Lecciones de Poder

Me encontraba sumergido en mis pensamientos mientras observaba cómo el sol salía cada vez más  a través de la ventana. Nunca imaginé que mi día sería tan ajetreado. Solo quería relajarme antes de comenzar a poner la basura en su lugar, pero esta situación... realmente...

¡Es hilarante! Estos aristócratas son como personajes sacados de las telenovelas que veía mi nana cuando era niño. Su dramatismo me resulta fascinante. Tal vez no sea normal pensar así, pero, después de terminar en un mundo que no es el mío, uno pensaría que mi prioridad sería escapar o al menos mantenerme en las sombras.

Yo, sin embargo, no soy como el "Ansel" que solían conocer. Estas personas le hicieron sufrir en el pasado, y aunque no lo hayan hecho aún, sé que lo harán en el futuro. No planeo quedarme quieto. Jugaré mis cartas con cuidado, porque en esta partida, seré yo quien dicte las reglas

“¡Señora! Mire, ahí está mi auto rayado. ¿Qué es eso?... ¡Oh, mi luna!”

Al llegar al jardín, lo primero que captó mi atención fue una pequeña gatita que se paseaba entre los arbustos. Su pelaje blanco con manchas grises era idéntico al de Clara, la gatita que tuve de niño. El recuerdo de su pérdida avivó una rabia inesperada en mí. No solo el desprecio de estos criados hacia mí me enfurecía, sino también su indiferencia hacia algo tan inocente. No importa si son sirvientes o dueños; si me faltan al respeto, los haré caer de su pedestal.

“No te sobresaltes, querido. Ya verás que esto es un malentendido y muy pronto tu suegra lo resolverá“, dijo Lady Ross, tratando de tranquilizarme y dándome palabras de apoyo.

Llegando a este punto del drama, me di cuenta de algo... ¡Demonios! ¿Estoy embarazado? Definitivamente, un rotundo NO. Ni siquiera es mi tipo. Santo cielo, ni siquiera puedo cuidarme a mí mismo... Ya pensaré en algo.

Entramos a la mansión, donde varios sirvientes se encontraban organizando el comedor. Sus miradas se desviaron hacia mí con un desdén mal disimulado. Lady Ross, al percatarse de esto, se detuvo en seco.

“Buenas tardes, Lady Ross”, saludaron muy hipócritamente, ignorando mi presencia. No me enfadaba por el simple hecho de que, tarde o temprano, aquel que se atreviera a mirarme por debajo acabaría comiendo polvo.

La señora Ross hizo un gesto de disgusto. “¿No piensan saludar a su amo?” Ella realmente no estaba enojada, sino más bien furiosa.

“¿No piensan saludar a su amo?”, preguntó, su tono cortante como una navaja.

“Madre, no te preocupes. Después de todo, yo soy solo una ‘basura’ que llegó para interrumpir sus cómodas vidas, ¿no es así?”, dije, dejando caer la frase con una sonrisa irónica.

El salón quedó en completo silencio.

“¿Qué dices? ¿Quién te dijo algo parecido?”, preguntó ella, viendo a cada uno con desprecio.

Lady Ross giró hacia los sirvientes con una mirada que podría congelar el fuego. “Escúchenme bien. Ansel es el único nuero que aceptaré en esta casa. Quien le falte al respeto, me faltará a mí, y yo no tengo paciencia para la insolencia.”

Todos estaban en silencio, hasta que una de las empleadas se atrevió a hablar. “Madam, ¿puedo preguntarle algo en mi humilde opinión?”, se acercó una sirvienta que casi no hablaba y obedecía cada orden de Leonora.

“Siempre y cuando respetes a tu amo... puedes tener la palabra”, mencionó Lady Ross, advirtiéndole con la mirada que hablara con especial cuidado.

“Bueno... ¿qué pasaría si el señor nos despide por faltarle al respeto a su libertinaje?”

Lady Ross rió suavemente, aunque sus ojos permanecían fríos. “Si cumplen con su trabajo y respetan a su amo, no tienen nada de qué preocuparse. Pero al menor error… bueno, digamos que varios puestos quedarían vacantes.”

“Entendido”, dijo la mujer, aunque una sombra de desdén cruzó por su rostro antes de regresar a sus tareas.

“Entonces… ¿Podemos maltratar al amante?”, preguntó, intentando ocultar su sonrisa.

“Por supuesto, ya que es indigna de estar aquí.” En ese momento, sonó una campana, normalmente utilizada para atender a su amo en los cuartos de arriba. Después de un silencio, alguien habló.

“Es ella, la amante”, susurró una criada más joven, con una mezcla de miedo y repulsión en la voz.

Lady Ross apretó los labios, pero mantuvo su compostura. “Nadie va a atender ese llamado”, ordenó.

Sabía exactamente de quién hablaban. Leonora, con su arrogancia y su sentido de superioridad, estaba a punto de aprender que en esta casa no había lugar para ella.

“Madre, creo que es hora de echarla de mi vista.” Lady Ross se alegró por mi iniciativa e instintivamente me dirigí a la terraza privada de mi cuarto. Realmente me emocionaba jugar el papel de víctima doble cara. Esto solo lo veía en las series, y sinceramente, no eran de mis villanos favoritos. Pero en este caso, me encanta meterme en este papel. ¿Quién iba a pensar que podría ser tan divertido?

Lady Ross sonrió, complacida. “Me encanta que tomes la iniciativa, querido. Vamos, yo iré contigo.”

Subimos juntos, mientras las voces de los sirvientes se desvanecían detrás de nosotros. Al acercarnos a mi habitación, escuchamos los gritos de Leonora al otro lado de la puerta.

A casi llegar a la puerta de mi habitación, escuchamos a alguien molesta, gritando porque la estaban ignorando. Decía que ella era la señora de la casa...

“¡Soy la señora de esta casa! ¡Exijo que alguien venga inmediatamente!”, rugió Leonora, golpeando la campana con un frenesí que resonaba como un eco en toda la mansión

Ya podía imaginar la expresión de Lady Ross. Prácticamente, no quería verla ni en pintura. Empezando a decir ese tipo de cosas en un lugar que es prácticamente la propiedad de otra persona, es como cavar su propia tumba. Hay personas que de verdad no aprecian su vida ni su integridad. Por supuesto, eso era algo bueno para mí, y no pude evitar sonreír deliberadamente antes de abrir la puerta.

“¿Qué descaro es ese?”, alzó la voz Lady Ross.

“¿Quién anda ahí?”, preguntó bajando la voz, como si tuviera precaución. Mmm, al parecer, sabe cómo reconocer el peligro.

Abrí la puerta lentamente, dejando que cada centímetro de su apertura aumentara el peso del silencio en el aire. Cuando nuestros ojos se encontraron, su rostro se deformó en una mezcla de furia y desconcierto.

“Buenos días, Leonora”, saludé con una sonrisa afilada, cargada de falsa cordialidad. “¿Hay algún problema? ¿O solo estás... practicando para una obra de teatro?”

“¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?”, siseó, dando un paso hacia mí como si quisiera devorarme con su mirada.

“¿Yo? Solo sigo las lecciones que aprendí de los mejores. Tú deberías saberlo, ya que insistes en dar cátedras de drama gratuito en cada rincón de esta casa”, respondí, dejando que la ironía en mis palabras cayera como un golpe seco.

Lady Ross, que se había quedado a un paso detrás de mí, avanzó con la elegancia de un verdugo al que no le tiembla la mano. Su voz resonó como una sentencia. “Leonora, te lo voy a dejar claro. En esta casa, el único que tiene mi respeto y mi apoyo es Ansel. Si no puedes aceptar esa realidad, más te vale empezar a buscar otro lugar donde encajar tu soberbia.”

Leonora vaciló. El color de su rostro parecía desvanecerse, como si las palabras de Lady Ross hubieran drenado su energía. Aun así, intentó recomponerse, cruzándose de brazos como si ese gesto pudiera protegerla.

“Esto es absurdo. ¡No puedes preferir a este... extraño sobre alguien de mi nivel!”, replicó, su voz temblorosa y llena de veneno.

No pude evitar soltar una breve carcajada. “Extraño, dices... Qué curioso viniendo de alguien que nunca ha encajado ni con los muebles de esta casa. ¿O acaso también quieres competir con ellos por tu lugar?”

Leonora abrió la boca para replicar, pero Lady Ross la cortó con una mirada que podría haber detenido a un ejército. “No pongas a prueba mi paciencia, Leonora. Te he soportado mucho, pero si sigues faltándole al respeto a Ansel, te aseguro que ni tu sangre ni tus lágrimas serán suficientes para salvarte de lo que viene.”

Por un segundo, la expresión de Leonora pasó de la ira al miedo. Y antes de que pudiera decir otra palabra, levanté una mano para silenciarla.

“¿Sabes qué es lo peor, Leonora? Que incluso después de todo esto, sigues creyendo que tienes algún tipo de poder aquí. Pero este juego... ya terminó para ti.” Dejé que mis palabras cayeran con un tono firme, innegociable. “Recoge lo que quede de tu dignidad y márchate. Aquí ya no hay lugar para ti.”

Leonora se quedó inmóvil, sus labios temblando como si buscara alguna frase cortante que pudiera salvarla. Pero no la encontró. Finalmente, bajó la cabeza y salió de la habitación con pasos torpes, como si cada uno fuera un clavo en el ataúd de su orgullo.

Lady Ross me miró con una sonrisa cargada de orgullo y aprobación. “¿Ves, querido? Nadie se atreverá a desafiarte mientras yo esté aquí.”

“Gracias, Madre”, dije, dejándome envolver por una mezcla de alivio y gratitud.

“Solo hice lo que debía”, respondió ella con una sonrisa.

Ella me acarició la mejilla con una ternura que contrastaba con su feroz presencia de momentos atrás. “Ahora baja conmigo. Merecemos un buen desayuno después de este espectáculo. Pero no te preocupes, querido. Esto es solo el principio. Si Leonora creía que podía enfrentarme, entonces claramente no sabe lo que soy capaz de hacer por ti.”

Asentí, sintiéndome más seguro y fortalecido que nunca. Sabía que con Lady Ross de mi lado, podría enfrentar cualquier cosa que viniera. Juntos, pondríamos a todos en su lugar y restauraríamos la paz en nuestra casa. Pero antes, tenía una misión: descubrir todos los secretos ocultos en esta familia y asegurarme de que el verdadero Ansel obtuviera la justicia que merecía.

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Comments

Mary (Lupis❤️🌹)

Mary (Lupis❤️🌹)

yo quiero ver la confrontación con el marido

2024-08-13

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Alhida

Alhida

Me interesa👏

2024-07-28

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