16. Grandeza.

Luego de haber tomado la pastilla, decido que iré a donde Liam. Después de nuestro último desliz, no lo volví a ver más, y la verdad es que me encuentro muy preocupada por él. Siento que es la única persona en la que puedo confiar en estos momentos.

Tomé todo lo que necesito antes de salir y sin avisarle a Pautry, cierro la puerta de la casa detrás de mí.

Me volteo sobre mis talones para empezar a caminar. Hago esta acción, pero no avanzo ni un paso; me quedo quieta en mi lugar a consecuencia de que una brisa violenta golpea mi cara bruscamente, haciendo que cierre mis ojos de golpe. Una sensación de que algo malo pasará me asalta, haciéndose sentir con una opresión leve en mi pecho. Sé que esta no era cualquier brisa; sentía algo diferente en ella, algo que nunca había sentido antes.

Algo así como una advertencia.

—Debo estar delirando —empiezo a caminar sin hacerle caso a mis ideas y sensaciones locas.

Ya casi estamos en junio y donde vivo, siempre por estos meses, hace mucho calor. El sol pica en la piel y, por esa causa, camino rápido para llegar a la parada de autobuses; justo ahora no tengo dinero suficiente como para tomar otro taxi.

Llego a la parada y me subo al bus. Me quedo quieta sin saber a dónde ir, ya que, para mi desgracia, el autobús está completamente lleno. Camino y me pongo en la parte delantera.

Todos estamos uno al lado del otro sin poder movernos. Algunos están sentados y otros levantados, agarrándose para no caer encima de alguien, como estoy haciendo yo ahora.

Hay un hombre a mi lado que lleva un reloj de manos. Intento ver la hora, pero me es imposible visualizar algo. Este señor saca su celular de sus bolsillos y lo desbloquea, mientras empieza a chatear. Yo frunzo el ceño al saber que intentar ver la hora por medio del celular sería muy imprudente de mi parte, pero no es como si tratar de chismear entre su conversación. Solo quiero saber la hora.

Muevo mi cabeza un poco para poder ver la pantalla de su celular. Me concentro en el trabajo que me propuse y muevo mi cabeza de un lado a otro para buscar el mejor ángulo posible. Las letras están muy pequeñas. Alguien se aclara la garganta, y miro en la dirección de dicha persona, encontrándome que se trata de una señora que se encuentra sentada en frente de mí.

La señora negó con la cabeza varias veces y me miró como si estuviera regañándome.

—Oh, no es lo que piensa —me excuso rápidamente, y esta seguía con su mirada reprochadora.

Me siento apenada por la situación en la que me encuentro. El autobús se detiene, y para mi suerte fue donde me bajaba. Así lo hago, casi corriendo bajo del bus. Y me quedo en la acera viendo la ventana en donde se encontraba la señora de antes, y ella aún seguía negando con la cabeza.

El autobús empieza su marcha nuevamente, y aquella señora aún seguía viéndome y negando. Yo me olvidé de cómo respirar por la vergüenza.

Solo cuando ya no vi su cara, pude respirar con tranquilidad.

—Tendré pesadillas con esa mujer —musité, poniendo una mano en el pecho de forma dramática, como si me hubiera dado el susto de mi vida.

—Yo ya tengo esas pesadillas —alguien dijo a mi lado, y era una chica que al igual que yo tenía una mano en el pecho. Esta chica se encontraba mirando el camino por donde se había ido el bus. Ella sintió mi mirada y me dedicó una sonrisa de boca cerrada—. No son tan malas, pero ya sabes, pesadillas son pesadillas y esa mujer da miedo.

—Sí... —eso fue lo único que salió de mis labios.

—Bueno, fue un placer. Es hora de irme —hizo saber. Esta chica de cabellera castaña me dio la espalda y empezó a caminar por el camino que yo debo tomar.

Luego de un tiempo, en el cual ella estuvo un poco lejos de mí, empecé a caminar y traté de ir lo más lento posible para que esta no pensara que la estoy siguiendo.

Transcurrieron unos minutos, las dos llegamos al hospital. Ella entró primero y, luego de un tiempo, lo hice yo. Estábamos caminando al mismo tiempo por el pasillo del hospital y, por lo que veía, íbamos al mismo lugar. Me quedé mirándola mientras caminaba, y de un momento a otro, ella me miró también. La chica solo me sonrió como si nos conociéramos, como si fuera algo de todos los días mi presencia aquí. Luego de eso, siguió su camino.

Una extraña sensación me embargó y, en ese instante, Liam se hizo presente en el lugar. Este venía hacia donde me encontraba, y una sonrisa adornó mi rostro. Pero, así como vino, se esfumó y algo hizo que me detuviera en seco. La chica siguió caminando, y me di cuenta de que iba en dirección a él.

Ellos, al momento de estar uno frente al otro, se abrazaron y se dieron un beso en los labios. Yo me quedé estática en mi lugar, ya que mi cabeza empezó a doler y sentí como si estuviera a punto de explotar en cualquier momento.

La falta de aire me llegó, al igual que aquella vez en mayo, en mi boda, donde di mis últimas respiraciones.

Tragué saliva con dificultad y rápidamente di la vuelta sobre mis talones, y empecé a correr hacia la salida, en contra de mi voluntad. Fue un impulso, una forma de escape, como si algo me hubiera empujado a hacerlo.

Las puertas del hospital se veían cada vez más grandes a medida que me acercaba y el sol daba de lleno hacia adentro. En mi pecho clamó una ansiedad abrumadora; en mis pensamientos solo estuvo el hecho de que necesito cruzar esas puertas ahora, como si mi vida dependiera de ello.

—¡Kaie! —la voz de Liam se escuchó en mi cabeza como si tuviera eco.

Volteé mi cabeza en su dirección al mismo tiempo que crucé las puertas y lo miré. En ese preciso momento, su cuerpo se desvaneció y se perdió en la nada. Mi pie derecho tocó el pavimento exterior con mucha fuerza, ya que me detuve para encontrarme con Liam, pero él ya no estaba.

Ya nada estaba.

Tanto él como el pasillo y las personas que se encontraban en él desaparecieron. Miré a mi alrededor y abrí mis ojos con sorpresa por el hecho de que todo había desaparecido.

No sabía en dónde me encontraba, pues todo a mi alrededor era agua, conmigo en el centro, en una superficie cubierta de césped y tierra.

Giré sobre mí misma y observé todo con detenimiento.

Un césped que parecía irreal tenía una altura no muy alta y había varias flores que nunca había visto en mi vida, flores que tenían unos enormes pétalos; pétalos excesivamente largos a tal punto que llegaban a rozar el suelo que cubría sus raíces. Di un paso hacia atrás, abrumada, cuando me percaté de que a mis espaldas se había un árbol. Este se encontraba en un cielo oscuro lleno de estrellas, alumbrándolo como si trataran de mostrar su grandeza.

Fijé mi vista más abajo y justo en ese momento todo tipo de sensaciones me golpearon; la garganta me escoció con fervor, las manos me temblaron y la cabeza me dolió. Deposité una mano en mi pecho, mientras sentí mis ojos arder.

En una silla debajo de aquel árbol, mi verdadero cuerpo se hallaba postrado.

Más populares

Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Cuál es la verdadera realidad para Camila 🤔

2024-09-28

0

Total

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play