CAPÍTULO 3.

CAPÍTULO 3. 

Eran las once de la mañana cuando Sarah regresó a la oficina, ingresó y se sentó en su sillón. Suspiro. Estaba cansada, pero aunque sea había conseguido algo. Bradley y Victoria estaban trabajando en la investigación aún, así que ella decidió ir al área de evidencias, el cual estaba en el subsuelo, un piso más arriba que el estacionamiento. Al llegar, mostró su identificación y pidió que le mostraran la evidencia del caso Di Magio. El agente la alcanzó muy amablemente y la dejó sola para que busque lo necesario. 

Sarah abrió la caja y allí había ropa, fotografías, mapas con algunos caminos marcados. Sarah suponía que era su plan de acción o algo por el estilo. También un cuchillo, su billetera y finalmente el arma que John le había dicho. El mismo estaba dentro de una bolsa de plástico, para no contaminar sus huellas, por lo que Sarah la tomó con cuidado de no entorpecer las pistas. 

Salió de la oficina y le dijo al guardia que necesitaba llevarse el arma para realizar unas pruebas de balística. Debió completar algunos formularios y finalmente pudo salir de la oficina con el arma.

Luego se dirigió al segundo piso, al área de balística. Allí vio a Jared, un hombre de aproximadamente treinta y tres años, que desde el día en que conoció a Sarah se quedó prendado por ella y siempre que tenía la oportunidad la invitaba a salir, aunque sin respuestas positivas de su parte.

—Hola Jared. —dijo Sarah. —Te traigo trabajo. —Dijo entregando el arma.

—Bonita. —Exclamó el hombre, sonriendo. —¿Qué tienes ahí?

—El arma de John Di Magio. —Dijo ella, dejando a Jared con la boca abierta. —¿Crees que puedas analizarla para mí?

—Que… ¿Qué haces con eso? —dijo él.

—Estoy investigando un caso que posiblemente esté relacionado con el hombre. —dijo Sarah sin dar demasiadas explicaciones. —Necesito que rastrees el número de serie y si existe algún antecedente en tu sistema que esté relacionada. Cualquier cosa que me lleve a algún dato acerca de la procedencia de esta cosa.

—Muy bien. —Dijo él. —Te llamaré en cuanto tenga algo.

—Gracias Jared. —Dijo ella.

—¿Aceptarás mi invitación a salir algún día? —preguntó Jared.

—Tal vez. —Dijo Sarah sonriendo, aunque tenía muchas ganas de desistir de su invitación, sabía que era un caso perdido.

—¿Este viernes tal vez? —preguntó él.

—Ya veremos. —dijo Sarah. —Debo irme Jared. Avísame cuando tengas los resultados.

Sarah regresó a su cubículo y tomó sus pertenencias. Decidió que se tomara el resto del día. Estaba demasiado cansada y el caso estaba estancado hasta no tener más información. Por lo tanto, regresaría mañana.

******

En algún lugar… 

—Ella me vio. —Exclamó el hombre hablando en el teléfono.

—¿De quién hablas? – preguntó Liam Savrinn, mientras encendía un cigarro.

—Sarah Burrows. —Dijo el hombre. Del otro lado de la línea reinaba el silencio. —¿Estás ahí? —pregunto.

—Si… —Dijo él. — ¿Te reconoció?

—No. —Dijo el hombre. 

—Entonces cálmate. —Dijo él. —Ella no te recordará. 

—¿Hasta cuando, Liam?

—Pronto. —Suspiro. —Muy pronto. 

*********

Esa noche, Sarah no pudo dormir. Por alguna razón, el hombre que salía de la oficina del director de la prisión se le hacía conocido. Tal vez estaba loca, no lo sabía. Quizás solo lo había visto alguna vez en un canal de televisión o posiblemente haya visto su expediente. Pero creía que era otra cosa, que lo conocía de otra parte. Pero, ¿de dónde?

La alarma sonó a las seis de la mañana y Sarah se levantó de la cama, hizo su rutina diaria y luego se dirigió a la oficina. Al entrar, encontró sobre su escritorio una nota. Estaba doblada en cuatro pedazos. Sarah observó hacia todos lados, pero no vio nada extraño. La observo durante unos minutos sin saber qué hacer. Le parecía extraño y por alguna razón, se le erizó la piel. 

Finalmente, tomó coraje y desdobló la nota. La frase era simple. “Sé que estás detrás de mí. Que empiece el juego. L.S.”. Sarah se sintió descompuesta, palideció cuando terminó de leer la nota y su respiración se agitó. Liam Savrinn sabía que ella lo estaba buscando y probablemente su vida corría peligro. El problema era que solo ella, sus dos compañeros, Benjamín y John Di Magio sabían acerca de la investigación. Sarah pensó en que probablemente fue Di Magio quien informó de su visita, pero eso era difícil. Di Magio estaba aislado en una cárcel de máxima seguridad. Pensó en los guardias que la escoltaron ayer. Pero la verdad era que nadie sabía lo que ella había hablado con el prisionero. Lo único que se le ocurrió a Sarah fue que tal vez el hombre se lo había dicho a un guardia, pero era estúpido. ¿Por qué arriesgaría su vida? Si Savrinn sabía que Di Magio le habló sobre él, probablemente lo asesinaría. No podía confiar en nadie. Por lo que decidió guardar la nota y no decirle a nadie lo que había recibido. Tal vez solo a Bradley. Pero lo reflexionaría bien.

En ese momento, Bradley y Victoria aparecieron en la oficina de Sarah para informar que por más de que hayan agotado todas las fuentes, aún no tenían nada que los lleve a Savrinn. Sarah les dijo que obtuvo una pista de su reunión con Di Magio. Pero no les diría de qué se trata hasta tener un resultado. Quería darles algo sólido. Aunque la verdad es que no confiaba en nadie. Sarah investigaba a Savrinn desde hace un mes y jamás tuvo problemas, pero desde que recibió órdenes de formar un equipo, comenzó a recibir cartas de su blanco. Estaba en una encrucijada. ¿En quién confiar? ¿Acaso alguno de sus compañeros del Buró era un soplón? Las cosas se ponían cada vez más difíciles para Sarah y el día recién empezaba. 

Ella no dejaba de pensar en la nota que había recibido. Acaso era realmente Savrinn quien la había escrito? ¿O era alguien jugando una broma? No era secreto su obsesión por resolver ese caso, pero el hecho de que Benjamín la haya puesto al frente, era confidencial. Sarah pensó en Bradley. Él sería incapaz de traicionarla… También pensaba en Victoria… Si bien no eran amigas, siempre había sido su compañera en cada misión. 

Este era, sin dudas, el caso más importante que ella había tenido que enfrentar. Es decir, un asesino en serie deja un rastro a través de sus víctimas, pero Savrinn era un criminal valioso. Negocios sucios, lo acusaban de asesinar al hermano del presidente; lo cual era juzgado como un acto terrorista, tráfico de armas, lavado de dinero… Sin dudas, Liam tenía un prontuario delictivo impresionante, sumado a que no dejaba absolutamente ninguna pista sobre su verdadera identidad.

Sarah reaccionó. Tal vez podría llegar a Savrinn volviendo a analizar el caso del hermano del presidente. Ángel Philips. Fue entonces cuando se apresuró a salir de su oficina hacia la sala de archivos. Busco entre los ficheros la letra P. Había demasiados. Finalmente, encontró lo que buscaba… Philips, Ángel S. Era lo que necesitaba.

Sarah regresó a su oficina con la documentación en mano y una vez allí, comenzó a leer.

Ángel Philips tendría más o menos treinta y cinco años cuando fue asesinado a sangre fría hace menos de un año por un grupo de mercenarios en una emboscada. El autor intelectual del crimen era Liam Savrinn quien, como ya sabemos, nadie conocía. Sin embargo, había alguien procesado por ese crimen: Harry Talbet. Sarah recordó que conocía a un Harry Talbet y se frunció el ceño en señal de confusión. El Harry Talbet que ella conocía era compañero de clases de Michael. Pero no lo veía desde que terminó la preparatoria, por lo que no tenía idea de como lucía ahora. 

Siguió revisando el contenido de la documentación y decidió buscar en la base de datos, el nombre del supuesto asesino. No tardaron en aparecer por lo menos cinco personas con el mismo nombre. Comenzó a observar uno por uno. El primero ya había fallecido hace más de veinte años, el segundo era un adolescente que vivía a las afueras de Kansas, el tercero y el cuarto eran padre e hijo, ambos eran de Gran Bretaña y habían llegado al país hacía menos de seis meses, el último fue el que llamó su atención.

Sarah pensó dónde lo había visto, hasta que finalmente lo recordó. Era el hombre que vio saliendo de la oficina del alcaide de la Correccional, ayer. 

El expediente de Ángel Philips era delgado, no había mucho para decir de su muerte. Había un culpable en la cárcel y el caso se había cerrado. Era extraño. Pero lo que más le sorprendió, fue ver el expediente de Talbet. Además de la acusación por el asesinato del presidente, no tenía ningún antecedente. Había estudiado ingeniería y vivía cómodamente en un pent house en Montreal, Canadá. ¿Por qué una persona así arruinaría todo por asesinar al hermano del presidente de los Estados Unidos? Y además, ¿por qué regresar al país después de tanto tiempo para cometer un asesinato? Definitivamente era extraño. Sarah estaba decidida, llamaría a Henry y pediría que la deje hablar con Talbet. Si alguien podía ayudarla en este caso era él. 

—Toc, toc. —Golpeó Bradley. 

—Hola Brad. —Exclamó ella. 

—¿Qué haces? —pregunto. 

—Trabajo en el caso. Busco una conexión, evidencias… Algo. —Dijo ella mientras se ponía de pie y colgaba una nota adhesiva de color en el mapa conceptual. 

—¿Tienes algo? —preguntó él.

Sarah asintió. No podía ocultarle información. Después de todo era parte de su equipo. 

—Busco una conexión en el asesinato del hermano del presidente. —Dijo ella. —Tengo algo… Iré a verificarlo mañana.

—Puedo acompañarte si quieres. —dijo Bradley. 

Sarah respondió con otra pregunta. Aún no quería darle una afirmación o negación a su mejor amigo.

—¿Han encontrado algo? —preguntó.

—Nada. —dijo Bradley. —Es como si Liam Savrinn no existiera más allá de las leyendas. —Dijo sonriendo. 

Sarah rio.

—¿Quieres ir por unas cervezas? —Dijo viendo el reloj. —Ya son las seis.

—Es increíble cómo pasa el tiempo. —Dijo ella. —Está bien, tomaré mis cosas y nos iremos. 

Bradley asintió y salió de la oficina para esperarla. Sarah tomó su chaqueta, su bolso y observó la oficina con detenimiento. Por primera vez sabía qué hacer, tomó sus llaves y cerró la puerta.

—Sarah Burrows cerrando su oficina con llave. —Dijo él. 

—Si… No quiero que alguien entorpezca mi investigación.

Bradley asintió, pero no se quedó tranquilo. Decidió que se lo preguntaría más tarde. 

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Comments

Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz

Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz

Ahí esta la cosa el que vio en la oficina es amigo de ex y el mismo que busca

2024-10-03

0

Nairobis Cardozo Portillo

Nairobis Cardozo Portillo

🤔😲

2024-03-01

2

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