Sombras en el Horizonte

Aquí estoy, a punto de ser tan imprudente como es mi costumbre. No fue fácil llegar hasta este punto; una noche de insomnio y sueños turbios me atormentaron, como si un oscuro presagio intentara detenerme. Pero ya es tarde para arrepentimientos. Es hora de dejar atrás la trama que otros han tejido para mí. No quiero enemistarme con las personas equivocadas, mucho menos ahora que mis negocios finalmente están despegando.

El desayuno transcurría en un tenso silencio cuando hice un leve ruido con la cuchara, buscando la atención de Lady Ross. Ella alzó la vista con esa mirada fría que podría congelar el mismísimo fuego.

—Lady Ross, soy una persona directa, así que iré al grano —dije, mientras Jack se acercaba con una carpeta cuidadosamente preparada. Su presencia, como siempre, me daba una seguridad que nunca admitiría en voz alta—. He considerado cortar todos los lazos con esta familia, desaparecer y no volver.

Ella mantuvo la compostura, ni un parpadeo.

—Sin embargo, por todo lo que usted ha hecho por mí, creo que lo justo es devolverle el favor —añadí, abriendo la carpeta sobre la mesa.

Esperaba una tormenta de preguntas, una inquisición que desnudara mis intenciones, pero Lady Ross apenas hojeó los documentos. Con una elegancia casi insultante, firmó sin dudar.

—Me parece bien —dijo, entregándome los papeles como si fueran un mero trámite más—. Haré los arreglos necesarios para que esta noche tengamos una reunión con la junta directiva.

La rapidez de su respuesta me dejó desconcertado. ¿Realmente entendía lo que estaba firmando? ¿O esto formaba parte de un juego más grande que yo aún no lograba ver? Me limité a agradecer con un gesto y continuamos desayunando en un silencio aún más pesado.

Más tarde, ya fuera de su residencia, el aire frío me golpeó como un recordatorio de que no podía confiarme. Decidí que trabajar desde casa sería lo más prudente, pero la verdad era que necesitaba algo más que números y estrategias para aclarar mi mente.

—Prepárame el auto, Jack —ordené con firmeza.

El destino: la casa de Lara.

Al llegar, Roger me recibió con su sonrisa de siempre, esa que parecía sugerir que sabía algo que yo no. Dentro, encontré a Lara recostada en el sofá, hojeando una revista con aire distraído.

—Mira esto —dijo, extendiéndome la página que leía.

Era un artículo sobre mí, con titulares absurdos que hablaban de "mujeres tras mis pasos" y de mi "inexplicable soltería".

—¿De verdad leen estas cosas? —murmuré, con una mezcla de incredulidad y fastidio.

—Al menos no mencionaron a esa persona —respondió ella con una sonrisa burlona—. Ya sabes, ese con quien casi te casas.

No pude evitar reír. Lara siempre tenía el don de convertir cualquier conversación en una oportunidad para molestarme, pero esta vez su comentario dejó un eco en mi mente. Había demasiados cabos sueltos en mi pasado, demasiadas decisiones tomadas a medias.

—Cambiando de tema, vine a hablar de algo importante —dije, sacando otra carpeta de mi bolso—. Vamos a irnos de viaje por unos meses. Aquí tienes varias opciones de destino. Tú eliges.

Lara alzó una ceja, sorprendida.

—¿Y qué pasa con tu "familia"?

—No te preocupes. Estoy cerrando algunos asuntos antes de partir, pero necesito que me acompañes a una última reunión.

Ella aceptó, aunque su mirada decía que tenía más preguntas de las que estaba dispuesta a expresar en ese momento.

La tarde transcurrió tranquila, pero un pequeño incidente me dejó inquieto. Un nuevo cocinero, un tal Hansen, llegó a la casa con unas galletas "de cortesía". Todo en su actitud parecía normal, pero algo en su mirada me incomodó. Era como si midiera cada uno de mis movimientos.

—¿Estás paranoico? —preguntó Lara, al notar mi expresión.

—Quizá —admití, sin querer compartir mis sospechas.

Cuando llegó la noche y con ella la reunión, me aseguré de estar impecable. Lara, como siempre, lucía como si perteneciera a una portada de revista. Al entrar al salón, las miradas se posaron en nosotros como si fuéramos la atracción principal del evento.

Lady Ross se puso de pie con esa imponente presencia que podía llenar cualquier habitación.

—Es un honor presentarles a mi hijo adoptivo, Ansel Winston.

Las palabras golpearon como un trueno. Sabía que tenía un plan, pero no esperaba que usara mi ausencia como una oportunidad para fortalecer su posición. Decidí no contradecirla en público; esto no era una batalla que pudiera librar aquí.

—Mi querido Ansel estará ausente por un tiempo, pero confío en que regresará con nuevas ideas para fortalecer nuestra empresa —continuó, dejando claro que había decidido aprovecharse de mi decisión.

Un empleado, demasiado confiado, se atrevió a preguntar:

—Joven amo, ¿esta hermosa señorita es su novia?

Lara y yo intercambiamos una mirada, y supe que estaba a punto de hacer un comentario mordaz. Me adelanté.

—Esta bella dama es mi hermana —dije con firmeza, lanzándole una mirada que dejó claro que no debía cruzar esa línea.

Tras despedirme de todos con la cortesía que requería la ocasión, llevé a Lara de vuelta a casa. Durante el trayecto, ella no desaprovechó la oportunidad de burlarse de mi actitud protectora.

—"Mi hermana", dijiste con tanta solemnidad que casi me lo creo —comentó, imitando mi tono y soltando una risa ligera—. Deberías considerarlo: serías un excelente actor de teatro.

—Si crees que fue solemne, deberías haber visto las caras de esos tipos. No sabía si estaban confundidos o arrepentidos de abrir la boca —respondí, intentando ocultar mi sonrisa.

Aunque su risa llenaba el espacio del auto, mi mente estaba atrapada en los eventos de la reunión. Lady Ross. Siempre moviendo piezas en un tablero que yo apenas lograba descifrar. Sus palabras seguían resonando en mi cabeza, y su presentación como “su hijo adoptivo” tenía más implicaciones de las que había querido mostrar en público.

Esa noche, al regresar a mi habitación, me serví un vaso de leche para intentar calmar mis pensamientos. Sentado junto a la ventana, observando las luces de la ciudad, una mezcla de alivio y expectación me recorrió. Había dado un paso importante, pero sabía que lo que estaba por venir requeriría aún más astucia. Este viaje no solo sería una pausa; sería mi oportunidad para replantear mi camino y descubrir cómo jugar el juego que Lady Ross parecía dominar con tanta facilidad.

Y así comenzó nuestra aventura.

Cada destino parecía desbloquear no solo paisajes nuevos, sino también fragmentos olvidados de nosotros mismos. En la costa italiana, desde una villa frente al mar, el amanecer teñía el cielo de tonos dorados, y el sonido de las olas era el único testigo de nuestras conversaciones sinceras.

—¿Sabes? —dijo Lara, con una sonrisa traviesa mientras jugaba con el borde de su taza de café—. Creo que nunca he sido tan feliz como lo soy ahora.

Su confesión me tomó por sorpresa. Lara, con su usual sarcasmo y dureza, no era alguien que admitiera fácilmente algo así.

—Yo también —dije, después de un momento de silencio, dejando que la sinceridad se filtrara en mis palabras—. Este viaje… era justo lo que necesitábamos.

Pero mientras el horizonte se pintaba de luz, yo sabía que no podía perderme por completo en esa calma. Había un peso que no me permitía respirar del todo. Aunque Lara parecía radiante, como si este viaje la hubiera liberado de sus propios fantasmas, yo no podía ignorar las sombras que aún me seguían.

Esa noche, en el balcón de la villa, mientras Lara dormía, mi teléfono vibró sobre la mesa. Un mensaje. De Lady Ross.

"Espero que el viaje esté siendo revelador, querido Ansel. Recuerda que cada paso hacia adelante también deja una huella atrás. No olvides a quién debes tu lugar en este mundo. Nos veremos pronto."

La leí varias veces, buscando entre líneas, como siempre lo hacía con sus palabras. ¿Advertencia? ¿Control? Era imposible saberlo con ella.

Me apoyé en la barandilla, mirando al mar. Este viaje no sería solo una aventura de autodescubrimiento. Sería una pausa antes de la tormenta. Al regresar, sabía que las batallas no serían las mismas. Pero esta vez, estaba decidido a enfrentarlas con una fuerza que no sabía que tenía.

El amanecer del día siguiente fue diferente. Ya no era solo un espectáculo más en el viaje, sino un recordatorio de que, sin importar cuán hermosos fueran los destinos, mi verdadero desafío estaba esperándome al final del camino. Y aunque aún no sabía cómo terminaría esta historia, una cosa era segura: no pensaba rendirme.

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la loca fuyoshi

la loca fuyoshi

bien hecho 👍

2024-08-05

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