CAPÍTULO 8.
El lunes por la mañana, Sarah llegó temprano a la oficina. Tenía ojeras como si no hubiese dormido en días. Bradley, que estaba llegando, la vio y corrió hacia ella. Logró detenerla en el ascensor.
—Bonita, te estoy llamando desde la calle. —dijo Brad.
Sarah observó a su amigo y se lanzó a sus brazos mientras rompía en llanto. Bradley estaba preocupado. Sarah no se veía bien y no podía dejar de llorar para contarle lo que le pasaba. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Bradley la llevó a su oficina y pidió a un oficial que trajera un vaso de agua y dos tazas de café. El hombre, al ver a la chica en ese estado, no tardó en ir rápidamente por el encargo. Bradley dejó que Sarah se sentará en su silla y él se apoyó sobre la mesa, estando delante de ella.
Unos minutos después, el hombre dejó el encargo de Brad y volvió a su puesto de trabajo. Bradley Saguer, tomó rápidamente el vaso que contenía el agua y se lo dio a su amiga para que lograra calmarse. Cerró la puerta de su oficina y luego se acercó a ella.
—¿Qué ocurre bonita?, háblame. —Dijo él.
Ella no dijo una palabra, pero sacó el sobre transparente que contenía la nota de evidencia para que Brad la vea con sus propios ojos.
—¿De dónde la sacaste? —preguntó él, frunciendo el ceño.
—La encontré en la puerta de mi departamento cuando regresé el sábado por la noche.
—¿Ese hijo de puta se atrevió a buscarte allí? —dijo Bradley, furioso.
—Eso no es todo. —Dijo ella.
—¿Qué más paso? —preguntó Brad.
—En el restaurante yo… Creí… Creí ver a Mike… Y lo seguí… Pero era otro hombre, sus rasgos eran muy parecidos, pero me llevé una desilusión muy grande al ver que cometí un error.
—¿Quién era él? —preguntó Brad.
—No lo sé. —Dijo ella.
Bradley se perdió en sus pensamientos. Sus dudas lo volvían a carcomer y ahora estaba más que seguro de que tenía que llegar al fondo de toda esa mierda y enfrentarse a quien deba.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sarah.
—Nada… Solo… Estoy preocupado por ti. —Exclamó él. —Llevaré esto para que saquen las huellas digitales. Quédate aquí, regresaré pronto.
Brad se fue por un minuto a llevar la evidencia y luego regresó. Sarah seguía sentada en ese lugar. Detrás de Bradley, entró Victoria, quien había oído que su compañera se veía muy afectada cuando llegó a la oficina esta mañana.
—Sarah. —dijo Victoria. —¿Está todo bien?
—Ella está bien. —dijo Bradley. Por alguna razón, Bradley desconfiaba de ella. No desde siempre, pero sí desde que Sarah comenzó a estar en la mira de un criminal y comenzó a recibir amenazas con alguien que trabajaba en la oficina. Bradley creía que, directa o indirectamente, Victoria tiene algo que ver. Pero no se adelantaría a los hechos. Se tomaría el tiempo para investigar.
******
En otro lugar…
—Las cosas se complicaron, Nick. —Exclamó Liam.
—¿A qué te refieres? —pregunto.
—Tengo menos de dos meses para sacar a Harry de prisión. —Exclamó, haciendo una pausa. —Sabía que era una misión suicida.
—Era la única salida. —Dijo Nick.
—Lo sé, pero las cosas se pusieron difíciles. No puedo hacer nada. Ahora Harry está condenado injustamente y esos malditos se salieron con la suya.
—Aún hay algo que puedes hacer. —Dijo Nicolás.
—¿A qué te refieres? —preguntó Liam.
—Me refiero a entregarle la evidencia a la pequeña detective. —Exclamó Nicolás.
—¿Estás demente? —preguntó Liam, exaltado.
—Quieres sacar a Harry de la cárcel, ¿sí o no?
—Claro que sí. —Exclamó Liam.
—Entonces confía en mí. —Exclamó. —Me presentaré ante ella, le entregaré la evidencia y Sarah llegará al fondo de todo esto.
—¿Y crees que no investigara quién eres tú? ¿Quién soy yo?
—Va a estar demasiado ocupada buscando a Philips, créeme.
—¿Y dejarás que llegue a la ubicación? —preguntó Liam. —Es una idea suicida.
—No lo es… Cuando Harry salga de la cárcel lo protegeremos y en cuanto a Philips… Ya no es nuestro problema.
Liam suspiró.
—Supongo que es la única manera.
—La otra manera es que salgas a la luz y digas todo lo que sabes.
—Eso no es una opción.
—Muy bien… —Dijo Nick, poniéndose de pie. —Debo irme. Tengo que hacer una denuncia.
******
Sarah seguía calmándose en la oficina de su mejor amigo. Victoria seguía de pie a su lado y Bradley caminaba de un lado a otro. Llegaría hasta ese desgraciado y lo mataría con sus propias manos.
—Sr. Saguer, Srta. Burrows —Dijo uno de los oficiales abriendo la puerta de la oficina. —Hay un hombre que lo busca.
—Ya lo atiendo. —dijo Brad. —¿Puedes quedarte aquí un minuto? —Dijo refiriéndose a Sarah.
Ella asintió.
Bradley salió de la oficina para buscar al hombre y cuando lo vio, se sorprendió. Pues estaba de espaldas, y desde ese perfil, el parecido que tenía con Michael Morrison, era sorprendente. Brad no conocía a Mike en persona, pero había visto algunas fotografías que conservaba Sarah. Sin embargo, al girarse este hombre, se dio cuenta de que no se trataba de él. Si no de alguien con facciones muy parecidas. Se preguntaba si sería la misma persona que vio Sarah el sábado.
—Sr. Saguer, ¿supongo? —preguntó él, al verlo.
—Si… ¿Estaba buscándome?
—Necesito tratar un asunto sobre… Ángel Philips. El oficial que me recibió me informó que era usted, quien está a cargo ahora.
—Así es… —dijo Bradley confundido.
—¿Podemos hablar en privado? —pregunto.
—Claro, pase por mi oficina. —Exclamó.
Bradley estaba confundido. Él había trabajado en el caso de Philips hace un tiempo, sin embargo, era el detective anterior quien estuvo a cargo. El caso había sido cerrado por su superior y después, Bradley solo se hizo cargo del papeleo. El oficial había hecho bien en asignarlo, no era esa su preocupación, sino que le intrigaba lo que este hombre tenía para decirle sobre aquel caso.
Cuando iba llegando a la oficina, Bradley recordó que su amiga se encontraba allí aún. Le pidió al hombre que lo espere un minuto mientras desocupaba la oficina y luego lo recibiría.
A través de la ventana, Nick logró ver a Sarah y sonrió. La verdad es que él esperaba que fuera Sarah quien investigara el caso. Se entristeció un poco cuando lo asignaron con el Detective Saguer, pero ahora que la veía, volvió a sonreír.
—Disculpe. —Dijo. —¿Quién es la mujer de cabello rubio?
—Mi compañera. —Dijo. —La agente Burrows.
—Ella… puede quedarse. —Dijo Nick.
Bradley se confundió aún más. Pero le quito importancia. Su amiga era una mujer muy hermosa, por lo que no le sorprendería si el hombre intentaba ligar con ella.
—Victoria. —dijo Brad. —Puedes… ¿Dejarnos solos, por favor?
—Claro. —Dijo la chica, quien al levantar la vista y ver a ese hombre, se paralizó. Nick la miraba serio, parecía que le estaba dando una advertencia y eso no pasó desapercibido ante los ojos de Bradley.
—¿Se conocen? —pregunto.
—No. —dijo Nick, sin quitar la vista de la chica.
Victoria salió de su trance y salió casi corriendo de la oficina de Bradley. Aunque moría por escuchar lo que ese hombre venía a hacer aquí.
—Tú. —Exclamó Sarah, cuando lo vio.
—Buenos días, Srta. Burrows. —Dijo él.
—Bueno… Veo que ustedes sí se conocen. —dijo Brad.
—Nos topamos a las afueras de un restaurante hace unos días. —Dijo Nick, despreocupado. —La Srta. Burrows creyó que era alguien más.
Bradley lo veía con sospecha. Demasiadas casualidades en tan poco tiempo.
—Bueno… ¿Y quién es usted? —preguntó el hombre.
—Oh, lo siento. —Dijo, extendiendo su mano para saludar. —Mi nombre es Nicolás Stone. Soy el abogado del Sr. Harry Talbet.
—¿Qué lo trae por aquí, Sr. Stone? —preguntó Bradley con sospecha.
—He venido porque necesito su ayuda. —Exclamó.
—¿Y en qué podemos ayudarlo? —preguntó Brad.
—Pues… He recibido evidencia, en la puerta de mi casa, que cambia rotundamente el caso de mi cliente, pero, como llego de forma anónima, no puedo ocuparlo para preparar una apelación.
—¿Un abogado pidiendo ayuda al FBI?.- preguntó. –Eso sí que es nuevo. –Dijo Brad, cruzando miradas con Sarah, quien también desconfiaba del hombre.
—Les mostraré. —Dijo Nicolás. —Me llegó este sobre con fotografías. —Dijo, sacando su contenido y entregándolas a Sarah. —Como pueden ver, en las fotografías, Ángel Philips está vivo, eso parece ser una cabaña donde probablemente esté oculto.
—Que… Que… ¿De qué habla? —dijo Sarah.
—También había… Una dirección, detrás de la foto. —Exclamó Nicolás. —Fui hasta el lugar, la cabaña existe. Está ubicada a las afueras de la ciudad. Pero… no pude ver nada y sin una orden de allanamiento no puedo proceder.
—Está bien. —dijo Brad. —Entiendo… ¿Pero qué necesita de nosotros?
-Que lo investiguen. –Exclamó. Nick suspiró. –La casa le pertenece a Philips. Pero cuando se abrieron las investigaciones, fue la única propiedad que no fue allanada, por alguna razón que desconozco y, como abogado, no tengo el poder para hacerlo solo. El detective que estaba antes…
—Mahoni. —Respondió Brad.
—Sí… Él… —Dijo Nick. —Ignoraba mis solicitudes para avanzar con el caso. Siento que de algún modo se entorpece la investigación porque todos querían ver a Talbet en prisión. A nadie le importaba si era culpable o no… Pero cuando me llegó esto y supe que Mahoni se retiró, creí que sería mi oportunidad. En dos meses, mi cliente será ejecutado. No quiero que muera suponiendo que no hice lo suficiente. Y cuando entré y vi a la Srta. Burrows, pensé que era una señal.
Bradley negó.
—Muy bien, Sherlock. —Exclamó. —Tomaremos el caso.
—¿De verdad? —preguntó Nick, satisfecho. Después de todo, los agentes habían mordido el anzuelo.
—Investigaremos. —dijo Sarah.
—Gracias agentes. —Exclamó él.
—Agradezca cuando resolvamos el caso. —Exclamó Bradley.
Nicolás se despidió de ellos y salió de la oficina. Bradley vio a Victoria de pie cerca de la puerta y observó atentamente cómo ambos se miraban. Había algo de lo que estaba seguro. Esos dos se conocían.
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Nairobis Cardozo Portillo
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2024-03-01
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