8. Desconocido.

—Tuve que salir, tardaré. En la nevera hay comida, caliéntala. Pautry.

Dejé la nota en su lugar y suspiré al viento antes de darme la vuelta sobre mis talones para quedar frente a la nevera. La abrí y miré con sumo detalle el interior; lo único decente y, según yo, comestible que vi fue un plato de espaguetis.

Con cierta duda sobre su fecha de expiración, tomé el plato entre mis manos y miré distraídamente el reloj de pared en el lado izquierdo del refrigerador. Estiré una mano hacia la estantería de cubiertos, tomé un tenedor y empecé a engullir la pasta fría.

—Once con cincuenta y cinco —dije en voz alta la hora actual mientras me concentraba en terminar de comer. Al finalizar, me dirigí al fregadero para lavar lo que había ensuciado. Luego de eso, me quedé un rato descansando, meditando y, cuando ya tuve suficiente, fui a la habitación. Me adentré en esta y me dirigí al armario. Cuando tuve lo necesario, ingresé al baño.

Un reflejo tétrico y opaco me dio la bienvenida cuando mi mirada chocó de lleno con el espejo de cuerpo completo. Me observé como nunca lo había hecho, pero sin tener la seguridad ni fortaleza para aguantar, me aparté casi de inmediato y me dispuse a quitarme las prendas que traía puestas para luego introducirme en la bañera, la cual estaba llena de agua y jabón porque antes la había preparado.

Con una lentitud asfixiante, me fui sentando. Mi cuerpo se sacudió cuando el agua helada me cubrió hasta el cuello. Cerré los ojos con fuerza, e inevitablemente algunas lágrimas salieron. Perdiendo contra mis tormentos, me sumergí dentro para que así las lágrimas se mezclaran con el agua y pasaran desapercibidas. Perdí la noción del tiempo mientras estuve ahí; la calma trató de atraparme, pero solo a medias. Me sentí como en un sueño lúcido, por lo menos ya no lloraba.

De pie en un lugar rodeado de muchos árboles me encontraba yo. A pesar de estar de pie, sentía como si estuviera flotando o que podría caer en cualquier momento.

A simple vista, estos árboles parecían comunes, pero al escrutar durante varios segundos, la perspectiva cambiaba, segundos que te hacían creer que eran minutos o incluso horas. Árboles que parecían tener magia, era lo que ahora veía. La altura y el aura de estos árboles golpeaban fuertemente: había flores, pero no unas flores cualquiera. Estas flores no se encontraban en el suelo, sino arriba, no tan alto como el cielo, pero tampoco tan cerca como la tierra.

Se veía como si sus raíces estuvieran clavadas en ese cielo oscuro, y como si sus tallos se hubieran alargado a tal punto que tocaban las copas de los árboles, cubriéndolos así hermosamente y haciéndolos ver más formidables de lo que eran.

Este lugar lo había visto tiempo atrás, pero mi mente no lograba recordar dónde había sido.

Salí de golpe del agua y empecé a toser con desespero. Mi respiración estaba entrecortada por la falta de aire y mis sentidos aturdidos por la oscuridad en mi entendimiento.

¿Qué ha pasado?

Cuando mi respiración se regularizó, salí de la bañera con rapidez y, temblando, tomé la toalla para cubrirme. Salí del baño lo más rápido posible, como si ese pequeño espacio fuera el causante de todos mis males y la única forma de estar mejor fuera huir, escapar. No obstante, mis pasos se vieron interrumpidos ante el estruendo que resonó con potencia.

Mi respiración se volvió a intensificar, y la inmovilidad se adueñó de mí.

Presté atención a la voz, que sonaba como un murmullo por la distancia que nos separaba. Después de un tiempo, comencé a caminar de manera lenta y cautelosa hacia ella.

Ya en la puerta, coloqué mi mano en mi pecho, incapaz de dar un paso más, presa del miedo. No quería averiguar quién se había adentrado en la casa, pero sabiendo que debía ir, agarré fuertemente la toalla que me cubría por si acaso tenía que correr y pudiera hacerlo sin obstrucción. Entonces, y solo entonces, comencé despacio a caminar hasta donde se escuchaba la voz del intruso.

Mi presencia llenó la cocina y, con ello, mi atención fue víctima de una mujer de cabellera castaña que me daba la espalda. Una música inundó la estancia, y di un salto amortiguado en mi lugar. Ella alargó su brazo sin todavía percatarse de mi persona y tomó un celular posado a pocos metros de ella.

—¿Sí? —dijo después de pegar el celular a su oreja.

Esperé en silencio sin saber qué debería hacer. ¿Debería enfrentarla? ¿Debería ir a la habitación y actuar como si nada? Ella está aquí, ella actúa natural como si no fuera su primera vez aquí. Realmente no sé qué hacer. ¿Qué está pasando?

—Sí, Pautry, estoy aquí. ¿Dónde estás?

Mi corazón dio un vuelco al escucharla diciendo su nombre. Respiré profundo y traté de mantener la calma.

—¿Cómo que se te olvidó decirme que no viniera hoy? Me hubieras ahorrado el pasaje —una pequeña risa proveniente de sus labios retumbó en el lugar; mi pecho junto a mi estómago se oprimieron y sentí malestar—. Pero por supuesto, me lo pagarás.

Lágrimas brotaron y el coraje me cegó. Me acerqué a ella con pasos rápidos, la agarré de la mano y de forma brusca la volví hacia mí. Esto hizo que el celular que estaba en su mano cayera, emitiendo un ruido estrepitoso que indicaba que su caída había sido fatal.

—¡¿Quién eres tú?! —grité con la voz entrecortada.

Sabía que no podía alterarme de esta manera, pero no pude evitarlo.

Había un desconocido aquí, y esa persona no era yo, o eso era lo que deseaba creer.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Con éste accidente 🤦‍♀️ porqué está en el cuerpo de Camila 🤷‍♀️ ella necesita enteresarse de algo 🤔 no comprendo.

2024-09-26

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