De repente no recordaba cómo había llegado a mi cama la noche anterior; todo era borroso.
Me levanté más temprano de lo previsto, aunque el sueño seguía pesándome. Mientras me ponía los zapatos, decidí que un café en el camino sería imprescindible para mantenerme despierto. No solo tenía una reunión, sino varias citas a lo largo del día. Sería una jornada agotadora.
—¡Qué horror! —mascullé, al sentir el frío que se colaba en la casa. Jack, mi guardaespaldas, ya estaba junto a la puerta, listo para acompañarme.
—Necesito un café caliente si voy a sobrevivir a este día —añadí, mientras me ajustaba el abrigo.
Jack, siempre eficiente, desapareció por unos minutos y regresó con un vaso humeante.
—Tome. Le pregunté a la señora sus preferencias —dijo, extendiéndome el café.
—Creo que eres más eficiente que mi asistente —respondí, mientras le entregaba una nota con la dirección de la primera reunión—. Aquí tienes. Vamos a necesitar algo de prisa.
El camino a la villa era largo, cerca de una hora desde la ciudad. Durante el trayecto, revisé los documentos que había solicitado a la asistente de Ansel. La verdad es que, aunque llevaba su nombre, no tenía un control completo sobre los negocios que manejaba en vida. Ese Ansel... el original, había sido mucho más meticuloso que yo.
—¿Deberíamos avisarle a Lady Ross que salimos de la ciudad? —preguntó Jack mientras maniobraba en una curva cerrada.
—Ya está al tanto, no te preocupes —dije, con un tono más seco del que pretendía.
A medida que nos acercábamos a la villa, los recuerdos ajenos comenzaron a mezclarse con los míos. No había pisado ese lugar desde que sus padres murieron, pero los fragmentos de memoria que compartía con el "otro" Ansel me guiaron sin problema.
La villa era imponente, rodeada de naturaleza, con una atmósfera que parecía suspendida en el tiempo. Al llegar, nos recibió Roger, el repostero de la familia.
—Joven amo, es un honor tenerlo aquí —dijo con una reverencia. Luego, sus ojos se detuvieron en Jack—. Y a su acompañante también.
—Roger, adelante —lo invité a sentarse, aunque su formalidad era palpable—. ¿Qué tienes para mí?
Roger me entregó un conjunto de documentos sobre nuevas propuestas culinarias. Lo escuché atentamente mientras describía ideas para innovar en los postres y abrir un restaurante cerca de la villa. Aunque las propuestas eran sólidas, no podía evitar sentir que algo faltaba.
—Cambiemos lo del vino blanco por especias extranjeras. Quiero algo más arriesgado —dije, revisando las cifras con detenimiento—. Además, necesitamos un chef nuevo. Encuentra cuatro candidatos y preséntamelos antes de fin de mes.
Roger asintió y tocó una campana. Sirvientes entraron con bandejas de bebidas y aperitivos.
—Preparé esto especialmente para usted, joven amo. Supe que estuvo en el hospital recientemente.
—Gracias por la atención, Roger —respondí, tomando un sorbo de la bebida.
El sabor evocó un recuerdo distante, una sensación familiar que no lograba identificar. Intenté apartar la mente de ese pensamiento y concentrarme en las decisiones del día. Antes de irnos, Roger me entregó un USB de forma discreta. Lo guardé sin hacer preguntas, pero la curiosidad me invadió.
Cuando finalmente regresé a mi oficina, le pedí a Jack que me dejara solo. Encendí mi computadora y conecté el USB. Dos carpetas aparecieron en la pantalla. Una contenía documentos con nombres sospechosos relacionados con los negocios; la otra, algo completamente inesperado: videos de Leonora.
El primer video mostraba a Leonora en lo que parecía ser una celda improvisada. Su rostro estaba pálido, y su mirada, perdida. Hablaba con alguien fuera de cámara, pero no lograba escuchar sus palabras. Cerré el archivo rápidamente, sintiendo una mezcla de rabia y preocupación.
No podía actuar de inmediato. Si Lady Ross estaba involucrada, debía ser cauteloso. Leonora no era una prioridad en este momento, pero tampoco podía ignorar lo que acababa de ver.
Esa noche, mientras intentaba concentrarme en otros asuntos, la imagen de Leonora seguía rondando mi mente. Finalmente, decidí llamar a un viejo amigo, alguien en quien sabía que podía confiar.
—Necesito que investigues algo para mí. Hazlo con discreción —dije, explicándole lo justo para que entendiera la gravedad de la situación.
El día siguiente comenzó temprano. Jack y yo salimos hacia un café discreto donde me reuniría con mi amigo.
—¿Qué has encontrado? —pregunté mientras me sentaba. Jack permaneció de pie a unos pasos de nosotros, vigilando con atención.
Mi amigo Erik, deslizó un sobre grueso hacia mí. Su mirada se clavó en la mía, seria, casi sombría.
—Leonora está siendo vigilada constantemente. La tienen en un lugar que, a simple vista, parece seguro, pero la realidad es otra. Es prácticamente una prisionera. Hay cámaras por todas partes, y los guardias van y vienen. Lady Ross tiene algo que ver, aunque no directamente.
Mi respiración se aceleró ligeramente al escuchar el nombre de Lady Ross. Me incliné hacia él, tratando de mantener la voz baja.
—¿Estás seguro? Lady Ross es... una aliada complicada. No quiero enemistarme con ella sin pruebas contundentes.
—Lo entiendo —respondió, asintiendo con calma—. Pero mira esto.
Sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo y lo encendió. En la pantalla apareció un breve video grabado con un dron. Las imágenes mostraban un edificio aislado rodeado de bosque. En el jardín trasero, entre árboles desnudos por el invierno, estaba Leonora. Caminaba lentamente, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si intentara protegerse del frío. Su semblante era abatido, pálido, como si no hubiera visto el sol en semanas.
—Esto lo capté hace tres días —explicó mi amigo mientras yo analizaba las imágenes con el ceño fruncido—. Se mueve con cuidado, como si temiera que alguien la estuviera observando. Y no está sola: en el video puedes ver a dos hombres armados a pocos metros de ella.
Mi corazón se hundió al ver a Leonora en ese estado. Sentí una punzada de culpa por haber ignorado el tema hasta ahora, pero sabía que no podía dejarme llevar por las emociones. Inspiré profundamente antes de hablar.
—¿Sabes quién está detrás de esto? —pregunté con un hilo de esperanza.
—Lady Ross no actúa sola. Hay otra figura involucrada, alguien que está financiando esta operación. No tengo un nombre todavía, pero estoy trabajando en ello.
—¿Y ella...? —Mi voz se quebró ligeramente al pronunciar la pregunta—. ¿Leonora está en peligro?
Mi amigo me miró fijamente, como si considerara cuidadosamente cómo responder.
—De momento, no parece que quieran hacerle daño físico. Parece más bien una estrategia para mantenerla fuera del mapa, aislada. Pero eso puede cambiar en cualquier momento. Lady Ross no se caracteriza por su paciencia.
Incliné la cabeza hacia mis manos, que descansaban sobre la mesa. Las imágenes de Leonora caminando sola seguían grabadas en mi mente. Pensé en las consecuencias de actuar, en los riesgos de quedarme quieto.
—¿Qué sugieres? —dije finalmente, levantando la mirada hacia él.
—Primero, necesitas más información. No puedes enfrentarte a Lady Ross sin pruebas concretas, y menos con un plan improvisado. Déjame seguir investigando. En dos días puedo darte más detalles sobre quién está detrás y cuál es el propósito de todo esto.
—Dos días... —repetí con un suspiro pesado—. Está bien, pero necesito que seas rápido. No quiero que Leonora sufra ni un día más.
Él asintió, dándome una palmada en el hombro.
—Lo haré. Y una cosa más, Ansel. Si decides moverte contra Lady Ross, asegúrate de que estás dispuesto a asumir las consecuencias. Ella no perdona a quienes la traicionan.
—Lo sé —respondí, apretando los dientes—. Pero no me quedaré de brazos cruzados.
Nos quedamos en silencio por un momento, dejando que el peso de la conversación se asentara. Afuera, el cielo comenzaba a despejarse, dejando entrar un rayo de sol que iluminaba la mesa entre nosotros. Tomé el sobre con los documentos y me levanté.
—Gracias por esto. Te mantendré informado.
—Y yo a ti —dijo mientras se ponía de pie también—. Cuídate, Ansel. Este juego es peligroso.
Jack y yo salimos del café poco después. Mientras caminábamos hacia la camioneta, sentí que la determinación crecía en mi interior. Sabía que el camino por delante sería complicado, pero estaba preparado para enfrentar lo que fuera necesario. No podía permitir que alguien como Lady Ross o lo que sea que este detrás de mi y controle mi vida.
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Kristal Llanos
actualizado ✨❤️
2025-01-16
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