El Eco del Pasado

Habían pasado ya varios días, y seguía internado en el hospital. Ya no sabía si era por mi situación o simplemente porque querían retenerme aquí.

El silencio en la habitación solo era interrumpido por el pitido rítmico de las máquinas que monitorizaban mi estado. La luz fluorescente bañaba el espacio con un brillo frío, haciéndome sentir más expuesto de lo que ya estaba. Jack, mi guardaespaldas, había salido hace un rato, dándome un respiro.

Aproveché la soledad para intentar procesar lo ocurrido, pero mi mente se resistía a organizar los pensamientos dispersos.

La puerta se abrió suavemente, sacándome de mis reflexiones. Al alzar la vista, vi entrar a Dick. Su expresión era seria, aunque trataba de suavizarla con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Llevaba un ramo de flores, que colocó en la pequeña mesa junto a mi cama antes de sentarse a mi lado.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, su tono casi un murmullo.

—He estado peor —respondí, con un intento de ligereza que no engañó a nadie.

Dick asintió, sus ojos escaneando la habitación como si buscara algo en qué concentrarse. La tensión entre ambos era palpable, y el silencio que siguió solo lo hizo más evidente.

Finalmente, rompió el mutismo. —Ansel... he estado pensando en lo que hablamos antes.

Mi cuerpo se tensó al instante. Sabía hacia dónde se dirigía esta conversación, y no estaba listo para enfrentarla.

—Dick... —intenté detenerlo, pero él levantó una mano para interrumpirme.

—Déjame terminar, por favor. No quiero presionarte, y sé que este no es el mejor lugar ni el mejor momento, pero no puedo seguir guardándomelo.

Su voz adquirió una determinación que me puso aún más nervioso.

—Ansel, quiero que reconsideres lo que te propuse. Quiero que pienses en nosotros, en lo que podríamos ser.

Sentí un nudo en el pecho. Mi mirada se deslizó hacia mis manos, buscando en ellas una respuesta que no llegaba.

—Es mucho lo que estás pidiendo —murmuré, evitando su mirada.

Dick suspiró y tomó mi mano con una suavidad que me sorprendió.

—Lo sé. Pero no puedo rendirme contigo. No después de todo lo que hemos pasado.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe, y Lady Ross entró con su acostumbrada elegancia, seguida de una estela de perfume caro.

—¡Oh, querido! —exclamó, ignorando por completo la tensión en la habitación. Sin pedir permiso, se acercó y tomó mi mano libre—. Espero no interrumpir, pero no podía quedarme sin venir a verte.

Su tono almibarado me puso aún más a la defensiva.

—Lady Ross… —murmuré, intentando mantener la compostura.

Ella giró hacia Dick, dedicándole una sonrisa orgullosa. —Mi hijo me ha contado sobre su propuesta. Es un paso tan valiente y maduro de su parte, ¿no crees, Ansel?

El comentario me golpeó como una bofetada. La forma en que trivializaba todo lo que había ocurrido, como si nuestras vidas fueran piezas de un tablero que ella podía mover a su antojo, me revolvía el estómago.

—¿Es eso lo que piensas, Dick? —pregunté, mi voz más firme de lo que esperaba.

Dick parecía atrapado entre la mirada de su madre y la mía. No dijo nada, pero su silencio hablaba por él.

Lady Ross, al percibir la tensión, apretó mi mano con fingida ternura. —Querido, sé que esto puede parecer repentino, pero ambos sabemos que es lo mejor para todos. Ya es hora de dejar el pasado atrás y construir algo hermoso juntos.

—¿Hermoso? —repetí, soltando una risa amarga. Aparté mi mano de la suya y me enderecé en la cama, ignorando el dolor que esto me provocaba—. ¿Dejar el pasado atrás? Qué conveniente, considerando que hasta hace unos días intentabas destruirme.

Mi mirada se dirigió a Dick, aquel hombre que, desde el momento en que lo conocí, solo me había traído dolor y humillación.

Lady Ross fingió un gesto de sorpresa, pero no logró ocultar la frialdad en sus ojos.

—Eso fue un malentendido, querido. Todo lo que he hecho ha sido por el bien de mi hijo.

—¿Por el bien de tu hijo o por el tuyo? —repliqué, mirándola

directamente

.

Dick, incómodo, finalmente intervino. —Ansel, no quiero que esto sea un conflicto. Lo único que quiero es que consideres lo que te pedí.

Mi mirada pasó de Lady Ross a Dick, y sentí una mezcla de ira y frustración que no podía contener.

—¿Considerar qué, exactamente? ¿Un futuro construido sobre una mentira? —respondí, mi tono cortante.

Dick bajó la mirada, mientras Lady Ross soltaba un suspiro exagerado.

—Creo que necesitas tiempo para pensarlo —dijo ella, levantándose con teatralidad. Antes de salir, se inclinó hacia mí y susurró—: Espero que tomes la decisión correcta, Ansel.

Cuando la puerta se cerró tras ellos, dejándome finalmente solo, el silencio volvió a llenarlo todo. Pero esta vez no fue un alivio. Las palabras de Dick y Lady Ross resonaban en mi mente como un eco interminable.

—Ya puedes salir —dije en voz baja.

Leonora emergió de las sombras, sus ojos brillando con una mezcla de rabia y dolor. Sabía que era ella; desde hace un rato tenía esa sensación inquietante de estar siendo observado.

No tengo idea de cómo logró escabullirse en mi habitación sin que nadie la notara.

—¿Así que esto es lo que decides? —preguntó, su voz apenas un susurro, cargada de emociones reprimidas—. ¿Vas a dejar que esa mujer y su hijo sigan jugando contigo como si fueras un objeto?

—Leonora…

—¡No! —me interrumpió Leonora, con un grito que resonó como una sentencia. Dio un paso decidido hacia mí, y sus ojos, oscuros y llenos de furia contenida, parecían atravesarme.

—No me importa lo que pienses de mí, ¡no me importa! —continuó, su voz quebrándose por un momento antes de recuperar su fuerza, cargada de rabia—. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo te destruyen.

Se inclinó un poco, acercándose más de lo necesario, lo suficiente para que solo yo pudiera escuchar sus siguientes palabras.

—Yo debería estar donde tú estás, Ansel —susurró, con una sonrisa amarga que no llegó a sus ojos—. Yo habría sido mejor. Yo habría cuidado lo que tú tiraste por la borda. Pero no te preocupes, voy a tomar tu lugar. Tarde o temprano, todo será mío… como siempre debió ser.

Retrocedió, como si no hubiera dicho nada, y continuó en voz alta, su tono lleno de una desesperación tan convincente que parecía real:

—¿Crees que ganaste? ¡No ganaste nada! Te espera un infierno, Ansel, un infierno del que no podrás escapar. Y ¿sabes qué? Yo quiero ese infierno. Porque soy tu única salvación, te guste o no.

—No entiendes… —intenté explicarle, pero ella me cortó con una risa amarga.

Aquí tienes el diálogo con más énfasis emocional y dramático:

—¿Entender? —su voz se alzó, cargada de frustración—. ¿Qué debo entender, Ansel? ¿Que él te propuso matrimonio sin siquiera mirarte a los ojos? ¿Que lo hace solo para complacer a su madre?

Mi cabeza daba vueltas, y la sensación de caos se apoderó de mí. Dios, ahora sí estaba enloqueciendo. Esta mujer...

Sus palabras eran como dagas. No quería admitir que tenía razón, pero sabía que lo que decía era cierto.

—Basta, Leonora. —Mi tono era más firme esta vez, intentando mantener el control—. Esto no es algo que puedas resolver.

Ella me miró como si quisiera decir algo más, pero al escuchar pasos acercándose, retrocedió hacia la ventana. Antes de que pudiera detenerla, ya había desaparecido en la noche.

Cuando Dick y Lady Ross regresaron, fingí estar dormido, pero mi mente estaba lejos de encontrar descanso. Leonora había plantado una semilla de duda que no podía ignorar. Y aunque detestaba admitirlo, parte de mí sabía que tendría que enfrentar la verdad tarde o temprano.

Días después…

No volví a ver a Leonora, pero Jack, mi guardaespaldas, me informó que ella se había marchado tras un enfrentamiento con Lady Ross. Según sus informantes, se había ido de viaje para "reflexionar". ¿Voluntariamente? Lo dudaba.

—¿La buscarás, señor? —preguntó Jack mientras me servía té.

—¿Qué opinas tú? —respondí, intentando sonar despreocupado.

—No sé. Parecía que había algo entre ustedes.

Reí con amargura.

—Dime, Jack, ¿buscarías a alguien que intentó destruirte?

Él no respondió de inmediato, pero su mirada decía suficiente.

—Lo entiendo, señor. Solo quería saber su opinión.

Asentí y cambié de tema, pero la conversación dejó un sabor amargo en mi boca. Sabía que Leonora no era inocente, pero tampoco lo era yo.

Esa noche, mientras intentaba dormir, recordé el destello de emoción en los ojos de Leonora cuando escuchó la propuesta de Dick. Tal vez nunca podría perdonarla, pero tampoco podía ignorar el papel que ella seguía jugando en esta historia.

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Comments

Kristal Llanos

Kristal Llanos

actualizado✨

2025-01-15

0

Mary (Lupis❤️🌹)

Mary (Lupis❤️🌹)

pero no sé supone que la suegra si lo quería

2024-08-19

0

Johana Cordova

Johana Cordova

seguiré leyendo. a ver.

2024-08-01

1

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