El sonido del crash fue lo último que escuché antes de caer. Los gritos eran débiles, como si vinieran de muy lejos. Aunque veía a alguien gritándome, sus palabras llegaban como susurros. En la ambulancia, seguía sin poder entender nada claramente. Apenas podía sentir algo.
—Cariño, quédate conmigo, todo estará bien —decía alguien con voz desesperada. Aunque mi visión era borrosa, pude distinguir miedo y ansiedad en sus ojos.
Intenté enfocar mis ojos. La silueta frente a mí era una mezcla de miedo y angustia. Sus labios temblaban, y sus manos buscaban las mías con torpeza. Quise responder, pero mi cuerpo no obedecía.
El tiempo pareció quebrarse en mil fragmentos, y la oscuridad me arrastró con ella.
Cuando volví a abrir los ojos, no era el hospital lo que me rodeaba. Estaba junto a un río, sus aguas tranquilas reflejaban un cielo sin nubes. Me incorporé con dificultad, solo para congelarme al ver a alguien más... a mí mismo. Mi antiguo cuerpo me observaba desde el otro lado del río.
—No... esto no es posible —susurré, retrocediendo un paso.
La figura —mi yo anterior— me miraba con una mezcla de lástima y resignación. Su voz, mi voz, atravesó el aire como un cuchillo.
—Lo siento. No podía quedarme con todo ese dolor —dijo, su tono cargado de una tristeza que me resultaba insoportablemente familiar.
Mi cuerpo temblaba, incapaz de procesar lo que estaba viendo.
—¿Qué...? ¿Qué eres tú? —exigí, aunque apenas pude articular las palabras.
Ella —o yo— avanzó un paso, y la calidez de sus ojos contrastaba con la dureza de sus palabras.
—Soy tú. Fui tú. Y estoy aquí para decirte algo que necesitas escuchar.
Me quedé en silencio, sin saber si debía correr o escuchar.
—Estás en coma —continuó—. Esto es una transición, un espacio entre lo que eras y lo que puedes ser. Pero, antes de que regreses, necesito que entiendas algo.
—¿Qué cosa? —pregunté, aunque mi voz sonaba débil incluso para mí.
Ella se acercó y me tomó las manos, su tacto extraño, familiar y ajeno al mismo tiempo.
—No sigas destruyéndote. Tienes una oportunidad para hacerlo diferente, para vivir de verdad. No la desperdicies.
Sus palabras me atravesaron como un rayo. Quise responder, pero lo único que salió de mí fue un susurro:
—Lo intentaré.
Ella sonrió, una sonrisa que era todo menos feliz, y se desvaneció como el humo.
Cuando volví a abrir los ojos, el dolor en mi cuerpo me devolvió a la realidad. Estaba en una cama de hospital. La luz tenue revelaba a la señora Ross, dormida a mi lado, sosteniendo mi mano con fuerza. Intenté mover los dedos, y su rostro se iluminó al instante.
—¿Querido? ¡Por amor de Dios, despertaste! Espera, voy a buscar un médico —dijo, llena de emociones.
El alivio en su voz me provocó una punzada de culpa. No quería esto, pensé. Solo quería que el dolor terminara.
Maldita sea, pensé. Tendré que recordarlo la próxima vez que tome té de ruda o algo así para evitar este dolor. Solo quería sacar al bebé, no romperme todos los huesos. En cuestión de minutos, la señora Ross regresó con el médico.
El doctor me examinó y explicó que, aunque había despertado, la condición del feto era complicada. Según él, tenía todo el derecho de interrumpir el embarazo, pero la señora Ross protestó.
—Tu cuerpo está estable, pero hay complicaciones con el embarazo. Necesitamos saber si deseas continuar o no.
Antes de que pudiera responder, la señora Ross interrumpió con una furia que no había visto antes.
—¡No! No puede decidir nada en este estado. Ambos están vivos, ¿verdad? Entonces no hay nada que discutir.
—Con todo respeto, señora, no es su decisión —respondió el médico con firmeza.
La tensión en la habitación era sofocante. Quise intervenir, pero el agotamiento me mantenía atrapado en la cama.
—Por favor... basta —susurré, aunque apenas pude oírme a mí mismo.
Me hizo preguntas sobre el “accidente” y mencionó que mi situación era agotadora. Intenté responder lo mejor que pude. Después de una breve explicación, me dijo que me relajara.
Estaba exhausto, pero incluso mientras dormía, escuché una voz. Cuando alguien tomó mi mano, sentí un calor que no había sentido en mucho tiempo. Caí en un sueño profundo.
En mis sueños, me encontraba en un lugar oscuro y frío. Estaba solo, con nada más que el sonido del viento susurrando a mi alrededor. De repente, vi una figura familiar acercándose. Era mi yo anterior, el mismo que había visto junto al río.
—¿Crees que esto es un juego? —dijo con voz grave—. No puedes seguir jugando con tu vida y la de los demás.
—No estoy jugando —respondí, tratando de mantener la calma—. Estoy tratando de sobrevivir.
La figura se acercó más, sus ojos llenos de reproche y tristeza.
—Sobrevivir no es suficiente. Tienes que vivir, y para eso necesitas enfrentarte a tus miedos y aceptar la realidad.
Desperté de golpe, mi cuerpo empapado en sudor. La habitación del hospital estaba en silencio, excepto por el suave pitido de las máquinas. Sentí un peso sobre mi pecho y miré hacia abajo. Era la mano de la señora Ross, que estaba sentada a mi lado, dormida.
Intenté moverme, pero el dolor era demasiado intenso. Cerré los ojos y traté de concentrarme en respirar, dejando que la calma me envolviera. Necesitaba descansar y recuperar fuerzas para lo que vendría.
De repente, la puerta se abrió de golpe. Un hombre entró, su rostro deformado por la ira.
—¡Levántate! —gritó, cruzando la habitación en dos zancadas.
Intentó sacudirme, pero el dolor en mi cuerpo hizo que soltara un gemido ahogado.
—¿Sabes lo que hiciste? —espetó, acercando su rostro al mío—. ¡Mi Leonora va a ser trasladada a prisión por tu culpa! ¡Tienes que hablar y decir que es inocente!
Su aliento era una mezcla de furia y desesperación. Intenté alejarme, pero estaba atrapado.
—¿De qué diablos hablas? —murmuré, mi voz apenas audible.
—¡No te hagas el tonto! —gritó, tirando de mis brazos con tanta fuerza que un espasmo de dolor recorrió mi cuerpo.
—¡Basta! —La voz de la señora Ross resonó como un trueno. Se lanzó hacia él, empujándolo lejos de mí—. ¡No te atrevas a tocarlo!
El hombre se tambaleó, pero no se detuvo.
—¡Esto no ha terminado! —rugió antes de salir de la habitación, dejando tras de sí un silencio pesado.
Mis fuerzas se desvanecieron, y el mundo se volvió borroso una vez más.
Cuando desperté, la habitación estaba más tranquila. La señora Ross estaba junto a mí, su expresión llena de preocupación. Pero ahora había alguien más. Una mujer mayor con un rostro severo y ojos oscuros que parecían ver a través de mí.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, su voz suave pero imponente.
—He tenido mejores días —murmuré, intentando sonreír.
La mujer inclinó la cabeza ligeramente, estudiándome como si fuera un libro abierto.
—Tienes que ser fuerte —dijo finalmente—. Lo que viene no será fácil. Pero no estás solo.
La señora Ross apretó mi mano con fuerza, y algo en su mirada me hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que tal vez... solo tal vez, podía enfrentar lo que venía.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 31 Episodes
Comments
Mary (Lupis❤️🌹)
y el bebé??
2024-08-13
0
Johana Cordova
ojalá no quede con ese patán. me cae de las patadas.
2024-08-01
2