El Conde notó el inminente rechazo de Verbena, acercó su mano y la colocó sobre su mejilla. La sangre de la que ella se había alimentado mientras estaba inconsciente, había sido de los dos príncipes. Él quería saber sí su sangre también era beneficiosa para ella, o solamente la sangre Real que poseían los príncipes podría llegar a ser su única fuente de alimento. Los ojos Verdes de ella temblaron bajo la mirada perspicaz del Conde.
Deslizó su mano por su mejilla y la dejó sobre su cuello, la mantuvo en su lugar y acercó sus labios a los de ella. Podía sentir los débiles latidos de su corazón, sabía que si ella no se alimentaba podría llegar a enfermarse.
—Abre la boca —pidió el Conde en un susurro.
Verbena siguió la indicación de él, cuando sus labios se juntaron sintió un sabor a óxido, el Conde había clavado sus propios colmillos en su labio inferior y la sangre había empezado a fluir rápidamente. Verbena intentó apartarse al sentir el sabor de la sangre, pero el Conde sostuvo su cuello con fuerza y la siguió besando.
Verbena cerró los ojos y dejó que él siguiera con el beso, luego de eso empezó a saborear lentamente la sangre del Conde. El corazón de ella empezó a latir más rápido y su hambre se volvió más voraz, ella sujetó los hombros de Conde y profundizo el beso. Él estaba complacido con la reacción de ella y se dejó llevar por la pequeña fuerza que ella estaba ejerciendo. Verbena lo empujó sobre la cama y el Conde cayó con los brazos abiertos y una gran sonrisa cubierta de sangre.
—Con cuidado —musitó el Conde poniendo sus manos en la cadera de ella.
Verbena se acomodó sobre él y colocó sus manos sobre su pecho, la piel del Conde parecía arder bajo su tacto, sus pectorales eran duros, los ojos de Verbena se fijaron en sus propias manos y apretó la piel del Conde a la vez que enterraba sus uñas. Él tragó saliva e intentó sentarse para acortar la distancia, pero Verbena lo empujó nuevamente a su lugar. El Conde abrió los ojos sorprendido por la fuerza que ella acababa de mostrar y se quedó sobre el colchón con la mirada fija en los ojos de Verbena.
Ella tenía los ojos completamente dilatados y además de eso, su color verde que se asemejaba a una esmeralda había tomado un color más oscuro. Él sabía perfectamente que su sangre había despertado el instinto asesino de un vampiro en Verbena. Ella se inclinó sobre el pecho del Conde y acercó su nariz a su cuello, aquel movimiento hizo que el Conde apretara sus labios. Verbena abrió su boca y clavó sus colmillos en el cuello del Conde.
—Despacio —susurró él al sentir su desesperación al beber su sangre.
El Conde observó el techo aburrido, habían pasado unos cuantos segundos, era más del tiempo del que ella debía alimentarse. Intentó separarla de su cuello, pero la fuerza de ella era demasiado para él. El Conde soltó un quejido frustrado, los vampiros solían ser un poco más fuertes cuando eran recién despertados.
—Verbena —gruño molesto sujetando sus hombros.
Pero ella no reaccionó a su propio nombre, seguía con sus colmillos clavados en el cuello del Conde. Él soltó un quejido doloroso cuando ella mordió con más fuerza, se sentía un poco débil y ella cada vez recuperaba su fuerza. Él colocó una mano sobre su frente y empezó a soltar insultos, no le gustaba estar en esa situación, intentó reducir la fuerza con ella utilizando su seducción, pero ella no estaba acorde a sus sentidos.
—Verbena, escúchame —volvió a hablar sujetando sus hombros e intentando separarla.
En ese movimiento sintió como la carne de su cuello se desgarró un poco y la soltó de inmediato. De su garganta salió un sonido seco y fuerte, él acaba de mostrarle los dientes y su aura era más amenazante. Fue entonces, en ese momento, que ella lo soltó, se apartó de él y lo observó desde arriba con una expresión lúgubre. Se inclinó un poco hacia él e hizo el mismo sonido y mostró sus colmillos, que eran mucho más grandes que los del Conde.
—Tranquila —intentó él calmarla acercando sus manos al rostro de ella.
Verbena apartó su cara de inmediato y volvió a inclinarse sobre él, sus labios y mandíbula estaban cubiertos de sangre, ella acercó sus labios a su pecho y le dio un suave beso. El Conde cerró los ojos y nuevamente intentó sentarse, pero ella colocó una mano en su hombro y lo devolvió a su lugar. Ella apretó su mano y él sintió como los huesos de su hombro se empezaron a romper bajo la fuerza de ella. Él arrugó la nariz y apretó la mandíbula, estaba molesto, muy molesto, pero no podía hacer nada para liberarse de ella.
—Ciro —gruñó con la voz contenida, el mayordomo apareció de inmediato y observó la escena con sorpresa—, quítamela de encima.
El mayordomo siguió la orden del Conde, en la distancia observó a Verbena unos segundos y se acercó a ella, se quitó su guante y lo colocó sobre la cabeza de ella. Aquel pequeño tacto hizo que ella se apartara de inmediato del Conde y se lanzó al suelo mientras se agarraba la cabeza y soltaba gritos de agonía. El Conde se sentó y llevó una mano a su cuello donde sintió la herida profunda que había dejado Verbena en él.
Observó en la distancia como ella seguía quejándose y se sujetaba la cabeza, el don de Ciro era hacer que sus oponentes sufrieran incontables alucinaciones, posiblemente Verbena se había herido con sus propios colmillos y por eso Ciro había podido utilizar su habilidad en ella. El Conde sujetó su hombro herido e intentó acomodar los huesos en su lugar, a lo lejos escuchó como los quejidos de Verbena cada vez eran más débiles.
—Parece que fue una mala idea —dijo Ciro al ver que Verbena estaba inconsciente.
—Yo me ocuparé de ella —respondió el Conde poniéndose de pie.
Él se tambaleó un poco y se volvió a sentar, escuchó una pequeña risa por parte de Ciro y levantó la mirada molesto hacia él. El mayordomo solo se encogió de hombros y le dio una leve inclinación.
—Solo espero que no me vuelva a llamar para detener a la vampira —apuntó Ciro gentilmente y luego desapareció.
El Conde se acercó a Verbena y la levantó, la colocó sobre su cama y se fue a su laboratorio. Claramente, él no era un vampiro fuerte, de hecho, la mayoría de vampiros eran más fuertes que él, pero él era un científico y llevaba cientos de años experimentando sobre su cuerpo. Había modificado levemente su ADN y podía ser más fuerte bebiendo sus brebajes especiales, él era el único que conocía la fórmula y la existencia de aquellos elixires. Empezó a preparar su elixir que llevaba semanas sin tomar, su brazo estaba un poco bien, como su sangre era poca, su curación también era más lenta. Se acercó a una de sus reservas de sangre y bebió un poco de sangre humana para recuperarse más rápido.
Luego de aproximadamente una hora, ya había terminado de preparar su elixir y bebió de él, ese día sería la última vez que Verbena lo iba a someter a él. Soltó una leve sonrisa y salió de su laboratorio, allí sintió una presencia oscura, sobre la cama no había nadie, pero podía sentir que en las sombras de la habitación había un vampiro acechándolo.
A sus espaldas sintió un rápido movimiento, Verbena saltó sobre él, pero el Conde la sujetó por su cuello y la levantó en el aire. Ella se empezó a asfixiar, e intentó clavar sus uñas en el brazo de él. El Conde acercó su rostro al de ella, y colocó una mano en su cintura.
—Cálmate —ordenó el Conde con voz tersa y siguió hablando—, o tendré que hacer algo que no quieres.
Verbena volvió a mostrar sus colmillos, parecía un animal salvaje, pero esta vez su fuerza no era nada al lado del Conde. Ella intentaba liberarse de él, soltaba gruñidos y se sacudía de su agarre, aun así, no podía hacer que él la soltara. El Conde la tiró sobre la cama, se acercó a ella lentamente. Verbena estaba alerta de cada movimiento que él hacía. El Conde sacó un pequeño frasco de su bolsillo y lo abrió, el olor que salió del frasco era ácido, Verbena sacudió su cabeza y solo fueron unos cuantos segundos para que sus ojos volvieran a la normalidad, incluso sus colmillos desaparecieron.
—Demasiado aterrador —murmuró el Conde al ver la efectividad de su experimento.
—¿Ah? —Musitó Verbena colocando una mano sobre su cuello.
Ella hizo una mueca de dolor, el Conde notó que tenía el cuello enrojecido por culpa de él. Colocó el frasco cerca de la cama y se acercó a Verbena lentamente, se sentó a su lado y la observó en silencio.
—¿Qué pasó? —Habló ella con la voz temblorosa.
El Conde guardó silencio, posiblemente en el estado de excitación que estaba fue demasiado para su cabeza y posiblemente no recordaba lo que había pasado. Él colocó una mano en su mejilla y con el pulgar empezó a acariciar sus labios.
—El despertar de un vampiro es algo difícil —explicó él sin mirar los ojos de Verbena—, mañana tendrás un pequeño entrenamiento.
—¿Entrenamiento? —Dijo Verbena con nerviosismo.
—Claro, casi me matas cuando estabas alimentándote de mí —indicó el Conde señalando su cuello.
Verbena abrió los ojos horrorizada, no sabía a qué se refería el Conde, era verdad que ella quería matar a un vampiro, pero no podía recordar lo que le había hecho al Conde para que dijera aquellas palabras.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 62 Episodes
Comments
yennifer legon
fascinación!
2023-06-17
1