7. Buenas noches.

Pautry se quedó mirándome con una expresión moribunda; sus labios se fruncieron en un gesto agrio, y este hecho hizo retroceder mi osadía, arrepentida.

Él no es el tipo de persona que mira de esa manera; esto solo lo hace cuando está realmente molesto.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó en una entonación áspera, cortante.

Vacilé; sin embargo, me impulsé a alzar mi mentón y la voz.

—Soy Kaie —repetí firme, a pesar de estar en el cuerpo de Camila.

—¿Qué estás diciendo? —repitió, su voz dura como el acero y carente de la habitual calidez. Sus ojos se estrecharon, y vi un destello de furia contenida—. ¿Te estás escuchando a ti misma?, ¿qué crees que estás haciendo?

Pude apreciar cómo la llama viva de mi corazón martillaba duro contra mi pecho y le hacía fractura a mi garganta seca.

—No... sí, estoy consciente de lo que estoy diciendo y no es nada más que la verdad. No te estoy mintiendo. Yo realmente soy...

—No quiero ser cruel, pero no me dejas otra alternativa y, como te dije aquella vez antes de casarme, te lo vuelvo a decir ahora: nunca te elegiré, porque siempre será ella —frente a sus palabras, las cuales realmente no iban dirigidas para mí, mordí mis labios en un insignificante intento de no llorar—. No sé qué intentas hacer con esto, pero no veas en su muerte una oportunidad de reemplazarla.

—¿Qué estás diciendo...? —interpelé cuando las lágrimas encontraron su camino y sus palabras fueron demasiado como para poder interpretarlas del todo.

—Lo dejaré pasar esta vez, recordándote que somos amigos y nada más que eso, Camila —dijo con un semblante severo. Quise retroceder, esconderme, huir, pero me obligué a quedarme quieta en mi lugar, tratando de que de mis labios no saliera ningún ruido—. Siempre te lo he dejado claro y no porque ella haya muerto cambiaré de opinión. Solo la amo a ella y viviré por siempre con su sombra cubriéndome. Es así, no quiero que sea de otra manera.

—Pautry... —su nombre pronunciado con estos labios, dicho por esta voz, me incomodó, lo odié—, no quiero esto, no quiero que sea de esta manera —mascullé con base en mi actual pensamiento.

—Espero que esta sea la última vez que tenga que decirlo. No me obligues a alejarme —alertó impasible.

Mi mente se fundió en un torbellino de pensamientos. Camila... ella estaba interesada en Pautry, incluso sabiendo que nosotros... ¡No!, eso es imposible. Ella no podría hacerme esto, claro que no. Quizás está confundido, sí, eso es lo que pasa.

Clavé mi vista en el suelo y negué con la cabeza, no creyéndolo; el nudo en mi garganta es tan intenso que el solo pasar saliva me proporciona un dolor inmenso. Mordí nuevamente mi labio inferior antes de subir la cabeza con lentitud y posar mis ojos en él. ¿Realmente esto está pasando?, ¿por qué ahora?, ¿por qué todo lo malo quiere arrasarme sin previo aviso?

—Pautry, ¿yo...? —empecé diciendo. Una punzada en mi pecho me hizo detenerme un instante, pero mi determinación por aclarar las cosas era tanta que, a pesar de ello, proseguí—, ¿yo estoy enamorada de ti?

—No.

—¿No...?

—No estás enamorada, eres egoísta. Eso es todo.

Entreabrí mis labios, sorprendida.

¿Qué está pasando? No entiendo nada, me siento perdida, muy perdida.

¿Ella realmente...?

Un sollozo resonó potente en la estancia y lo supe: las punzadas en mi pecho y el sentimiento hostil que se extendió por el mismo me lo dejaron claro. Debo devolverle su cuerpo lo antes posible porque de lo contrario me volveré egoísta y querré quedarme. Traicionarla justo como ella lo hizo conmigo en el pasado. Traición...

—Tú... —mi voz se mostró jocosa, mis manos temblaban, mi juicio me encerraba—, me traicionaste.

—¿Qué? —de sus labios salió esa interrogante, y yo verdaderamente no estaba pensando con claridad, y esto quedó al desnudo cuando me acerqué a una distancia imprudente a él.

—Tú que hablas de fidelidad, dime, ¿por qué me has traído aquí? —susurré en su dirección, no obstante, la pregunta iba dirigida a mí y a todas las conjeturas creadas en un solo instante.

Negué frenéticamente mientras lágrimas caían sin pena de mi rostro. Jadeé en busca de aire y control, pero todo en vano; me vi sacando todo sin coherencia alguna. Solo gritando con su rostro sorprendido como respuesta.

—¡¿Si sabes lo que siento por ti, por qué me trajiste aquí?!, ¡¿por qué no solo me dejaste afrontar todo sola?!, ¡eres un mentiroso!, ¡traidor!, ¡me traicionaste! —mi voz se rompe con cada palabra pronunciada y mis manos inquietas manotean al aire.

Pautry, en un movimiento rápido, plantó sus manos en mis hombros y me sacudió. Con repugnancia lo aparté.

—¡No me toques! —grité.

—¡¿Qué más podría haber hecho?! —me gritó de vuelta—, ¡no tienes a nadie más aparte de mí!

Mi labio tembló y mis ojos se abrieron en pasmo, me quedé helada ante su voz imponente y lo real y cruel de la situación.

Pautry respiraba con dificultad y su mirada, que estaba en mí, se escabulló, huyendo.

—No quiero hacerte daño, Camila —declaró con voz temblorosa—, pero para no hacerte daño, dejar las cosas en claro es lo primordial. Perdón si mis palabras no fueron las adecuadas..., si pensaste mal o te hice sentir mal... perdóname. No es mi intención confundirte.

Guardé silencio, ya que no tenía nada para decir, y esta vez fui yo quien apartó la mirada.

—Lo entiendes, ¿verdad?

—Sí... —dije a media voz, cansada.

De reojo lo vi asentir y seguidamente prosiguió a agarrar mis manos.

—Te quiero, Camila, para mí eres como una hermana. La hermana que me otorgó la vida. ¿Cómo podría no cuidar de ti? —asentí frente a sus palabras, el llanto me acompañó—. Vamos.

Dicho esto, nos hizo paso hacia donde estaban las habitaciones. Pautry abrió una puerta ya conocida para mí y me invitó a pasar.

—Adelante.

Me adentré al lugar con duda.

Observé con el rabillo del ojo todo a mi alrededor y sentí a Pautry posicionarse a mi lado. Fijé mis ojos en él y vi que estaba mirando la habitación con el mismo interés que yo. Mis ojos lo abandonaron y se posaron al frente, cerrándolos con fuerza al momento en que todos los recuerdos de nosotros me golpearon.

Él y yo, siempre él y yo: siempre un nosotros, un nosotros que aún está presente. El recuerdo de la última vez que vinimos a esta casa palpita en mi mente haciéndose sentir, haciéndome saber que aún permanece vivo.

—Dormiré en la sala. Desde ahora hasta que te vayas, puedes pensar que esta es tu habitación.

—Pero hay otra habitación, ¿por qué no duermes ahí? —cuestioné. Su mirada se volvió intensa y yo fruncí el ceño sin entender. Nadie además de Kaie y yo ha venido... Mi cara debió ser un poema ante sus ojos debido a que me descompuse al recordar sus palabras.

—No puedo dormir allí —confesó extrañándome totalmente por su respuesta. Esperaba un interrogatorio de su parte, pero este nunca llegó, al contrario. La que dio pie para interrogar fui yo.

—¿Por qué no?

—Buenas noches —me dio la espalda e hizo el amague de irse, pero mi voz lo detuvo.

—¿Por qué no quieres decirme?

Pautry me estaba dando la espalda y creo que esa fue la única razón por la cual tuve el valor para preguntarle directamente lo siguiente:

—¿Hay algo mal ahí?, ¿no dirás nada?

—Camila —me miró por encima de su hombro por unos segundos para después dictar—: buenas noches.

Empezó a andar en dirección de la puerta, y esta vez no lo detuve, lo dejé ir.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Donde está el cuerpo de Kaie 🤔 se quedará en el cuerpo de Camila 😱
Donde está el espíritu de ella 🙈
pobre Pautry 🤦‍♀️

2024-09-26

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