Los ojos ámbares de Leyre seguían viendo fijamente a Verbena, la mano de ella sujetó el rostro de Verbena y la atrajo hacia sí, una pequeña sonrisa cruzó sus labios y acortó la pequeña distancia que las dividía. El Conde estaba mirando en silencio, sabía que Leyre lo quería provocar, pero él solamente se limitó a observar.
Notó como Verbena seguía hipnotizada bajo los encantos de Leyre, pero no pudo evitar observar sus manos que estaban sujetando su vestido rojo con fuerza, allí se dio cuenta de que el pequeño temblor que tenía el cuerpo de Verbena era porque ella se estaba resistiendo.
Leyre abrió su boca y dejó ver sus blancos colmillos, bajo la mirada extenuante del Conde, besó a Verbena. Ella, aunque no quería hacer parte de los caprichos de una vampiresa, no se pudo resistir a la seducción que veía en sus ojos. Los labios de Leyre eran suaves y persistentes al tacto, sus colmillos rozaban con poca delicadeza a Verbena, ella sentía que la Vampiresa quería morderla en cualquier momento.
El Conde que aún seguía en silencio, se acercó por detrás y sujetó a Verbena, sus grandes manos sujetaron su cadera y él la acercó un poco más hacia su cuerpo, Leyre seguía sin soltar a Verbena y fue allí cuando el Conde acercó sus labios y empezó a depositar suaves besos sobre su cuello. La hipnosis estaba perdiendo efecto en Verbena y fue allí cuando se dio cuenta lo que estaba pasando, ella intentó apartar sus labios de Leyre, pero allí, bajo la presión de ambos vampiros, su cuerpo empezó a reaccionar, parecía que el Conde disfrutaba de tener a alguien en sus juegos.
Un aroma dulce se hizo presente y los ojos de Verbena se cerraron levemente, su cuerpo se sintió débil y sus rodillas empezaron a fallar. Sintió otro par de labios en su cuello, los labios femeninos de una vampiresa, que no tenía sed de sangre.
Leyre, aunque era un excelente caballero del Rey, además de ser una asesina despiadada, sus métodos de seducción eran poco fructuosos. En comparación con el Conde, no había un ser humano que pudiera resistir a su seducción. El aroma cada vez era más fuerte y el ambiente se sentía más caliente, las manos de Verbena se apoyaron en los hombros de Leyre, lo que hizo que la vampiresa sonriera.
Las piernas de Verbena perdieron la poca fuerza que tenían y su cuerpo cayó hacia adelante sobre el pecho de Leyre. El Conde, que aún seguía sujetando la cadera de Verbena, con ese repentino movimiento hizo que su miembro se posicionara entre sus nalgas y con la cercanía que ella le brindó, él se inclinó sobre su espalda aprovechando la posición y beso la poca piel que se lograba ver de sus hombros.
Allí, bajo la seducción del Conde, Verbena había perdido la conciencia, Leyre estaba observando los ojos cerrados de Verbena, tenía unas pestañas largas y bonitas. Cuando levantó la mirada observó al conde entretenido con el cuerpo de Verbena y soltó una leve risa, que hizo que él la mirara fijamente.
—¿Qué? —Gruñó molesto sin soltar a Verbena.
—Tu recipiente se desmayó —le informó ella con una sonrisa traviesa.
Leyre tenía sujeta a verbena por debajo de sus hombros, el Conde abrió los ojos sorprendido, él no se había dado cuenta. Le quitó a Verbena de los brazos de Leyre, y la cargó entre sus brazos, las mejillas de ella seguían muy rojas y su piel estaba más caliente de lo normal.
—Estuvo muy buena tu distracción —le dijo Leyre caminando a su lado y luego sacó una de sus dagas, con un rápido movimiento colocó la filosa hoja de metal sobre el cuello del Conde y habló demandante—, ¿cómo se llama?
—Verbena —le dijo él sin la intención de cambiar su nombre.
—Creo que lo he escuchado —dijo ella colocando una mano cerca de su boca.
—Yo le coloqué ese nombre —informó el Conde y siguió su camino.
Leyre se quedó atrás, el Conde no se detuvo a esperarla, él le había dicho una pequeña mentira, esperaba que Leyre le diera un poco de información. Pero él no se iba a arriesgar a hacer preguntas que podían desenmascarar sus intenciones.
—Ah, ya recuerdo —dijo Leyre al llegar a su lado de golpe—, así se llamaba la Duquesa de Larx.
—¿Duquesa? —murmuró él mirando a Verbena en sus brazos.
—Murió hace muchos años —informó Leyre sin mucha importancia y al ver la cara de confusión del Conde, le explicó—, era un recipiente de alta calidad, en una fiesta del Duque Alexandre de Larx, la Duquesa fue envenenada y luego murió.
—¿Un recipiente como Duquesa? —La incredulidad en la voz de Conde se hizo presente.
Leyre se detuvo y lo miró en silencio, ella no podía creer que él nunca hubiera escuchado sobre eso, en ese tiempo la Duquesa de Larx fue el cotilleo más hablado entre varios nobles. Leyre, como mano derecha del Rey, no la vio, porque su posición en ese tiempo era estar viajando y yendo a diferentes lugares, pero sabía aquella historia, hasta el Rey la conocía y se había burlado de eso en sus aposentos.
—Si el Duque de Larx te hubiera escuchado en esos tiempos, no tendrías cabeza —dijo Leyre sujetando su cuello de manera dramática.
El Conde se limitó a guardar silencio, hablar sobre ese tipo de temas no era su pasatiempo favorito, Leyre notó que el Conde por algún motivo se veía molesto y se dio cuenta de que su tiempo en aquella mansión había sido más de lo que estaba establecido. Leyre se inclinó levemente hacia el Conde y con una sonrisa se despidió, el Conde observó como ella salió por una de las ventanas que había en aquel pasillo, tal vez había sido la misma ventana por la que ella entró.
Mientras estaba en la habitación con Verbena, él se había dado cuenta de la presencia de Leyre, su intención nunca fue ir a recibirla, pero ella aun así decidió invadir la privacidad del Conde, él se acercó a la ventana y la cerró.
Siguió su camino hasta su habitación y al llegar observó que las sábanas tenían pequeñas manchas de sangre, con cuidado dejo a Verbena sobre la cama. Él ahora podía creer en las palabras que le había dicho Verbena, también se había dado cuenta de que Leyre no reconoció a Verbena y eso lo dejaba un poco tranquilo. Acercó su mano y tocó sus labios, que estaban rojos e hinchados, bajo su tacto sintió que su temperatura corporal seguía muy alta, algo que no era muy normal en los recipientes, los recipientes, aunque no eran inmortales, tampoco se enfermaban con facilidad.
El Conde empezó a hacer pequeñas infusiones con hierbas medicinales, mientras ella seguía inconsciente, él pasaba trapos mojados en agua fría sobre su cuerpo, quería bajar su temperatura. Bajo la minuciosa atención del Conde, él se dio cuenta de que las heridas de sus colmillos ya no estaban.
No tuvo que esperar mucho hasta que ella se despertó, su mirada estaba desorientada y sus manos pasaron varias veces sobre su cuello, sus ojos verdes hicieron contacto rápidamente con la mirada atenta del Conde. Ella estaba nerviosa y apartó la mirada rápidamente para cerciorarse de que su ropa estaba en su lugar, allí escucho la risa del Conde, quien se acercó con un vaso de madera pulida en las manos.
—¿Qué voy a hacer contigo? —Dijo él colocando el vaso en las manos de Verbena.
Ella, sin entender la pregunta del Conde, miró el vaso que tenía en sus manos, el olor que provenía de él era asqueroso y su color era de un verde bastante pastoso.
—Tómalo, no es un veneno —mencionó el Conde acercándose y acostándose a su lado.
Bajo la mirada del Conde, Verbena bebió el contenido de aquel vaso, sintió arcadas y cerró los labios, terminó de tragar el contenido del vaso, tenía un sabor desagradable. El Conde le quitó el vaso de su mano y lo dejó sobre la mesa de la habitación, luego se acercó nuevamente a Verbena y se acostó a su lado, atrapó a Verbena entre sus brazos. Aquel movimiento hizo que Verbena se encogiera en su lugar, ella quería escapar y tener un momento a solas, aún no había terminado de procesar todo lo que había pasado en las últimas horas.
El Conde acercó su nariz y olfateó el cuello de Verbena, sus brazos la sujetaban con firmeza, ella no podía huir de él, fue allí que entre su nerviosismo y miedo ella tapó la boca del Conde con sus manos. Entre sus dedos pudo hacer contacto con la mirada de él, quien no parecía muy feliz con lo que ella estaba haciendo.
—Tengo hambre —fue lo único que se le ocurrió decir.
El vampiro abrió sus ojos sorprendido, luego recordó que él había bebido mucha sangre de ella y que era normal que ella tuviera hambre. Él la soltó y se dejó caer sobre la cama y miró el techo, Ciro no estaba y él no estaba dispuesto a cocinarle a un recipiente. Él la volvió a observar en silencio y notó que ella estaba un poco sorprendida.
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Comments
Alice Mendoza Alvarez
me encantan sus historias
2023-06-17
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