¿Por qué mi madre de mi anterior vida estaba frente a mis ojos? No podía comprenderlo. Las memorias de Ansel decían que su madre había muerto en un accidente, pero esa mujer que tenía frente a mí... algo en su rostro me resultaba inconfundible, como si todo el dolor y las preguntas que había guardado en mí desde mi otra vida volvieran a la superficie.
Lady Ross me observaba con una dulzura que me hizo sentir incómodo, como si estuviera jugando un papel que no entendía.
—Ansel, querido, acércate —dijo con voz suave, pero que resonaba en mis oídos como una orden disfrazada de amabilidad.
Como si fuera el niño más obediente, me acerqué, sintiendo que no podía hacer nada más.
—Déjame presentarte a mi asistente, Maribel Hans —añadió, señalando a la mujer que se levantaba con gracia para saludar.
No sabía qué decir. El nudo en mi garganta me dificultaba respirar. Solo pude esbozar una sonrisa, pero no duró mucho. Mis lágrimas comenzaron a brotar, incontrolables, mientras mi mente intentaba entender por qué esa mujer, que tan increíblemente se parecía a mi madre, estaba allí.
—¿Querido, qué sucede? —preguntó Lady Ross, su tono ahora lleno de preocupación—. Ven, siéntate.
Me hizo un ademán hacia Maribel, quien me cedió su asiento con una sonrisa que no parecía genuina. Lady Ross me ofreció un poco de té, que acepté con gratitud, buscando algo que pudiera calmar mi mente y mi alma, aunque sabía que nada lo haría.
No me había percatado, pero su hijo, Dick, se encontraba en una esquina del comedor, tan inmóvil como una sombra, tomando su taza. Su mirada no se despegaba de mí, pero estaba tan tranquilo que casi no noté su presencia, o tal vez prefería no hacerlo.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Lady Ross, sentándose junto a mí mientras me observaba con atención—. Tal vez... ¿te sigue disgustando la presencia de mi hijo? —dijo con un tono casi imperceptible de reproche, mirando de reojo a Dick.
Negué rotundamente. Ni siquiera había notado su presencia, pero no sabía cómo justificar mis lágrimas. No podía decirle la verdad, que estaba tan confundido por la aparición de Maribel que me resultaba casi imposible concentrarme.
—No es así. Tal vez siga muy sensible por los medicamentos —dije, poniendo la taza de té sobre la mesa con las manos temblorosas—. Disculpen las molestias.
Le pedí a Jack que repartiera un presente. La caja con el pastel tradicional de lavanda que mi pastelero me había preparado me pareció la única manera de mantener el control sobre la situación, aunque en el fondo sabía que no me podía escapar de mis emociones.
—Esto es un pastel tradicional de lavanda hecho por el repostero de la pastelería de mis padres —dije, cortando un poco para cada uno—. Es la receta que mi madre me preparaba de pequeño.
Le pedí a Jack repartir las porciones, agradecido por algo tan familiar. La sonrisa de Dick me desconcertó, pero su comentario me hizo sentir incómodo.
—Qué lástima —dijo, sosteniendo su tenedor con curiosidad—. Pensaba que era hecho por ti —añadió con una mirada burlona, disfrutando de la incomodidad que acababa de causar.
—¡DICK! —gritó su madre en reproche—. Querido, no lo tomes mal. A veces puede ser un poco brusco, pero lo que quiere decir es que le gustaría algo hecho por ti —dijo, lanzándole una mirada fulminante a su hijo.
—No se preocupe, Lady Ross. Yo sé que no lo decía con malas intenciones —respondí, forzando una sonrisa—. Lamento decepcionarlo, pero lastimosamente soy un desastre en la cocina —dije mientras cortaba un poco de pastel con un tenedor—. Pero si lo quieres tanto, puedo aprender si tanto lo pides.
No esperaba que aceptara, pero la idea de ver el sufrimiento de Dick ante un desastre culinario me resultaba... entretenida.
—Eso sería una gran idea —dijo, con entusiasmo, como si hubiera encontrado un nuevo proyecto—. Podrías empezar con un poco de té.
Dicho esto, Lady Ross ordenó que trajeran todo lo necesario para hacer té. Mi sonrisa se desvaneció mientras aceptaba su invitación, aunque tenía algo preparado que podría resultar aún más desagradable para su hijo. Elegí el té más aromático, pero omití la parte de la flor dulce y, en su lugar, puse algunas hojas medicinales muy amargas.
—Toma, cariño —dije con una sonrisa forzada, ocultando mi disgusto—. Lo hice con mucho amor.
Vi cómo, al acercar la taza a su rostro, hizo un gesto de total desagrado. No tardó en entender que no estaba destinado a disfrutarlo.
—¿Es de tu agrado? —pregunté, fingiendo preocupación, mientras observaba cómo casi tiraba la taza de un solo sorbo—. Traté de hacer una fusión para la salud, pero si no te gusta, puedo hacerlo de nuevo.
—No es necesario, está muy delicioso —respondió, forzando una sonrisa—. Pienso... que te estás esforzando demasiado, así que no te preocupes por mí —dijo, dejando media bebida sobre la mesa, con un gesto que claramente decía lo contrario.
—Tienes razón, hijo —dijo Lady Ross, mirando a su hijo con una expresión de aprobación—. Creo que en vez de darte una fusión a ti, debemos cuidar mejor a Ansel.
Dicho esto, Lady Ross ordenó que me dieran una caja de té.
—Maribel, enséñales a las sirvientas cómo preparar “eso”.
Después de dar la orden a su asistente, Lady Ross salió por un largo tiempo que parecía que no iba a volver. La comida transcurrió sin más contratiempos, salvo las peleas entre madre e hijo por asuntos de la empresa. Yo seguía sonriendo, aunque mi cara me dolía de tanto esfuerzo.
Hasta que llegó el postre.
Maribel apareció en la puerta con una bandeja, en la que descansaba algo humeante.
—Oh, ya estás aquí —dijo Lady Ross, haciéndole un ademán para que se acercara—. Ansel querido, desde ahora en adelante debes tomar esta fusión cuatro veces al día —ordenó, mientras Maribel servía la bebida.
No pude negarme. Acepté la taza sin mostrar un gesto, aunque por dentro me sentía más atrapado que nunca.
—Desde hoy tendrás una doncella especial que te preparará esto todos los días —añadió, como si fuera la solución a todo.
Al final del día, regresé a mi habitación, revisando documentos de mis negocios. No sabía por qué, pero Ansel tenía mucho dinero. No entendía por qué nunca se divorció de Dick, si el dinero nunca fue un problema para él.
Recibí un correo de mi pastelero sobre unas nuevas propuestas que quería discutir conmigo. Le respondí que estaría allí mañana temprano.
—Jack, mañana saldremos temprano, cerca de las cinco de la mañana —dije, cerrando la laptop—. Tengo asuntos que atender en mis negocios.
Él asintió sin decir una palabra. Salió y regresó poco después con mi última fusión del día. Me miraba, esperando que aceptara la taza.
—Está bien, puedes traerlo —dije, con un poco de disgusto—. Recuerda tener las cosas listas antes de las cinco de la mañana.
Al día siguiente, me desperté antes del amanecer, preparado para enfrentar el día. Jack ya estaba listo y me esperaba en el vestíbulo con el coche preparado. Salimos sin hacer ruido, dejando la mansión sumida en el silencio.
El camino hacia la pastelería era tranquilo. Jack mantenía su postura estoica, mientras yo aprovechaba el tiempo para revisar algunos documentos y planificar la reunión con el pastelero.
Al llegar, el dueño de la pastelería, un hombre amable y bondadoso, me recibió con una sonrisa. Me condujo a su oficina, donde tenía preparadas varias muestras de nuevos postres.
—Ansel, es un placer verte de nuevo —dijo, ofreciéndome un asiento—. Tengo algunas ideas que creo que te encantarán.
La reunión fue productiva. Probé diversos pasteles y discutimos posibles colaboraciones. Antes de darme cuenta, ya era mediodía.
—Muchas gracias por tu tiempo y las delicias, como siempre —dije, estrechándole la mano—. Estoy seguro de que estas nuevas creaciones serán un éxito.
Jack y yo nos despedimos y regresamos a la mansión, donde nos encontramos con Lady Ross y Maribel en la entrada. Sus miradas inquisitivas me hicieron sentir que algo esperaba de mí.
—¿Cómo fue tu reunión, Ansel? —preguntó Lady Ross con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Muy bien, gracias. Hemos discutido nuevas ideas que serán beneficiosas —respondí, con un tono neutral.
Maribel se acercó con una bandeja de más té, pero esta vez no quise probarlo. Tenía una sensación extraña, como si todo a mi alrededor estuviera a punto de colapsar.
Y de repente, como un destello en la oscuridad, algo cambió.
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Updated 31 Episodes
Comments
Kristal Llanos
actualizado ✨
2025-01-16
0
Mary (Lupis❤️🌹)
cómo se te ocurre tomar la infusión... es muy sospechoso que tengas a tomarla todos los días y cuatro veces al día
2024-08-19
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