13. Toques que duelen.

Después de pasar un buen rato, Pautry y yo nos fuimos de la casa de mis padres. Sinceramente, quería quedarme allí, donde crecí y pasé buenos momentos junto a ellos, donde de alguna u otra forma me siento realmente segura. Pero sé que no podrá ser, ni ahora ni nunca, porque su hija está muerta, y justo ahora, esa hija no soy yo.

El interior del auto se sumió en un silencio absoluto, ya que ninguno de los dos parece tener la intención de decir algo, y para ser sincera, siento que me estoy ahogando.

Quisiera poder contarle a alguien mis secretos, decir lo aterrorizada que me siento por esta situación en la que me encuentro en este preciso momento. Pero sé perfectamente que él no es la persona correcta para desahogarme, y esto es realmente triste porque alguna vez lo fue...

La verdad es que tengo miedo de dejar de existir cuando devuelva este cuerpo, y existen momentos en los que me cuestiono todo, hasta el hecho de devolver lo que fue robado. Y sé tan bien que ya de por sí es malo dudar, pero no dolería tanto si Pautry no tuviera que participar en esto.

Aunque nada me asegura de que lo que dijo esa señora sea cierto, todo encaja a la perfección. Ella sabía muchas cosas, mi nombre, el de ella; la certeza y confianza con la cual se expresó no le resta mérito, y yo solo estoy buscando excusas para retrasar lo inevitable.

—¿Amabas mucho a Kaie? —de mis labios salieron esas palabras, no pregunté esto porque dudara de su amor hacia mí, sino porque el nudo en mi garganta me imploraba decir algo, aunque sea la mínima cosa.

—La amo —dijo sin mirarme.

Su vista estaba fija en el camino, y su expresión era algo que me era difícil ver. Por esa causa decidí también mirar al frente y solamente al frente.

A los pocos minutos llegamos a nuestro destino y, sin decir nada y a toda prisa, me bajé del auto. Corrí hacia el interior de la casa para llegar a la que ahora es mi habitación, temporalmente.

Llegué a esta y dejé salir mis penas.

Todo sería más fácil si él no estuviera sufriendo.

Todo sería más fácil si no tuviera que enamorarlo por segunda vez y hacerlo sufrir por segunda vez. Me dormí mientras lloraba: por él, por ella, por mí. Porque... aún puedo llorar por mí, ¿cierto?

Desperté cuando el sol no había salido, y esto lo sé porque todo aún se encontraba en penumbras. A pesar de que ayer dormí muy temprano, mi cuerpo se sentía pesado, y los ojos me ardían por el hecho de tanto llorar.

Ayer lloré como nunca lo había hecho; nunca había sentido tanto vacío en mi interior. Sentía que en cualquier momento caería en la locura por todo esto. Me siento tan sola en este momento, nadie puede ayudarme, nadie puede aconsejarme, nadie sabe que existo. Por ende, estoy sola en este momento y estoy consciente de que eso es algo que no puedo cambiar.

Me levanté de la cama despacio, ya que mis piernas y mi cuerpo entero tiemblan levemente.

—Todo va a estar bien —dije como una forma de consuelo para mí.

Siempre fui una persona de creer en este "todo va a estar bien" y que, al decírmelo a mí misma en voz alta, atraería esa energía positiva que necesitaba. No soy fuerte, pero tengo fe, y eso me da fuerzas.

Caminé arrastrando mis pies por el frío suelo hasta llegar a la puerta. Cuando me encontré frente a ella, la abrí despacio y me dirigí a la sala, que es donde se supone que estaría Pautry. Al llegar, no lo vi. Me quedé pensativa por unos segundos y miré en dirección del pasillo, en donde se encuentran las habitaciones, que es por donde había acabado de salir, y mis pies se movieron por sí solos al instante.

Me guiaron a su encuentro porque tanto él como yo sabemos lo mucho que está sufriendo, porque al igual que él, yo también estoy sufriendo de la misma manera, y lo entiendo.

Entiendo su dolor.

Vi la puerta abierta, esa habitación en donde nuestros hijos dormirían, en donde esos hijos que no pudimos tener iban a estar con nosotros formando esa familia que siempre quisimos.

Lágrimas agrias salieron, y apresuré mi paso a su encuentro, y tal cual lo pensé, este se encontraba en la pequeña cama, recostado, abrazando un peluche; ese peluche que era mío.

Me acerqué a él, y el sonido que hacían mis pisadas para nada prudentes, al tocar el suelo, hizo que este abriera los ojos.

—Aquí estoy, no me he ido —dejé salir, aturdida. Pautry se incorporó, y yo me acerqué más a él con la cordura y el alma al borde del precipicio—. Necesito que veas que estoy aquí, justo en frente de ti. No hay tristeza, no hay dolor; estoy contigo, estamos juntos, así como siempre.

Me miró con sus ojos rojos e hinchados, indicándome que había estado llorando, como yo lo había hecho. Observé sus labios entreabiertos, y dos lágrimas salieron de mis ojos porque quería volver a besarlo como antes, quería volver a sentir su calor y que todo esto fuera una pesadilla.

—Prometiste hacerme feliz —reclamé con la voz entrecortada—, y no estás cumpliendo tu promesa. Justo ahora me siento miserable. Sola.

Sin esperarlo, él soltó el peluche que tenía entre sus manos, tomó mi rostro entre estas y me besó con ansiedad, con desesperación, con dolor...

—Kaie —susurró en medio del beso.

Estoy aquí. Justo en donde siempre solía estar, entre sus brazos, en donde pertenezco, en donde los dos nos reconocemos; aunque estemos en mundos distintos, con caras distintas, con enfoques distintos. Siempre seremos él y yo.

Siento sus heridas, esas heridas internas con cada beso que me da. No enfoqué cuando los dos nos unimos nuevamente, con dolor en cada toque, con lágrimas en nuestros rostros, con amor de las dos partes. Duele, en verdad duele estar en esta situación, donde amas y amas, y por amar tanto sufres de la peor manera. Y peor aún, que esa persona también te ame, nos vemos obligados a sumergirnos en un dolor insaciable, uno que no tiene fin.

—Kaie, te amo —dejó de moverse en mí y cayó rendido en mi pecho, sudado por el esfuerzo.

Toqué sus cabellos y poco a poco yo también caí en un sueño profundo, donde todo estaba bien, donde yo no estaba muerta ni tan lejos de él.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Que doloroso 😥

2024-09-26

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