Capítulo 6: Su majestad

Verbena no sabía, pero con sus palabras había herido el ego del Conde, él se negaba a creer que algunas de sus creaciones hubieran resultado defectuosas. El agarre de él era demasiado fuerte, lo que hizo que ella se quejara del dolor, sus delgados dedos sujetaron la mano del Conde e intentó que él la liberara.

—Un recipiente de alta calidad —murmuró el Conde mientras con su otra mano sujetaba el brazo libre de Verbena.

Ella asintió con miedo, aunque no sabía si había sido una pregunta, el rostro del Conde estaba a centímetros del suyo, pudo notar como su iris se oscurecía lentamente. Verbena temblaba entre sus brazos, temía lo peor, sus ojos se llenaron de lágrimas, lo que hacía que se vieran más claros de lo usual, un verde bastante encantador a los ojos de Conde.

Él soltó una risa mientras acercaba sus labios a su cuello, ella soltó un gruñido resignada, no quería que él le hiciera nada. El Conde se apartó un poco de ella y sin soltarla la arrastra y la tiró sobre su cama, las lágrimas seguían cayendo en silencio sobre las mejillas de Verbena.

—Por favor, no me haga daño —suplicó ella en un susurro, algo que llevaba tiempo sin pronunciar.

Ella logró escuchar un resoplido por parte de él y cuando miró su rostro, notó que tenía una pequeña sonrisa. En la distancia ella observó como él se empezaba a quitar sus mancornas y las ponía lentamente sobre la pequeña mesa que estaba en aquella habitación, luego de eso empezó a desabotonar lentamente su coleto, Verbena parecía hipnotizada por cada pequeño movimiento que el Conde hacía.

Una sonrisa se deslizó por los labios de él y se acercó lentamente hacia ella, se terminó de quitar su coleto y lo dejó a un lado de la cama, subió una rodilla para estar más cerca de ella y le dedicó una sonrisa con grandes colmillos sobresaliendo de sus labios. Fue allí cuando Verbena se dio cuenta de que estaba cayendo en la seducción de un vampiro y sacudió la cabeza para poder entrar en razón.

Aunque el Conde no se estaba esforzando demasiado en seducirla con su naturaleza de depredador, él solo le estaba demostrando una pequeña parte de su poder. Verbena temía caer en la seducción de él, así que decidió cerrar los ojos y apartar la mirada de su cuerpo. Sintió como la cama empezó a moverse y como la presencia del vampiro estaba cada vez más cerca, su corazón empezó a latir rápido y fue allí cuando sintió una fragancia dulce. Ella abrió los ojos y levantó la mirada para encontrarse con los ojos del Conde, que seguían oscuros y además de eso, también podía observar su pecho que estaba descubierto, él había soltado la cuerda de su jubón.

Las pupilas de ella se dilataron y no opuso resistencia cuando el Conde se acercó a su cuerpo, los labios de él se acercaron a su cuello y sintió como él respiraba la fragancia que emanaba el cuerpo de Verbena. Sin darle mucho tiempo para procesar lo que estaba pasando, el Conde decidió volver a probar la sangre de Verbena, pero esta vez había clavado directamente los colmillos en su cuello, la espesa y agria sangre de ella inundó la boca de él, pero aun así no se apartó, además de ser un gran científico solía ser un catador de sangre.

Con los ojos cerrados empezó a saborear la sangre con más dedicación, él sintió como las manos de ella sujetaban sus brazos. Fue allí, en la soledad e intimidad que les brindaba la habitación del Conde, que él decidió sujetar la cintura de ella con uno de sus brazos, no pasó desapercibido que la fuerza de ella iba disminuyendo, así que él se detuvo y miró el rostro de Verbena que estaba pálido y con los ojos cerrados.

—Duquesa —dijo el Conde en un tono burlón.

Ella abrió los ojos de inmediato y se encontró con la mirada del Conde, sus labios estaban cubiertos de su sangre, donde tenía pequeños hilos de sangre que se escurrían por su mandíbula hasta llegar a su cuello y manchaba su jubón blanco. Ella sujetó nuevamente los brazos de él e intentó quitar la cercanía que el Conde había creado entre los dos. Él no se movió y le causó gracia que ella con su diminuta fuerza intentara moverlo de allí.

—Intentaré probar de otro lugar —le explicó el Conde y acercó su mano libre para bajar la manga de su vestido.

Verbena, quién seguía indignada y al parecer ya no estaba bajo el efecto de la seducción de Conde, sujetó su vestido rápidamente. El Conde hizo una mueca y con su mano libre en un pequeño y suave movimiento sujetó las manos de ella y las llevó a su vientre.

—Estoy siendo amable —indicó el Conde sin soltar las manos de ella y luego agregó—, la sangre que está más cerca del corazón, en muchas ocasiones resulta ser la más deliciosa.

Ella abrió los ojos horrorizada y vio como el Conde pasaba su lengua para limpiar la sangre sobrante que estaba sobre sus labios. Sin soltar las manos de ella, quitó su otra mano de la cintura y con ella terminó de bajar el vestido de ella. Verbena tenía los ojos extremadamente abiertos y su corazón latía demasiado rápido, aunque el Conde no tenía algún deseo sexual sobre ella, no pudo evitar ver los pechos desnudos de Verbena.

Ella abrió la boca dispuesta a decirle todo lo malo que podía, pero él solo se inclinó un poco y olió la piel debajo de su pecho, donde las costillas resaltaban por la fuerte respiración que estaba experimentando Verbena. Con su mano libre acarició con sutileza su costado derecho, una parte erógena y que le resultaba bastante atractiva para él. Verbena cerró los ojos y se negó a abrir la boca, no quería aceptar nada de lo que estaba pasando.

—Duquesa, me resulta incómodo si tiene esa expresión en el rostro —le informó el Conde.

Verbena se maldijo internamente, abrió los ojos lentamente y se encontró con los ojos oscuros del Conde, esta vez podía notar algo diferente en ellos, podía sentir el deseo que había en él. Su nariz seguía clavada sobre la piel de ella, Verbena volvió a cerrar los ojos, aquella imagen le resultaba vulgar para ella, ver a un vampiro entre sus pechos.

De repente sintió como la mano de Conde se acercaba a su pecho y lo sujetaba, ella apretó sus labios y sin abrir los ojos pudo sentir como el Conde ponía sus labios muy cerca de su oído, la respiración de él parecía estar un poco agitada.

—Uno, dos, tres —empezó a contar el Conde.

Cada susurro hacía que ella se estremeciera, la mano del Conde la podía sentir con perfección, no sabía si había vuelto a caer en la seducción de él, pero sus manos habían sido liberadas. Ella sujetó los hombros de él, un pequeño movimiento que hizo que el Conde detuviera su conteo y soltara una pequeña risa traviesa.

—Tu corazón está latiendo muy rápido, su majestad —susurró el Conde muy cerca de su oído.

En el mismo momento la lengua de él pasó suavemente por su lóbulo, las manos de Verbena apretaron el hombro de él con fuerza, algo que notó con bastante facilidad y decidió volver a enrollar su mano libre en la cintura de ella. Aunque los vampiros no necesitaban hacer contacto directo sobre la piel para sentir los latidos, la intención del Conde era esa, mientras con su gran mano seguía sujetando y dando pequeños masajes al pecho de Verbena, pudo notar que cada vez el corazón de ella latía apresurado bajo el tacto de su mano.

El Conde bajo su cabeza y pasó lentamente sus labios por su cuello, su lengua saboreó la herida que había dejado sus colmillos y terminó por seguir su travesía, se detuvo entre sus pechos y liberó el pecho izquierdo que tenía aprisionado bajo su mano. El Conde por alguna razón quería tener más contacto con ella, así que con esa mano abrió las piernas de Verbena, aquel movimiento hizo que ella abriera los ojos de golpe.

Las manos de Verbena se dirigieron directamente al cabello ondulado de Conde, el cual era suave al tacto de sus manos, pero eso a ella no le importó y jaló de su cabello con fuerza. El Conde levantó la mirada y se encontró con los ojos molestos de Verbena, sus manos seguían sujetando su cabello, pero, aunque no le dolía, no le gustaba que ella tuviera esa expresión en el rostro.

—No estoy haciendo nada malo, Duquesa —dijo él fingiendo inocencia.

—Quítate —gruñó ella sin soltar el cabello de Conde.

La sonrisa del Conde se hizo más grande, su mano aún seguía sujetando el muslo interno de ella, aunque su mano solo estaba sobre el vestido. Le dio un leve apretón y volvió a abrir las piernas de ella un poco más. Las manos de Verbena apretaron el cabello del Conde, él se inclinó un poco hacia adelante y colocó sus labios sobre el cuello de ella, en aquel leve movimiento, el Conde se posicionó entre sus piernas. Entre la ropa de ambos, ella pudo sentir con mucha vigorosidad la dureza del Conde.

Él, que no quería ceder bajo las peticiones de Verbena, se limitó a besar su cuello, algo que para Verbena resultaba ser extraño, la mayoría de vampiros que habían abusado de ella, nunca se detenían a pensar en como se sentía, siempre la utilizaba y la tiraban. Ella sacudió la cabeza, no quería pensar en eso, no quería que la situación en la que estaba se tornara peor de lo que estaba.

Capítulos
1 Prólogo
2 Capítulo 1: Luna Roja
3 Capítulo 2: La mansión
4 Capítulo 3: Un baño
5 Capítulo 4: Cena
6 Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7 Capítulo 6: Su majestad
8 Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9 Capítulo 8: Leyre
10 Capítulo 9: Flores rojas
11 Capítulo 10: Taro
12 Capítulo 11: Príncipe caído
13 Capítulo 12: Colmillos
14 Capítulo 13: Celos
15 Capítulo 14: Aroma peculiar
16 Capítulo 15: Muerte
17 Capítulo 16: Temor
18 Capítulo 17: Parásito
19 Capítulo 18: Sometido
20 Capítulo 19: Hambriento
21 Capítulo 20: Una tina para dos
22 Capítulo 21: Arián
23 Capítulo 22: Paciente
24 Capítulo 23: Kayla
25 Capítulo 24: Una humana
26 Capítulo 25: Nora
27 Capítulo 26: La Duquesa viuda
28 Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29 Capítulo 28: El rey Baltazar
30 Capítulo 29: Un médico
31 Capítulo 30: Un diamante
32 Capítulo 31: Duquesa de Larx
33 Capítulo 32: Juegos previos
34 Capítulo 33: En los aposentos del rey
35 Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36 Capítulo 35: Gema de luna
37 Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
38 Capítulo 37: El príncipe Lance
39 Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
40 Capítulo 39: Muertos vivientes
41 Capítulo 40: Murciélagos
42 Capítulo 41: Un cuervo
43 Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
44 Capítulo 43: ¿Bucle?
45 Capítulo 44: Nuevamente
46 Capítulo 45: Nacimiento
47 Capítulo 46: Ya no es un niño
48 Capítulo 47: Un conejo
49 Capítulo 48: Un intruso
50 Capítulo 49: Reencuentro
51 Capítulo 50: Toda la noche
52 Nota importante
53 Capítulo 51: Un castillo abandonado
54 Capítulo 52: Una tarántula
55 Capítulo 53: Un hacha
56 Capítulo 54: Taro es un aprendiz
57 Capítulo 55: Un discurso
58 Capítulo 56: Luna roja artificial
59 Capítulo 57: Un enfrentamiento personal
60 Capítulo 58: Una nueva traición
61 Capítulo 59: Una alevosía dolorosa
62 Mensaje importante 2.0
Capítulos

Updated 62 Episodes

1
Prólogo
2
Capítulo 1: Luna Roja
3
Capítulo 2: La mansión
4
Capítulo 3: Un baño
5
Capítulo 4: Cena
6
Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7
Capítulo 6: Su majestad
8
Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9
Capítulo 8: Leyre
10
Capítulo 9: Flores rojas
11
Capítulo 10: Taro
12
Capítulo 11: Príncipe caído
13
Capítulo 12: Colmillos
14
Capítulo 13: Celos
15
Capítulo 14: Aroma peculiar
16
Capítulo 15: Muerte
17
Capítulo 16: Temor
18
Capítulo 17: Parásito
19
Capítulo 18: Sometido
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Capítulo 19: Hambriento
21
Capítulo 20: Una tina para dos
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Capítulo 21: Arián
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Capítulo 22: Paciente
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Capítulo 23: Kayla
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Capítulo 24: Una humana
26
Capítulo 25: Nora
27
Capítulo 26: La Duquesa viuda
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Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29
Capítulo 28: El rey Baltazar
30
Capítulo 29: Un médico
31
Capítulo 30: Un diamante
32
Capítulo 31: Duquesa de Larx
33
Capítulo 32: Juegos previos
34
Capítulo 33: En los aposentos del rey
35
Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36
Capítulo 35: Gema de luna
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Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
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Capítulo 37: El príncipe Lance
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Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
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Capítulo 39: Muertos vivientes
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Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
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Capítulo 43: ¿Bucle?
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Capítulo 44: Nuevamente
46
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Capítulo 46: Ya no es un niño
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Capítulo 48: Un intruso
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Capítulo 49: Reencuentro
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Capítulo 50: Toda la noche
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Nota importante
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Capítulo 51: Un castillo abandonado
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Capítulo 52: Una tarántula
55
Capítulo 53: Un hacha
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Capítulo 54: Taro es un aprendiz
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Capítulo 55: Un discurso
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Capítulo 56: Luna roja artificial
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Capítulo 59: Una alevosía dolorosa
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