—En serio, lo lamento, Pautry —dije, aún con mis manos alrededor de su cuerpo, sosteniéndolo fuertemente, porque en mi mente solo hay una cosa y esta es la promesa que me hice: nunca dejarlo caer.
Me aferraré a él porque justo ahora está cayendo, se está derrumbando ante mis ojos y todo es culpa mía. Y si se llega a derrumbar por completo, lo haremos juntos, como siempre.
Solo solté mi agarre cuando sus ojos no tenían lágrimas que derramar.
—Mírame —ordené y fijó sus ojos en mí, aturdido—. Aquí estoy, justo en frente de ti. Todo va a estar bien.
Quise, o mejor dicho, traté de hacer que me reconociera, pero sé que eso nunca podrá ser.
Observé sus ojos con detenimiento y fue ahí donde me di cuenta de que la luz que me encanta de ellos ya no está. No dije ninguna palabra, simplemente empecé a llorar frente a él, sin poder evitarlo, puesto que su dolor me duele más que nada en el mundo.
—Camila —musitó antes de acercarse a mí y abrazarme nuevamente—, perdón, por lo de antes —su voz salió ronca seguida de un suspiro.
Nos separamos cuando una enfermera entró a la habitación y me miró unos segundos para luego mirarlo a él y volver otra vez su vista a mí.
—Usted no debería estar levantada.
Por instinto toqué mi cabeza, recordando mi condición actual.
La chica vino hacia mí y me llevó hasta la cama con suaves empujones. Yo obedecí, a la vez que volteaba mi rostro hacia atrás para no perderlo de vista con el temor de que se fuera. Cuando me encontré acostada, ella me revisó y se aseguró de que todo estuviera en perfecto estado.
Mis ojos estaban fijos en Pautry, quien se dirigió a un sillón que no había notado hasta ahora. Sus ojos se cerraron cuando tomó asiento y una de sus manos se enrolló en su cabello.
—Joven —llamó la enfermera de cabello castaño y voz áspera, y Pautry inmediatamente abrió sus ojos y la miró—, ¿usted es familiar de la paciente?
—Sí —afirmó sin titubear.
—¿Seguro que es familiar de la paciente? —cuestionó para mi sorpresa.
—En realidad, no, pero somos conocidos muy cercanos y esto casi nos convierte en familia. Puede decirme todo sin ningún problema —aseveró la enfermera, asintió.
—Le ofrezco disculpas, no quise ser grosera. Anteriormente, tratamos de contactarnos con algún familiar y dadas las circunstancias tuvimos que recurrir a llamar a sus contactos más frecuentes. Le agradezco que haya venido —se explicó rápidamente, Pautry le restó importancia de inmediato.
—No hay problema.
—¿Podría regalarme unos minutos? El doctor quiere hablar con alguien que avale por la paciente.
Pautry se levantó articulando algo que no pude comprender, volteó su rostro en mi dirección al escuchar mi voz irrumpir entre la conversación de ambos.
—¿Por qué no me dice a mí lo que tenga que decir? Soy mayor de edad, puede decirme.
La enfermera me observó, mientras una sonrisa adornaba sus labios, la cual por alguna razón me molestó.
—Estás en un estado medio delicado, por esa razón no puedes, tienes que quedarte en cama y descansar. Afuera te esperan —indicó lo último en dirección a Pautry.
Yo quise protestar, pero Pautry me dio una mirada de advertencia y supe que debía quedarme callada y quieta.
Él se dispuso a salir de la habitación junto con la enfermera, cerrando la puerta detrás de ellos. Unos minutos pasaron en los cuales el techo era mi punto fijo, pero mi mirada siempre vagaba por la puerta en espera de que alguien volviera a entrar.
Finalmente, la puerta fue abierta y Pautry ingresó a la habitación con una sonrisa decorando sus labios, supe inmediatamente que algo pasaba. Él hace ese gesto cuando algo va mal y no quiere preocupar.
—Ya podemos irnos a casa.
Me senté en la pequeña cama y me dispuse a observarlo.
—Iré a comprarte algo de ropa para que podamos irnos.
—Bien —me volví a recostar fingiendo desinterés, pero con una opresión en el pecho que mostraba lo contrario.
Pautry iba a salir de la habitación, pero antes de que lo hiciera, mi voz lo detuvo y giré mi cuerpo hacia él.
—¿T-todo está bien conmigo?
—Todo está bien.
—¿Y por qué cuando entraste estabas sonriendo?
Sus labios se curvaron en una sonrisa gélida en conjunto con un suspiro.
—¿Cómo es que me conoces tan bien? —me encogí de hombros, su rostro se hallaba relajado, demasiado para mi gusto—, solo me advirtió que tenemos que cuidar mucho de ti hasta que te recuperes, de lo contrario habrá complicaciones.
—¿Qué tipo de complicaciones? —cuestioné sin darle tregua.
—Nada que no se pueda sanar, pero no por eso no debes cuidarte. ¿Se acabó el interrogatorio? —asentí no del todo convencida y él hizo lo mismo—. Me iré, entonces.
—Haz eso.
Con eso, se dispuso a salir de la estancia y yo me quedé pensativa, preguntándome cómo Camila había llegado hasta aquí, a estar en estas condiciones.
¿Acaso intentó suicidarse?, ¿tuvo un accidente? Con demasiados pensamientos abrumadores en mi cabeza, el sueño llegó a mí, y desperté cuando escuché el rechinido de la puerta al abrirse por cuarta vez en este día.
—Sueño ligero —indicó un hombre con bata blanca y barba, junto con su cabello del mismo color debido a la edad, reflejada también por las arrugas en su rostro.
—Sí...
El doctor ingresó a la habitación con Pautry detrás y cerró la puerta inmediatamente. Empezó a dar indicaciones junto con las recetas de los medicamentos que necesitábamos comprar, además del característico papel con la información. Me quitó la venda al encontrarme vestida para cambiarla por otra nueva, ya que tenía varias suturas de heridas. Cuando terminó, nos dio pase para poder irnos.
Pautry me dejó en una esquina de la farmacia del hospital y fue a comprar las recetas. Volvió a mí cuando tuvo todo lo necesario.
—Vamos.
Me tomó del brazo, posicionándose a mi lado y nos guió hacia su carro sin emitir palabra alguna. Me ayudó a subir al auto y le agradecí. Me quedé mirando por la ventana en el momento en que el vehículo empezó a moverse, sin saber exactamente cómo debería actuar.
—¿A dónde vamos? —pregunté con el entrecejo fruncido.
Aparté mi vista de la ventana y lo miré al ver que íbamos por un camino distinto al de la casa de Camila.
—A mi casa —entreabrí los labios, sorprendida.
—Tengo casa —exclamé entre dientes, con un sentimiento retorcido azotando mi pecho.
—Pero en esa casa no hay nadie que cuide de ti —me dio una mirada fugaz en el segundo en que el semáforo marcó rojo—. Y solo será hasta que te recuperes. Pensándolo bien, es mejor ir primero a tu casa y buscar algunas de tus pertenencias.
Con eso, arrancó el auto, dando la vuelta al volante.
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Updated 34 Episodes
Comments
Patricia Salazar
Que será lo que tiene 🤔 y porqué Pautry actúa de esa manera 🤔
2024-09-26
0
Emily
que suspenso que pasó con la verdadera Camila está en el cuerpo de kaei
2023-11-06
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