El Retorno al Caos

La habitación estaba fría, como siempre que Dick estaba presente. Ansel se encontraba de pie, mirando por la ventana, tratando de encontrar las palabras adecuadas para enfrentar otra conversación que sabía terminaría mal. Dick, sentado en el sofá, revisaba su teléfono con una expresión aburrida.

—Tenemos que hablar —dijo Ansel al fin, rompiendo el incómodo silencio.

Dick levantó la mirada lentamente, como si siquiera escucharle fuera un esfuerzo.

—¿Ahora qué? —preguntó, con un suspiro exasperado—. ¿Es otro de tus "momentos sensibles"?

Ansel ignoró el tono y se giró hacia él.

—No sé cuánto más pueda soportar esta situación, Dick. Tú… tú actúas como si yo no existiera. Como si todo lo que hago estuviera mal.

Dick soltó una risa seca, cargada de desprecio.

—¿Y qué esperabas? Que te tratara como a una princesa de cuento de hadas porque tú lo deseas, ¿verdad? Eres un estorbo, Ansel. Nada más. Y, sinceramente, cada día me pregunto por qué sigo cargando contigo.

Las palabras golpearon a Ansel como un muro de ladrillos, pero decidió no ceder.

—Si realmente me ves así, entonces ¿por qué sigues aquí? ¿Por qué simplemente no te vas?

Dick se levantó lentamente del sofá, dejando su teléfono a un lado. Su presencia parecía llenar la habitación con una tensión insoportable.

—¿Y dejarte libre para que sigas aprovechándote de mí? —preguntó, acercándose con pasos medidos—. No. Tú necesitas que te pongan límites. Es lo único que puede mantenerte en línea.

Ansel retrocedió un paso, sintiendo el peso de su mirada fría, como si Dick estuviera evaluando qué tan lejos podía llegar.

—No estoy aprovechándome de nadie —respondió, tratando de mantener la calma, aunque su voz temblaba ligeramente—. Yo nunca pedí nada de esto.

—¿Ah, no? —replicó Dick, su voz goteando sarcasmo—. Entonces, ¿qué haces aquí? Todo lo que tienes ahora es gracias a mí. Sin mí, no eres nada.

Ansel apretó los dientes, luchando por mantener la compostura. Sabía que todo lo que Dick decía era mentira. Las propiedades que tenía, esa mansión donde vivía su amante, incluso la nueva villa en la costa que le había dado a Leonora a cambio de su apoyo, todo era suyo, todo le pertenecía a Ansel. Pero en su mente, Dick siempre insistía en que nada de eso tenía valor sin su aprobación.

—¡No necesito nada de ti! Lo único que quiero es que me dejes en paz —gritó finalmente, dejando que su rabia lo dominara.

La risa de Dick fue más oscura esta vez.

—¿Dejarte en paz? No me hagas reír. Eres un problema constante. Y los problemas, Ansel, se resuelven.

Antes de que Ansel pudiera reaccionar, Dick avanzó rápidamente hacia él y, sin previo aviso, lo empujó con fuerza. El impulso fue tan violento que Ansel perdió el equilibrio y cayó de espaldas contra la mesa cercana. El borde de la mesa le golpeó el abdomen con brutalidad, haciéndole perder el aliento y provocando un dolor punzante que lo dejó momentáneamente paralizado. La sensación de náuseas lo invadió de inmediato.

—¡Dick, basta! —gritó una voz desde la entrada. La señora Ross había llegado justo a tiempo para presenciar el ataque.

Dick apenas le dedicó una mirada antes de retroceder un paso, ajustándose los puños de la camisa como si nada hubiera pasado.

—Solo le estoy enseñando su lugar —dijo con frialdad, antes de girarse hacia la puerta—. Ya me cansé de esto. Haz lo que quieras con él.

La señora Ross corrió hacia Ansel, arrodillándose a su lado mientras Dick salía de la habitación sin mirar atrás.

—Ansel, querido, ¿estás bien? —preguntó ella, su voz llena de preocupación.

Pero Ansel no pudo responder. El dolor era insoportable, y todo a su alrededor se volvió borroso. No pudo hacer nada más que dejarse llevar por la oscuridad.

—¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —pensé, aunque las palabras no alcanzaron a salir de mi boca.

Mi yo anterior dio un paso adelante, con el rostro plagado de preocupación.

—¿Bienvenido...? ¿Cómo es posible esto? Dios, dime que no te dieron un golpe fatal.

Su tono me arrancó una carcajada inesperada. Era irónico y desconcertante verme desde esta perspectiva, como si hubiera cambiado de canal en mi propia existencia.

—Tranquilo, no es lo que piensas. Bueno, sí, me dieron un golpe fatal... pero aún estoy aquí, ¿no? —Intenté suavizar el ambiente con una sonrisa, mientras le explicaba a grandes rasgos lo ocurrido en las últimas horas.

Sus ojos se llenaron de tristeza.

—Lo siento, no sabía... Ella hizo esto, ¿verdad?

—No importa —lo interrumpí antes de que los recuerdos incómodos nos alcanzaran—. Mejor dime, ¿cómo se siente estar en mi cuerpo? Lo sé, suena raro, pero tenía que preguntarlo.

Me miró como si hubiera dicho algo escandaloso, pero luego suspiró y respondió con una calma inesperada.

—Es... diferente. No pensé que sería tan complejo. Pero, debo admitirlo, eres una mujer muy hermosa.

La sinceridad en sus palabras me tomó por sorpresa, y no pude evitar reírme otra vez.

—Vaya, gracias. No sé si eso es un cumplido o un intento de romper el hielo, pero lo aprecio.

Caminamos juntos sobre una superficie que parecía agua, aunque no nos mojaba. Nos sentamos donde la luz era más brillante, como si aquel extraño lugar nos invitara a reflexionar.

—Creo que no tomará mucho tiempo responder a tu pregunta. Ya no depende de mí, sino de la lesión física —dijo con calma—. Sobre el cuerpo, honestamente, nunca pensé en tener uno tan diferente. Eres una mujer muy hermosa, diferente a todas las que he visto jamás.

No sabía si se refería a que mi antigua figura era atrevida o diferente para su gusto. Quizás ambas.

—No tomará mucho tiempo que te adaptes a mi cuerpo. Al final, ya no depende de mí, sino de cuánto aguante físicamente —murmuró.

—¿Y qué harás cuando despiertes? —pregunté, intrigado.

—No lo sé. Tu vida parece un caos, pero también emocionante. Creo que intentaré ser útil, aunque no tengo idea de por dónde empezar.

—Haz lo que quieras. No estás obligado a seguir mis pasos, pero por favor, cuida de mi familia. Ellos significan mucho para mí.

Me miró sorprendida, sabiendo que mis palabras podían ser hirientes, y se corrigió.

—Creo que dije algo inapropiado —dijo nerviosa—. Quiero decir, nunca te he visto en mi vida, pero eres muy hermosa.

Traté de no reírme.

— lo siento. Eres tan dulce cuando haces eso. No te preocupes, puedes decir lo que quieras.

—Mi antiguo cuerpo sería un escándalo en este mundo, así que tenías razón. Mi cuerpo era diferente —dije, dándole un abrazo tranquilizador.

—¿En serio? ¿No te ofendí? Es que tengo la costumbre de decir lo que quiero sin pensar en los demás —dijo jugando con las manos.

—No te preocupes, ahora eres un ser humano en un cuerpo. Tú decides qué hacer. Además, tengo que irme.

—Hablando de cambio, ¿crees que podría conseguir un trabajo si no sé mucho de tu mundo? No sé qué hacer —dijo preocupada.

—¿Te preocupa el dinero? —dije, sorprendido de que no tuviera ya un trabajo—. ¿Qué puedes hacer?

—Estoy un poco preocupada. Sé un poco de administración, lavar ropa y cocinar —dijo apresuradamente.

—No creo que tengas problemas adaptándote, pero si no quieres estudiar, puedes ir a la empresa de mis padres. Si no quieres, simplemente no lo hagas —dije con las manos arriba—. Además, no creo que mi familia te dejara trabajar por tu cuenta.

—Aunque lo digas, sería prudente hacer algo útil —dijo, mirándome seriamente. Quise bromear.

—¿Cuál es tu profesión? ¿Abogado? ¿Emprendedor? Sea lo que sea, lo haré igual que tú antes de morir —dijo con tanta pasión que me dolió el corazón.

—No quiero que vivas así. Tal vez puedas vivir como una chica rica y relajada, algo que yo nunca podré hacer —dije, pensando en mi vida, siempre en búsqueda de la perfección.

Un silencio lleno de entendimiento nos envolvió, hasta que sus manos comenzaron a brillar. Supe que era el momento de despedirnos.

—¿Es tiempo? —preguntó con un dejo de miedo en su voz.

—Lo es. Prometo que estarás bien. Vive tu vida, hazla tuya.

Un destello cegador nos separó, y cuando volví a abrir los ojos, me encontraba de nuevo en el frío hospital.

Regreso a la Realidad

Desperté muy a mi pesar El dolor seguía ahí, pero algo en mi interior había cambiado. Estaba decidido a seguir adelante, a pesar de las dificultades.

—Estás despierto —susurró la señora Ross, su sonrisa cansada iluminando la penumbra.

—Lo estoy. Gracias por quedarte conmigo.

—Siempre, querido. Recuerda que no estás solo.

Sus palabras me llenaron de esperanza. Había sobrevivido a lo impensable, y aunque mi vida estaba patas arriba, sabía que tenía una nueva oportunidad para reconstruirla.

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Comments

Mary (Lupis❤️🌹)

Mary (Lupis❤️🌹)

ok me gusta. pero en los primeros capítulos era fuerte y decisivo porque de repente se hizo lo contrario?

2024-08-14

0

Mưa bong bóng

Mưa bong bóng

Tu cap ha sido un escape perfecto para mí, gracias. ¡Actualiza pronto! 🥺

2024-07-28

1

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