Una canción en mí
Al salir de la escuela fui a la dirección que mi abuela me había dado para empezar con las clases de violín. Yo no era considerada una persona que se orientará con facilidad, por lo que se me hizo tarde. Llegué al fin, toqué timbre y espere. Era una casa antigua con puertas altas y muy elegantes. Un hombre joven abrió la puerta, era alto y delgado con rulos en el cabello, se veía muy sofisticado, vestía formal, saco e incluso corbata.
—Hola, estoy buscando al profesor Shocron —dije sin saber qué esperar—. Era probable que tuviera mal la dirección o que me hubiera equivocado.
—Buenas tardes. La estábamos esperando, señorita Martínez —dijo y me invitó a pasar marcándome con el brazo a donde debía dirigirme.
Me sorprendí al ver que me conocía ¿No sabríamos visto en algún concierto? Entré y me encontré con un salón enorme. En él había una majestuosa araña en el techo y un piano en el centro de la habitación. Al adentrarme a ese elegante salón vi a tres chicos y una chica que estaban sentados con sus instrumentos listos para tocar.
—Bien. No me gusta repetir las cosas. Pero esta vez haré una excepción, ya que su compañera viene del colegio —dijo y me miró de los pies a la cabeza—. Me presento, soy Martín Shocron, su profesor. Sé bien que les puedo parecerles joven, por el hecho de que tengo 25 años, pero soy profesor de música en la mejor escuela del país y toco instrumentos desde que tengo dos años. La señorita Martínez va a compartir la clase con ustedes y como pueden ver trae un violín. Su abuela me dijo que toca desde hace años, por lo que debería estar a la altura del grupo. Espero que podamos trabajar adecuadamente. Señorita Martínez, preséntese mientras realiza una interpretación —dijo y todos se quedaron mirándome.
Yo estaba catatónica, ¿a dónde me había mandado mi abuela? Encima había dicho que yo toco el violín desde hace años. Lo cual no era del todo cierto, ya que hacía mucho tiempo que no lo había siquiera tenido en cuenta. Tenía que estar a la altura de un grupo que parecía demasiado profesional para mi gusto y para mis capacidades. En apariencia todos se veían muy profesionales pese a sus edades.
Para mi pesar, tarde o temprano se iban a dar cuenta de que yo era un desastre, así que hice lo que me pidió. Inhalé profundo y solté la mochila, tomé una colita para atarme el cabello, saqué el violín del estuche y me paré frente a ellos. Tenía miedo, en realidad creo que estaba aterrada, me sudaban las manos y mi mente estaba en blanco. Miré al señor Shocron, y como no me dijo que partitura tocar empecé con Pequeña serenata.
—No, no, no —dijo el profesor que parecía haberse molestado—. Va a hablar de usted, que sea una interpretación que nos permita conocerla. A Mozart ya lo conocemos y no nos dice nada de usted señorita Martínez —dijo con ironía—.
Me sonrojé de la vergüenza. ¿Qué era lo que quería este hombre? Traté de pensar rápido y se me vino a la mente la canción de Reik Sabes, pero estaba muy de moda y seguramente no le iba a bastar. Todos me miraban y yo no sabía qué hacer. Así que cerré los ojos y respiré hondo. En ese momento recordé una canción que mi tía cantaba cuando yo era chica. La toqué con el violín recordando parte de mi infancia. Mi tía había vivido en casa de mis abuelos hasta que terminó la facultad hacía tan solo unos dos años. Esta canción me recordó a ella y a los tiempos en los que estábamos juntas como dos hermanas. Al terminar abrí los ojos y bajé el violín.
—Mi nombre es Ana, tengo catorce años, mi cumpleaños es el quince de mayo y la canción que acabo de tocar es de Jim Croce —Martín me aplaudió y se puso a reír. Todavía no sé si me asustaba más verlo enojado o riendo.
—Esto es lo que buscaba, que se animen a más. Mi clase no es para que se sientan cómodos. A pesar de eso van a aprender lo que necesitan para ser los mejores. Ahora cuéntenos cómo sabe esa canción —dijo y me invitó a sentarme a su lado.
—A mi tía le gusta Arjona y tiene una versión de esta melodía con otra letra. Ella la cantaba seguido cuando yo practicaba en casa y me quedó en la cabeza —Después de mi incómoda explicación todos rieron y la clase se relajó un poco. Bueno, todos menos el profesor.
Cuando la clase terminó uno de los chicos, Rodrigo, me invitó a ir con ellos a tomar algo. Debía llegar rápido a casa, por lo que no pude aceptar. Odiaba hacer eso, pero mis abuelos eran muy estrictos.
Esa noche al dormir soñé con mi mamá. Se acercaba el aniversario de su muerte y de mi cumpleaños, mayo no era un buen mes para mí. Mis sueños se volvían oscuros y las pesadillas me atormentaban. Al otro día al verme en el espejo me di cuenta de que había llorado dormida. Siempre me pasaba cuando soñaba con mamá.
Me lavé la cara y bajé a desayunar tratando de ocultar mi malestar. De todas formas, debía ir a la escuela. Traté de distraerme escuchando música en mi mp3 mientras iba en el colectivo. No quería pensar en nada ni en nadie. Empezaba a calmarme cuando alguien me tocó la mano y me sorprendí al ver que era el chico de ojos grises.
Me decía algo, pero yo no podía escucharlo porque aún tenía los auriculares puestos.
—¿Perdón? —pregunté mientras me quitaba un auricular del oído para poder entenderle.
—Digo que te sientes —dijo y se levantó cediéndome el asiento—. No vaya a ser cosa de que te vuelvas a caer arriba mío.
Después de decir eso me sonrió y yo me quedé petrificada. Su sonrisa era hermosa, al igual que él. Parecía no incomodarle mi cara de tonta. Mi corazón se había transformado en el de un colibrí de lo rápido que latía. Me senté y él sacó algo de su mochila.
Autora: Osaku
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Comments
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
Una pregunta Osuko sos Argentina? porque usas muchas palabras de mí País
2024-11-27
1
Estrella Guadalupe Martinez Vera
jajajaja que penita con el de los ojos grises 😅
2024-09-10
1
Patty
Que bien que el profesor los anime
2023-09-13
3