Solo escuché el estruendo de la puerta cerrándose de golpe. Cuando alcé la vista, ese hombre frío ya no estaba en la habitación. El vacío que dejó tras su partida era asfixiante. Me levanté como pude, sintiéndome asqueado. Mi mente estaba nublada, incapaz de organizar un pensamiento coherente. Solo sabía que necesitaba limpiarme.
Todavía no salía el sol, pero ya estaba en la bañera. A pesar de que el agua caliente me relajaba, no estaba del todo despierto. Suspiré y traté de analizar mi situación. Ahora soy un chico. Para ser sincera, ya me lo esperaba, pero me sorprende no ser más “varonil”.
El agua comenzó a enfriarse, así que salí de la bañera y me puse la bata de baño. Al acercarme al espejo, me detuve. Miré fijamente el rostro del dueño original. Parecía un ángel.
“No puedo creer que luzca tan lindo, es como si fuera mi hermanito pequeño”, murmuré para mí misma.
Toque con curiosidad su cara fijándome en cada detalle, lo que más destacaba eran sus ojos color jade, después me fije en su cabello que destacaba de toda su apariencia, parecía realmente un ángel, su pelo plateado, sentía una curiosidad, casi parecía como si hubiera sido un anciano pero a la vez no.
La gran pregunta seguía ahí, latiendo en mi mente: ¿por qué no querías regresar? Supongo que tus razones tenías.
“Joven Ansel, voy a entrar”, anunció una voz al otro lado de la puerta, interrumpiendo mis pensamientos.
Suspiré y miré con desdén al intruso cuando abrió la puerta sin esperar mi respuesta. Ya sabía que lo trataban mal, pero esto era una falta de respeto total.
“¿Qué se te ofrece?”, pregunté sin apartar mi mirada del espejo, ignorando su presencia con intencionada indiferencia.
Ella se sorprendió, pero prosiguió. “La señorita Leonora llegará a la una de la tarde, por favor procura no estar aquí. Esas fueron las órdenes del joven amo.”
Suspiré. Ser tratado como un intruso era humillante, pero no hice reclamos. Lo último que quería era darle más satisfacción a esa gente viendo mi humillación.
“Está bien, ya te puedes retirar”, dije con frialdad.
Esperé a que saliera antes de dejar la habitación. Necesitaba despejarme. “Creo que tarde o temprano tenía que salir. Nada mejor que unas compras para distraerme”, pensé mientras buscaba sus pertenencias. No encontré las llaves del auto, pero su billetera y su celular estaban sobre la mesa. Ordené que me pidieran un taxi. No les gustó, pero no les quedó más remedio que obedecer
En el camino, repasé sus recuerdos. Si no mal recuerdo, su nombre era Ansel Winston, profesor de música, con una gran herencia de su abuela, amado por su familia y amigos
“Tenías todo, ¿por qué viviste peor que una cucaracha?”, reflexioné.
Terminaba de arreglarme para salir cuando se me ocurrió una gran idea. Según sus recuerdos, su suegra lo adoraba y odiaba a Leonora. Tal vez tener aliados no estaría mal. Aunque nunca le dijo nada por miedo a su esposo, ese temor ya no existía, porque ahora yo controlaba la situación.
“Buenos días, señora Ross Western.”
“Oh, querido, no me digas, señora. Mejor dime Rosy o Madre.”
La mujer frente a mí lucía más joven de lo que imaginé. Su cabello castaño y ligeramente ondulado le caía hasta los hombros, y sus ojos miel brillaban con calidez. Era fácil entender por qué alguien podría confiar en ella.
“Como guste... Madre.”
“Oh, eso está mejor querido. ¿Y dime, por qué me citaste tan temprano? ¿Cómo te trata mi hijo?” Su sonrisa desapareció cuando vio mi expresión pensativa y preocupada.
“Soy una persona madura e independiente. Sin embargo, cuando hablé con usted no mencionó en ningún momento que iba a ser tratado peor que una cucaracha... Madre.”
Suspiré y continué. “Soy una persona de pensamientos maduros y abierta a diferentes ideas, pero pedirme que me vaya después de aprovecharse y traer a su amada como si fuera una persona de la vida galante... ¿Ese es el trato que yo me merezco?”
“¿Qué pasó esta mañana?” Su mirada cálida de repente se endureció como si la linda mujer de hace un momento se hubiera ido.
Entonces recordé el momento más cómico de cómo le pidió graciosamente al dueño original que fuera su nuera.
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Flashback
Ansel llevaba un atuendo suelto que dejaba descubierto un hombro. Su cabello era más largo en aquel entonces, y su mirada serena contrastaba con su evidente incomodidad. Estaba esperando pacientemente su cita a ciegas, que ya llevaba un retraso de más de 20 minutos, pero en su lugar llegó su madre.
“Disculpe, ¿acaso es Ansel Winston?” Una bella mujer de apariencia seria, con cabello largo, acerco mientras miraba de arriba abajo la apariencia de Ansel para después sonreír con amabilidad
“Así es, ¿usted es Dick?”Ansel mostró una voz serena y con amabilidad en su mirada mientras se levantaba para saludarla.
“Oh no, mi hijo tuvo un retraso en su viaje, pero me dijo que no te quería perder y que eres totalmente su tipo.”
Ansel se sonrojó, aunque no tenía interés en Dick, pero aun asi solo sonrió tímidamente mientras lady Ross le tomaba sus manos
“Igualmente, su hijo es muy apuesto.”
Ansel no tenía ningún interés en su hijo, pero sí le gustaba su primo. Sin embargo, el primo descubrió a Dick abusando de Ansel, se acobardó y lo abandonó a su suerte. Fruto de ese abuso, Ansel esperaba un niño y por eso necesitaba casarse con él.
“¿Te gusta la comida rápida?” Preguntó Lady Ross mientras agitaba suavemente su taza de té.
Ansel, sentado frente a ella, dejó su cuchara en el plato antes de responder. “La como una vez al mes. Aunque últimamente ni siquiera eso... ¿Por qué la pregunta?”
Lady Ross sonrió con una mezcla de curiosidad y juicio. “Solo quería saber si tienes gustos sencillos o... problemáticos.”
Ansel arqueó una ceja, divertido. “¿Qué hay de problemático en disfrutar una hamburguesa?”
“Créeme, querido, he conocido a personas que podrían declarar la guerra a la humanidad si encuentran mayonesa en sus papas fritas.”
La risa de Ansel resonó en la sala, relajando un poco la tensión inicial. Pero Lady Ross pronto retomó el control. De la nada, sacó una tableta y comenzó a hacerle preguntas con la eficiencia de un detective.
“Bien, siguiente pregunta: ¿cómo reaccionas en una crisis?”
Ansel inclinó la cabeza, un poco desconcertado. “¿Qué tipo de crisis?”
“Cualquier crisis. Digamos que hay un incendio, ¿qué harías?”
“Apagarlo, supongo. O salir corriendo si la cosa está fuera de control.”
“¿Y si alguien está atrapado?”
“Depende de quién sea. Si es mi pareja, no lo dudo ni un segundo. Si es alguien que apenas conozco... bueno, evaluaría el riesgo.”
Lady Ross hizo una nota rápida en su tableta y levantó la vista, escaneándolo con los ojos. “Interesante. Ahora, última pregunta: ¿quieres tener hijos?”
Ansel se tensó ligeramente. No esperaba que la conversación diera ese giro. Aun así, respiró hondo antes de contestar con calma. “Si mi pareja lo quiere, por supuesto. Le daré los hijos que desee.”
Un brillo triunfal iluminó el rostro de Lady Ross. Golpeó la mesa con suavidad, como quien acaba de cerrar un trato. “¡Excelente! La boda será en un mes, y te mudarás tres días antes.”
Ansel parpadeó, confundido. “¿Boda? ¿Un mes?”
“Por supuesto, querido. Ya está todo planeado.”
“Espera, esto... esto es un poco rápido, ¿no?” Su voz denotaba una mezcla de asombro y alarma.
“Cariño, no hay tiempo que perder. Los mejores matrimonios son aquellos que se toman por sorpresa.”
Ansel se removió incómodo en su asiento, buscando algo que decir. “Oh, bien... supongo que se lo comentaré a mis padres adoptivos.”
“No te preocupes por eso.” Lady Ross agitó una mano, despreocupada. “Ya informé a tus consuegros. Están encantados.”
Ansel la miró, estupefacto. “¿Cuándo pasó eso?”
“Querido, si algo he aprendido en esta vida es que las madres siempre saben lo que es mejor. Confía en mí.”
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Fin del flashback
“¿Es en serio? No puedo creer que solo asintieras, pero no puedo juzgar tus decisiones”, pensé, volviendo al presente. La señora me veía intrigada.
“Estaba adolorido por culpa de su hijo, así que me estaba tomando un baño relajante cuando una empleada entró sin avisar... prácticamente me corrió de ahí. Me avisaron que iba a llegar una tal Leonora y que debía retirarme antes de la una de la tarde por órdenes de su hijo.”
“¿Qué? ¿Amada? Qué tonterías te dijo esa niña, no hay nada como eso.”
“Lo siento, Madre, no sabía que Dick estaba en una relación. Creo que es mejor cancelar...”
Antes de que pudiera terminar la frase, la madre de Dick se tensó y trató de convencerme de que lo mejor era pensar con la cabeza fría y que ella arreglaría todo.
“Está bien, le daré una oportunidad más a su hijo. Sin embargo, si resulta estar en una relación, no tendré más opción que marcharme. No quiero ser una disputa entre una pareja.”
“Eso no sucederá, hijo. Haré lo que sea necesario para protegerte.”
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Comments
Mary (Lupis❤️🌹)
😱😱😱😱
2024-08-12
0
Kristal Llanos
Yo también tengo una dislexia terrible Jaja😅
2024-08-02
0
Andrea B.
Qué fuerte.
2024-08-02
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