El Conde siguió la mirada de Verbena y negó con la cabeza, notó que las manos de ella estaban temblando y que su corazón latía acelerado, se acercó lentamente y la intentó sujetar. Ella retrocedió al sentir las manos de él y luego su mirada se posó en sus labios, al parecer quería decir algo, pero sus palabras no salían.
Él sonrió enternecido, ambos habían compartido bastantes tiempos íntimos y él podía decir que su cercanía a ella era aún mayor, comparado con otras vampiresas con las que había interactuado. Sujetó el cabello castaño de ella y lo olió, podía sentir el miedo que ella tenía, algo que le parecía un poco ridículo, si él hubiera querido hacerle daño, hace mucho tiempo lo hubiera hecho.
—Es un exiliado —susurró sin apartar el mechón de cabello de su nariz y siguió hablando muy cerca de su oído—, estoy seguro de que él no hubiera dudado en aprovecharte de ti.
Verbena lo miró directamente a los ojos, apartando su cabello de la mano de él, bajo las luces blancas de aquella habitación, el cabello del Conde se veía mucho más rojizo, parecía tener una belleza cautivadora y peligrosa. Ella entrecerró los ojos y abrió la boca nerviosa.
—Tú te aprovechas de mí —indicó ella sacudiendo sus manos e intentando apartarse un poco.
El Conde se rio un poco y asintió con la cabeza, acercó sus manos a su cadera y la atrajo hacia su cuerpo, él la miró y acercó sus labios a los suyos.
—No lo voy a negar —susurró cerrando los ojos, sintiendo la cercanía de la suave piel de ella.
Él abrió los ojos y se dio cuenta de que ella también había cerrado los ojos, no evitó soltar una profunda carcajada, Verbena abrió los ojos de inmediato y sus mejillas se pusieron rojas rápidamente.
—Mis experimentos no tienen que hacerte daño —le explicó segundos después, luego señaló al vampiro que estaba detrás de ellos y prosiguió—. Antes de eso, hay un sujeto de prueba.
Verbena observó al vampiro en silencio, por un momento temió que ella estuviera sobre esa camilla, sintió tranquilidad al escuchar las palabras del Conde y le dedicó una pequeña sonrisa. Aunque ella quería salir de aquel laboratorio, no quería ver qué estaba haciendo el Conde con aquel vampiro.
—Saldré y te dejaré hacer lo que estabas haciendo —le avisó Verbena saliendo del agarre del Conde.
Él la observó en silencio y terminó por dar un leve asentimiento, con una sonrisa de complicidad Verbena salió del laboratorio y también de la habitación del Conde. Caminó por los pasillos y se dirigió a su habitación, al llegar se tiró sobre la cama y se cubrió el rostro. Su parte racional le recordaba que no podía confiar nuevamente en un vampiro y mucho menos enamorarse de él.
—¡Qué desalmada eres! —Murmuró Taro al lado de ella.
El corazón de Verbena dio un brinco contra su pecho y se sentó asustada sobre su cama, al lado de ella estaba el vampiro infante sentado. Sus ojos la estaban juzgando de la peor manera y tenía los brazos cruzados.
—No he hecho nada —le dijo ella sintiéndose más tranquila al darse cuenta de que era el niño.
—Por esa misma razón, lo eres —le dijo él acercándose a ella y levantando una mano la señaló con su pequeño dedo índice—, los experimentos de Arián son crueles, despiadados y sádicos.
—Es un exiliado —le informó ella.
—No todos los exiliados son malos —replicó Taro cruzándose los brazos de nuevo e inflando sus mejillas disgustado.
—No sabes nada de la vida, niño —Verbena intentó que su voz no se escuchara con amargura.
Taro frunció las cejas y dejó salir el aire de sus cachetes, se colocó de pie sobre la cama y levantó los brazos hacia el techo, luego empezó a patalear haciendo un berrinche.
—Piensas igual que Arián —gruñó molesto y se dejó caer sobre la cama.
—El Conde tendrá sus motivos, yo tengo los míos —replicó Verbena sin mucho interés en seguir con la conversación.
Taro la observó en silencio y se acercó a ella, se acostó a su lado y colocó la cabeza sobre las piernas de ella. Aquel movimiento no la sorprendió ni un poco, ella acercó su mano y empezó a acariciar el cabello negro de niños.
—Me recuerdas a mi mamá —musitó Taro con la voz triste.
Las palabras del niño colocaron en alerta a Verbena, no sabía mucho sobre él, pero podía recordar claramente lo que le había dicho el Conde, —¿será que el accidente que había mencionado el Conde estaba relacionado con la madre del niño?—. Ella tenía que pensar muy bien en las palabras que iba a decir, los vampiros juveniles no solían controlar muy bien sus emociones y por eso eran peligrosos, si se enojaban podrían llegar a matar a alguien, solo por haber arrancado un pétalo de una flor.
—¿En serio? —Dijo ella siguiendo con sus acaricias.
—Hueles igual que ella —le explicó el niño.
Las manitas de Taro apretaron el vestido suavemente, ella siguió en silencio, no quería hacerle más preguntas a él y provocar alguna reacción negativa. En el silencio de la habitación ella se dio cuenta de que Taro estaba llorando, se inclinó un poco sobre él y con sus manos le limpió las lágrimas que estaban sobre sus mejillas.
Ella empezó a cantar una suave melodía, una canción de cuna que solía cantar para su hermano menor, que tal vez ya estaría muerto, la última vez que lo había visto tenía ocho años, luego de eso había sido vendida y nunca más volvió a ver a su familia. Taro dejó de llorar mientras Verbena cantaba con cariño y tocaba su mejilla con amor, bajo las dulces caricias del recipiente, el niño se quedó dormido.
Unos minutos después Verbena dejó de cantar y se dio cuenta de que Taro estaba dormido, ella soltó una ligera sonrisa y se acostó colocando al niño entre sus brazos, esperaba que ese movimiento lo despertara, pero no fue así, al parecer el niño tenía un sueño muy pesado. Entre el cansancio ella empieza a tener sueño y se queda dormida junto al pequeño Taro.
La tarde parece ser un poco larga y las horas pasan hasta que Verbena siente su brazo dormido, se despierta con un poco de dificultad y notó que Taro aún seguía durmiendo, acerca su mano al rostro del niño y lo acaricia, pero él sigue profundo. Ella se queda observando el techo, la habitación está un poco oscura, Verbena se da cuenta de que ya es de noche.
—No obedeces a mis palabras —la voz del Conde hace acto de presencia.
Un escalofrío cubrió el cuerpo de Verbena, sin levantarse, observa a su derecha y ve al Conde sentado en un sillón frente a la cama con los brazos cruzados, su rostro tiene una expresión fría y parece molesto por la cercanía que ella tiene con Taro.
—Solo está durmiendo —respondió ella intentando hacer que el Conde relajara la mirada.
—Ciro —el Conde llamó al mayordomo, quien apareció de inmediato—, llévate al mocoso.
El mayordomo observó a su hermano entre los brazos de Verbena e hizo una mueca, se acercó y se inclinó con cortesía.
—Señorita, si me permite me llevaré al niño —le indicó el mayordomo.
Verbena miró al Conde detrás de Ciro, la expresión de su rostro era aterradora, ella asintió y observó como el mayordomo sujetaba a Taro entre sus brazos, incluso así el niño no se despertó. Luego de que Ciro se llevara a Taro, el ambiente en la habitación se sentía incómodo y sombrío. El Conde se levantó y se acercó a la cama, Verbena se sentó y lo observó en silencio, él se acercó y apoyó su frente sobre la de ella.
—Si tanto quieres un hijo, puedo intentar crear uno para ti —murmuró el Conde.
Verbena se apartó horrorizada, ella sabía que un recipiente no podía concebir hijos de un vampiro y que el Conde dijera eso, solo significaba que él podría hacer algún experimento con su cuerpo para lograr aquel objetivo sin sentido.
—No quiero hijos —negó ella con rapidez.
Él acercó sus labios a su cuello y olió su fragancia que había sido arruinada por aquel niño entrometido, apretó su mandíbula molesto y colocó su barbilla sobre el hombro de ella.
—Por el momento lo podemos poner en práctica —indicó el Conde con una sonrisa sobre la piel de Verbena.
Ella podía sentir que él estaba un poco tenso, así que colocó sus manos sobre sus hombros y las deslizó sobre su espalda.
—Me gustaría darme un baño primero —le explicó ella con nerviosismo.
El Conde apartó y la miró con las cejas levantadas, estaba sorprendido por su respuesta, se apartó y se sentó al lado de ella, con una leve indicación ella se levantó de la cama y salió corriendo hacia el baño.
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Comments
Marii Menendez
no por que tan poquitos cap autora espero muchos más
2023-05-31
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