El sonido de las aves hizo que Verbena abriera los ojos lentamente, sintió a su lado un poco de movimiento y los volvió a cerrar, su cuerpo empezó a temblar y sus ojos se llenaron lentamente de lágrimas. Sentía que todo lo que había vivido semanas atrás, había sido un sueño y que volvía nuevamente a estar en un callejón. Pero sentía su cuerpo caliente y algo pesado y suave encima de su cuerpo, abrió los ojos intentando estar calmada. Lo primero que vio, fueron dos ojos rojos que la miraban expectantes, después notó que tenía los ojos hinchados y enrojecidos.
—¡Despertó! —Gritó Taro con una gran sonrisa.
Verbena intentó hablar, pero su boca estaba extremadamente seca y su garganta le dolía, hizo una mueca y llevo su mano hacia su cuello. Aquel movimiento le costó mucho esfuerzo y sintió como su mano tenía varios temblores.
—Parece que aún está muy débil —indicó el Conde apareciendo detrás de Taro.
Verbena lo miró con temor e intentó levantarse de la cama, sus movimientos eran lentos y además de eso le causaban dolor, un quejido silencioso salió de su boca y luego volvió a caer de espalda sobre el colchón, cerró los ojos. Ella no quería estar allí, con solo ver un poco más allá, había reconocido la habitación del Conde.
—¡Vete de aquí, Arián! —Habló Taro enojado y luego cuando Verbena miró al niño, el pequeño no dudo en agregar—, ¡Entrometido!
Las mejillas de Taro estaban infladas, se cruzó de brazos y se sentó a un lado de Verbena, ella estaba confundida, no entendía qué estaba pasando. Observó al Conde y él solo apartó la mirada, se dio la vuelta y salió de la habitación. A su lado, Taro la estaba mirando de cerca y luego acercó su pequeña mano y acomodó el cabello de Verbena.
—Arián prometió mantenerse alejado —susurró el niño colocando una mano alrededor de su boca.
—¿Cuán-to llevo a-así? —La voz de Verbena salió temblorosa.
—Seis días —respondió Taro con tristeza y luego se acostó al lado de ella acurrucándose en su costado derecho—, estuve a tu lado todo este tiempo, el despertar de un vampiro es difícil.
—¿Vam-vampiro? —Volvió a hablar confundida.
—¡Sí! ¡Ahora eres parte de nosotros! —Afirmó el niño emocionado abrazando el brazo de ella mientras apoyaba su mejilla con cariño.
Verbena estaba confundida, no entendía las palabras de Taro, lo que él le decía era algo imposible, los recipientes nunca serían vampiros. Hubo un tiempo donde algunos vampiros intentaron convertir a sus recipientes en vampiros, pero todo había sido un desastre, los recipientes morían y nunca obtenían un despertar. Luego de eso, múltiples muertes sin sentido se empezaron a repetir y los recipientes de baja calidad fueron las víctimas de aquellos sucesos.
Tiempos después, a todos les llegó una noticia escrita por el Conde de Merrick acompañada con un sello imperial, quien explicaba los principales motivos por los que un recipiente no podía convertirse en un vampiro. Los recipientes eran parte vampiro, aunque una muy pequeña, tenían ciertos beneficios, como una vida más longeva y una recuperación más rápida que un humano normal, además con la ayuda del elixir, los recipientes podían recuperar hasta un 80% de la capacidad de su sangre consumida. También en aquella explicación se dejaba muy en claro, que un recipiente solamente era una fuente de alimento.
Verbena soltó una risa dolorosa al escuchar aquellas palabras y empezó a negar con la cabeza, era imposible que ella ahora fuera un vampiro. Taro sintió que el cuerpo de ella estaba tenso, así que se levantó y se bajó de la cama, luego se acercó y en sus manos traía un frasco con algún brebaje.
—Esto te ayudará un poco —le dijo el niño acercando el frasco a su boca.
Pero Verbena apartó su cabeza e hizo que el frasco se cayera de las manos de Taro, él lo sujetó con rapidez y algunas gotas del líquido cayeron sobre la cama. El niño la observó sin saber por qué ella había negado beber de eso.
—Es una medicina, hará bien en tu cuerpo —intentó decirle Taro oliendo su contenido.
El niño volvió a acercar el frasco a la boca de Verbena, pero ella volvió a apartar la cara con un gesto de disgusto. Su rostro estaba contorsionado con mueca de asco y su nariz estaba arrugada. Taro volvió a hacer el intento de poner el frasco en sus labios, pero ella se volvió a retirar con brusquedad.
—¡No es malo para ti! —Explicó el niño con un poco más de irritación.
Verbena estaba incómoda, no quería beber de aquel sospechoso líquido, temía que le volvieran a hacer daño. Taro se estaba enojando, él no entendía por qué ella se negaba en aceptar su ayuda, volvió a hacer el intento de darle del frasco, pero ella apartó nuevamente la cabeza. Solo eso bastó para qué Taro apretara el frasco con fuerza y se rompiera en su mano, aquel movimiento sorprendió a Verbena y soltó un grito lleno de pánico.
En cuestión de segundos habían aparecido Ciro junto al Conde, el mayordomo se acercó y sujetó a Taro entre sus brazos, él le susurraba palabras para poder tranquilizar al niño y sin decir nada, salió de la habitación dejando al Conde con Verbena.
Él dio unos cuantos pasos hacia Verbena y luego acercó una mano hacia su pecho, Verbena cerró los ojos con temor y se encogió en su lugar. El Conde apretó los labios, pero no dijo nada, recogió los vidrios rotos que habían quedado sobre la cobija y se fue de la habitación. Ella abrió los ojos lentamente y se dio cuenta de que estaba sola, sintió como la presión volvía a caer sobre sus hombros y empezó a llorar.
En el pasado, cuando ella había asistido a un banquete junto al Duque, ese día muchos vampiros habían llevado compañía y estaban interesados en volverse cercanos a la Duquesa. Ella, como de costumbre, había recibido copas de vino, en una de esas copas había un veneno. Ella al tomarlo no se dio cuenta, segundos después se empezó a sentir mareada y luego empezó a vomitar sangre, su piel se colocó pálida y se empezó a retorcer del dolor.
El Duque se había desesperado y la había sacado de aquel lugar con urgencia, esa noche muchos médicos habían estado junto a Verbena, estaban intentando identificar el veneno que corría por sus venas y empezaba a matarla lentamente. Fueron horas de un extenuante trabajo nocturno, bajo las manos de un doctor, a Verbena se le proporcionó un antídoto, allí bajo la mirada preocupada del Duque, todos presenciaron cuando el corazón de Verbena se detuvo unos segundos, pero luego empezó a latir con normalidad.
Cuando ella logró recuperarse, se acercó a su Duque que llevaba semanas sin tomar una gota de sangre, él estaba sediento y cuando ella se ofreció a alimentarlo, él no se negó en probar su preciada sangre. Allí, bajo las luces de las velas, él la mordió para momentos después apartarla y escupir su sangre con una expresión de asco, ese fue el comienzo del sufrimiento de Verbena.
El Duque nuevamente había acudido a varios doctores, pero ninguno podía explicar qué había pasado con Verbena, ninguno sabía cómo era posible que un recipiente de alta calidad se haya estropeado. Luego de eso, el rechazo del Duque era muy evidente, él ya no la quería tener cerca y empezaba a molestarse cuando ella intentaba hablar con él. Verbena también había dejado de aparecer en las fiestas, desde el envenenamiento, nadie sabía qué había pasado.
Verbena había intentado todo lo que tenía a su alcance para recuperar el amor de su Duque, pero se dio cuenta de que él nunca la amó, solo la quería por su sangre. El desprecio fue creciendo cada vez más, hasta que el Duque la sacó de la habitación que compartían y la envió al calabozo de la mansión, la Verbena que todos conocían dejó de aparecer en la alta sociedad y luego el Duque confirmó su muerte. Él había dicho que el veneno la mató y empezaron a buscar los culpables de aquel delito, del responsable de la muerte del gran amor del Duque, o eso era lo que todos creían.
Tiempo después el Duque perdió el interés en Verbena y la dejó salir de la mansión, fue así como empezó su vida viviendo en callejones y siendo abusada por cualquier ser despiadado que se cruzara en su camino. Los años pasaron y para el Duque Verbena estaba muerta, sabía perfectamente que sin el elixir no iba a sobrevivir y por eso la había dejado salir. Pero ella solamente se había ido de la ciudad y había reducido su vida a ser un recipiente rechazado.
Verbena siguió llorando recordando lo que tanto odiaba, forjando su odio hacia los vampiros, la debilidad de su cuerpo era latente, respiraba con dificultad. Ella se intentó colocar de pie y se sentó al borde de la cama, cerró los ojos con fuerza y sintió como la bilis subía por su garganta. Soltó un pesado suspiro e intentó ponerse de pie, pero sus piernas fallaron y se precipitó al piso.
Ella extendió los brazos para evitar golpearse la cara, pero su cuerpo no llegó a tocar el suelo, alrededor de su cintura había un fuerte brazo que la sujetaba con delicadeza, era el brazo del Conde.
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yennifer legon
el conde esta enamorado de ella.
2023-06-16
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