¿Quién te entiende?
La clase del profesor Shocron estaba terminando. Todos habíamos avanzado mucho desde que empezamos.
Martín nos quería preparar para diciembre, ya que tenía varias funciones y nos quería incluir en alguna. Despidió a todos, pero me pidió que me quedara unos minutos más.
—¿Sabe que vamos a hacer la próxima clase? —me preguntó, pero no me dio tiempo de responder—. Elegiré los instrumentos que van a participar como solistas en la sinfónica. Más allá de la devoción que cada uno ponga, esto se trata del talento. Sé reconocer esa virtud en los músicos, nunca fallo. Es algo que herede mi abuelo —dijo orgulloso—. Pero es la primera vez que no sé qué hacer —dijo y se acercó a donde yo estaba.
Se sentó en una silla frente a mí, mirándome fijamente a los ojos. Se mantuvo en silencio por unos minutos. Era algo bastante incómodo.
—En su caso no se trata de tus habilidades sino de las ganas que le ponga. Hay muchos que quisieran estar en su lugar, no obstante no veo el esfuerzo —dijo poniéndose de pie y caminando en círculos alrededor mío como si fuera una presa a la que asechaba.
Me explicó que desde el primer día vio potencial en mí y que había clases en las que estaba seguro de que yo era la indicada, pero en otras tenía ganas de echarme. Al escucharlo decir eso quería irme, su manera de hablar me incomodaba cada vez más. Siempre era muy serio pese a su edad. Parecía regañarme como lo haría mi abuelo, me intimidaba al hacerlo. Según él yo dependía mucho de mis emociones para tocar y eso no era bueno. Necesitaba esforzarme al máximo si quería participar.
Después de eso solo se acercó a la puerta y la abrió para que me retirara. Al salir Máximo me esperaba en la puerta. Martín lo vio y no dijo nada. Máximo lo saludó, pero mi profesor decidió ignorarlo y volvió adentro.
—¿Qué le pasa a ese tipo? —preguntó Máximo.
—Nada. Está enojado conmigo. Quiere que practique más —dije preocupada por lo que habíamos hablado con Martín.
—Pero si tocas hermoso —dijo mientras que corría un mechón de pelo de mi cara acariciándola.
Francamente, me gustaba mucho cuando lo hacía. Sentir la piel de su mano sobre mi rostro me causaba una sensación extrañamente placentera en todo mi cuerpo.
—Gracias, pero parece que no lo suficiente —dije y con delicadeza aparte su mano de mi rostro, ya que estábamos en público.
—Cambia la cara. Hoy te voy a mostrar algo que te va a gustar —dijo y fuimos hasta un edificio antiguo, parecía abandonado.
Él abrió la puerta con una llave rara. Y al entrar vi un camino de pétalo de flores que llevaban a una manta que estaba en el suelo debajo de un agujero que atravesaba todas las plantas de la antigua casa donde se podía ver el cielo azul.
—Dijiste que te tenía que demostrar que clase de persona soy. Y me pareció romántico traerte a este lugar. Aquí nadie nos va a ver —dijo y nos sentamos en el suelo para merendar.
—Es increíblemente hermoso, pero ¿cómo? —pregunté admirando el sitio.
—A veces ayudo al papá de Lau con algunos planos, ya que cuando termine la secundaria quiero estudiar arquitectura. Y le pregunté si podía invitar a alguien antes de que lo demolieran y dijo que sí.
Me daba pena saber que demolerían ese parte, era surrealista.
Al terminar de hablar se acercó a mí para besarme. Tenía mucho miedo de estar a solas con él. Aunque el punto era muy romántico, aún no me sentía segura. Desde chica siempre escuché hablar de cómo mi madre había sido una tonta al quedar embarazada a los 15 años. En ese momento creí que yo podía aguantar y reprimir lo que fuera necesario para no tener que vivir lo que había sufrido ella. Pero Máximo me hacía sentir cosas que me provocaban, desear tenerlo cerca, querer que me tome la mano y acaricie mi rostro, aunque sabía que no debía.
Él acarició mi cabello, acercó su boca y me besó con dulzura. Pensé que mis labios iban a prenderse fuego cuando el calor de los suyos se transfirieron a los míos. Él rozó uno de mis pechos con su mano y quiso meter su lengua en mi boca, así que lo aparte.
—¡Máximo!–le dije incómoda, él no parecía entender—. No me gusta que trates de meter tu lengua en la boca o que me manosees —le repliqué y mis mejillas se pusieron coloradas.
Me preguntó por qué y entonces tuve que decirle que era el primer chico al que besaba y que aún no me sentía cómoda con esa clase de cosas. Se sorprendió muchísimo al saber que nunca había besado a nadie.
—¿Entonces nunca te tocaron los pechos? —preguntó mirando mi escote. Y casi grité un no, sintiéndome aterrada—. ¿Nunca nada con nadie? —preguntó casi preocupado.
—No. Ya te lo dije. Además, apenas tengo quince —dije intentando justificarme.
Aunque sabía que no iba a servir. Yo no había tenido tantas libertades como otros, gracias a mis abuelos.
—Perdón. Es que nunca salí con una chica que no hubiera hecho nada —dijo él acercándose a mi despacio.
Otra vez su calor se transfirió a mi cuerpo y bajé la guardia. Me besó, pero luego de unos minutos me di cuenta de que si seguíamos yo tampoco iba a poder contenerme, por lo que le pedí que se detuviera, pero no me quiso escuchar.
—Te dije que basta —le dije molesta y me puse de pie.
—¿Ana por qué te enojas tanto? Solo son besos.
Su cometario me hizo sentir una tonta. Para él solo eran besos, pero para mí eran parte de la sensación más hermosa que había tenido en toda mi vida.
—¿Solo besos? ¿Entonces por eso debo dejar que me toques y me hagas lo que quieras? —le dije muy enojada.
No parecía importarle como me sentía. Eso me entristecía, sin embargo, a la vez me daba rabia.
—Si no pruebas no vas a poder acostumbrarte —dijo él rozando mi cuerpo con su mano.
Él no podía darse cuenta de que esto para mí era muy difícil. Me enojé y le pedí que me lleve a mi casa. Que él tuviera 19 años y yo 15 no nos ayudaba. Yo aún no quería probar muchas de las cosas a las que él estaba acostumbrado con las chicas con las que había salido.
Él incluso ya había tenido relaciones sexuales, por lo que estábamos a años luz de distancia. Yo no pretendía perder mi virginidad tan joven, mucho menos para complacerlo a él.
Al llegar a casa llamé a Mía, era a la única a la que le podía contar y la única que sabía que estaba con Máximo. Ella me atendió y me desahogué contándole todo lo que me había pasado, luego hice una pausa para escucharla.
Autora: Osaku
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Updated 269 Episodes
Comments
Clara E.
Pobre Ana, entre ese profesor de música histérico y Max que viene acelerado se complica todo el panorama... Aunque para Max también se le debe hacer difícil comprender algo que nunca le pasó
2022-10-03
5
Clara E.
Si es el indicado va saber esperar.
2022-07-26
4
Margarita Leguizamon
muy bien hecho tiene que esperar que ella este segura
2022-07-24
2