Me decidí
Laura me llamó y hablamos unos minutos sobre cómo se sentía. Cuando colgué me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas de Máximo. Y antes de que pudiera hacer nada me volvió a llamar.
—Hola —dije yo.
—¿Por qué no me atiendes el teléfono? Casi me voy hasta tu casa. ¿Qué decisión tomaste? —me preguntó preocupado.
—Disculpa, anoche me quede dormida y ahora, cuando estaba por escribirte, me acordé que no había hablado
con Lau para ver cómo seguía después de lo que pasó ayer —dije yo con voz dulce y serena. Sabiendo que me había equivocado al apagar el teléfono celular la noche anterior.
—Entonces me vas a decir…–dijo y se cortó la llamada porque me quedé sin batería.
Lo puse a cargar y cuando lo pude prender, escuché el timbre. Mis abuelos estaban en la iglesia, por lo que yo estaba sola. Pero preferí llamar a Maxí antes de atender. Si no iba a pensar que lo estaba haciendo a propósito.
—Hola —dije yo
—Hola —dijo él con la voz apagada. Y volví a escuchar el timbre.
—Están tocando el timbre y recién se me apagó el celular porque se quedó sin batería. ¿Quieres que después de atender la puerta te llamé al fijo? —le pregunté y la comunicación se volvió a cortar.
Parecía apropósito. Bajé rápido las escaleras para despachar enseguida a quien estuviera en la puerta y entonces me sorprendí al ver a Máximo.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté intranquila.
—Los teléfonos se complotaron en nuestra contra, por lo que vine personalmente a escuchar tu respuesta —dijo agitado, aunque parecía preocupado.
—Maxí, perdón —dije y él pareció… No sé cómo explicar. Su rostro palideció—. ¿Estás bien? Estás pálido —dije
y le pedí que pase a la cocina, lo hice sentarse y le di un vaso de agua. Cuando vi que recuperaba el color, lo abracé—. Me preocupé mucho —dije y él me abrazó más fuerte.
—Nunca tuve que esperar una declaración de amor más de dos minutos. Y contigo llevo esperando una semana y media. Sácame de esta tortura por favor —dijo mientras que tomaba mi rostro en sus manos.
—Quiero que salgamos —dije y él me besó con ternura—. Pero no quiero que le contemos a nadie todavía. No quiero que piensen que…
—Nadie va a pensar nada —dijo interrumpiéndome y volvió a besarme.
—Maxí pueden venir mis abuelos. No creo que esté bien que nos besemos. Además, hay algo que tengo que contarte que puede que haga que no quieras estar conmigo —dije, pero él no me escuchó.
Llevaba una gran sonrisa en su pálido rostro. En ese momento vinieron mis abuelos y nos vieron sentados en la cocina. Mi abuelo no parecía contento al saber que yo estaba sola con Máximo, aunque solo nos habíamos dado un par de besos que ni siquiera habían visto. Máximo intentó pararse para pedir disculpas, pero se cayó al suelo.
—Abuelo, ayúdalo por favor. Vino mal, estaba pálido cuando tocó la puerta y le di agua, sin embargo…–dije llorando.
Mi abuela llamó a la ambulancia y yo llamé a Lau para que les avise a los padres de Máximo. Los de emergencia lo evaluaron, tenía la presión baja. Mis abuelos estaban con su mamá hablando con los médicos, al parecer no era grave. Su madre se lo llevó a casa y otra vez no pudimos hablar.
—¿Quieres ir a su casa? —preguntó mi abuelo al verme preocupada.
—¿Puedo? —pregunté sabiendo que aún me esperaba un castigo por dejarlo entrar cuando él no estaba.
Mi abuelo no dijo nada, caminó hasta el auto y se subió esperando por mí. Me llevó a la casa de Máximo y me dijo que debía volver antes de que oscureciera. Cuando toqué el timbre, la madre de Máximo me atendió.
—Disculpe que venga a molestar, pero quería saber cómo está Máximo. Su mamá me dio un abrazo, lo cual me sorprendió bastante.
—Qué bueno que viniste porque no deja de nombrarte —dijo y me dejó entrar a su casa.
Ella me marcó donde se encontraba su dormitorio. A diferencia de lo que harían mis abuelos, no vino conmigo hasta el cuarto y ni siquiera pidió que dejara la puerta abierta.
—¿Cómo estás? —le pregunté al verlo en la cama acostada.
—Ahora que estás aquí, bien —dijo y me pidió que me acercara.
Le pregunté que le había pasado y me dijo que hacía casi dos semanas que no dormía bien. En ningún momento me había mencionado su falta de sueño.
—Puede tener que ver con un ángel que vi ayer —dijo y trató de besarme, pero lo separé con delicadeza.
Según él no dormía bien desde que me dijo que yo le gustaba y anoche ya había perdido el sueño por completo. Yo reprobé el descuido a su salud, pero no pude evitar acariciarlo. Me dijo que yo provocaba cosas en él que ninguna chica antes había logrado y me besó la mano que estaba sobre su cara.
—No quiero parecer insistente, pero hoy no me sentía bien. Así que quiero que me digas si escuche bien. ¿Vas a ser mi novia? —dijo mientras disfrutaba de mi mano en su cara.
—Escuchaste bien —dije sonriendo.
—Eso me hace muy feliz —dijo completamente agotado.
Después de unos minutos se durmió. Me quedé con él hasta que se hizo de noche y volví a mi casa. Al entrar mi abuelo me preguntó si Máximo estaba mejor y yo le dije que sí. Luego subí a mi dormitorio y al prender el teléfono celular vi que tenía un mensaje reciente y lo abrí.
{Acabo de despertar y mi madre dice que recién te fuiste. Me faltas tú para poder dormir tranquilo, ¿Te das cuenta?}Máximo 19:45 horas
Yo le pedí que descansara. Al otro día, cuando yo saliera de mi clase de violín, íbamos a hablar de ese tema. Ahora solo debía tratar de dormir, pero él quería que siguiéramos hablando por teléfono.
Me llamó y me contó que durante el tiempo que no estaba durmiendo bien, estuvo haciendo algunos trabajos para un curso que quería empezar en la facultad como una pasantía. Mientras me lo contaba su voz parecía más alegre.
Además, me pidió disculpas por no pedirme permiso, pero ya le había contado a su madre que estaba de novio conmigo. Le había dicho que por ahora era un secreto y no quería que me tratara diferente o me molestara con preguntas. Me enojé un poco, pero no quise discutir. Le pedí que tratara de que no se sepa, que por lo menos Lau y los chicos no se enteraran todavía.
Él quería saber cuándo iba yo a contárselo a mis abuelos y por un momento titubee. Salir con un chico casi cinco años más grande que yo no era algo fácil de explicar, sobre todo a mis abuelos. Me pidió que no esperara mucho para que ellos no se enojaran. Así que le dije que iba a intentar decirlo apenas saliera el tema de conversación
pero que no iba a forzar la charla. Mi respuesta pereció bastarle. Y después de unos minutos se quedó dormido mientras que hablábamos, así que corté el teléfono. Fue muy tierno como intentaba mantenerse despierto, aunque se forzaba demasiado para mi gusto.
Autora: Osaku
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Comments
Ala Mendoza 🖤
Dios mio!!!! El amor es una enfermedad peligrosa, muy peligrosa, inhibe tus sentidos y te convence de que eres valiente llevándote a hacer cosas que jamás imaginaste, eso está mal muy mal casi que debería de ser ilegal jajaja
2023-04-16
5
Clara E.
No va a ser fácil, pero veremos como resuelven las diferencias que vayan surgiendo.
2022-10-02
3