Capítulo 5: Yo era la Duquesa

Verbena estiró su mano y la extendió para que él le diera aquel frasco, pero el Conde apartó su mano sin quitar su sonrisa del rostro.

—Primero responde a mi pregunta —ordenó él sacudiendo el frasco.

—100 años —respondió ella sin apartar su mano.

El Conde abrió sus ojos sorprendido, era más de lo que había llegado a pensar, de repente no le parecía que aquel recipiente fuera tan inútil. Con una sonrisa ladina le entregó el frasco a Verbena, ella lo sujetó entre sus dedos y lo observó en silencio, las palabras del Conde se quedaron flotando unos segundos sobre su cabeza.

Ella quitó el corcho con mucho esfuerzo, acercó el frasco a sus labios y observó como el Conde la estaba mirando fijamente con una sonrisa. Un escalofrío cubrió su cuerpo, aquel vampiro era un científico, no cabía duda de que él quería experimentar con ella. Pero ella no podía hacer nada, llevaba muchos años reducida a nada y en las últimas horas su vida había acabado drásticamente.

—¿Qué esperas? —La voz del Conde estaba impaciente.

Verbena cerró los ojos y bebió el contenido de aquel frasco de un solo trago, tenía un recuerdo muy lejano del sabor, pero este tenía algo diferente, algo que no podía descifrar, su sabor amargo hizo que ella empezara a toser. Ella sujetó su pecho y sintió como la sangre de su cuerpo se calentó durante unos segundos, empezó a ver borroso y su cuerpo perdió la fuerza. Intentó sujetarse de la mesa, pero sus manos no parecían corresponder a sus acciones, Verbena cayó sobre la mesa dejando caer el frasco al suelo.

Las manos de ella quedaron colgando alrededor de su cuerpo y su cabeza quedó sobre la mesa, el Conde la examinó desde la distancia, él había cambiado un poco la fórmula de elixir, pero no esperaba que fuera tan fuerte para ella. Detrás de ella apareció Ciro, observó a Verbena con curiosidad y luego miró expectante al Conde, estaba esperando que le diera una orden.

—Limpia la mesa —se limitó a decir el Conde.

Él se levantó y se acercó al cuerpo inconsciente de Verbena, la sujetó entre sus brazos y se la llevó a su habitación, mientras pasaba por los largos pasillos de su mansión, las luces se iban a apagando, al llegar a su habitación la depositó en la cama y después cerró la puerta. Encendió algunas velas aromáticas y se sentó al lado de Verbena, acercó su mano a su hombro y lo descubrió, su piel ya estaba tornándose de un color rosa pálido, su piel ya no parecía blanca como la nieve.

Aunque las arrugas parecían seguir surcando su piel, el Conde sujetó el cuello de Verbena con una de sus manos y lo acarició. Con una de sus uñas rasgó la piel de ella, la sangre brotó rápidamente y se deslizó hasta llegar al hueco de su clavícula, él no tuvo que acercarse para poder sentir el aroma de su sangre, que seguía oliendo mal. Él sabía que su sabor seguía igual de mal, pero se acercó y limpió la sangre con su lengua, el sabor amargo de la sangre le disgustó como la anterior vez que la probó.

El Conde se apartó de ella y se dirigió a su laboratorio, allí iba a empezar a crear otro elixir, quizás podría hacer que la sangre de ella dejara aquel sabor, aunque era algo que nunca había intentado, los recipientes de clase baja siempre serían así. Mientras trabajaba y hacía pequeñas investigaciones con sangre fresca que solía almacenar, desde allí tras la puerta podía escuchar la respiración de Verbena, su habitación quedaba detrás de aquella puerta. El Conde sacudió su cabeza y siguió con su trabajo.

Habían pasado un tiempo un poco largo desde que ella había caído inconsciente, Verbena abrió los ojos lentamente y se encontró en otro lugar que no conocía. Era muy diferente a la habitación donde había dormido, aquella habitación era oscura y tenía unas cuantas velas encendidas, podía sentir una fragancia de lavanda y canela en la habitación. Se sentó sobre la cama y observó su alrededor con más dedicación, era una habitación enorme, tenía bastantes instrumentos curiosos que ella no conocía.

Se levantó de la cama y sintió un pequeño pinchazo en su cuello, ella llevó su mano y sintió un leve dolor, sintió un mal presentimiento y una pequeña sospecha de que aquella habitación fuera del Conde. Miró sus pies descalzos y sujetó el borde de su vestido sobre sus pantorrillas, aunque sabía que por más silenciosa que saliera de aquella habitación, ellos la iban a escuchar.

Se acercó a la puerta que parecía ser la salida de aquella habitación y sujetó el picaporte para abrirla, cuando su mano tocó la madera sintió un pequeño aire detrás de ella. Verbena giró su cabeza hacia atrás y allí estaba el Conde sentado sobre la cama.

—¿A dónde vas? —Interrogó con molestia.

Verbena, que estaba muy nerviosa, se apartó de la puerta y se inclinó como muestra de respeto, algo que le salió muy mal porque sus pies se enredaron y terminó cayéndose frente a él. Ella apretó sus labios y prefirió mirar directamente el suelo, para su sorpresa, mientras miraba la madera pulida de la habitación, terminó por mirar sus manos, las cuales no tenían ni una sola arruga. Aquel elixir había sido muy eficiente y demasiado rápido en su recuperación.

—Lo siento —se disculpó ella por su torpeza.

—Tengo muchas preguntas que hacerte —indicó el Conde mientras se levantaba y se acercaba a ella.

Se colocó en cuclillas frente a ella y con su mano levantó su mirada, los ojos cafés de Conde la miraban expectantes, una sonrisa lentamente empezó a trazar sus labios. Entre las manos de él, Verbena era un pequeño conejo sin escapatoria.

—¿Tu dueño quién era? —apuntó de inmediato con mucha curiosidad.

El corazón de Verbena se encogió y apartó su rostro de las manos de él, se colocó de pie e intentó que sus piernas no volvieran a fallarle, se acercó a la cama donde había dormido y se sentó. El Conde se sorprendió por aquella acción, le pareció grosero que ella tomara el atrevimiento de sentarse en su cama sin pedirle permiso. Abrió la boca dispuesto a decir algo, pero en vez de hablar una risa se hizo presente.

—El Duque de Larx —respondió ella en un susurro.

El Conde dejó de reírse y la observó en silencio, —¿aquel desastroso recipiente había pertenecido a un gran Duque?—, él no podía creer lo que escuchaba, así que terminó por reírse con más fuerza.

—Dime la verdad —exigió el Conde dejando su risa a un lado.

Verbena lo miró en silencio, ella sabía que él no le iba a creer y que posiblemente no podría afirmar aquella situación. El Conde de Merrick, nunca había asistido a ninguna fiesta, e incluso las ceremonias, banquetes y demás cosas que hacía el Rey, el Conde nunca había estado, así que era imposible que él la hubiera visto al lado de Duque de Larx.

—No estoy mintiendo, yo era la Duquesa de Larx —aseguró ella sujetando sus manos sobre sus piernas.

—Es imposible que una gran Duque hubiera tenido un recipiente de tan mala calidad —le informó el Conde.

Aunque aquello era algo muy cierto, Verbena no podía negar aquello, porque sabía que era verdad, pero no tenía pruebas para que él pudiera confiar en su palabra.

—Mi sangre no siempre fue de mala calidad —le explicó ella, Verbena al ver el rostro de confusión en el Conde siguió hablando—, mi sangre solía ser de la mejor calidad, fui considerada de primera clase.

El Conde se acercó a ella y la sujetó del cuello, Verbena tembló al verlo, su rostro estaba serio y sus ojos se veían más oscuros, él estaba furioso. Ella acercó sus manos a las de él e intentó disminuir la precisión en su cuello.

—Si estás mintiendo, recipiente. Tendrás una muerte dolorosa —sentenció el Conde soltando su agarre.

Ella sujetó su cuello con sus manos, sintió que su vida había llegado a su fin, su corazón latía demasiado rápido y sus ojos se habían llenado de lágrimas. Cuando levantó la mirada, el Conde le había dado la espalda.

—Ciro —llamó al mayordomo, quien apareció de inmediato y él siguió con sus indicaciones—, quiero que investigues cuántos recipientes tuvo el Duque de Larx, que sea una investigación reservada.

—Sí, señor —respondió el mayordomo e inclinó su cuerpo hacia adelante.

—No quiero que levantes sospechas —le indicó con una severa mirada.

—Seré cuidadoso —indicó Ciro y luego se fue de la habitación.

Verbena se levantó de la cama, ella estaba dispuesta a salir por la misma puerta en la que se había ido Ciro, pero al pasar por el lado de Conde, él le sujetó el brazo y la detuvo.

Capítulos
1 Prólogo
2 Capítulo 1: Luna Roja
3 Capítulo 2: La mansión
4 Capítulo 3: Un baño
5 Capítulo 4: Cena
6 Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7 Capítulo 6: Su majestad
8 Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9 Capítulo 8: Leyre
10 Capítulo 9: Flores rojas
11 Capítulo 10: Taro
12 Capítulo 11: Príncipe caído
13 Capítulo 12: Colmillos
14 Capítulo 13: Celos
15 Capítulo 14: Aroma peculiar
16 Capítulo 15: Muerte
17 Capítulo 16: Temor
18 Capítulo 17: Parásito
19 Capítulo 18: Sometido
20 Capítulo 19: Hambriento
21 Capítulo 20: Una tina para dos
22 Capítulo 21: Arián
23 Capítulo 22: Paciente
24 Capítulo 23: Kayla
25 Capítulo 24: Una humana
26 Capítulo 25: Nora
27 Capítulo 26: La Duquesa viuda
28 Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29 Capítulo 28: El rey Baltazar
30 Capítulo 29: Un médico
31 Capítulo 30: Un diamante
32 Capítulo 31: Duquesa de Larx
33 Capítulo 32: Juegos previos
34 Capítulo 33: En los aposentos del rey
35 Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36 Capítulo 35: Gema de luna
37 Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
38 Capítulo 37: El príncipe Lance
39 Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
40 Capítulo 39: Muertos vivientes
41 Capítulo 40: Murciélagos
42 Capítulo 41: Un cuervo
43 Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
44 Capítulo 43: ¿Bucle?
45 Capítulo 44: Nuevamente
46 Capítulo 45: Nacimiento
47 Capítulo 46: Ya no es un niño
48 Capítulo 47: Un conejo
49 Capítulo 48: Un intruso
50 Capítulo 49: Reencuentro
51 Capítulo 50: Toda la noche
52 Nota importante
53 Capítulo 51: Un castillo abandonado
54 Capítulo 52: Una tarántula
55 Capítulo 53: Un hacha
56 Capítulo 54: Taro es un aprendiz
57 Capítulo 55: Un discurso
58 Capítulo 56: Luna roja artificial
59 Capítulo 57: Un enfrentamiento personal
60 Capítulo 58: Una nueva traición
61 Capítulo 59: Una alevosía dolorosa
62 Mensaje importante 2.0
Capítulos

Updated 62 Episodes

1
Prólogo
2
Capítulo 1: Luna Roja
3
Capítulo 2: La mansión
4
Capítulo 3: Un baño
5
Capítulo 4: Cena
6
Capítulo 5: Yo era la Duquesa
7
Capítulo 6: Su majestad
8
Capítulo 7: La mano derecha del Rey
9
Capítulo 8: Leyre
10
Capítulo 9: Flores rojas
11
Capítulo 10: Taro
12
Capítulo 11: Príncipe caído
13
Capítulo 12: Colmillos
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Capítulo 13: Celos
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Capítulo 14: Aroma peculiar
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Capítulo 15: Muerte
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Capítulo 16: Temor
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Capítulo 17: Parásito
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Capítulo 18: Sometido
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Capítulo 19: Hambriento
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Capítulo 20: Una tina para dos
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Capítulo 21: Arián
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Capítulo 22: Paciente
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Capítulo 23: Kayla
25
Capítulo 24: Una humana
26
Capítulo 25: Nora
27
Capítulo 26: La Duquesa viuda
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Capítulo 27: Una pequeña confrontación
29
Capítulo 28: El rey Baltazar
30
Capítulo 29: Un médico
31
Capítulo 30: Un diamante
32
Capítulo 31: Duquesa de Larx
33
Capítulo 32: Juegos previos
34
Capítulo 33: En los aposentos del rey
35
Capítulo 34: Las marionetas de Taysa
36
Capítulo 35: Gema de luna
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Capítulo 36: Enfrentamiento de príncipes
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Capítulo 37: El príncipe Lance
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Capítulo 38: ¡No es un vampiro normal!
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Capítulo 39: Muertos vivientes
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Capítulo 41: Un cuervo
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Capítulo 42: Dolor en la oscuridad
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Capítulo 43: ¿Bucle?
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Capítulo 44: Nuevamente
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Capítulo 45: Nacimiento
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Capítulo 48: Un intruso
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Capítulo 49: Reencuentro
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Capítulo 50: Toda la noche
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Nota importante
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Capítulo 51: Un castillo abandonado
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Capítulo 52: Una tarántula
55
Capítulo 53: Un hacha
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Capítulo 54: Taro es un aprendiz
57
Capítulo 55: Un discurso
58
Capítulo 56: Luna roja artificial
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Capítulo 57: Un enfrentamiento personal
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