15. Distante.

Me quedé en medio de la acera, inmóvil, sin poder moverme.

¿En verdad la había visto?

¿Era real?

No podía moverme porque me encontraba en estado de shock, y esto solo me permitió quedarme estática, apenas pudiendo pestañear perpleja. Pude volver a conectar mi mente con la realidad gracias a un empujón que me dio una persona, la cual no pude detectar debido a que había muchas a mi alrededor.

Para evitar que mi cara impactara con el suelo, utilicé mis manos y caí chocando mis rodillas y palmas en el piso. Sentí un ardor horrible en las palmas de mis manos e inevitablemente no pude contener las lágrimas, no porque me doliera, sino porque ya estaba cansada y no creo poder más con este peso que no puedo llevar conmigo. Sé que en algún momento ese peso me hundirá y sufriré más de lo que estoy sufriendo ahora.

Quité mis manos del suelo, me apoyé sobre mis rodillas y observé a mi alrededor con la vista borrosa debido a las lágrimas. Intenté detectar dónde me encontraba, pero para mi desgracia no conocía el lugar. Me levanté despacio, y ya cuando estuve de pie, caminé hasta un espacio donde no hubiera tanta gente. Me apoyé en una pared y respiré profundamente para poder calmarme. Intenté dejar de llorar, pero me fue imposible.

—¿Camila? —escuché a lo lejos e inmediatamente mi cara se giró en la dirección de la persona que ahora está caminando hacia mí—, Camila, ¿eres tú?

Preguntó con inseguridad, y en su rostro se acentuó la sorpresa cuando llegó a mí y confirmó sus sospechas. La examiné por varios segundos en el momento en que se posicionó frente a mí, y con rapidez limpié la humedad de mis mejillas mientras le respondí.

—Supongo que soy yo —me aclaré la garganta, ya que mi voz se percibió ronca—, debo irme.

Le pasé por el lado, pero escuché nuevamente su voz y me detuve para escuchar lo que tenía que decir.

—No has ido a trabajar desde hace varias semanas. El jefe lo tomó como abandono laboral y contrató a alguien más.

No sé qué me sorprendió más, si el hecho de que Camila trabajara o que el jefe hiciera eso sin por lo menos averiguar el porqué de su ausencia. ¿Por qué eso es lo que se debería hacer, no?

—No entiendo para qué me dices eso si ya me han reemplazado —hablé sin pensar bien mis palabras. Me sentía irritada y cansada de todo y ahora mismo de todos.

Ella me sonrió, y eso no me agradó para nada.

—Es por si por algún motivo ibas a ir de nuevo a pedir el trabajo, para que ya no perdieras tu tiempo —relamió sus labios y siguió hablando con una falsa amabilidad—. No quisiera que pasaras un mal rato. Somos amigas después de todo.

Quizás fue porque la primera impresión que me dio no me gustó, o simplemente su manera de expresarse me pareció falsa, pero no quería volver a ver a esta persona nunca en la vida, ni mucho menos pasar palabra con esta.

Suspiré con falso lamento, y mis ojos conectaron fijamente con los de esta mujer. Así como ella hizo antes, también le sonreí de la misma manera.

—Muchas gracias, no es que quisiera ir de nuevo a trabajar allí, y no es porque el trabajo me desagrade; sino porque tú me desagradas.

¿Actué mal? Sí. ¿Me importa? No.

En estos momentos es donde debería dar la vuelta triunfal, pero soy todo menos idiota y sé que si doy la vuelta ahora, ella me podría atacar por la espalda. Quizás he visto demasiadas novelas y estoy creando algo que no es, pero eso es algo que en verdad puede pasar en la vida real.

Nunca me ha pasado, pero puede pasar…

Esta chica, al contrario de lo que pensé que haría (enojarse y armar un escándalo), me sonrió como si le hubiese contado un chiste buenísimo.

—Siempre has sido muy graciosa —tocó mi hombro con su mano y no paraba de reírse. Fruncí el ceño en confusión porque Camila nunca fue graciosa y mucho menos en ese sentido. Siempre fue una persona seria y grosera, hasta podría decirse que amargada—, pero no lo suficiente como para agradarme.

—Sorpresa querida —quité su mano de mi hombro y le sonreí—. Nunca me importó agradarte y, por ende, nunca intenté hacerlo —a pesar de que me diera un pescozón que me dejara inconsciente, me di la vuelta para alejarme de ella.

Mientras caminaba, coloqué una de mis manos en mi bolsillo y empecé a rebuscar el dinero que le había cogido a Pautry. Cuando lo ubiqué, lo tomé. Era suficiente para tomar un taxi, así que detuve uno y me subí.

Cuando el taxi se estacionó frente a la casa en la cual me estoy quedando, le pagué y bajé con nerviosismo. Me aproximé hasta la entrada y abrí la puerta para luego adentrarme. No había nadie esperándome furioso como lo imaginé, y solamente por eso pude respirar con normalidad.

Fui a verificar si Pautry se encontraba en la casa, y al no ver rastros de él por algún motivo, me desilusioné.

Caminé nuevamente hacia la puerta para irme a donde sea. Simplemente ya no quería estar aquí. En el instante en que mi mano tocó el picaporte de aquella puerta, Pautry abrió, sorprendiéndome.

Me observó y, a mi parecer, de una forma como si estuviera examinándome. Luego de un rato en el cual nos miramos mutuamente, entró por fin a la estancia y me extendió una de sus manos en donde traía una bolsa plástica. Yo la tomé entre mis manos dudosa y confundida a la vez.

—¿Qué es? —pregunté abriendo la bolsa para ver su contenido.

—La pastilla del día siguiente, tómala —y con eso me paso por el lado y se alejó de mí.

Tan distante como nunca antes.

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Comments

Patricia Salazar

Patricia Salazar

Que desgracia para Camila 🤦‍♀️ veamos a dónde la llevará está situación 🤷‍♀️

2024-09-27

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