Víctor miró hacia atrás. Dante estaba hecho un ovillo en su asiento con el mentón apoyado sobre sus manos. No tenía nada encima de la mesa. Supuso que ya había terminado la tarea. Víctor se preguntó si su humor de perros se debía a todo lo que hizo el día anterior o a algo más. Sin embargo, de repente le vio apoyar la cabeza en el pupitre. Parecía exhausto. Víctor se había sentado en un lugar alejado para no incentivar su ira, pero al verlo no pudo evitar querer acercarse.
Se levantó de su asiento aprovechando que un par de estudiantes le hacían preguntas al profesor sobre la actividad que realizaba el grupo en ese momento y se aproximó a su compañero.
-Dante- llamó Víctor cuando llegó junto al susodicho.
- ¿mm? -contestó Dante sin despegar la frente de la mesa. Esta tenía unos borrones en las esquinas. Al parecer Dante lo había rayado con algunos garabatos y después trató de borrarlos.
- ¿qué te pasa?
-solo me duele el trasero por culpa de un maldito idiota- replicó el otro secamente.
-oh. Que mal. Es una verdadera lástima -dijo Víctor condescendiente- pero si quieres puedo hacerte un masaje.
-tú no sabes hacer masajes- espetó Dante.
- ¿cómo lo sabes? ¿Acaso me has visto? Y yo que me ofrezco gratis para hacerte sentir mejor -masculló Víctor fingiendo que le dolían sus palabras- No puedo creer que dudes de mi amabilidad.
Dante giró la cabeza y sus ojos añiles brillaron como gemas al recibir la luz del sol. Lo observó con expresión examinadora por un rato. Quería comprobar si estaba diciendo la verdad o no. Víctor sostuvo su mirada imperturbable. Al final fue convencido.
Por lo anterior Víctor lo llevó a Dante a su casa después de clases y se encaminaron hacia las escaleras para ir a la habitación del primero. Por suerte Dante no se había dado cuenta de que mentía.
-como trates de hacer algo más te mataré... de verdad- amenazó Dante mientras subía los escalones detrás de él.
-no haré nada- aseguró Víctor con una sonrisa que rebosaba confianza. ´´nada que no quieras´´. Dante ya lo había amenazado con acabar con su vida antes. La primera vez él salió por la puerta de la habitación de Dante por sí mismo con la cabeza baja. La segunda vez estaban durante un acto y Dante no hizo nada después. Así que Víctor había perdido el escaso miedo que le guardaba a su amigo.
-túmbate en la cama- indicó Víctor en cuanto entraron en la estancia. Dante se acostó boca arriba- así no voy a poder darte masajes en la espalda- Víctor hablaba mientras se acercaba al borde del lecho. Sin embargo, su amigo chasqueó la lengua.
-... y quítate el pantalón- siguió Víctor con tranquilidad.
-no voy a hacer eso- repuso al instante Dante.
-vamos, hazlo- incitó Víctor en un tono casi rogativo que daba entender que sacaría más provecho si le hacía caso- Puedes quedarte en ropa interior. No voy a tocar tus partes íntimas.
No obstante Dante continuó observándole con expresión avinagrada.
-está bien, como quieras- suspiró Víctor derrotado- date vuelta.
Así pues, Dante se giró con sus prendas puestas.
Un rato después Víctor se acomodó encima de los muslos contrarios y levantó la camiseta de Dante hasta la altura de las axilas. Luego derramó en sus palmas un poco de crema corporal con un exquisito aroma frutal que había encontrado en la habitación de su madre y las colocó sobre la espalda ajena. Dante tembló al primer contacto. Sin embargo, permaneció quieto la mayor parte del tiempo.
Víctor masajeó sus hombros, cintura y caderas. Cuando tocó la base de su espalda Dante este soltó un gruñido. El primero decidió entonces concentrarse en esa zona con suavidad. Sin atreverse a deslizar sus manos bajo el pantalón jogger ajeno.
En un inicio Víctor acarició con sus dedos la cintura contraria desde la parte posterior hacia el abdomen. Dante se estremecía y de vez en cuando emitía un jadeo, pero se empeñaba en mantenerse inmóvil y en silencio. Víctor se cuestionó con malicia cuánto aguantaría. “Voy a hacer que te vengas sin siquiera tocarte” maquinaba en su mente como un infante que preparó una travesura.
Posteriormente, Víctor llevó sus manos por encima de las corvas de Dante.
- ¿qué haces? -preguntó Dante. Inquietándose.
-masajes- replicó Víctor con serenidad al tiempo que rozaba sus músculos gemelos-también se hacen aquí- Dante se removió incómodo, pero dejó que continuara.
Unos quince minutos más tarde la respiración de Dante se había vuelto más trabajosa. Mientras tanto Víctor paseaba sus palmas por la parte interna de los muslos y la parte posterior de estos. Alejándose a propósito de la parte más reservada de la ingle. Iba de arriba abajo estimulando aquellas áreas erógenas desconocidas para el otro... hasta que Dante soltó un débil gemido y le agarró de la muñeca.
-es suficiente- dijo conteniendo un resuello. Se incorporó dándole la espalda y bajó la cabeza mirando hacia un lado- tengo que...ir al baño- lo último lo dijo en un susurro.
- ¿mmm? -Víctor hizo un gesto de no entender lo que sucedía.
-muévete- ordenó Dante tratando de bajarse de la cama sin que viera su lado frontal. Víctor estaba en su camino, pero este no permitió que se marchara.
-déjame ver- como era de esperarse forcejearon un rato. Uno tratando de apartar las manos ajenas y el otro ocultando su entrepierna.
- ¡solo tengo que ir al baño! -gritó Dante- ¡puedo hacerlo solo! -pero en lugar de quitarse de en medio Víctor lo empujó contra la cama boca arriba y abrió sus piernas. Dante emitió un quejido\, no obstante la vergüenza de que Víctor viera su excitación hizo que olvidara su enojo con rapidez.
En seguida sus mejillas se tiñeron de un color rojo encendido. Dante Temía que Víctor se burlara de él, aun cuando el propósito de este siempre había sido provocar esto, además de tocarlo y quizás llegar a algo más. Sin embargo, en lugar de mofarse Víctor procedió a brindarle caricias a la erección de Dante sobre la tela de su pantalón.
Una sensación electrizante recorrió los glúteos de Dante originándose desde su miembro. Este último optó por quedarse acostado y dejarse llevar de nuevo por aquellas manos molestas e irresistibles. Segundos después sintió la pelvis de Víctor en la parte superior de sus muslos y al instante siguiente su mano dentro de su ropa. Calentándolo aún más al percibir su tacto directamente.
Mientras tanto Víctor pensaba que Dante no tenía sentido de la moda, pues siempre andaba con pantalones deportivos. Sin embargo, eso también tenía su punto bueno: eran más fáciles de quitar. Víctor se deshizo de ellos de un tirón y continuó masajeando el premio opuesto.
Cuando empezó a salir los primeros fluidos de cariño, Dante jadeaba con la respiración agitada. Estaba tan excitado que no hacía esfuerzo de moverse u oponerse a que lo sobara con lascivia. Entonces Víctor se detuvo y bajó su cremallera para a continuación introducirse. No obstante de inmediato Dante soltó un gemido agudo.
- ¿te duele? -inquirió Víctor. Deteniéndose.
-... sí- confirmó Dante mientras se aferraba a las sábanas. Preocupado, Víctor se apartó con lentitud de su interior.
No se había desgarrado que era lo que temía, pero Dante sentía dolor cada vez que se sentaba o estaba mucho tiempo de pie como si le hubiesen metido una vara de metal por el orto y revuelto sus entrañas. Por esto se suponía que estaba furioso con Víctor y no dejaría que lo tocara en un par de meses. Sin embargo, ¡este tipo se encontraba encima de él de nuevo y en menos de dos días!
Víctor observó el cuerpo ajeno unos segundos con vacilación antes de poner una mano en la espalda de Dante
-tengo una idea.
- ¿eh? -Dante miró de manera interrogativa al otro y se sorprendió cuando Víctor tiró de su brazo para luego acomodarlo de espaldas con las piernas juntas. Quien diría que podía hacerlo de esa forma\, sin entrar en él.
La virilidad ajena rozaba sus muslos y su propia raíz. Dante gimió de placer y se inclinó hasta apoyar la cabeza en la cama como si su cuerpo supiese de antemano qué hacer. En ese momento Víctor agarró sus miembros juntos y empezó a estimularlos al tiempo que movía sus caderas. Embistiéndolo. Así, en esa posición sería aún más agradable la acción para Dante y ni siquiera tocaría su agujero. En breve, los gemidos se hicieron cada vez más fuertes y poco después vino el ansiado clímax para ambos.
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Extra:
Después de tener una clase de sexualidad en el instituto Dante tenía una cara rara y expresó a Víctor su miedo a tener una enfermedad de transmisión sexual:
-tal vez no fue buena idea dormir contigo, quien sabe qué podrías contagiarme.
-no te preocupes, me hago el examen regularmente- replicó Víctor y justo después de terminar de hablar se arrepintió. Viró sus ojos hacia Dante. Sin embargo, no recibió el insulto acostumbrado. Dante lo miró con frialdad y no dijo nada. Eso era mucho peor.
-quiero decir, lo hacía- se corrigió Víctor. Pero Dante solo se giró y caminó lejos de él- ¡Dante, no te vayas! -gritó extendiendo una mano.
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Comments
Yinet Rengifo Reyes
jajajajajaja Víctor no deja de cag... con bebé Dante jejejejeje
2024-03-22
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