17 - Llegada

Los prisioneros, debilitados por la mala alimentación y cansados por la dureza del viaje, se dejaron caer al suelo como sacos. Algunos se frotaban partes doloridas mientras que otros simplemente se acurrucaban a dormir. Un corro de gruñidos y suspiros agotados se escuchó por todo el lugar. Pero el descanso no duró mucho tiempo, ya que los asistentes de Argout organizaron el campamento con pasmosa eficiencia, como quien tiene mucha experiencia. Repartieron aquí y allá algunos latigazos de estímulo.

La Errante estaba exenta de estas tareas serviles. Su posición como única poseedora de información vital le aseguraba un trato preferencial por parte de sus captores. Sentada sobre una roca, apartada de los demás, oteaba las proximidades en busca de algún indicio de su destino así como una posible vía de escape. Pero la escasa luz de las estrellas solo ponía formas fantasmagóricas a su alrededor. Su cerebro trabajaba a un ritmo desenfrenado tratando de hallar una solución para la situación en que se hallaban tanto ella como los esclavos.

Se puso de pie y caminó hasta acercarse a la pared de roca. Como una sombra más tras sus pasos, el hombre de Argout carraspeó como advertencia para que no intentara huir. Ella lo ignoró, pues lejos de alejarse quería penetrar rápidamente en las minas. Continuó investigando el farallón de piedra dando unos pasos hacia allá y otros hacia acá, cuando su mirada se detuvo en un rincón especialmente sombrío a unos metros del lugar en que se hallaba. Se puso en cuclillas y entrecerró los ojos en un esfuerzo por penetrar la negrura, pero sin éxito. Tenía la desagradable sensación de ser observada desde ese lugar. Le hubiera gustado acercarse más, pero no quiso alertar al guardia que la acompañaba. Todavía no sabía las intenciones del observador, si es que lo había. Por su mente pasaron infinitas posibilidades: empezando por un rescatador hasta llegar a un rival del esclavista que vino a burlarle la carga. Sea cual sea la situación no le pareció prudente dar la alarma. Desde la posición en que se hallaba no pudo ver nada, por lo que desistió y se puso de pie para ayudar a sus compañeros de infortunio a terminar de armar el campamento.

Cuando los dos, prisionera y guardia, se habían alejado, una sombra se movió entre las sombras, fundiéndose con la oscuridad.

...Última reunión con los esclavos...

El campamento ya había sido organizado. Alrededor de la hoguera, los esclavos devoraban la magra ración de alimento que se les había repartido: unas gachas líquidas, tan aguadas que, lejos de quitar el hambre, quitaban la sed.

Debido al "trato preferencial" que se le brindaba, Edlih roía algo que podría pasar por un trozo de carne seca. No podía evitar recordar la opípara cena de la noche anterior, pero como el hambre no sabe de orgullo, tragaba sin pensar demasiado en lo que comía.

Uno a uno, como descuidadamente, llegaron los conspiradores. Se sentaron alrededor de ella, pero fingiendo ignorarla por si alguien los vigilaba.

Cuando estuvieron seguros de no ser oídos, Amonec, Druda, Eliel y Cormelia se pusieron a evaluar la situación. Hablaron en susurros casi inaudibles sin dejar de estar en total alerta todo el tiempo.

"Hemos llegado", dijo la errante. "Por aquí está la entrada".

"Lo sabemos. Hemos oído hablar a los guardias. ¿Puedes retrasar el momento de descubrirla? Hacerlos dar unas vueltas, quizá".

"Estuve pensando en lo mismo. Pero deberé ser prudente. Si enfurezco a ese buitre, no sabemos lo que puede hacer".

"Es cierto. Ten cuidado. Pero retrásalos lo que más puedas".

La mujer asintió, moviendo casi imperceptiblemente la cabeza.

"Por otra parte, ¿han pensado en lo que hablamos en nuestra charla de anoche?"

Se miraron unos a otros avergonzados. Nadie decía nada. Edlih continuó comiendo como si nada hasta que Amonec tomó la palabra:

"Hemos hecho correr la voz. Pero muchos tienen miedo".

"Serían unos idiotas si no lo tuvieran. Se juegan la vida o la libertad en este lance".

"Además, entre nosotros hay algunos que harían cualquier cosa si piensan que eso les dará puntos con Argout. Incluso traicionar a sus compañeros. No entienden que con ese buitre no hay chances", agregó Cormelia indignada.

Habrá que ser más suspicaces entonces. Vigilen estrechamente a aquellos a los que ya sospechan y duden de cualquiera al que vean conversando con un guardia.

Pero...

Sin peros. Hay una sola oportunidad y no debemos permitir que nos la quiten. Piensen en esto: mañana puede ser el último día en que vean la luz. ¿De dónde piensan ustedes que saldrá la mano de obra para extraer los diamantes?

Los cuatro reflexionaron en silencio. Luego, Druda preguntó:

¿Cuál es tu jugada en esto?

La mujer lo miró a los ojos y respondió con vehemencia:

Mi jugada es salir de aquí con vida. Y la haré con ustedes o sola.

Un mutis incómodo cayó sobre el grupo. Cada uno se sumió en sus pensamientos, esquivando la mirada de los otros, avergonzados, tal vez, por su debilidad.

La señal de que alguien se aproximaba puso fin al momento. Se acomodaron fingiendo estar intensamente ocupados en la comida hasta que un guardia se paró junto a ellos.

¡Tú! Acompáñame – dijo señalando a La Errante – El jefe quiere verte.

Edlih se puso de pie mientras el hombre liberaba el otro extremo de la cadena. Se estiró como un gato y, mirando ostentosamente al cielo, dijo:

-¡Qué bella es la luz de las estrellas!

Se dirigió a la tienda del esclavista seguida por cuatro miradas torvas.

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