Capítulo 11: Príncipe caído

La sonrisa de Taro se borró cuando el cuerpo inconsciente de Verbena cayó al suelo, un golpe bastante sordo para él, en cuestión de segundos había aparecido Ciro frente a Verbena. El mayordomo estaba en cuclillas mirando al recipiente, luego levantó la mirada y sus ojos azules se tornaron oscuros.

Taro apretó los labios y apartó la mirada de Ciro, el niño se bajó de la silla y se acercó a Verbena, sus pequeñas manos tocaron su rostro, estaba asustado, él no quería tener problemas con Ciro. El pequeño vampiro sintió un fuerte golpe en la parte trasera de la nuca y estaba a punto de protestar cuando sus ojos hicieron contacto con el mayordomo, la persona que lo había golpeado no había sido Ciro.

—Aparta a este mocoso de mi vista —la voz del Conde fue demandante y fría.

—¡Tú a mí no me mandas! —Gritó Taro dándose la vuelta y sacando su pecho con orgullo.

El Conde levantó las cejas y luego se inclinó para estar más cerca del niño, una sonrisa escalofriante cubrió sus labios.

—¡No me digas! —Imitó el mismo tono de voz del niño y colocando una de sus manos sobre la pequeña cabeza del infante, le dijo—. Príncipe caído.

Los ojos del niño se llenaron de ira, de un solo movimiento apartó la mano del Conde y levantó sus puños cerrados, su posición era de combate y su mirada era tenaz, los ojos del pequeño estaban más rojos que antes. El niño dio un paso para propinarle un golpe al Conde, pero en ese segundo, Ciro ya lo tenía sujeto entre sus brazos.

—¡Suéltame! ¡Suéltame! —Gritó con histeria golpeando el pecho de Ciro, luego señaló al Conde y con la voz temblorosa repleta de ira, siguió gritando—, ¡Tú no eres nadie, Arián!

El Conde se acercó al rostro del niño y sujetó su nariz con fuerza, los ojos de Taro se llenaron de lágrimas y empezó a darle golpes en la mano del Conde para que lo soltara.

—Mira, maldito mocoso. Ahora no eres nada —la voz de Conde era firme y tenebrosa—. Tu casa desapareció, ya no hay nada que respalde tu nombre y legado.

Luego soltó la nariz del niño, Taro abrió la boca dispuesto a seguir discutiendo con el Conde, pero Ciro cubrió su boca con su mano enguantada. El niño se cruzó de brazos y terminó por abrazar al mayordomo, Ciro estaba pálido y su boca la sentía seca, dio una leve inclinación hacia el Conde.

—Lamento esta situación, su señoría —se disculpó Ciro con el niño entre los brazos.

—No quiero ver a ese mocoso cerca del recipiente —ordenó Ciro.

Aquellas palabras fueron lo suficiente para que el mayordomo desapareciera con Taro, el Conde se acercó a Verbena y la miró desde lo alto. Se inclinó sobre ella y la levantó entre sus brazos. Aquel recipiente era muy débil, y además de eso, parecía tener un corazón frágil, en silencio se giró y miró lo que había sobre la mesa, no pudo evitar soltar una leve sonrisa.

—Si estás dispuesta a jugar con un niño —acercó sus labios a su oído mientras hablaba lentamente—, debes aceptar su juego.

Él sabía perfectamente que Verbena no lo había escuchado, acercó su nariz y olió su cabello, con cortos pasos salió del jardín de la mansión y se dirigió hacia el bosque. Mientras caminaba sintió como ella se empezó a mover, pudo sentir como su respiración se agitó de repente, él bajó la mirada y se encontró con los ojos abiertos de Verbena.

—Tu cuerpo es débil —le informó el Conde.

Verbena abrió la boca, ella estaba dispuesta a llevarle la contraria, pero la aguda mirada del Conde, hizo que ella guardara silencio y apartara la mirada. Su corazón empezó a latir con fuerza cuando se dio cuenta de que estaban en un bosque, ella se refugió en los brazos de Conde. Aún no se acostumbraba a la presencia de él y estar muy cerca de su cuerpo le provocaba extraños sentimientos, el cálido aroma y la calidez que le brindaba su cuerpo, era más de lo que solía estar acostumbrada.

Él se detuvo cerca de un claro con un extenso manto de pequeñas margaritas y dientes de leones, dejo que Verbena se colocara de pie con cuidado, él aún la seguía sujetando entre sus brazos. Verbena se apartó de él y se acercó a las flores blancas, su vestido verde resaltaba más entre las flores. La luz del sol reflejaba entre los blancos pétalos, Verbena levantó la mirada y vio como el Conde se acercaba lentamente hacia ella.

—¿El niño…? —Ella empezó a hablar con curiosidad.

—Es hermano de Ciro —dijo el Conde arrancando un diente de león.

—Oh —Verbena soltó una risa nerviosa y luego señaló—, se parecen bastante.

—Taro, es un pequeño vampiro molesto —le indicó el conde apretando el diente de león entre sus manos—, lleva 80 años siendo un niño, no tendrá descendencia.

Luego de aquellas palabras, abrió su mano, las semillas que estaban rotas bajo la presión de su fuerza, salieron volando torpemente con el viento. Aquellas palabras causaron desconcierto en Verbena, ella no sabía mucho sobre el desarrollo de un vampiro infante. El Conde notó las cejas fruncidas del recipiente y se acercó lentamente hacia ella, pasó de largo y se hizo detrás de ella. Él acercó sus manos a su cintura y atrajo a Verbena hacia sí.

—Los vampiros jóvenes tienen un desarrollo un poco lento —explicó el Conde entre susurros cerca de su oído, luego acercó su mano derecha y acarició el vientre de Verbena—, cuando una vampira queda embarazada, el niño tiene un desarrollo muy rápido. Suele nacer en la mitad del tiempo que un niño humano.

Verbena estaba confundida con la explicación del Conde, ella sujetó su mano e intentó que él la quitara de su vientre, pero su fuerza era nula. El Conde soltó una pequeña risa, sujetó con fuerza a Verbena y se tiró sobre el campo de flores, algunas semillas de los dientes de león salieron volando, el cuerpo de Verbena cayó sobre el pecho de Conde, aquel movimiento la asustó.

—Cuando un vampiro nace, su desarrollo puede tardar unos 20 años siendo un infante —dijo el Conde enterrando su cabeza en el cuello de Verbena.

Sus brazos la tenían aprisionada, ella intentó levantarse, pero no podía, él no se lo permitía y tampoco quería soltarla. Entre los bruscos movimientos de ella, el Conde con sus manos hizo que ella se girara y quedara sentada sobre su regazo. Las mejillas de Verbena tenían un tono rosado, el Conde seguía sujetando sus caderas y le dedicó una sonrisa taimada.

—¿Por qué Taro lleva 80 años? —Dijo Verbena intentando desviar la atención del Conde.

Él le dedicó una mueca, era algo que no quería responder, pero la mirada del recipiente era insistente. El Conde subió sus manos por la cintura de Verbena e hizo que se inclinara sobre él, ella colocó ambas manos sobre su pecho.

—Hubo un accidente en su familia que lo marcó —se limitó a decir.

Verbena abrió la boca con la intención de hacer otra pregunta, lo que hizo que el Conde colocara una mano en su nuca, luego la atrajo hacia sus labios y la besó. Su mano libre seguía acariciando su cintura, luego de unos segundos él se apartó de ella. Las mejillas de Verbena estaban rojas y su respiración estaba acelerada.

—¿Has bebido todos los brebajes? —El Conde terminó por cambiar el tema de conversación.

Verbena asintió rápidamente, para ella era muy extraño beber en cada comida un frasco de recuperación, aunque ya sabía que estos eran diferentes a los que un recipiente normal solía tomar. Además, el Conde no se alimentaba de ella, él tenía varias botellas de sangre conservada.

—La alimentación, ¿cómo ha estado? —Siguió con su interrogatorio, sus ojos estaban fijos en los de Verbena.

—Ciro es muy dedicado —respondió ella rápidamente.

La mano del Conde, que estaba en su nuca, empezó a acariciar su cuello, luego se deslizó a su hombro y sujetó la manga entre sus dedos. Verbena abrió los ojos asustada y sujetó la manga de su vestido con ambas manos.

—Estamos afuera —emitió un chillido horrorizada.

—Nadie nos va a ver —le dijo el Conde con una sonrisa traviesa.

Él se sentó y acercó sus labios al cuello de Verbena, su nariz se deslizó sobre su piel hasta llegar al hueco de su clavícula. Sus grandes manos sujetaron sus nalgas y la apretaron hacia él.

—Últimamente, tienes un aroma más dulce —le informó el Conde dejando sus colmillos a la vista.

Verbena guardó silencio y sintió como el Conde clavó sus colmillos en su cuello, el dolor se hizo presente, ella cerró los ojos con fuerza y apretó los brazos de él.

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yoltzin

yoltzin

que bastardo

2023-06-01

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Capítulos
1 Prólogo
2 Capítulo 1: Luna Roja
3 Capítulo 2: La mansión
4 Capítulo 3: Un baño
5 Capítulo 4: Cena
6 Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7 Capítulo 6: Su majestad
8 Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9 Capítulo 8: Leyre
10 Capítulo 9: Flores rojas
11 Capítulo 10: Taro
12 Capítulo 11: Príncipe caído
13 Capítulo 12: Colmillos
14 Capítulo 13: Celos
15 Capítulo 14: Aroma peculiar
16 Capítulo 15: Muerte
17 Capítulo 16: Temor
18 Capítulo 17: Parásito
19 Capítulo 18: Sometido
20 Capítulo 19: Hambriento
21 Capítulo 20: Una tina para dos
22 Capítulo 21: Arián
23 Capítulo 22: Paciente
24 Capítulo 23: Kayla
25 Capítulo 24: Una humana
26 Capítulo 25: Nora
27 Capítulo 26: La Duquesa viuda
28 Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29 Capítulo 28: El rey Baltazar
30 Capítulo 29: Un médico
31 Capítulo 30: Un diamante
32 Capítulo 31: Duquesa de Larx
33 Capítulo 32: Juegos previos
34 Capítulo 33: En los aposentos del rey
35 Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36 Capítulo 35: Gema de luna
37 Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
38 Capítulo 37: El príncipe Lance
39 Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
40 Capítulo 39: Muertos vivientes
41 Capítulo 40: Murciélagos
42 Capítulo 41: Un cuervo
43 Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
44 Capítulo 43: ¿Bucle?
45 Capítulo 44: Nuevamente
46 Capítulo 45: Nacimiento
47 Capítulo 46: Ya no es un niño
48 Capítulo 47: Un conejo
49 Capítulo 48: Un intruso
50 Capítulo 49: Reencuentro
51 Capítulo 50: Toda la noche
52 Nota importante
53 Capítulo 51: Un castillo abandonado
54 Capítulo 52: Una tarántula
55 Capítulo 53: Un hacha
56 Capítulo 54: Taro es un aprendiz
57 Capítulo 55: Un discurso
58 Capítulo 56: Luna roja artificial
59 Capítulo 57: Un enfrentamiento personal
60 Capítulo 58: Una nueva traición
61 Capítulo 59: Una alevosía dolorosa
62 Mensaje importante 2.0
Capítulos

Updated 62 Episodes

1
Prólogo
2
Capítulo 1: Luna Roja
3
Capítulo 2: La mansión
4
Capítulo 3: Un baño
5
Capítulo 4: Cena
6
Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7
Capítulo 6: Su majestad
8
Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9
Capítulo 8: Leyre
10
Capítulo 9: Flores rojas
11
Capítulo 10: Taro
12
Capítulo 11: Príncipe caído
13
Capítulo 12: Colmillos
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Capítulo 13: Celos
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Capítulo 14: Aroma peculiar
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Capítulo 15: Muerte
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Capítulo 16: Temor
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Capítulo 17: Parásito
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Capítulo 18: Sometido
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Capítulo 19: Hambriento
21
Capítulo 20: Una tina para dos
22
Capítulo 21: Arián
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Capítulo 22: Paciente
24
Capítulo 23: Kayla
25
Capítulo 24: Una humana
26
Capítulo 25: Nora
27
Capítulo 26: La Duquesa viuda
28
Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29
Capítulo 28: El rey Baltazar
30
Capítulo 29: Un médico
31
Capítulo 30: Un diamante
32
Capítulo 31: Duquesa de Larx
33
Capítulo 32: Juegos previos
34
Capítulo 33: En los aposentos del rey
35
Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36
Capítulo 35: Gema de luna
37
Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
38
Capítulo 37: El príncipe Lance
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Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
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Capítulo 39: Muertos vivientes
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Capítulo 40: Murciélagos
42
Capítulo 41: Un cuervo
43
Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
44
Capítulo 43: ¿Bucle?
45
Capítulo 44: Nuevamente
46
Capítulo 45: Nacimiento
47
Capítulo 46: Ya no es un niño
48
Capítulo 47: Un conejo
49
Capítulo 48: Un intruso
50
Capítulo 49: Reencuentro
51
Capítulo 50: Toda la noche
52
Nota importante
53
Capítulo 51: Un castillo abandonado
54
Capítulo 52: Una tarántula
55
Capítulo 53: Un hacha
56
Capítulo 54: Taro es un aprendiz
57
Capítulo 55: Un discurso
58
Capítulo 56: Luna roja artificial
59
Capítulo 57: Un enfrentamiento personal
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Capítulo 58: Una nueva traición
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Capítulo 59: Una alevosía dolorosa
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