Un altercado más
Había discutido con el tonto de Matías y después de enterarme de que estaba de mal humor en el día en que su madre había fallecido me sentí terrible por haber sido necia. Por lo que las dejé ultimando detalles y fui a buscarlo. Él estaba en la entrada con papeles en la mano hablando con uno de los chicos del grupo. Cuando quedó solo me acerqué, me puse en puntas de pie y le toqué el hombro.
—Perdón, si te molesté. Ya terminamos. ¿Necesitas que ayude en algo más? —le pregunté amablemente.
Él se quedó mirándome. Buscando la causa de mi cambio de comportamiento. Me preguntó si María me había contado lo de su madre y tuve que decirle que sí. Me aclaró que no necesitaba de mi lástima.
—Nunca te tendría lástima. Nos merecemos mejores cosas que la lástima de otros, ¿no lo crees? —le pregunté sonriendo con mi mejor cara.
Él me miraba, no sé si con sorpresa y molestia. Para cambiar de tema le pregunté si necesitaba algo más. Me dio una lista y me pidió que fuera a comprar esas cosas. Volví y él seguía en la entrada, yo apenas podía caminar con las bolsas, ya que eran muy pesadas. Cruce la calle y pise el cordón de la vereda por lo que casi me caigo. Me vio y se acercó.
—¿Fuiste sola? —preguntó enojado y agarró una de las bolsas.
—¿No me viste que fui yo sola? —le dije con incredulidad —. No pensé que iba a ser tan pesado —dije tratando de llevar la otra bolsa.
—No sé para qué te ofreciste, sino que podías —me dijo enojado y aunque tenía ganas de patearle las piernas, me contuve y solamente respire. El día del aniversario de la muerte de mi mamá yo también era insoportable.
En la reunión se hicieron juegos. Así que me acerqué a Ezequiel para preguntarle con quién iba a estar yo, me dijo que mi pareja iba a ser Matías. Qué horror, el insoportable y yo en el mismo grupo. Si bien las chicas se morían por él, ya que sí era muy lindo, yo prefería mantenerme lejos. Su carácter y su egocentrismo me molestaban mucho. La noche terminó sin contratiempos y me alegré al saber que ya no tendría que verle.
Cuando estábamos esperando el colectivo para volver a casa con mi abuela, Matías y su hermano se nos acercaron en un auto y nos ofrecieron llevarnos. Mi abuela aceptó y no me quedó otra opción que subir. Me puse los auriculares, no tenía ganas de seguir escuchando a mi abuela. El hermano de Matías tenía un celular así que iba concentrado en un jueguitos.
Al llegar a casa mi abuela los invitó a entrar y yo puse los ojos en blanco. Matías y su hermano aceptaron y mi abuela les dio tarta de frutillas. Mi tarta de frutillas, la que yo había hecho para compartir con mi abuelo. Eso me hizo enojar, así que me fui a mi dormitorio a tocar el violín para no pensar. Quería tener a ese tal Matías lo más lejos posible de mí.
Para mi suerte, comenzaron las clases después de las vacaciones de invierno. Por lo menos en la escuela podía ver de lejos a Máximo. Le hice caso y empecé a hablar con Benja de vídeos juegos. Me explicaba todo, era un experto en ese tema. Casi asustaba cuanta información podía memorizar alguien sobre videojuegos. Como si su cerebro fuera una computadora. A mí me gustaba mucho jugar por lo que seguía sus consejos.
El viernes, la profesora de formación ética y ciudadana nos pidió hacer un trabajo para presentar en grupo. Mía y yo nos pusimos juntas y le pedí que me dejara invitar a Benja, ella aceptó gustosa. Él no quería ir a la biblioteca a hacer el trabajo, por lo que tuvimos que ir a su casa. En el colectivo venían con nosotros la pechugona y Maxí. Los cuales se la pasaban besándose.
—Lo va a asfixiar con esos besos —dijo Mía susurrando y nos reímos.
—Eso es imposible a menos que le tape la nariz y…–intentó decir Benja.
Yo no lo deje continuar hablando y le expliqué qué Mía había dicho eso en forma de chiste. La condición de Benja hacía que no entendiera la mayoría de los chistes. Su manera de pensar siempre era con mucha lógica. Algunas veces le costaban algunos problemas que nos daban en matemática y yo siempre lo ayudaba, al igual que cuando yo no recordaba algo en otra materia él hacia lo mismo por mí.
Al llegar a la casa de Benja su madre nos recibió y casi se puso a llorar. Máximo la abrazó y se la llevó de la cocina. Mía y yo no entendíamos qué le pasaba.
—Mi mamá se pone a llorar porque está feliz porque tengo amigas. Es una estupidez llorar cuando uno está feliz —dijo Benja.
—Las mujeres somos así —le dije y lo abracé sabiendo que a él no le gustaba.
—Sí. Molestas —dijo Benja y con Mía nos reímos las dos, era muy dulce cuando se enojaba.
Mía nos pidió que nos apuráramos a hacer el trabajo, ya que tenía poco tiempo. Cuando íbamos por la mitad el celular de Mía sonó, su papá ya estaba en la puerta. Así que guardó sus cosas y nos saludó a los dos. La acompañamos hasta la puerta. Desde la entrada de la casa de Benja saludé a Miguel que estaba en el auto con su padre.
—Ahora que estamos nosotros dos solos, vamos a mi habitación —dijo Benja sin mostrar emoción en su rostro o en su voz.
—¡Benja! Si lo decís así parece una proposición indecorosa —dije y me reí mientras juntaba las cosas. Él me dijo que no le gustaban las chicas como yo—. Lo sé. Era únicamente un chiste. Igual que tengo de malo. —dije prepotentemente, pero jugando.
—Por empezar el logo de la remera blanca que tienes debajo de la camisa de la escuela está mal hecho, sus colores están invertidos. Eso me molesta mucho por lo que nunca saldría con alguien que no se da cuenta de esas cosas.
—Bueno, daté vuelta —le dije y me desabroché la camisa de la escuela.
—¿Qué estás haciendo? —me preguntó serio. Benja no reflejaba demasiadas emociones, nunca.
—Voy a dar vuelta la remera para que no veas el logo —dije y me saqué la camisa. Me dijo que mis pechos eran pequeños y yo me tiré arriba de él. A diferencia de otros chicos, Benja siempre decía lo que pensaba sin filtros.
—¿Así que no te gustan? —pregunté riendo mientras lo abrazaba.
Él odiaba que lo tocarán, pero tenía que hacerlo pagar por decirme eso. Él intentó sacarme de encima y sin querer tocó uno de mis pechos. En ese momento la puerta del dormitorio se abrió y Máximo que estaba ahí parado con tres jugos nos vio. La escena parecía sospechosamente algo que no era, ya que nosotros no estábamos haciendo nada. Máximo salió sin decir nada y yo me levanté.
Autora: Osaku
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Comments
Estrella Guadalupe Martinez Vera
jajajaja pues que tiene el se besuquea con la pechugona y nadie dice nada 🤣🤣🤣
2024-09-10
1
Scarleth Montano
😬😬😬🤭🤭🤭🤭bueno Max..t estás lentiando¡¡¡¡ jajajaja....sigue con la pechugona jajajaja...aunk es una escena comprometedora no sabes k es un juego y seguro sentirás celos¡¡¡😁😁
2023-12-07
2
Maria Torres
😄😄🤪
2023-11-21
1