CAPÍTULO 17.
Al oír aquello, Michael cortó la llamada. Preocupado, miró a Bradley que estaba a su lado.
—Era Nick. —Exclamó suspirando. —Sarah está en problemas.
—¿Qué le ocurre? —preguntó Bradley.
—Es Kline. Te lo dije, era cuestión de tiempo antes de que descubriera la verdad.
—¿Qué haremos? —preguntó Bradley.
—Quédate aquí. —Exclamó Michael. —Iré por ella.
—¿Estás loco? —preguntó Bradley.
—¿Tienes una mejor idea? —preguntó Mike. —Porque no hay tiempo.
Bradley no respondió.
—Volveré pronto. —Exclamó Michael. —Por favor no salgas de aquí.
—Ok.— respondió Bradley.
Tomó una gorra y unas gafas de sol y luego de colocarlas salió de su lugar seguro. Debía encargarse de sacar a Sarah, pero sin exponerse él mismo.
Vio el coche de Nick una cuadra más alejada de la casa de su hermano y se acercó disimuladamente. Él le informó que había llamado a Harry Talbet para ayudar.
—¿Qué viste allí? —Le preguntó.
—Sarah estaba esposada a una silla y pude ver que estaba algo golpeada. No te hubiese llamado de no ser necesario y lo sabes.
Mike se cubrió la cara con las manos en señal de frustración. Decidió subir al coche y sentarse al lado de su amigo.
—¿Dónde está Harry? —preguntó Mike.
Nick miró su reloj por unos segundos y luego respondió.
—Debe estar llegando.
—No puedo esperar tanto. —Dijo Mike frustrado.
—Cálmate Mike. —Dijo Nick. —¿La salvas y luego qué? No puedes llevarla a la casa así como así. Kline no la dejará tranquila. La buscará hasta debajo de las piedras. Y te encontrará.
—Lo sé. —Dijo suspirando.
Finalmente, Harry llegó a donde se encontraban sus amigos y se subió al asiento trasero del coche.
—Aquí estoy. —Dijo Harry. —Debemos irnos. Le di aviso a la policía sobre una toma de rehenes en la casa de Bradley. No tardarán en llegar.
—¿Y qué hay de Sarah? —preguntó Mike.
—Sus compañeros se encargaron de ella. Debemos irnos. De lo contrario iremos a prisión. —Exclamó Harry.
Mike asintió y Nick arrancó el coche justo a tiempo, ya que por el espejo retrovisor lograron ver las luces de la patrulla acercándose. Nick comenzó a conducir y cuando llegaron casi al final del poblado, estaciono el auto en una cochera que alquila hace un tiempo y comenzaron a caminar el resto del camino hacia la casa segura. La preocupación de Michael iba en aumento. Sin embargo, Nick trataba de tranquilizarlo diciendo que pronto se comunicará con la comisaría para preguntar por ella. Estaba seguro de que alguien estaría dispuesto a darle información.
Llegaron a la casa y rápidamente bajaron al subsuelo. Michael era una persona muy introvertida y su semblante era muy tranquilo. No le gustaba hablar demasiado ni dar demasiadas explicaciones. Rara vez las personas podían saber lo que pasaba por su cabeza. Su rostro permanecía serio y parecía que siempre estaba planeando algo. Se podría decir que, entre él y su hermano, a quien conoció recientemente, él era la mente y Bradley era la fuerza.
Al bajar por las escaleras, Bradley salió al cruce de los tres amigos. Dejándolos sorprendidos por el arrebato.
—¡Por Dios, Saguer! —Exclamó Nick. —Me matarás de un susto.
—¿Dónde está Sarah? —preguntó él. Seriamente.
—Nos encargamos de dar aviso a las autoridades. —Dijo Harry, pasando al lado de los hombres y sentándose tranquilamente en el sofá de la sala.
—¿Qué?—preguntó Brad, sin entender.
—No te preocupes. —Dijo Mike tranquilamente. —La policía llegó al rescate.
—¿Quiere decir que ella no vendrá con nosotros? —preguntó.
Mike suspiró.
—Por ahora no. —Respondió.
—¡Maldita, maldita sea! —Exclamó Bradley.
Michael estaba desesperado, colocó sus manos en la cabeza sin saber qué diablos hacer. Debía encontrar la forma de hacerle llegar un mensaje a Sarah. Michael Morrison era una de las mentes más brillantes, a pesar de su vida incógnita, había estudiado ingeniería, tenía amplios conocimientos de estructuras y tenía una perspectiva amplia sobre todas las cosas. Tomó asiento en uno de los sillones de la sala y fijó su mirada en un punto fijo, mientras que su mente iba a mil por hora. Sus amigos ya lo conocían, sabían perfectamente de lo que era capaz. Y si lograron estar estos últimos diez años en el anonimato fue gracias a la mente brillante de su amigo.
—¿En qué piensas? —preguntó Bradley, sacando a su medio hermano de su trance.
—Cuando éramos unos niños, solía dejarle a Sarah notas. Yo solo tomaba un trozo de papel y le escribía mensajes incógnitos que ella se encargaba de descifrar. Era tan brillante. Algunas veces se les hacía muy difícil, pero ella me conocía. No hay ninguna persona que me conozca más que ella.
—Bueno…—dijo Bradley —Entiendo tu punto, pero no creo que sea buen momento para recordar su pasado.
Michael lo observó y le sonrió de lado.
—Nick. —Dijo Michael.—¿Lograste comunicarte con la Agencia?
Sí. —Dijo él. —Dijeron que Sarah está bien. En cuanto a Kline, fingió ser secuestrado. Dijo que Liam Savrinn había secuestrado a Bradley Saguer.
—Maldito hijo de puta. —Exclamó Michael.
—¿Qué haremos? —preguntó Harry.
—Necesito que le hagas llegar a Sarah un mensaje. —dijo Michael.
—Claro. —Exclamó él. —Se lo haré llegar.
Michael tomó un bolígrafo y tomando un guante de látex agarró un pedazo de papel, tal como hizo las veces anteriores que le dejó un mensaje en su oficina. Michael pensó unos segundos y luego escribió una serie de números. Conocía demasiado a Sarah, sabía que ella lo descubriría. Solo esperaba que fuera rápido, de lo contrario, temía que le hicieran daño.
Cuando finalizó, dobló el papel en forma de rosa y se lo entregó a Harry. El chico solo asintió y se lo llevó con él para poder entregárselo a Sarah.
Harry sabía, que después del día estresante que la chica había tenido, lo más seguro era que le den el día libre y ella se encuentre de camino a su apartamento. Así que, se cubrió la cara para evitar que lo reconozcan y deslizó el pequeño trozo de papel por debajo de la puerta. Sabía que pronto ella lo descubriría. Solo esperaba que todo salga bien, que los planes de su amigo no fallen, de lo contrario, los expone a todos.
Antes de irse, Harry tocó el timbre. Creía que si Sarah se encontraba en casa, encontraría más fácil el mensaje. Después, se fue rápidamente. Dio un par de vueltas y cuando se aseguró que nadie lo seguía, regresó al lugar seguro. Ahora solo debían esperar.
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Nairobis Cardozo Portillo
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2024-03-05
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