Mi pesar
Por momentos desearía tener una mamá para que me ayudara con esto. A veces sueño que ella y yo caminamos juntas en las nubes. La veo reír y aunque me habla no reconozco su voz. Tan bella como en las fotos que mis abuelos me muestran de vez en cuando. Con su cabello lacio y esos ojos grandes. Su sonrisa es lo primero que veo. Aunque quisiera creer que son un recuerdo, sé que no es así.
Me duele el pecho y mi rostro se llena de lágrimas cuando me doy cuenta de que estoy sola en el mundo. Ni mi papá me quiso, mis abuelos nunca me dijeron su nombre. Y él jamás apareció en estos catorce años. Cosa que implica que mi mamá o yo no significamos nada para él.
Me metí en el baño y apenas abrí la ducha, comencé a llorar desconsoladamente. Me sentía inservible. A veces pensaba en que hubiera sido mejor si yo no nacía. Por lo menos mi mamá estaría viva. Probablemente, sería excelente en lo que eligiera hacer.
Todos siempre dicen cosas buenas de ella. Era muy inteligente, la mejor estudiante. Estaba rodeada de amigos, los cuales me siguen consintiendo como si ella estuviera viva. Una de ellas es la mamá de Mía.
Yo siempre quise ser como mi mamá, más sociable y tener amigos aparte de Mía y Miguel. A veces quisiera que me resultara más sencillo soltarme y sentirme conforme conmigo misma. Sé que hay personas que no tienen mis oportunidades. Niños que sufren muchas atrocidades en este mundo tan cruel. Y yo siempre me la paso quejándome por no tener padre, pero, aun así, me duele mucho sentir que no pertenezco a ningún lugar. El día que no tenga a mi abuelo no sé qué voy a hacer, él es mi sostén, mi apoyo y mi cable a tierra.
Mi abuela siempre trata de mantenerme ocupada para no necesitar molestarse en tener que prestarme atención. Muchas veces quiso meterme en un colegio pupilo para no tener que renegar conmigo. Y sé, que cuando cumpla 18 seguramente me va a pedir que me vaya. Sé, que aparenta quererme, pero veo en sus ojos el odio que siente por mí. Parte de la culpa de haber perdido a su hija cae sobre mí. A veces hasta nos ve parecidas y creo que eso la enoja más aún. Mi abuelo no parece percatarse de ese tipo de cosas y prefiero que sea así. No quiero causar discusiones innecesarias entre ellos.
Después de pensar todo tipo de estupideces salí de la ducha. Me fui a mi dormitorio y me puse un pijama. Lo que pasó con Máximo me dejó un poco débil emocionalmente. Tendría que aprender a dejar de hacerme ilusiones con cosas que nunca van a pasar. Concentrarme en ser quien me propuse que sería y hacer más amigos.
Al día siguiente me desperté y escuché la voz de mi Tía Malú. Salí corriendo y fui a la cocina donde la vi hablando con mi abuelo.
—Hola, Malú —dije emocionada y abracé. Yo le decía Malú, ella era la mejor de las hermanas de mi mamá y nos llevábamos solamente diez años.
—Te traje algunas cosas —dijo y me mostró una gran bolsa de papel.
—Vamos a mi dormitorio —dije yo y le agarré la mano.
—¿Por qué no miran aquí las cosas que trajiste? —reclamó mi abuelo.
Mi tía sacó un brasier de la bolsa y le preguntó si le parecía bien que me lo mostrara delante de él. Mi abuelo nos sacó a las dos de la cocina. Se había puesto colorado.
—Basta, basta. No puedo con cosas de chicas —dijo enojado.
Mi tía y yo nos reíamos, mientras subimos las escaleras. Al entrar a mi dormitorio, Malú vacío la bolsa sobre mi cama. Estaba llena de ropa interior en bolsas y cajas.
—Estas son cosas que nunca usé. Te van a quedar lindas —dijo y me mostró un corpiño rojo de encaje. Le pregunté por qué tenía tantos conjuntos—. Son regalos de chicos que querían que me pusiera esto, pero muchos le calcularon mal el talle y los guardé para cuando te salieran bubis —dijo midiéndome uno.
Le mostré que yo no tenía con qué llenarlos y ella me dijo que cuando menos lo esperara me iban a quedar bien.
—¿Ya tienes algún novio? —me preguntó tratando de parecer discreta, pero sin lograr su cometido.
—No tía, los chicos no se fijan en mí —dije y levanté una cosa rosa —. ¿Y estás que son? —pregunté curiosa. Parecían unas colitas del pelo.
—Son tangas. Cuando tengas novio vas a ver cómo lo enloquece verte con esa cosita —dijo, pero yo no entendía dónde iban, hasta que me di cuenta de que se suponía que eran bragas diminutas.
Yo nunca me voy a poner eso, pensé espantada. Además, no tapaban nada. Guardé todo en la bolsa y le di gracias a mi tía por molestarse en traérmelo. Le conté que me gustaba Máximo y que tenía novia. Al final no pude evitar desahogarme con ella. Después de la cena me dijo que tenía otra sorpresa para mí por mi cumpleaños.
—Sé que fue hace dos meses, pero peleamos mucho con sus abuelos, tus tías y yo para que tengas esto. Así que cuídalo —dijo y me dio una cajita.
Al abrir la bolsa vi un estuche y dentro de él había un celular. No lo podía creer, por fin tendría un celular. La abracé y les di las gracias a mis abuelos también. Era por lejos el mejor regalo.
Salí corriendo a mi dormitorio para leer el manual y ponerlo a cargar para poder empezar a usarlo. De repente escuché un ruido, parecía una alarma, entonces me di cuenta de que era el teléfono celular por lo que atendí.
—Hola —dije sorprendida. Escuché la voz de Mía. Me saludó y me preguntó cómo me sentía —. ¡Sabías y no me dijiste! —grité emocionada.
—Sí. Tu tía Malú me preguntó qué te gustaría para tu cumple, yo sabía que querías desesperadamente un celular. ¿Te gustó? —me preguntó y le dije que me había encantado. Nos quedamos hablando un buen rato.
Autora: Osaku
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
que triste que la abuela no la quiera 😔
2024-09-10
1
Linilda Tibisay Aguilera Romero
todo lo que a pasado pero su abuela en vez de darle mas cariño fue el ángel que su hija les dejo antes de partir fisicamete
2023-11-15
3
Anonymous
Pobre chica sin un celular hasta los 15 años pero no ir bueno que ya lo tiene
2023-10-09
1