CAPÍTULO 4.
En algún lugar…
—Jefe. —Atendió el teléfono.
—¿Lograste dejar la nota? —preguntó Savrinn.
—Sí. —Exclamó. —Pero cerró su oficina en cuanto se fue de aquí.
Liam sonrió. Ella no era tonta.
—No es importante por el momento. —Dijo él. —Te avisaré en cuanto sepa mi próximo movimiento.
—Está bien. —exclamó.
******
—¿Me dirás que es lo que te preocupa? —preguntó Bradley mientras le daba un sorbo a su cerveza. Ambos estaban en el bar Sunrise que estaba a dos cuadras del Buró. Vendían una cerveza de origen belga espectacular, que tanto él como su amiga adoraban.
—¿Eres mi mejor amigo, verdad? —dijo ella.
—Claro que sí. —Respondió Bradley confundido.
—Brad… Es que… No sé en quién puedo confiar.
—En mí siempre podrás confiar, bonita. —Exclamó Brad.
—Es que… Cuando llegué a mi oficina tenía una nota en el escritorio. —dijo Sarah.
—¿Qué nota? —preguntó Brad. —¿Jared? ¿Otra vez ese tonto trata de ligar contigo?
Sarah sonrió al ver el ceño fruncido de Brad.
—No… No es de Jared. Era de Liam Savrinn.
—¿Qué dices, tonta? —dijo Brad riendo. —¿A qué te refieres?
Sarah sacó la nota de su bolso y se la extendió a Brad. Este la tomó, aún confundido y, luego, leyó el contenido de la nota. Miro asombrado a Sarah.
—Quien… ¿Quién te dio esto? —preguntó Bradley.
—No lo sé Brad… Te digo que estaba en mi oficina cuando llegue.
—¿Viste las cámaras de grabación? —preguntó él.
Sarah negó.
—Y qué esperas? Vamos, andando. —dijo Brad. —No puedo creer que hayas esperado hasta ahora. —Él dejó dinero sobre la mesa y tomó la mano de su amiga sacándola del bar apresuradamente.
—Brad… Es que… Creo que Liam tiene a alguien allí.
—¿Te refieres a un soplón? —dijo Bradley mientras caminaban de regreso al Buró.
Sarah asintió.
—Solo tú, yo, Victoria y Benjamín sabemos de lo que investigo. —dijo Sarah. —Y supongamos, que puede que ayer, cuando me fui de la correccional, Di Magio haya hecho una llamada para avisarle sobre lo que estuve averiguando.
—No tiene sentido. —dijo Brad. —¿Qué averiguaste?
-Había un arma que John le compró a Savrinn… Di Magio lo describió físicamente, aunque no estaba seguro de que ese sea el verdadero Savrinn… Busque el arma de la sala de evidencias y la envíe a la balística.
—¿Crees que encuentres algo? —dijo Brad.
—Las armas tienen un número de serie. —Dijo ella. —Tal vez si… Logro rastrear ese número, logre saber de dónde vienen. ¿Entiendes?
—O en que llegaron. —Exclamó Brad. —Son importadas… Las fabrican en Alemania.
—Es un buen dato. —dijo Sarah.
Cuando llegaron al Buró, Bradley se dirigió hacia el área de vigilancia, habló con el guardia para pedir las filmaciones de la noche anterior hasta hoy de mañana.
—¿A qué hora llegaste a la oficina? —preguntó Brad.
—No lo sé… Faltaba un cuarto de hora para las ocho. Eso creo.
—Bien… Hasta las ocho. —Dijo Brad, mientras el guardia ponía las filmaciones.
Sarah veía las pantallas, no se veían movimientos, salvo de aquellos que debieron quedarse hasta tarde. Ella desvió su vista hacia Brad. Su mejor amigo era alto, imponente, vestía siempre de forma elegante, su cabello estaba siempre arreglado, su fino reloj con detalles en oro, su perfume invadió sus fosas nasales. Definitivamente, era el hombre soñado por la mayoría de las mujeres. Pero, él solo se preocupaba por verse atractivo para los hombres.
—¿Qué paso? —preguntó Bradley al guardia y sacó a Sarah de su trance.
—Hasta aquí llegan. —Dijo el guardia confundido.
—¿Cómo? Pero eran apenas las ocho de la noche. —Respondió Brad.
—Alguien debió borrarlas. —Dijo el guardia.
—¿Tú estabas anoche? —preguntó él.
—No… Había otro turno.
—¿Puedes averiguar sus nombres? —Dijo él.
—Claro… Te mostraré la planilla. —exclamó.
—Gracias. —dijo Brad. —Y… ¿Qué hay de las grabaciones?… ¿Tienes un respaldo?
—Puedo intentar recuperarlas. —Dijo el hombre. —Pero me llevará tiempo.
—¿Cuánto? —preguntó Bradley. Su forma de ser era seca, fría y siempre iba al grano. Por eso era tan buen agente. No se andaba con rodeos. Era un hombre de pocas palabras y muy eficiente.
—No lo sé… Días… Tal vez semanas. —Dijo el hombre. —Son las grabaciones de todo el Buro.
—¿Puedes revisar si las demás oficinas también tienen eliminadas las grabaciones? —preguntó Brad.
—Sí… Pero me llevará tiempo. —Exclamó. —Puedo hacerlo para mañana. En cuanto a la recuperación de las filmaciones… Intentaré apurarme, pero… no puedo asegurar nada.
—Me conformaré con que veas las demás grabaciones… Por ahora. —dijo Brad.
—Está bien. —Exclamó.
Bradley y Sarah salieron de la sala de seguridad despidiéndose del guardia, el hombre le había dado los nombres de las personas que lo habían reemplazado el día anterior. Él hablaría con su jefe por la mañana y le informaría lo que había ocurrido. Mientras tanto, Sarah le dijo que intentaría hablar con el alcaide para que le permita ver a Talbet.
—¿Qué tal si cenamos? —preguntó Bradley.
—Es una buena idea. —dijo Sarah.
Los dos subieron al mustang y partieron hacia un restaurante en el centro de Los Ángeles. Iban allí desde que eran unos adolescentes soñando con ser los mejores detectives del país. Su amistad era única. No había dos como ellos. La mayoría de las personas pensaron que serían una buena pareja, pero, Bradley estaba locamente enamorado de Jack Kline. Un estudiante de la academia. Sin embargo, Brad siempre compartió y padeció el sufrimiento de Sarah. Lloró con ella y estuvo a su lado en cada uno de sus procesos psicológicos. Ella era su familia. Su única familia. Bradley Saguer era el primogénito y heredero de la familia Saguer. Ellos amasaron su fortuna trabajando en política. Su padre era senador por Dakota del Sur. Sin embargo, a los quince años, Bradley fue desterrado de la familia. Su padre era un hombre conservador y estructurado, no soportaba la idea de tener un hijo “desviado” y, en cuanto a su madre, solo se preocupaba por el dinero y los lujos. Por eso, Brad debió refugiarse en los oscuros callejones de la ciudad mientras encontraba un trabajo. Trabajaba durante once horas en un supermercado mientras se esforzaba por terminar la escuela secundaria. Su antigua escuela no era una opción para él, por lo que debió pedirle un favor más a su familia, a su madre. Le pidió una última voluntad como prueba de amor. Ya que él era menor de edad, no podía inscribirse por su cuenta. Su madre no quería verse involucrada en eso, por lo tanto, envió a una empleada de la mansión Saguer para que anote a Bradley, haciéndolo pasar por un hijo suyo. En la institución no hicieron demasiadas preguntas por el apellido, creían que era una simple coincidencia, después de todo, ¿qué haría el hijo de una persona tan importante en una escuela pública? Fue así como Brad logró finalizar sus estudios. A veces debía elegir entre estudiar y comer, pero su esfuerzo fue recompensado. Terminó la secundaria siendo uno de los mejores promedios y consiguió una buena beca para asistir a la academia. Allí conoce a Sarah, quien, por el contrario, tenía el sustento de su padre quien, si bien no era un hombre adinerado, su empleo le daba el dinero suficiente para ayudar a su hija. Sarah alquilaba un pequeño apartamento a unas veinte cuadras de la academia. Era algo lejos, pero era lo que podía pagar. Por eso, cuando conoció a Bradley no dudó en pedirle que se mudara con ella. No podía soportar que ese chico que aparentaba tener el corazón tan noble esté durmiendo en moteles de paso o incluso en un banco en las plazas. Pasando frío, inseguridades, entre otras cosas. A Sarah no le importaba no conocer demasiado al muchacho, pero su bondad no le permitía hacer la vista gorda. Bradley Saguer confió en ella enseguida. Le contó todo, absolutamente todo. Brad y ella vivieron juntos hasta que ambos consiguieron entrar a la academia y conseguir sus primeros salarios. Cuando cobró su primer sueldo, Sarah rentó un pequeño apartamento en el cual aún vive y, en cuanto a Brad, decidió que ya era hora de vivir solo, de tener su espacio. El padre de Sarah falleció algunos meses después. Brad la acompañó al sepelio. Estuvo con ella en todo momento. A Brad le pareció extraño ver un auto de color negro, deportivo y de alta gama, estacionado a pocos metros del cementerio. También creyó ver a un hombre vestido de traje y un sobretodo negro con lentes oscuros oculto entre los árboles. En ese momento creyó que era un empleado de la seguridad de su padre. Pero era imposible. Su padre era la persona a la que menos le importaba su seguridad. Con el tiempo se olvidó de aquello. Pero últimamente, esa imagen solía regresar a sus recuerdos.
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Comments
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy bonita
2024-10-03
0
Nairobis Cardozo Portillo
Todos los detalles en una investigación cuentan
2024-03-01
5
San Aguirre
¡Ash!
2024-02-08
0