Mis ojos, pesados, se abren lentamente. Una claridad proveniente de las ventanas de la habitación me llena por completo, haciéndome parpadear y dudar de mi realidad. Me apoyo en mis manos, dispuesto a sentarme y observar a mi alrededor, ya que no reconozco el lugar. Al hacerlo, giro mi rostro hacia el bulto a mi lado, cubierto por las sábanas blancas de la cama.
Aguanto la respiración al darme cuenta de que es Pautry. Abro los ojos en horror, recordando los sucesos de la noche anterior. Me levanto con cuidado de la cama, donde Pautry duerme, y al ponerme de pie, recojo mis prendas con velocidad y discreción. Con todo en su lugar, salgo como si hubiera cometido un crimen atroz, y al pensar en ello, lo que hice es casi peor.
Acabo de cometer una atrocidad.
Me acosté con Pautry teniendo el cuerpo de Camila.
Esto no es correcto.
¿Qué es lo correcto?
Enamorar a Pautry para devolverle el cuerpo a mi amiga tampoco es correcto. Ayer me acosté con él porque sentí que me reconoció, y realmente quiero llorar porque esto es imposible.
Él aún no ama a mi amiga, que soy yo, porque si lo hiciera, ella habría obtenido su cuerpo. ¿No es eso lo que debería pasar cuando lo logre?
La única lógica que encuentro es que él se sentía solo y lo hizo por esa razón.
No sé cómo reaccionará cuando nos veamos. No sé cómo actuar cuando lo vea. Espero que no se enoje conmigo. Me dirijo al baño de la habitación y me ducho rápidamente, colocándome la primera prenda que encuentro y haciéndome una coleta con las manos.
Tan rápido y en silencio, tomo dinero de su cartera y salgo de la casa.
Iría nuevamente a la iglesia; necesito hablar con esa señora otra vez, quería otra opción, necesitaba otra opción. Enamorar a Pautry no puede ser la única, no tendría la fuerza para dejarlo ir si lo tuviera otra vez.
Camino rápidamente por las calles pobladas, y lo único que mi mente procesa es él y yo anoche, boca con boca, pecho con pecho; mi cara se calienta sin poder evitarlo.
Mi mente se aparta de esos pensamientos insanos y se adapta al bullicio de las personas a mi alrededor. Mi mirada se posa en una silueta conocida, la anciana casi siendo aplastada por personas más grandes. Me apresuro a ayudarla, empujando a individuos que se cruzan en mi camino, recibiendo insultos que no me importan.
—Gracias —agradece, y nos alejamos a un lugar apartado—. Sabía que ibas a venir, traté de escapar de ti, pero esas personas me lo impidieron.
—Necesito otra opción —expreso con desespero—. Ayer nos acostamos y no está bien, no veo cómo puedo enamorarlo sin tener contacto físico.
—Te daré un consejo —comienza a hablar—. Disfruta lo poco que puedas con ese amor hacia él porque las dos sabemos que, en algún momento, él rehará su vida amorosa, si no es con tu amiga, será con otra.
Ella hace el amague de irse, pero la detengo del brazo.
—Lo sé —las lágrimas empiezan a salir—. Por eso no quiero entrometerme en su sanación; por eso quiero otra opción que no lo incluya a él. No quiero que sufra, y no quiero sufrir. Ya no puedo más. Es demasiado.
Mientras sostengo su brazo, empiezo a llorar. Aunque estoy en el cuerpo de una persona que antes de morir era más fuerte, eso no me ayuda ni me transmite esa fuerza. Quisiera ser así de fuerte.
—Aunque me des lástima, no puedo ayudarte —musita mientras me mira con cara de pena—. No puedo hacer nada por ti, no está en mis manos y, si lo hiciera, tendría un castigo que no querrías imaginar.
Niega débilmente con la cabeza.
—No puedo interferir en sus destinos, que ustedes mismas decidieron tener.
Mis manos caen a cada lado de mi cuerpo, y la dejo ir. No puedo hacer más nada. Luego de que mi cuerpo conecta con mi cerebro, camino rumbo a la casa en donde me estoy quedando. Durante el tiempo que camino, pienso en cómo la vida se puede ir de tus manos sin darte cuenta.
De niña pensaba que la vida se me iría después de estar vieja y con hijos, pero me miro ahora y una depresión horrible me asalta. Creo que si no encuentro ayuda, podría enloquecer en cualquier momento.
Mi mente está lejos mientras camino por las calles. Levanto la vista y la fijo en el camino porque, a pesar de todo, tengo que seguir y cuidar bien de este cuerpo, ya que, aunque lo desee, no me pertenece.
Veo los rostros de las personas que pasan a mi lado, y entre tantos rostros desconocidos, veo uno conocido y a la vez desconocido para mí.
Mis ojos se agrandan, y no puedo entender qué está ocurriendo. Solo en ese momento, cuando la veo perderse entre el grupo de personas que van a cruzar la calle, mis pies se mueven, y corro con desespero para llegar a su encuentro.
¡Era Camila!
¡Camila!
Todas las personas ya cruzaron la calle, y no puedo alcanzarla porque el semáforo de los peatones está en rojo y los autos pasan.
Busco con la mirada para ver si la encuentro, y para mi suerte o desgracia, la localizo. El semáforo se pone en verde, corro hacia ella, pero no la alcanzo porque camina demasiado rápido.
Me detengo en seco cuando ya no puedo ver rastros de ella por ningún lugar, y lágrimas de frustración salen. Quiero llamarla en voz alta, pero no estoy segura de que lo que vi sea real, ya que estoy con su cuerpo y sería ilógico que ella también lo estuviera.
¿Estoy perdiendo la razón?
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Comments
Patricia Salazar
Hasta yo estaría perdiendo la cabeza 😱
2024-09-27
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