Camila:
La vi ahí tirada, sentí una leve opresión en mi pecho y también una sensación distorsionada entre deleite y aflicción, mientras contemplaba cómo se le iba la vida.
No sabía la razón por la cual sucedía esto. Pensé que la quería, pero al ver que disfrutaba su agonía, supe mi verdadero sentir; nunca la quise lo suficiente como para desearle el bien.
Un último suspiro salió de sus labios y finalmente cerró por completo sus ojos, supe que ya era hora de irme, el eclipse se esfumó junto con ella. Pautry lloraba desconsolado por la verdadera mujer que ama, porque la ama, a ella. Siempre fue así.
Coloqué en mi cabeza la capucha del abrigo que traía puesto y empecé a andar sin rumbo en específico.
Yo lo amaba tanto que pensé que su felicidad me haría feliz, pero no fue así, como en todo en lo que creo me equivoqué. Soporté verlos enamorados por cinco largos años, aguanté verlos siendo novios por cinco años más, creí que iba a soportar verlos casados formando esa familia que yo quería tener junto a él, pero me equivoqué.
Lo conocí en la escuela cuando tenía apenas once años, al principio solo fuimos él y yo, pero luego llegó ella pareciendo una princesa inocente y quitándome lo que más anhelaba en la vida y destrozando a la pequeña que no tenía maldad y ahí entendí que no siempre podremos tener eso que más queremos. No obstante, lo que no pude entender en aquel entonces y hasta el día de hoy no logro comprender es... ¿por qué ella sí y yo no?
¿Qué tiene ella que yo no tenga o pueda tener?
Intenté con todas mis fuerzas abstenerme, cuando no funcionó traté de que ella tampoco tuviera eso que más deseaba, pero por más que me esforzaba nunca logré hacerlo y quizás esa sea la razón por la cual me encuentro aquí, sola... pareciendo una demente o quizás ya lo soy, pues hice cosas de las cuales no me arrepiento, pero debería hacerlo. No sé si sea envidia, pero el sentimiento amargo que experimenté al querer que él dejara de mirarla de la manera en que lo hacía, esa manera en que yo lo miraba a él, no quiero volver a sentirlo. Nunca más.
Lágrimas de impotencia salieron.
Odio tener esta vida tan miserable, odio no ser suficiente para él, no ser suficiente para mi familia, no ser suficiente para mí misma, odio querer ser como ella y lo que más odio es aparentar algo que no soy, algo que nunca seré.
Aparentando ser buena para agradarles, ese es mi castigo.
Me senté en una piedra plana y un tanto alta, no al punto de que mis pies flotaran en el aire, sino que se plantaran con firmeza en el suelo llano. Puse mis manos en mis rodillas y las apreté con mucha fuerza, así tratando de retener la rabia que yacía en mi interior; exhalaba y soltaba el aire despacio para enfriar mi mente.
El frío colándose por debajo de mi ropa completamente empapada no ayudaba a amortiguar estas inmensas ganas de llorar y reír que mantenía cautivas en mi interior. No había calidez que me abrigara, tan solo era frío. Esparciéndose por los poros de mi piel y embriagándome con más viveza de la tristeza que me acompañaba.
—Quisiera ser ella —mascullé, e inmediatamente los ojos me empezaron a picar y un nudo doloroso se formó en mi garganta cuando me vi conteniendo las lágrimas, como tantas veces en el pasado solo podía llorar y desear—, por lo menos una vez en la vida, quisiera tener tanta suerte como la tiene ella.
—¿Crees que ella tiene suerte?
Me sobresalté y miré con los ojos bien abiertos a la persona que me habló, se trataba de una señora mayor, que para mi sorpresa se encontraba sentada al lado derecho de la piedra junto a mí.
—Cuidado con lo que dices, pequeña —me encontraba estupefacta todavía sin entender cómo esta anciana llegó a mi lado sin que me diera cuenta—. Si los pensamientos tienen un gran poder, imagínate las palabras.
—No le tiene que importar lo que digo —ladré seca.
Un silencio abrumador se instaló en el lugar, esto hasta que ella lo rompió de forma abrupta con su voz y su gesto duro y severo.
—Sé lo que hiciste.
Sentí mi cuerpo estremecer.
Esta mujer no me miró en ningún momento, sino que miraba la calle desolada que se encontraba frente a nosotras, pero sus labios se movían de forma automática y sus palabras iban dirigidas a mí, mirándome, penetrando mi conciencia con su voz.
—Ser ella..., sabes esto, Camila, si hacemos el mal, también podemos experimentarlo en un futuro, aunque no sepamos cuándo —manifestó enjuiciándome por mis actos.
Mi labio inferior dolió cuando lo tuve atrapado entre mis dientes, mi garganta dolió y mi respiración se hizo inestable. Fijé con rudeza mis ojos en el perfil de la anciana y abrí mi boca para decir algo, pero la cerré casi al instante.
—Sé lo que hiciste, Camila —su voz nuevamente me señaló y su mirada se guió a mi encuentro—. Tú la mataste.
No pude moverme, no pude emitir ni una sola palabra, mi mente se vio turbada, en blanco. Nadie pudo saberlo, solo yo, lo que hice con ella con Kaie.
Ella se levantó y sin mirar atrás empezó a caminar, antes de alejarse por completo me miró sobre sus hombros unos segundos para después volver su vista hacia el frente y seguir su marcha. Sin saber exactamente por qué, a pasos apresurados, que prontamente se convirtió en una corrida asfixiante, fui detrás de ella.
—¡Espera! —grité y mi garganta escoció en el proceso.
No la pude alcanzar.
Me detuve cuando ya no hubo más que hacer, las lágrimas empezaron a caer silenciosas y solo pude centrarme en mi pesada respiración que retumbaba en mi pecho. Me encontré en medio de la calle en un estado lamentable, con la vista empañada, las manos temblorosas y mis pies amenazándome con dejarme caer contra el suelo en cualquier momento.
Tragué saliva con dificultad, mientras guié mis ojos hacia adelante.
—Yo la asesiné..., yo lo hice, por envidia, por estúpida. Realmente no quería hacerlo, me arrepiento —admití atolondrada en un hilo de voz—. No, realmente no te arrepientes —declaré en automático, no reconociendo mi voz.
Retrocedí dos pasos, temblorosa y no lo vi, no pude percatarme del auto que venía despavorido directo hacia mí, no hice nada, no porque no quisiera hacerlo, simplemente no pude mover ni un músculo.
Un dolor profundo y palpitante se hizo presente en mi pecho, entreabrí mis labios y di un último suspiro, notando el carro demasiado cerca y esperándolo; en un abrir y cerrar de ojos impactó bruscamente contra mi cuerpo.
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Updated 34 Episodes
Comments
Patricia Salazar
Cómo dice la canción 🎶 la envidia ni mata pero mortifica 🤷♀️ te preguntas que le vio a ella y a ti no 😔 seguro algo que te hacía falta 🤦♀️ carisma, humildad
2024-09-25
1
Tere De Jesus Jimenez
me gusta 👍
2024-02-12
2
Elvira Fretes
interesante, ser ir y venir del pasado al presente 🤔
2023-10-04
1