. Se irán mañana por la mañana, te daré tanto dinero sea suficiente para ir y venir —acepta y me sonríe.

—Obedeceré sus órdenes, Majestad.

—Gracias sir George.

-

Veo nuevamente mi vestimenta, es ropa de sirvienta, solo para no sobre salir. Es un vestido que me llega por debajo de las rodillas, hampón de la falda y ajustado en la parte del torso, quise resistirme, pero me obligaron.

—¿Esta lista, Majestad? —pregunta Esmeralda emocionada, le sonrío divertida y tomo un ligero abrigo que parece un chal.

—Llámame Hilary, recuerda Esmeralda. Somos dos sirvientas —tomo el permiso para salir que yo misma escribí y selle. Tomo del brazo a Esmeralda y salimos de mi habitación. Me río emocionada por saber que saldré del palacio.

Sigo a Esmeralda en todo momento, solo espero que nadie me reconozca con esta cara, pero según por lo que me dijo Esmeralda era poco común que alguien me reconociera. Durante toda mi juventud, viví encerrada en la casa de los duques y solo asistí a pocos bailes, luego de casarme me encerraron en el palacio y muy pocas personas me ven.

En resumen, la vida de Amalia fue bastante aburrida y viviendo en una prisión de oro. Asco.

Llegamos hasta un carruaje que tienen preparado, es uno sencillo o eso me dijo Esmeralda, se ve como uno de esos carruajes que aparecen en las películas, realmente es extraordinario.

Entro al carruaje y Esmeralda da la señal de avanzar, golpeando el techo de esta caja. Mientras andan los caballos, no tengo experiencia en montar caballos o estar en una caja andante, al menos que fuera en una camioneta en terrenos inestables, así se siente, como si te agitaran en una caja, no pasan ni cinco minutos y caigo del asiento.

—Mama... —exclama asustada Esmeralda.

—Shhh —la fulmino con la mirada unos segundos, respiro hondo e intento volver a sentarme, conseguirlo me cuesta bastante, es como estar en un autobús a la hora pico. Me agarro de donde puedo pareciendo un gato asustado.

—¿Se siente incómoda? —pregunta en un susurro Esmeralda.

—Es como un juego de sobrevivencia —murmuro haciendo una mueca, me aferro a los asientos más o menos acolchonados—. Debo mantener el equilibrio —susurro intentando concentrarme, pero se agita tanto el carruaje que salto en todo momento—. ¿Que no tienen pavimento? —la mirada confundida de Esmeralda me confirma que me he adelantado en muchos años para que a alguien se le ocurra pavimentar.

Me paso todo el camino moviéndome de un lado a otro, cuando frena vuelvo a caerme.

—Ma... Hilary —exclama de nuevo Esmeralda. Mi sombrero delicado y pequeño me cubre el rostro, solo no se me cayó por el listón que lo amarra a mi cabeza desde mi quijada.

Abren la puerta y me encuentran en una pésima posición, Esmeralda, por mis órdenes explícitas desde antes de salir del palacio, le dije que no me ayudará en nada.

—¿Va a salir? —pregunta el cochero, acomodo mi sombrero avergonzada y gateo hasta la puertita de mierda en la que solo un niño podría pasar. De alguna manera logro salir del carruaje.

—Creí que moriría estando ahí —murmuro aliviada de haber salido de ese calvario.

—Vuelva para antes del atardecer —escucho un tintineo, veo a Esmeralda dar órdenes al cochero, ella manda en esta zona. Le entrega unas monedas, el cochero inclina su sombre de copa alta en señal de entendimiento y se marcha, llega hasta mí y entrelaza su brazo con el mío—. Es hora de divertirnos, Ma... Hilary —arqueo una de mis cejas, ignoro su error y la jalo para ir a los puestos sencillos, hechos de madera y carpas.

—¿Qué deberíamos hacer primero? —le pregunto emocionada mientras vemos los accesorios de uno de los puestos. Tomo un collar de piedras baratas y me lo pongo en el cuello mientras veo el reflejo.

—No lo sé, la plaza siempre tiene muchas cosas que mostrar. Podemos ir a cualquier lago, tenemos seis horas antes de que oscurezca —la veo de reojo, su emoción no cabe en su mirada. Rebosa de felicidad. Es como si nunca la hubieran sacado antes.

Aunque me he quedado dentro del palacio de la Emperatriz desde que llegue aquí, nunca imagine que podría salir, no me lo esperaba. Usualmente estaba ocupada con las tareas, aprendiendo otros idiomas comunes aquí y pensando cómo me puedo divorciar de ese tipo. Con lo del asesino suelto de Amalia, me empezaba a atemorizar el palacio, pero seguía sin imaginar que podría salir.

Escaparme no sería un mal plan, pero no tengo nada ahora. Tal vez, el plan de escapar, sea el plan de emergencia en caso de que el Emperador siga rechazando el divorcio. Le daré unos meses para que acepte y para planear mi escape en caso necesario.

El resto de la tarde, no la pasamos yendo de un lado a otro entre los pequeños puestos y los pequeños restaurantes para comer o merendar, creo que voy a engordar a este paso. Llegamos al centro de la plaza donde hay unos sujetos tocando instrumentos para generar una melodía alegre. Esmeralda se emociona y aplaude al mismo tiempo que los demás, yo solo observo el lugar.

Hay mucha gente, la mayoría parecen simples personas con una vida llevadera, veo el cielo y esta despejado, no hay smoc, no hay polvo fino, no hay nada de contaminación.

Me he concentrado en tantas cosas irrelevantes, que estaba olvidando la parte importante: estoy viva.

Por algún motivo, he podido volver a la vida. No sería de la manera en que yo quisiera, ni en el tiempo en que yo quería, pero nuevamente tengo la oportunidad de conocer otro lugar, otras personas, de valorar lo importante que es la vida.

Por supuesto, esta soy yo divagando porque tuve la dicha de volver como una mujer rica, si fuera una esclava, no creo que pensaría lo mismo.

—Hilary —Esmeralda me llama, sus mejillas están sonrojadas y su sonrisa resplandece demasiado, mientras a un lado de ella hay un joven esperando a que acepte su mano, veo a la supuesta pista donde hay varias parejas bailando, parece que me esta pidiendo permiso, así que asiento y Esmeralda toma la mano del muchacho enseguida y se van al centro a bailar.

Es como saltar y saltar mientras giras, me bofearia estando ahí. Mi mala suerte por habladora empieza cuando un muchacho se acerca para pedirme un baile, le sonrío amablemente.

—Lo siento, no sé bailar —me encono de hombros, él niega con la cabeza.

—Insisto, mi lady, por favor, concédame esta pieza.

—¿Si te piso, no te enojas? —todo lo que hace es reírse y tomar mi mano. Ah, estos muchachos, jóvenes con muchas emociones locochonas.

Me jala hasta llegar a la pista, estando ahí se mueve rápidamente para sostener mi cintura y empezar a saltar, aunque intento seguirle, todo lo que hago es saltar como conejo de un lado a otro. El único baile que conozco es el perreo. Si me pusieran unas canciones sucias para perrear, Jesús, Maria y José, el suelo estaría limpió por mi trasero.

El joven se ríe por mi estúpida forma de supuestamente bailar y termino por reírme también, es contagioso. Me agrada reírme de mí misma para evitar ofenderme o sentirme herida cuando alguien más lo hace.

Me habla explicando cómo debo mover los pies, veo hacia bajo y me dice que siga sus movimientos. Decirlo es fácil, hacerlo es complicado... termino pisando sus pies de vez en cuando, en vez de enojarse, el joven solo se ríe adolorido.

Cuando terminamos se detiene y hace una reverencia, imito al resto de las muchachas.

—Fue un placer.

—No creo que tus pies piensen lo mismo —confieso, se ríe otro poco más y le sonrío agradecida por este pequeño momento de diversión—. Gracias, por dejarme pisarte y no enojarte.

—El placer a sido todo mío, mi lady —ladeo mi cabeza.

—¿Por qué me llamas lady? —se supone que vengo de encubierto, no creo que a la servidumbre en esta época se les llame lady o sir. Antes de que me responda, Esmeralda se marcha y el joven se marcha.

—Ma... Hilary, fue bastante divertido, ¿no lo crees? —se abanica su rostro enrojecido por toda la agitación que causa este baile, asiento y trato de visualizar por dónde se fue el muchacho. No me da buena espina—. Tengo un lugar más al que quiero ir —me pide.

—En ese caso, vamos. Antes de que se nos acabe el tiempo —se ríe como una chica normal, sin preocupaciones o deberes sofocantes como servir a otros, me agrada ese tipo de risa.

Toma mi mano y me jalonea para seguirla. Corremos en medio de la plaza, al final llegamos a un orfanato. Ver los orfanatos no me molestan, aunque vine de ahí, no me causan nada, ni alegría, ni tristeza, ni enojo, no hay nada.

Nunca me avergonzó decir que venía de un orfanato, fui una chica muy extraña.

—¿Un orfanato? —antes de que me pueda contestar, una bola de niños llegan corriendo.

—¡Hermana mayor! —gritan al unísono, todos corren para estamparse uno contra otro y el objetivo es Esmeralda.

—¿Los conoces?

—Vengo aquí una vez a la semana, en mi día libre —me confiesa, los niños me observan curiosos.

—¿Quién es ella, hermana mayor? —pregunta una niña a la que le faltan dos dientes de enfrente.

—Es una linda hermana mayor —un pequeño me guiña un ojo, y no seré adivina, pero va a recibir muchas cachetadas cuando crezca y por parte de muchas niñas.

—¿Trabaja en el mismo lugar que tú? —todos tienen preguntas, y cada vez sus preguntas se hacen muy raras, desde cómo me conoció hasta si hemos compartido tina para ducharnos como muchas niñas lo hacen o niños juntos. Extraño.

—Calma, niños, calma —una voz tranquila y ronca los interrumpe, levanto mi vista para ver a una monja, su sonrisa amable hacia los niños y hacia Esmeralda, cuando me ve sus ojos se agrandan y palidece—. Ma... Ma... —tartamudea, ella me conoce.

—Ella es Hilary —la interrumpe Esmeralda—. Es mi amiga —los niños exclaman y la monja palidece. Se acerca a Esmeralda y le jala de las orejas.

—¿Cómo pudiste traer a su Majestad, la Emperatriz a este lugar, Liliana? —mi ceño se frunce, los niños no escuchan el sermón que la monja le da a Esmeralda porque están gritando y ahora se han pegado a mí como sanguijuelas.

Sinceramente, nunca fui muy buena con los niños. En el orfanato, siempre llegaban niños más jóvenes que yo a quienes tenía que cuidar, bañaba a los pequeños, alistaba a las niñas, jugaba con los niños y arrullaba a los bebés. Estuve rodeada de tantos niños que llego un punto en mi vida en que estaba harta de ellos.

Pero cuando supe que tendría un hijo de James, mi paciencia aumento, estaba emocionada por conocer al dichoso bebé, ¿se parecería a James o a mí? ¿Tendría mi asquerosa personalidad o la increíble personalidad de James?

Sin duda ese bebé que nunca nació, iba a ser muy amado, como los padres de James lo amaron y como a mí mis padres no me pudieron amar. Le daría todo el amor que nunca tuve de mis padres.

Ver a tantos niños me recuerda mi tiempo en el orfanato. Sé tratar con ellos.

Así que es fácil llamar su atención y lugar, pasamos mucho tiempo con ellos, jugando a las escondidas o un juego con la pelota, que vienen siendo, a los quemados.

Al final me canso y me siento en un banquito donde Esmeralda llega para sentarse a mi lado.

—Mi nombre real es Liliana, los señores Thread, el hermano menor del mayordomo Thread, me adoptaron y me dieron un nuevo nombre —confiesa de repente—. Cuando le platicó de su sueño a la consorte Izett, no pude dejar de pensar en que quería venir. Lamento mi osadía, Majestad, sé que un orfanato no es el mejor lugar para...

—Está bien. Me gusta —tomo su mano y le doy palmaditas—. Los orfanatos, muchas veces son confundidos por un lugar horrible y triste, pero realmente es un hogar lleno de sueños y esperanzas. Los sueños de los pequeños y sus esperanzas por encontrar una familia —suspiro. Veo el cielo, que se esta tornando de colores rojizos—. Es hora de volver, Esme —le guiño un ojo, se limpia sus lágrimas.

Nos despedimos tan rápido como podemos, la monja se disculpa muchas veces conmigo y solo acepto sus disculpas porque de otra forma no me dejará ir. Camino del brazo de Esmeralda hacia donde quedamos de vernos con el cochero.

Las nubes se tornan rojizas, el cielo azul cambia de tonalidades. Es una buena vista.

Pero como siempre, mi suerte termina ahí. Mientras caminamos por un callejón casi vacío, unas figuras de sujetos vestidos de negro y con una pañoleta negra que cubre su rostro a excepción de sus ojos se aparecen frente a nosotras. Esmeralda jadea asustada y por instinto la paso detrás de mí.

Busco una salida, pero nos tienen rodeadas, me pego a la pared sosteniendo a Esmeralda detrás de mí.

—Ma... ma... —tartamudea, su voz tiembla al igual que todo su cuerpo.

Tal vez debería estar asustada y temblando igual que ella, pero siempre he reaccionado diferente a situaciones como esta.

Lo más simple que puedo comparar, es cuando me asaltaban, aunque en este caso no creo que vengan por mi celular o dinero, lo sé por las espadas que sostienen. Son cinco hombres. Se mantienen a la misma distancia pero no me dejan ninguna salida.

—Si te entregas, no lastimaremos a la chica —habla uno, mi ceño se frunce y creo reconocer la voz, pero mi mente no esta para confirmar voces o identidades.

—¿Qué es lo que quieren?

—Alguien te detesta demasiado y quiere verte muerta, Majestad —se inclina un poco en una reverencia, el resto de los hombres se ríen. Mi corazón esta acelerado y me cuesta procesar lo que debo hacer.

—¿Me van a matar? —pregunto, queriendo hacer tiempo para seguir procesando la información.

—Será rápido —se encoge de hombros. Veo a los lados, no hay nadie, incluso si lo hubiera, no creo que alguien  saldría en mi defensa.

—Quédate detrás de mí, Esmeralda —susurro.

—Mama —se escucha a punto de llorar.

—Bien, hazlo rápido —a penas doy un paso hacia el frente y Esmeralda me jala, me suelto de su agarre y sigo caminando hasta el hombre que se dignó a hablar—. Solo... no toquen a la chica.

—Como ordene, Majestad —sus ojos se achican, me imagino que esta sonriendo, llego hasta estar enfrente del tipo y levanta su espada. Cierro mis ojos.

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Comments

Ophelia Palafox

Ophelia Palafox

jajaja sí es mejor pensar que si 😂 😂 😂 😂

2024-08-25

0

Elisa Patico

Elisa Patico

jajajajajaaj

2023-12-05

0

LaRouxy 🌹💞

LaRouxy 🌹💞

*smog

2023-08-03

0

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Capítulos
1 Sin amor.
2 Prólogo.
3 Capítulo uno: Sigo viva.
4 Capítulo dos: El trabajo de la Emperatriz.
5 Capítulo tres: Amar.
6 Demián Mehmet.
7 Capítulo cuatro: Pesadillas.
8 Demián Mehmet.
9 Capítulo cinco: Aliados.
10 Capítulo seis: Enemigos.
11 Demián Mehmet.
12 Capítulo siete: Amigos/compañeros.
13 Demián Mehmet.
14 Capítulo ocho: Esposos.
15 Capítulo nueve: Clases.
16 Capítulo diez: Trampas.
17 Demián Mehmet.
18 Capítulo once: Despertar.
19 Capítulo doce: Trueque.
20 Capítulo trece: Afrodisíacos.
21 Capítulo catorce: Rojo.
22 Demián Mehmet.
23 Capítulo quince: Emperatriz 2.0.
24 Capítulo dieciséis: Su Santidad.
25 Capítulo diecisiete: Encerrada.
26 Capítulo dieciocho: Hermano mayor.
27 Demián Mehmet.
28 Capítulo diecinueve: El número uno.
29 Demián Mehmet.
30 Capítulo veinte: Recuerdo.
31 T2. Capítulo veintiuno: Desconfianza.
32 T2. Capítulo veintidós: Miradas.
33 T2. Capítulo veintitrés: Plegarias.
34 T2. Capítulo veinticuatro: La Emperatriz.
35 T2. Capítulo veinticinco: Indigna.
36 T2. Capítulo veintiséis: Primera sesión.
37 T2. Capítulo veintisiete: Notar.
38 T2. Capítulo veintiocho: Castigos.
39 T2. Capítulo veintinueve: Tiranos.
40 T2. Capítulo treinta: Segunda sesión.
41 T2. Capítulo treinta y uno: Veredicto.
42 T2. Capítulo treinta y dos: Pecador.
43 T2. Capítulo treinta y tres: El número dos.
44 T2. Capítulo treinta y cuatro: La Reina Madre.
45 T2. Capítulo treinta y cinco: Ameno.
46 T2. Capítulo treinta y seis: Madre.
47 T2. Capítulo treinta y siete: Malas relaciones.
48 T2. Capítulo treinta y ocho: Respeto.
49 T2. Capítulo treinta y nueve: Mentira.
50 T2. Capítulo cuarenta: Tu lugar.
51 T2. Capítulo cuarenta y uno: Regresar.
52 T2. Capítulo cuarenta y dos: No la merecen.
53 T2. Capítulo cuarenta y tres: Pijamada.
54 T2. Capítulo cuarenta y cuatro: Suegra.
55 T2. Capítulo cuarenta y cinco: Similitudes.
56 T2. Capítulo cuarenta y seis: Cumpleaños.
57 T2. Capítulo cuarenta y siete: Regalo.
58 T2. Capítulo cuarenta y ocho: Decisiones.
59 T2. Capítulo cuarenta y nueve: Abandonar.
60 T2. Capítulo cincuenta: Propuesta.
61 T2. Capítulo cincuenta y uno: En una nueva vida.
62 T2. Capítulo cincuenta y dos: Soy el mejor.
63 T2. Capítulo cincuenta y tres (extra): Para siempre.
64 T3. Capítulo cincuenta y cuatro: Cruda.
65 T3. Capítulo cincuenta y cinco: Invitado.
66 T3. Capítulo cincuenta y seis: Padre Nuestro...
67 T3. Capítulo cincuenta y siete: Hora del té.
68 T3. Capítulo cincuenta y ocho: Guardería.
69 T3. Capítulo cincuenta y nueve: La Familia.
70 T3. Capítulo sesenta: Votos.
71 T3. Capítulo sesenta y uno: Dejar.
72 T3. Capítulo sesenta y dos: Terror.
73 T3. Capítulo sesenta y tres: Pagar.
74 T3. Capítulo sesenta y cuatro: No es suficiente.
75 T3. Capítulo sesenta y cinco: Pudran.
76 T3. Capítulo sesenta y seis: Debilidades.
77 T3. Capítulo sesenta y siete: Heridas.
78 T3. Capítulo sesenta y ocho: Abrazos.
79 T3. Capítulo sesenta y nueve: Asuntos.
80 T3. Capítulo setenta: Otra persona.
81 T3. Capítulo setenta y uno: Torturas.
82 T3. Capítulo setenta y dos: Buzón de quejas.
83 T3. Capítulo setenta y tres: El Papa.
84 T3. Capítulo setenta y cuatro: Caos.
85 T3. Capítulo setenta y cinco: Un poco de calma.
86 T3. Capítulo setenta y seis: Sorpresa.
87 T3. Capítulo setenta y siete: Markos.
88 T3. Capítulo setenta y ocho: Otra vez.
89 T3. Capítulo setenta y nueve: Amores. Parte uno.
90 T3. Capítulo ochenta: Distancia. Parte dos.
91 T3. Capítulo ochenta y uno: Un nuevo Emperador. Parte tres.
92 T3. Capítulo ochenta y dos: Te amo.
93 T3. Capítulo ochenta y tres: Adicto.
94 T3. Capítulo ochenta y cuatro: Espalda.
95 T3. Capítulo ochenta y cinco: Muero.
96 T3. Capítulo ochenta y seis: Inicio.
97 T3. Capítulo ochenta y siete: Diario.
98 T3. Capítulo ochenta y ocho (extra): Odio.
99 T3. Capítulo ochenta y nueve (extra): Cállate.
100 T4. Capitulo noventa: Todo.
101 T4. Capítulo noventa y uno: Conversaciones.
102 T4. Capítulo noventa y dos: Bastardo.
103 T4. Capítulo noventa y tres: Heredero.
104 T4. Capítulo noventa y cuatro: Demián.
105 T4. Capítulo noventa y cinco: Sueño.
106 T4. Capítulo noventa y seis: No es real.
107 T4. Capítulo noventa y siete: Volverá.
108 T4. Capítulo noventa y ocho: Confiar.
109 T4. Capítulo noventa y nueve: Traidor.
110 T4. Capítulo cien: Mátame.
111 T4. Capítulo ciento uno: Mío.
112 T4. Capítulo ciento dos: Memorias.
113 T4. Capítulo ciento tres: Risa.
114 T4. Capítulo ciento cuatro: Hipócritas.
115 T4. Capítulo ciento cinco: Alivio.
116 T4. Capítulo ciento seis: Una última vez.
117 T4. Capítulo ciento siete: Esperar.
118 T4. Capítulo ciento ocho: Culpa.
119 T4. Capítulo ciento nueve: Tonterías.
120 T4. Capítulo ciento diez: Tiempo.
121 T4. Capítulo ciento once: Cronómetro.
122 T4. Capítulo ciento doce: Regente.
123 T4. Capítulo ciento trece: Sacrificios.
124 T4. Capítulo ciento catorce: Por algo.
125 T4. Capítulo ciento quince: Cansado.
126 T4. Capítulo ciento dieciséis: La Nueva Emperatriz.
127 T4. Capítulo ciento diecisiete: Recuperar.
128 T4. Capítulo ciento dieciocho: Pánico.
129 T4. Capítulo ciento diecinueve: Muerta.
130 T4. Capítulo ciento veinte: Despedida.
131 T4. Capítulo ciento veintiuno: Desaparecer.
132 T4. Capítulo ciento veintidós: Gracias.
133 T4. Capítulo ciento veintitrés: Conocer.
134 Capítulo final.
135 Epílogo.
136 Nota de la autora.
137 Capítulo ciento veinticuatro (extra): Legal.
138 Capítulo ciento veinticinco (extra): Real.
139 Capítulo ciento veintiséis (extra): Cita en el museo.
Capítulos

Updated 139 Episodes

1
Sin amor.
2
Prólogo.
3
Capítulo uno: Sigo viva.
4
Capítulo dos: El trabajo de la Emperatriz.
5
Capítulo tres: Amar.
6
Demián Mehmet.
7
Capítulo cuatro: Pesadillas.
8
Demián Mehmet.
9
Capítulo cinco: Aliados.
10
Capítulo seis: Enemigos.
11
Demián Mehmet.
12
Capítulo siete: Amigos/compañeros.
13
Demián Mehmet.
14
Capítulo ocho: Esposos.
15
Capítulo nueve: Clases.
16
Capítulo diez: Trampas.
17
Demián Mehmet.
18
Capítulo once: Despertar.
19
Capítulo doce: Trueque.
20
Capítulo trece: Afrodisíacos.
21
Capítulo catorce: Rojo.
22
Demián Mehmet.
23
Capítulo quince: Emperatriz 2.0.
24
Capítulo dieciséis: Su Santidad.
25
Capítulo diecisiete: Encerrada.
26
Capítulo dieciocho: Hermano mayor.
27
Demián Mehmet.
28
Capítulo diecinueve: El número uno.
29
Demián Mehmet.
30
Capítulo veinte: Recuerdo.
31
T2. Capítulo veintiuno: Desconfianza.
32
T2. Capítulo veintidós: Miradas.
33
T2. Capítulo veintitrés: Plegarias.
34
T2. Capítulo veinticuatro: La Emperatriz.
35
T2. Capítulo veinticinco: Indigna.
36
T2. Capítulo veintiséis: Primera sesión.
37
T2. Capítulo veintisiete: Notar.
38
T2. Capítulo veintiocho: Castigos.
39
T2. Capítulo veintinueve: Tiranos.
40
T2. Capítulo treinta: Segunda sesión.
41
T2. Capítulo treinta y uno: Veredicto.
42
T2. Capítulo treinta y dos: Pecador.
43
T2. Capítulo treinta y tres: El número dos.
44
T2. Capítulo treinta y cuatro: La Reina Madre.
45
T2. Capítulo treinta y cinco: Ameno.
46
T2. Capítulo treinta y seis: Madre.
47
T2. Capítulo treinta y siete: Malas relaciones.
48
T2. Capítulo treinta y ocho: Respeto.
49
T2. Capítulo treinta y nueve: Mentira.
50
T2. Capítulo cuarenta: Tu lugar.
51
T2. Capítulo cuarenta y uno: Regresar.
52
T2. Capítulo cuarenta y dos: No la merecen.
53
T2. Capítulo cuarenta y tres: Pijamada.
54
T2. Capítulo cuarenta y cuatro: Suegra.
55
T2. Capítulo cuarenta y cinco: Similitudes.
56
T2. Capítulo cuarenta y seis: Cumpleaños.
57
T2. Capítulo cuarenta y siete: Regalo.
58
T2. Capítulo cuarenta y ocho: Decisiones.
59
T2. Capítulo cuarenta y nueve: Abandonar.
60
T2. Capítulo cincuenta: Propuesta.
61
T2. Capítulo cincuenta y uno: En una nueva vida.
62
T2. Capítulo cincuenta y dos: Soy el mejor.
63
T2. Capítulo cincuenta y tres (extra): Para siempre.
64
T3. Capítulo cincuenta y cuatro: Cruda.
65
T3. Capítulo cincuenta y cinco: Invitado.
66
T3. Capítulo cincuenta y seis: Padre Nuestro...
67
T3. Capítulo cincuenta y siete: Hora del té.
68
T3. Capítulo cincuenta y ocho: Guardería.
69
T3. Capítulo cincuenta y nueve: La Familia.
70
T3. Capítulo sesenta: Votos.
71
T3. Capítulo sesenta y uno: Dejar.
72
T3. Capítulo sesenta y dos: Terror.
73
T3. Capítulo sesenta y tres: Pagar.
74
T3. Capítulo sesenta y cuatro: No es suficiente.
75
T3. Capítulo sesenta y cinco: Pudran.
76
T3. Capítulo sesenta y seis: Debilidades.
77
T3. Capítulo sesenta y siete: Heridas.
78
T3. Capítulo sesenta y ocho: Abrazos.
79
T3. Capítulo sesenta y nueve: Asuntos.
80
T3. Capítulo setenta: Otra persona.
81
T3. Capítulo setenta y uno: Torturas.
82
T3. Capítulo setenta y dos: Buzón de quejas.
83
T3. Capítulo setenta y tres: El Papa.
84
T3. Capítulo setenta y cuatro: Caos.
85
T3. Capítulo setenta y cinco: Un poco de calma.
86
T3. Capítulo setenta y seis: Sorpresa.
87
T3. Capítulo setenta y siete: Markos.
88
T3. Capítulo setenta y ocho: Otra vez.
89
T3. Capítulo setenta y nueve: Amores. Parte uno.
90
T3. Capítulo ochenta: Distancia. Parte dos.
91
T3. Capítulo ochenta y uno: Un nuevo Emperador. Parte tres.
92
T3. Capítulo ochenta y dos: Te amo.
93
T3. Capítulo ochenta y tres: Adicto.
94
T3. Capítulo ochenta y cuatro: Espalda.
95
T3. Capítulo ochenta y cinco: Muero.
96
T3. Capítulo ochenta y seis: Inicio.
97
T3. Capítulo ochenta y siete: Diario.
98
T3. Capítulo ochenta y ocho (extra): Odio.
99
T3. Capítulo ochenta y nueve (extra): Cállate.
100
T4. Capitulo noventa: Todo.
101
T4. Capítulo noventa y uno: Conversaciones.
102
T4. Capítulo noventa y dos: Bastardo.
103
T4. Capítulo noventa y tres: Heredero.
104
T4. Capítulo noventa y cuatro: Demián.
105
T4. Capítulo noventa y cinco: Sueño.
106
T4. Capítulo noventa y seis: No es real.
107
T4. Capítulo noventa y siete: Volverá.
108
T4. Capítulo noventa y ocho: Confiar.
109
T4. Capítulo noventa y nueve: Traidor.
110
T4. Capítulo cien: Mátame.
111
T4. Capítulo ciento uno: Mío.
112
T4. Capítulo ciento dos: Memorias.
113
T4. Capítulo ciento tres: Risa.
114
T4. Capítulo ciento cuatro: Hipócritas.
115
T4. Capítulo ciento cinco: Alivio.
116
T4. Capítulo ciento seis: Una última vez.
117
T4. Capítulo ciento siete: Esperar.
118
T4. Capítulo ciento ocho: Culpa.
119
T4. Capítulo ciento nueve: Tonterías.
120
T4. Capítulo ciento diez: Tiempo.
121
T4. Capítulo ciento once: Cronómetro.
122
T4. Capítulo ciento doce: Regente.
123
T4. Capítulo ciento trece: Sacrificios.
124
T4. Capítulo ciento catorce: Por algo.
125
T4. Capítulo ciento quince: Cansado.
126
T4. Capítulo ciento dieciséis: La Nueva Emperatriz.
127
T4. Capítulo ciento diecisiete: Recuperar.
128
T4. Capítulo ciento dieciocho: Pánico.
129
T4. Capítulo ciento diecinueve: Muerta.
130
T4. Capítulo ciento veinte: Despedida.
131
T4. Capítulo ciento veintiuno: Desaparecer.
132
T4. Capítulo ciento veintidós: Gracias.
133
T4. Capítulo ciento veintitrés: Conocer.
134
Capítulo final.
135
Epílogo.
136
Nota de la autora.
137
Capítulo ciento veinticuatro (extra): Legal.
138
Capítulo ciento veinticinco (extra): Real.
139
Capítulo ciento veintiséis (extra): Cita en el museo.

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