El corazón de Verbena se detuvo unos segundos, rechazar la presencia del Conde era su principal prioridad. Pero su cuerpo estaba muy débil y sentía náuseas con solo estar de pie. Sus manos sujetaron el brazo del Conde y pudo sentir la respiración de él en su cuello.
—¿Qué hizo el Duque contigo? —Murmuró suavemente mostrando un trazo de recelo en su voz.
Verbena intentó apartarse de las manos del Conde, pero claramente no tenía ni un poco de fuerza para poder lograr huir de él. Tampoco quería hablar del Duque, no quería recordar lo que había pasado junto a él, no lo quería decir en voz alta.
La mano libre del Conde se acercó a la cara de Verbena, él apoyó su mentón en el hombro de Verbena y luego acercó sus labios a la mejilla de ella. Verbena cerró los ojos y apretó su mandíbula, aquel movimiento no pasó desapercibido por el Conde, en cambio, hizo que él sonriera. Su mano se acercó y con su pulgar empezó a acariciar sus labios. Ella seguía con los ojos cerrados, su corazón latía muy fuerte, pero esta vez, sus latidos eran por miedo.
El Conde introdujo un dedo en la boca de Verbena y empezó a tocar sus dientes, aquel movimiento la sorprendió e hizo que ella mordiera con fuerza el dedo del Conde. Él soltó una pequeña risa y aprovechó para meter otro dedo.
—Quédate quieta —ordenó el Conde al sentir como ella intentaba mascar sus dedos.
Los dedos de él se estaban llenando de saliva, el Conde sacó sus dedos y sujetó su mandíbula para luego girar su cabeza y juntar los labios de ella con los suyos. Ella tenía los labios cerrados y ejercía presión para evitar que la lengua del Conde no invadiera su boca. Verbena sintió una sonrisa contra sus labios, luego los colmillos filosos del Conde la mordieron sutilmente.
—Tienes que abrir la boca —indicó de manera burlona el vampiro.
Ella no quería caer en sus juegos, entonces abrió los ojos y se encontró con la mirada desvergonzada de Conde. Verbena apartó su cara de él y miró hacia el brazo que la sujetaba, con sus manos le empezó a pegar palmadas para que él la soltara.
—Eres como un parásito —volvió a hablar él.
Aquellas palabras hicieron que ella levantara la cabeza de inmediato para encontrarse con la mirada sagaz del Conde, su sonrisa dejaba ver por completo sus filosos colmillos.
—Suéltame —habló por primera vez Verbena con la voz temblorosa.
—Oh, qué bonitos colmillos —dijo el Conde ignorando por completo su petición.
Él volvió a acercar su mano a la boca de Verbena y nuevamente introdujo sus dedos en ella, esta vez acarició sus pequeños colmillos, que sobresalían un poco. Ella contrajo sus labios, parecía un gato enojado y sus colmillos salieron en su totalidad.
—¡Ja! —Exclamó el Conde emocionado.
Ella cerró su boca de inmediato y sintió como la sangre del Conde invadía rápidamente su boca, su estómago se contrajo y su boca empezó a salivar con más velocidad. Verbena no entendía lo que pasaba con su cuerpo, era la primera en vez en mucho tiempo que sentía el sabor de la sangre como lo más sabroso que había probado en su vida. Ella apartó su boca y empezó a escupir horrorizada, el Conde la giró para que ella quedara frente a él. Nuevamente, se acercó y la empezó a besar con más insistencia, los colmillos de él chocaban con los de ella, Verbena seguía desorientada y siguió el beso.
Él la apretó con más fuerza hacia su cuerpo, no quería que hubiera ningún espacio entre los dos, Verbena notó como el miembro del Conde estaba duro e intentó detener el beso. Pero él la tenía sujeta y no estaba dispuesto a dejarla ir. Ella se apartó y miró con una mueca al Conde, sus labios tenían pequeñas gotas de sangre, ella no sabía si la sangre le pertenecía a él o era suya.
El Conde empezó a acariciar su espalda y se inclinó nuevamente para besarla, esta vez ella se sintió un poco mareada y cerró los ojos para recibir el beso. Él la dejó de besar y se acercó a su cuello con la intención de morderla, pero verbena sintió como algo golpeaba la espalda del Conde. Ella levantó la mirada y se encontró con los ojos de Conde, tenía una expresión sombría y su cabello estaba mojado, pequeñas gotas de agua caían de él.
—¡Arián, suéltala! —Gritó Taro detrás de ellos y luego agregó extremadamente molesto—, ¡¿Qué le estás haciendo?!
El Conde hizo contacto visual con Verbena y le dedicó una sonrisa traviesa, él la volvió a atraer contra su cuerpo donde ella sintió su miembro duro. Verbena abrió los ojos sorprendida y levantó la mano dispuesta a golpear al Conde.
—No estoy haciendo nada malo —le respondió el Conde y luego agregó sujetando la mano de ella para luego llevarla a sus labios y agregar con una pequeña sonrisa—, estaba revisando sus signos vitales.
—Pues así no se hace —dijo Taro cruzándose de brazos.
—¿De verdad? —Habló el Conde divertido y soltó a Verbena.
Ella estaba temblando por lo que estaba pasando, sujetó al Conde entre sus brazos y evitó que él se diera la vuelta, él levantó las cejas por aquel movimiento y abrió la boca para seguir hablando, pero Verbena la cubrió con sus manos.
—Taro —Verbena llamó al infante, el pequeño la miró expectante, luego ella le pidió con una dulce voz—, ¿puedes dejarnos solos?
—Te va a hacer daño —respondió el niño con desconfianza.
—Claro que no —indicó Verbena con una sonrisa forzada y continuó hablando—, voy a estar bien.
—No te creo —murmuró Taro dándole pequeños golpeteos con la suela de su zapato al suelo.
—Estamos hablando entre nosotros —explicó Verbena con amabilidad y soltando al Conde se acercó a Taro—, ya estamos solucionando nuestros problemas.
El infante la miró con desconfianza, luego miró detrás de ella, donde el Conde seguía de espaldas y estaba en silencio. Verbena le extendió la mano y el niño la sujetó, ella seguía muy débil, pero hizo su mayor esfuerzo por sacar al niño de la habitación.
—Ciro —llamó por primera vez al mayordomo como el Conde lo hacía, él apareció de inmediato, Verbena le indicó rápidamente—, puedes llevarte a Taro, por favor.
Ciro asintió en silencio, ella notó la pequeña sonrisa cómplice que estaba en sus labios, no pudo evitar ponerse roja. Luego de eso volvió a entrar en la habitación y toda la fuerza que había reunido se esfumó y se dejó caer contra la puerta hasta caer al suelo. Allí, de pie, seguía el Conde, él se giró y la miró en silencio con una gran sonrisa en el rostro.
—¿Podemos seguir con nuestra conversación? —Musitó el Conde acercándose a Verbena.
Él extendió su mano y ella la sujetó, Verbena se colocó de pie, se sentía muy mareada, así que colocó una mano en su cabeza. El Conde la levantó y la cargó entre sus brazos, enterró su cabeza entre su cuello y olfateó su aroma.
—Nos van a escuchar —gruñó Verbena molesta.
—Si guardas silencio, no creo que se den cuenta —le informó el Conde sentándose en la cama y luego agregó con picardía—, aunque antes no parecía importarte.
Las mejillas de Verbena se volvieron a colocar rojas, ella estaba sentada sobre su regazo, el Conde levantó su ropa de dormir y acarició sus piernas. Verbena abrió los ojos molesta y le pegó en las manos.
—Me siento muy mal —balbuceó Verbena acomodando su vestido.
—Lo sé —respondió el Conde con altanería.
Él empezó a soltar la cuerda de su jubón dejando ver su pecho desnudo, luego de eso se lo quitó por completo quedando con todo el torso desnudo, Verbena se encogió en su regazo y él colocó una mano en su propio cuello.
—Tienes que alimentarte de mí —indicó él mostrando su cuello.
—¿Ah? —Soltó Verbena confundida.
Ella sabía que un vampiro no se podía alimentar de otro, la sangre de los vampiros no aportaba los nutrientes necesarios para ser una buena alimentación, así que no entendía a qué se refería el Conde.
—Ya te lo dije —el Conde acercó su boca a la de ella y le explicó—, eres como un parásito.
—Deja de llamarme así —gruñó ella molesta intentando bajarse del regazo del Conde.
Él la sujetó con fuerza y se empezó a reír, acercó su boca a su oreja y pasó su lengua por su cuello, eso hizo que ella se estremeciera.
—Mientras estabas inconsciente, la sangre de humano no aportó nada a tu cuerpo —explicó él perdiendo la paciencia y luego indicó—, pero la de vampiro si te ayudó a mejorar.
La idea de beber sangre de él le pareció espeluznante a Verbena, no sabía ni siquiera cómo hacerlo y tampoco quería confiar en las palabras de él, ella había conocido a muchos vampiros que veían sangre de sus compañeras por solo placer, así que posiblemente el Conde tenía algún tipo de fetiche raro.
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Comments
Cristina Alfaro
En serio, la vez q me había entusiasmo 🥺
2023-06-08
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