12. En casa.

—Es una pena que ella no haya visto lo mucho que la querías —dijo con aire de pena, el cual rápidamente se dispersó—, pero no pasa nada, Kaie, cada quien verá lo que tenga que ver a su debido tiempo. Lo que tienes que hacer para devolverle su cuerpo es algo simple.

—¿Qué es ese algo simple? —cuestioné, impaciente.

—Tienes que hacer que tu chico se vuelva a enamorar de ti.

La miré con detenimiento para ver si había algún indicio de broma en su rostro, pero al verla portando un semblante serio, abrí la boca en sorpresa. ¿Qué?

—No te entiendo —expresé con la intención de que sus palabras fueran repetidas y haya una segunda confirmación.

—Fui clara, pequeña, debes hacer que Pautry se enamore de ti, en ese cuerpo que ahora tienes y, mejor aún, que por sí solo se dé cuenta de quién eres en verdad.

—¿Por qué esto? No tiene sentido —indagué con un nudo doloroso haciéndose sentir en mi garganta.

—Porque no quieres la gracia que se te fue otorgada y ese será el precio por despreciarla —explicó, mientras sus ojos estaban fijos en mí—. Estarás liberando de su castigo a quien merece estar castigado, entonces los papeles se invierten.

Negué con desconcierto.

—¿Acaso no crees que quien está siendo castigada en este momento soy yo? Esto es demasiado cruel —sonreí sin gracia, expresando mi descontento, lo absurdo de todo esto.

Sus ojos siguieron observándome con profundidad y seriedad, pero esta luego fue reemplazada por una sonrisa de boca cerrada para después su voz diciendo:

—¿Sientes que estás siendo castigada? Mira a tu alrededor y mírate, Kaie, ¿quién murió y quién está con vida?

Apreté mi mandíbula frente a sus palabras.

—¿Y qué? ¿Cuál es la ganancia de estar con vida? —pregunté luego de unos segundos en una entonación agria—, no ganaré absolutamente nada más que hacerlo sufrir más de lo que está sufriendo y en el transcurso sufriré también, incluso si decido no devolver el cuerpo. Vivir de esta manera... es peor que arder entre cenizas.

Sus manos se posicionaron en su regazo, dedicándome una última mirada para posteriormente fijar su vista al frente. Yo, de igual forma, observé ese lugar en donde estaba la capilla y tragué saliva al instante de que los recuerdos pasaron como imágenes distorsionadas en mi mente.

—¿Y esperabas salir de esto ilesa? —inquirió con un tono acusador. La observé medio aturdida y negué con la cabeza.

Pestañeé varias veces para espantar las lágrimas contenidas.

—Yo no elegí esto, es lo mínimo que merezco —dicté, sabiendo que aunque lo dijera en voz alta, no cambiaré nada. No obtendré su ayuda.

—Así es la vida —dicho esto, se levantó y empezó a caminar hacia las puertas de la iglesia, yo me quedé petrificada tratando de asimilar todo lo que ahora sé.

El nudo que yacía en mi garganta se volvió insoportable a tal punto que no pude aguantarlo por más tiempo y me fundí en un llanto lastimero, mezclado con rabia, al no tener salida alguna. Cuando mi mente conectó con mi cuerpo, me levanté rápido de donde me encontraba, a la vez que limpié mis lágrimas de forma brusca con mis palmas.

—¡No! —grité con desesperación en el momento en que desapareció por completo de mi campo de visión—, ¡no puedes hacerme esto!

Las lágrimas empezaron nuevamente a salir como agua de manantial y tenía el presentimiento de que en cualquier momento colapsaría.

—¡No me merezco que me hagan esto! —grité. Me apoyé en una pared y escondí mi rostro entre mis manos y me di el gusto de llorar sin que me importara nada—, no pueden hacerme esto...

Esas palabras salieron con lamento desde lo más profundo de mi ser y entonces ahí entendí, ella vino a mí porque estoy siendo egoísta. El amor que nunca dejaré atrás, aún después de la muerte. Pero... yo no quiero eso, no soy así. Nunca haría tal cosa como querer algo que no me pertenece y menos esto, la vida, un cuerpo ajeno.

Quiero vivir, pero no a costa de la vida de otro.

No puedo seguir ayudando a los enfermos ni podré ir a tomar algo después del trabajo con mis colegas, mucho menos ir a donde Pautry y refugiarme en sus brazos y contarle todo lo que había hecho en el día ni que este me escuche atentamente como siempre solía hacerlo.

—No es justo —musité a media voz, no podía hablar más, no podía más.

Me siento tan mal conmigo misma porque, si lo quisiera, no haría nada de lo que se supone que debo hacer. Desde siempre me he impuesto hacer lo que se cree correcto, pero justo ahora, en este preciso momento, lo que se debe creer correcto no lo es para mí.

Sin darme cuenta me encuentro afuera de mi antigua casa, donde antes vivía con mis padres.

Me acerqué a la puerta y con mis nudillos toqué despacio. Pasaron varios minutos hasta que pude ver a mi madre abrir la puerta y, sin poder evitarlo, la abracé. Ella se sorprendió por el acto, mas no me alejó, sino que me atrajo más así.

Nuevamente, empecé a dejar caer lágrimas y escondí la cabeza entre su cuello.

Minutos después, ella me tomó de los hombros y me alejó, y pudimos mirarnos mutuamente. Ella, al igual que yo, tenía ojeras debajo de sus ojos, por tanto, llorar, y no la culpo. Para mi madre y toda mi familia y conocidos, yo estaba muerta.

Muerta...

—Camila —su voz se escuchó ronca—. Pasa.

Se hizo a un lado para que yo entre y así lo hice.

—Qué bueno que has venido, tenía mucho tiempo sin verte. Fui al hospital a verte, pero estabas aún inconsciente y estos no han sido unos buenos días para ir a caminar por el mundo, hasta creo que me llegará la menopausia, ya estoy vieja.

Me adentré por completo al lugar y, luego de que lo hice, mi madre cerró la puerta detrás de mí, nos guió hasta donde se encuentra la sala de estar y, para mi sorpresa, ahí está la persona que no quiero ver en estos momentos.

—Pautry también ha venido a visitarnos —hace saber, cuando chocamos miradas, a la par que me ofrece un lugar para sentarme—, cada día en la mañana viene a vernos y estoy tan agradecida por eso, por algún motivo me recuerda tanto a mi Kaie.

Sus ojos se aguaron nuevamente y yo sentí una opresión en el pecho al saber que este venía a ver a mis padres después de todo. Pautry no se ha percatado de que estoy aquí y solo está hablando con mi padre.

Me reí al verlos sonreír, vaya a saber Dios por qué razón.

—Perdón, por no haber pasado antes, no me encontraba bien —me disculpé con mi madre, pero ella hizo un ademán restándole importancia al asunto—. ¿Podría hacerme un favor? —pregunté con un deje de duda y mi madre asintió afable.

Traspasé saliva con cierta dificultad.

—¿Puedo nuevamente abrazarla? —inquirí en un tono de voz bajo, y ella rompió en llanto nuevamente, y yo, acompañándola, se acercó a mí y me atrajo hacia sí y me ofreció unos de esos abrazos que te hacían sentir en casa, sana y salva.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Debe ser difícil por Kaie 🤷‍♀️ la transición y encontrar la solución 🙈 para que Camila vuelva a su cuerpo 😔

2024-09-26

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