9. Duele.

La chica me miró rabiosa antes de zafarse de mí, y con los ojos impregnados de sorpresa, mezclados con enojo, vociferó:

—¡Suéltame!

Mordí mi labio inferior con fuerza, tratando de controlar las ganas que poseía de tomarla por las greñas y arrastrarla por todo el lugar, sin tener en cuenta nada, sin importarme quién sea, ni la razón por la cual se halla aquí.

—¿Quién eres tú? —repetí, pero esta vez con una entonación de calma fingida.

El escozor en mis ojos se sintió con ímpetu, y la traición se percibió de la misma manera.

Debía esperar un tiempo para que sanara la herida de haber perdido a una persona, de haber perdido a su esposa, pero no, por lo que veo, la única herida aquí soy yo, y no es que quiera sacar conclusiones apresuradas; sin embargo, Pautry y yo nos conocemos desde que puedo recordar, y nunca había visto a esta persona en mi vida.

¿Quién es?

¿Me estaba engañando?

¿Qué debería hacer si ese fuera el caso?

—Eso es lo que debería preguntar yo —se apresuró a decir con una sonrisa que no portaba gracia alguna—. Ya que la extraña aquí eres tú, por si no te has dado cuenta.

Abrí mis ojos en sorpresa y no me contuve cuando el impulso de tomarla del cabello me poseyó. Tomé su cabello entre mis manos, y para mi suerte o desgracia, era largo, lo que hizo que el primer jalón que me llenó de satisfacción fuera doloroso para ella. Esta chica está tomando el puesto que me pertenece; la autoridad con la cual me habló fue el incentivo que necesité para poder hacer esto.

Al principio, ella no pudo defenderse, pero luego sentí un ardor en mi mejilla que me indicó que me había golpeado. No obstante, eso no me detuvo, con todo lo que tenía, le di varios golpes en la cara bonita que tiene, y el hecho de que sea linda solo me dio más fuerza para darle con mayor gusto. Cabe destacar que no sé pelear; sin embargo, los celos al parecer te enseñan cómo debes hacerlo.

—Suéltame, por favor —me pidió en un quejido, y me detuve, retrocedí varios pasos, aturdida y tambaleante.

¿Por qué...?

Al verla en el suelo con toda su cara roja, me arrepentí a morir.

Observé mi cuerpo, ida, y me percaté de que la toalla que rodeaba mi cuerpo estaba a punto de caerse; así que, le di la espalda y me dispuse a caminar rumbo a la habitación.

Necesito salir de aquí lo antes posible.

Sé que luego de esto, Pautry no querrá verme en su casa, y no puedo enfrentarlo, no puedo hacerlo sabiendo que fue mi culpa. Ver su rostro disgustado es algo que no deseo; no quiero que me odie. No lo podría tolerar.

Cuando estuve a punto de entrar a la habitación, un dolor punzante me asaltó en la parte posterior de mi cabeza.

—¡Déjame! —grité.

La chica jaló de mi cabello hacia abajo nuevamente y me hizo caer al piso. Lágrimas cayeron de inmediato.

—¡Duele!, ¡suéltame!

—¿Pensaste que me ibas a golpear y que me iba a quedar ahí?

No dije nada; estoy consciente de que es mi culpa. Yo empecé, o él lo hizo y yo terminé.

—¡¿Qué haces?!

Mi cuerpo se sacudió a voluntad cuando su voz se hizo oír. Por alguna razón, eso hizo que me fuera en lágrimas.

Pautry apartó a la chica de su camino y vino hacia donde yo me encontraba.

—¡¿Estás loca?!, ¡ella está enferma!, ¡¿qué pasó aquí?! —gritó lo último hacia nadie en realidad; hacia aquel que quisiera responder.

Su rostro se plegó en disgusto y aturdimiento, cuando sus manos se posaron en mí. Yo no pude explicarme; quería pedir disculpas, quería decir algo, pero solo fueron lágrimas y dolor.

—Y-yo —su voz detonó duda; ella lo miró unos segundos y luego guió sus ojos a mí, aterrada—, fue su culpa.

—Margaret —Pautry pronunció su nombre casi arrastrando en sílabas, mientras la invitaba a salir de la casa haciendo un gesto con la cabeza.

—Fue su culpa —alegó en un chillido agudo.

—Hablaremos de esto después.

Margaret apretó la quijada y, dispuesta a mantener su orgullo, tomó sus pertenencias de manera rápida y precisa, para posteriormente salir de la casa azotando la puerta.

Pautry fijó sus ojos en ella hasta el último momento y solo cuando la vio partir, me miró. Me levantó del suelo y un lamento salió de mí, y eso hizo que una disculpa saliera de sus labios. Palabras frías, carentes de sinceridad y llenas de obligación, así las percibí.

—Duele —dije, y en verdad me dolía; el cuerpo, la cabeza, todo, pero más me dolía lo que está pasando ahora.

Me siento traicionada. La confianza que veo entre ambos, como la miró en mi presencia, ¿desde cuándo la conoce?, ¿y tengo derecho a juzgarlo?, ¿a sentirme de esta manera?, yo ya no soy nada.

Ingresé a la habitación conmigo a cuestas, y solo en el instante en que me depositó en la cama y se dio la tarea de cubrirme con la sábana, me di cuenta de que no traía la toalla conmigo. Pautry en ningún momento me miró de una manera pervertida; tal vez esa fue la razón por la cual no me percaté de mi desnudez actual.

—Cierra los ojos y duerme —dictó—. Buscaré tu medicina y volveré.

Antes de que se diera la vuelta, me apresuré a tomarlo del braziento y lo detuve.

—¿Quién... es ella? —busqué a media voz una respuesta a mis tormentos, en su mirada, en su comportamiento, ya que sé que él no me responderá.

Los ojos me empezaron a picar y mi voz desvarío.

—Eso no importa, debes descansar.

Negué con la cabeza y una lágrima rodó por mi mejilla.

—No, quiero una respuesta.

Sus ojos insulsos me miraron, no prometiendo decir más, pero lo hizo.

—Es una conocida, no necesitas saber más que eso, Camila.

—Eso no es suficiente, ¿desde cuándo se conocen? —tragué saliva con dificultad, ya que mi boca se encontró seca—. ¿Por qué no me quieres decir?, ¿qué hacía ella aquí?, ¿Pautry?

Dije su nombre delante de ninguna contestación de su parte.

—Desde hace dos meses, la conozco desde hace dos meses.

Abrí la boca en sorpresa y solté su mano, dejando caer las mías a cada lado de mi cuerpo.

—Estaba viva... yo...

—No es lo que piensas, ella y yo solo somos conocidos. Nunca me atrevería a hacerle eso a Kaie. Me ayuda con los quehaceres a veces, eso es todo.

Me dio la espalda una vez terminó y empezó a caminar fuera de la estancia, se detuvo en la puerta y aún de espaldas habló.

—No estoy en la obligación de decirlo, pero de igual forma lo haré, nada pasa entre nosotros —dijo y con eso salió de la habitación por completo.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Hay que darle a Pautry 🤷‍♀️ el beneficio de la duda 😉

2024-09-26

0

Emily

Emily

yo creo que el no es lo que parece

2023-11-06

2

Maria Briceño De Barreto

Maria Briceño De Barreto

será verdad 🤔

2023-10-25

1

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